El arte como un rastrillo en la oscuridad

Decíamos ayer (el día 20100111), siguiendo a Stanislaw Lem, que el arte es posible gracias a un telón de fondo de convenios que damos por hechos y que acotan la libertad. De ese modo proporcionan unas reglas que permiten que el juego del arte pueda desarrollarse.

Insistíamos entonces en que ese telón de fondo es necesario para el artista. Pero es también necesario para el espectador, el oyente o el lector. Hoy vamos a hablar de esta necesidad, que suele pasar aún más inadvertida que la anterior. Cito una vez más a El castillo alto, la autobiografía de juventud de Lem:

En el arte también pasamos por alto y silenciamos la absoluta necesidad de la voluntad interpretativa del público. Enseñamos y aprendemos que una obra de arte es como un rastrillo que reposa en la oscuridad. Quien tropieza con él se puede herir la cabeza, quedando deslumbrado por una luz repentina, y lo mismo ocurre con una obra brillante: quien la observa queda herido por una inesperada y repentina dicha.

Esta “noble mentira”, como la llama Lem, quizá tenía una base en otros tiempos, en los que ese telón de fondo interpretativo del espectador era seguramente el mismo que el del creador. Eso facilitaba la interpretación y la valoración de la obra. Pero hoy ya no podemos dar eso por hecho.

En general podemos ennoblecer una obra o tacharla de superficial, dependiendo del telón de fondo que le otorguemos en el escenario de nuestra mente como lector. Tampoco se trata de un telón de fondo pasivo, sino de un sistema de referencias en el que un palo roto podría sugerir una rama estilizada del Japón antiguo, y una piedra entallada se nos podría antojar una escultura que expresara el humor de nuestro tiempo fragmentado.

Este desorden interpretativo en nuestro tiempo fragmentado puede dar lugar a situaciones cómicas. Lem cuenta una exposición a la que asistió; tras una variedad de collages, lienzos despanzurrados y esculturas de “antitorsos” y “antidesnudos”, sea eso lo que sea, se encuentra con una obra que le impacta:

Era un objeto lleno de calma, como si el artista hubiera optado por emplear la estrategia de la contención. Tenía un marco metálico rectangular. Mas abajo del borde (de proporción áurea) había una barra descuidadamente atada que realzaba la posición y sobre esta línea se extendía una superficie de metal viejo, decrépito, con tres orificios apenas equidistantes del centro. Los agujeros hechos con taladro, quedaban abiertos al espacio, cada uno rodeado por un oscuro halo gris ¡Estrellas ciegas, soles como ojos apagados! Me pregunté qué técnica había empleado el artista para empolvar aquellas aberturas con tanta naturalidad y con una pálida ceniza con la que había atemperado la superficie del metal, pues estaba finamente soldada y al mismo tiempo cubierta de burbujas en ciertas partes, como salidas de una llama.

Busqué entonces el título de la obra y el nombre del artista, pero no encontré nada. Luego, pasmado, comprendí mi error. La exposición se celebraba en una hermosa bodega abovedada, y las obras estaban colgadas de las paredes sin enyesar. Y aquí y allá, como suele suceder en todas las bodegas, el ladrillo se había desprendido por donde pasan los conductos. Estaba delante de uno de ellos: un viejo tubo de ventilación oxidado.

Al instante, la luz estética emanó de esa cosa hasta mis ansiosos ojos cegatos y se extinguió; la cosa, desenmascarada, humillada, se convirtió en un pedazo de metal vulgar sobre un tubo de chimenea, y me fui rápidamente, inquieto, para volver de nuevo a la exposición y meterme en la tesitura apropiada a fin de lograr vencer el reto del arte abstracto.

El súbito cambio en la visión de Lem me recuerda a la famosa ilusión óptica en las que vemos una vieja o una joven.

Que veamos una u otra depende en buena parte de nuestra predisposición, de lo que nos hayan hecho esperar (¿has visto este dibujo de una joven con sombrero?). Lo que ocurre es que nuestra percepción es un proceso complicado en el que hacemos inferencias inconscientes para extraer un sentido. La información que proporciona el estímulo (el cuadro) es sólo una parte de lo que necesitamos: la otra parte la proporciona todo nuestro conocimiento anterior. En cierto modo, es una tarea bayesiana.

Cuando ese conocimiento anterior, el telón de fondo, es común, podemos esperar con fundamento que lleguemos a las mismas inferencias, que veamos lo mismo. Pero si no es así, estamos expuestos a que nos ocurra lo que a Lem. El arte contemporáneo ha exacerbado este problema porque se empeña en suministrarnos marcos interpretativos retorcidos, poco naturales. No hay exposición en la que, para entenderla, no haya que leer varias páginas que nos expliquen las claves de las propuestas del autor…

A esto hay que añadir que el proceso comunicativo en el arte ha perdido su función. Originalmente, como dice Lem…

…un artista producía cosas que eran necesarias para la sociedad; se trataba de instrumentos, si bien de una naturaleza especial, que ayudaban a los muertos a alcanzar la eternidad, ensalmos, plegarias para dar cuerpo a la liturgia, la mujer estéril que engendra, el héroe hecho santo. El componente estético de esos instrumentos reforzaba sus funciones, pero nunca era central, nunca era algo independiente y sin utilidad. Así, un artista ocupaba un lugar preciso en las estructuras trascendentales de la religión y el gobierno. Era el ingeniero y el realizador de un tema, que no su autor, pues la autoría se atribuía a la Revelación, al Absoluto. De ahí los estrictos límites de los que tanto hemos hablado; de ahí la tautológica naturaleza del arte antiguo, que repite de memoria lo consabido: Crucifixión, Anunciación, Asunción, el acto de procrear en símbolos fálicos, la lucha constante entre Ahriman (el principio del mal) y Ormuz (el principio del bien).

Los artistas contemporáneos nos hablan de sus propuestas y de sus claves y quieren que aceptemos su conversación porque sí, porque son ellos los que lo dicen y exponen en una galería. Pero al artista del mundo antiguo del que habla Lem teníamos un motivo para prestarle atención, ya que producía algo útil y además de trascendental importancia. En la medida en la que el artista de hoy habla sólo de lo que se le ocurre a él, y no es un mediador con lo trascendente, su charla es como otra cualquiera y se pierde en la cacofonía charlas que es nuestro mundo hoy.

Sólo una tradición de sacralización del arte le confiere aún cierto estatus, pero es una tradición sin vida, una inercia, que irá por eso extinguiéndose. Porque lo cierto es que el arte no es un rastrillo en la oscuridad: el arte no coacciona a nadie; nos transporta sólo si consentimos que nos transporte, dice Lem. Y eso, añado yo, sólo en el mejor de los casos. Muchas veces, ni por esas.

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65 respuestas a El arte como un rastrillo en la oscuridad

  1. Dr.J dijo:

    Bueno, la Estética no es lo mío, dudo que sea siquiera objeto de conocimiento pero te vas a hacer amigo de un montón de “artistas” con esta entrada. Esta misma semana leía una frase adjudicada a Picasso (santo de mi escasa devoción) de las pocas que tiene sentido común: “No hay tal cosa como un arte abstracto, el artista siempre necesita partir de algo, luego puede intentar borrar las señales de la realidad”.
    Pero ¿de qué realidad? esa pérdida del terreno común aceptado por autor y receptor ¿no ha ocurrido también en Ciencia desde hace 120 años? ¿qué valor de mercado tiene hoy el trabajo de un científico frente al de un artista? ¿cómo se determinan?
    En fin, muchas preguntas. Gracias por poner un ejemplo que no sea el de pato/conejo de Wittgenstein, unas cuantas ilustraciones de Escher harían muy bonito.
    Por otra parte el fundamento bayesiano ocurre también en el sentido común “creo que el sol saldrá mañana porque ha venido saliendo siempre” claro que si va a salir un número fijo de veces cada vez la probabilidad es menor.

  2. Hector M. dijo:

    No creo para nada que el arte deba tener una función precisa por mucho que en sus orígenes lo tuviera.

    (De hecho ese es el problema de Lem (y de muchos sci-fi writers) que siempre quieren decir algo bien claro y les queda la retórica de la ficción como una suerte de trabajada elipsis. (Por favor, compárese a Borges con Lem: hay algo funcionarial en la obra de éste que me irrita pero conste que esto es solo una opinión subjetiva))

    Dicho esto, y entrando en una discusión más empírica: estoy de acuerdo en la sensatez de decir que todo sistema semiótico necesita de una tradición previa, de un contexto común sobre el que inmersionar lector y autor pero porque toda comprensión es supranlingüista, esto es, ningún sistema semiótico o de señales puede explicar desde sí mismo como interpretarse a sí mismo: simpre hay un contexto previo (neurobiológico, cultural, etc,) que nos ayuda.

    Mismamente que la obra tenga una intención: el caso del marco es similar a considerar el hecho de a ver qué pasaría si descubriéramos que las pinturas rupestres son todas manchas de moho. Entonces la caridad hermeneútica de suponer que hay una intención semántica en la obra desaparecería (Un caso más realista: ¿Y si asumimos que la Biblia tiene diferentes y muy humanos autores? ¿Tendría sentido hacer coherente y único el personaje Yahweh del Génesis con -pongamos- el de Job? Decir que la Biblia la escribió el Espíritu otorga la posibilidad de la caridad hermeneútica)

    Ahora bien, creo que cada artista sí tiene una estética propia y una “plantilla” con la que ser leído y así crea -más bien debe crear- su propio universo de interpretación, es más, será justo esa tensión entre la voz propia y la voz entendible (la común) lo que caracteriza a una creación artística, es decir y por resumir: tradición Sí pero sin exagerar, ojo: yo no quiero más pintura barroca, pa` eso me quedo a Velázquez, sinceramente.

    El problema del arte contemporáneo, y termino, yo lo veo cuando la obra se “traduce” fácilmente, quiero decir, es mítico, como se ha apuntado ya, el oír decir: “esta obra expresa el hiato existente entre la burguesía capitalista y los jovenes desheredados de hoy día” o payasadas de esas y te das cuenta que, como mucho, la obra justo dice eso, es decir, se deja traducir a eso y ya está, ahora, ¿qué quiere decir la Capilla Sixtina? ¿Y el Quijote? etc.

    (Siento la desusctructura del comment. El tema es difícil pero emocionante, justo por eso, perdón por los comentarios tangenciales)

  3. Marc dijo:

    Hola:

    Sobre el arte, todo es relativo, porque no hay cosa más relativa que la labor de un artista. Muchas obras dependen de las percepciones subjetivas de cada receptor, y, por eso mismo, las “interpretaciones” pueden ser muy diferentes aun producidas por la misma obra: lo que es para unos, no tiene por qué serlo para otros, aunque todos, en cierto modo, estemos inmersos en el mismo contexto cultural.

    Las obras narrativas (por extensión, todas las “discursivas”: cine, drama, etcétera) deben tender a la precisión; narrar (o dramatizar) es comunicar, contar cosas (o mostrarlas). Pero hay casos extraños; los cuentos de hadas, por ejemplo. Su diégesis se entiende perfectamente (“Caperucita Roja” se encuentra con el Lobo; Jack trepa por la enredadera, y así); sin embargo, su -aquí sí- interpretación no ha sido establecida (incluso los charlatanes psicoanalistas han intentado hurgar en ellos).

    Por otro lado, el arte japonés, por ejemplo, tiende a la ambigüedad y a la sugerencia, también en la narración y en el drama, cosas bien poco apreciada en occidente; aquí somos más directos.

    En cuanto a la pintura, la música y la poesía (siempre que ésta no sea narrativa), las “opiniones” pueden diferir extraordinariamente. Alguien puede estremecerse contemplando los cuadros de los impresionistas francesas o escuchando las piezas de los grandes compositores clásicos y otro alguien, por el contrario, sentir como si nada; pues, en mi opinión, estas disciplinas artísticas son más “subjetivas”. Aristóteles, en su “Poética” hablaba, creo recordar que muy someramente, de las estrategias dramáticas de mayor eficacia a la hora de conmover al espectador (el reconocimiento era una de ellas); y -estoy seguro- hoy en día una tragedia griega nos conmovería a todos por igual. Hay, en cierto sentido, un “objetividad” del drama y de la narración, lo que ya apunté antes. La música, la pintura y la poesía son harina de otro costal.

    En fin, no sé; son reflexiones a vuelapluma, espero que no muy bárbaras.

    Un saludo.

  4. Marc dijo:

    Se me ha olvidado:

    El arte moderno es incomprensible o muy difícil de comprender porque se fundamenta en la percepción subjetiva del artista (el famoso “quale”, del cual publiqué un breve comentario aquí hará algún tiempo). Quizá por eso los receptores, (cuyas sensibilidades no coinciden con las del artista) estén tan perdidos cuando van a Arco.

    Entre nosotros, prefiero mil veces leer “Hamlet” o ver un cuadro impresionista que digerir una instalación de arte moderno. Cuestión de “quale”, como casi todo…

    Otro saludo de propina.

  5. Alejo Urzass dijo:

    En mi opinión es muy interesante todo lo que apunta Héctor.

    Los textos de Lem sobre arte me transmiten la sensación de que no sabe de qué habla aunque lo haga con la mejor intención. Son como esos mapas antiguos que están tan llenos de errores por la defectuosa aprehensión del entorno de quien los dibujó, que resultan impracticables y solo conducen a estrellarse con los arrecifes.

    El arte es sólo un impulso de la inteligencia humana, bastante parecido, por ejemplo, al impulso de la inteligencia que ha desarrollado la ciencia y el pensamiento científico, o la filosofía. Son distintos, pero son impulsos del mismo tipo.

    Lo que sucede es que se le pide al arte que sea ingeniería, es decir, que funcione en la realidad, y eso no es el arte. El arte se parece más a las matemáticas, que están ahí independientemente de que las utilicemos y las hagamos funcionales o no. Cuando las hacemos funcionales ya son ingeniería, estadística y otras cosas.
    Si tienes la función y produces para esa función, ya no estás haciendo arte. Acaso sí artesanía, diseño industrial, marketing del “mercado del arte” u otra cosa.

    Así pues, durante nuestra historia se ha hecho arte porque el ser humano es un ser inteligente que tiene ése y otros impulsos intelectuales. Es a posteriori cuando se han desarrollado aplicaciones a medida que la sociedad digiere el hecho y se conforma esa cultura. Esto no lo está entendiendo Lem, y sospecho, Pseudópodo (con el debido respeto), que usted tampoco.

    Si a un niño de 4 años se le da una hoja en blanco y dibujará (probablemente una casa, o un coche…) no con la idea de inventar un lenguaje escrito, ni con la idea de adorar la casa, ni con la presunción mágica de que aparecerá ese coche en su vida. De forma similar, el homo sapiens dibuja inicialmente por impulso. Luego la sociedad en que vive va llenando de funciones esos productos artísticos y convirtiéndolos en partes de la cultura (estos dibujos nos sirven para adorar un dios, estos otros nos sirven para contabilizar impuestos, estos otros para rememorar una historia… etc).

    Primero hay que entender esto antes de analizar con sentido crítico el estado actual del arte. Y hay que recordar que es muy difícil ver desde tan cerca. Recuerde por ejemplo que no hace tanto Bill Gates desestimaba que la conexión a internet en un ordenador personal fuera a tener importancia.

  6. pseudópodo dijo:

    Bueno, tampoco es lo mío la estética, Dr.J, pero estos textos de Lem me han gustado porque creo que expresan bien una sensación que últimamente me causa el arte contemporáneo: Veo esa instalación que hay que “digerir”, como dice Marc, y pienso: Bueno, vale, a lo mejor es muy interesante lo que quieres expresar, pero ¿y por qué tengo que esforzarme en entender tu código? ¿por qué no hablas tú el mío?

    Con la ciencia uno puede entender que merece la pena aprender el código porque lo que se dice con él es algo que tiene un valor,. Y lo que nos convence de su valor es que la ciencia es objetiva, o por lo menos lo parece. Pero si cada químico tuviera su propia teoría química ¿por qué hacer el esfuerzo de aprender a entender a uno y no a otro, si todo son teorías subjetivas?

    La cosa sería distinta si el arte fuera ese rastrillo que pisas en la oscuridad y te deja noqueado aunque no quieras, pero desde el momento en su efecto no es automático y sólo funciona contra un telón de fondo interpretativo, el concepto que se maneja en el arte contemporáneo está condenado a la larga a la irrelevancia, no puede funcionar, y si funciona es viviendo de las rentas de la antigua sacralización del arte, degenerada hoy en esnobismo.

    Para que el arte funcione tiene que haber una tensión entre orden y sorpresa, como dice Héctor, esa “tensión entre la voz propia y la voz entendible (la común) lo que caracteriza a una creación artística”

    Con “funcione” no quiero decir que “sea útil”, que sea ingeniería como dice Alejo Urzass, sino a que produzca su efecto estético, a que “llegue” a alguien. Yo creo que lo de la utilidad es un punto tangencial en el argumento de Lem: sólo se refiere que el arte alcanzó el elevado estatus que le damos porque servía a un fin elevado, tenía una función importante para la gente, no era el capricho personal de un individuo. Y al no ser algo caprichoso sino tener una función social, el telón de fondo interpretativo era compartido por esa sociedad.

    Esa función no es seguramente el impulso original del que surge el arte, ni es el ingrediente que hace que el arte sea arte, cierto, pero ayuda a que funcione. Las tragedias griegas de que hablaba Marc o los retratos cortesanos de Velázquez que dice Héctor no eran menos arte por ser funcionales (igual que un libro no es mejor por ser ameno…)

  7. Alejo Urzass dijo:

    Los retratos cortesanos de Velázquez no eran para “la gente”. Ni la Capilla Sixtina. ¿Cuántos coetáneos de Velázquez pudieron ver el cuadro? ¿Cuál es el telón de fondo que permite entender la arquitectura florentina en el Renacimiento del que no dispone el ciudadano de hoy para valorar los edificios de Frank Gehry? Lo que los mantiene hoy en día con valor artístico no es precisamente su funcionalidad.
    En fin Pseudópodo, ¿no cree que para comprender el arte, sea moderno o antiguo, y forjarse una capacidad crítica con la que fundamentar juicios de valor sobre ello, no sería mejor dejar un rato al margen a un escritor de ciencia ficción que asegura alegremente que antes el arte tenía una función importante para la gente y que no era el capricho de un individuo, y leer a pensadores más solventes, no sé, Adorno, Barthes, Susan Sontag, o especialistas como Robert Hughes…? ¿O incluso leer textos de artistas que relatan sus inquietudes y pensamientos?
    Lo contrario es como pretender opinar sobre ciencia habiendo leído exclusivamente a Punset.

  8. Beltenebros dijo:

    Ábrase esta página y síganse las instrucciones para ir de una presentación a otra (sugiero clicar en “Español”):

    http://www.teoria.com/articulos/analysis/BWV861/indice.htm

    Lem proyecta una intención artística en un objeto que no la tiene (dirán algunos, que no la tenía mientras Lem no la miró). La mayoría de nosotros escuchamos esta fuga de Bach como quien “mira” sin “ver”, como receptores pasivos de un estímulo supuestamente placentero; si no hallamos códigos fáciles y superficiales, nos aburrimos, todo lo más, respetamos la pieza como objeto de culto (hemos aprendido la lección). Es probable que muchos de nosotros nos sorprendamos en más de un sentido al seguir el análisis.

    Repito: véase el análisis de la fuga de principio a fin (no hay que saber de música para captar de qué va la cosa, y además no es un análisis profundo).

    Ahora véase este vídeo (otra obra de Bach):

    en el que figuran la partitura, un esquema dinámico de las distintas voces del tejido polifónico y las manos del ejecutante sobre el teclado.

    ¿Por qué ambas piezas son arte? ¿Tenía Bach la intención de producir objetos estéticos? ¿Por qué sus contemporáneos y los nuestros -bueno, algunos- encuentran estas composiciones satisfactorias y bellas?

    Saludos.

    P.D. Bastaría alterar mínimamente el número, tipo o función de una sola pieza del ajedrez para que las posibilidades del juego y las partidas aceptables cambien enormemente. En el ajedrez tradicional las combinaciones son abundantísimas, pero solamente una porción de ellas -las jugadas, el orden en que se producen, la intención que dejan traslucir, la coherencia del conjunto al tenor de las reglas- produce una sensación satisfactoria, de cosa bien lograda (por lo menos para uno de los bandos), y eso al margen de que exista una solución única y óptima al ajedrez en tanto máquina combinatoria. ¿Es arte el ajedrez? De análoga forma, Bach debía partir de un conjunto de reglas compositivas que se aplicaban una vez que había seleccionado una serie de notas, intervalos y duraciones como sujeto de fuga (por ejemplo), y sin embargo el resultado final (con ocasionales rupturas de las reglas para señalar hallazgos formales más continentes) produce la impresión de inexorabilidad y preexistencia, como los dígitos de PI aún no calculados. ¿Es esto arte?

  9. Aloe dijo:

    Me ha gustado tu entrada y tu enfoque, Pseudopodo, aunque entiendo que muchas personas digan que el arte no debe ser utilitario, que Lem no ha entendido nada, y todas esas cosas.
    Creo que en Occidente padecemos las consecuencias del romanticismo del XIX, con su sacralización del arte y el artista tan peculiar (todo eso del “genio incomprendido” atormentado por su musa y demás) y de la superstición de las “vanguardias” del primer tercio del XX, una especie de ideologia según la cual el artista debe ser por encima de todo “original”, y eso significa proponer un sistema de referencia, un “telón de fondo”, absolutamente nuevo y desligado de la tradicion, y, si se apura, incluso un sistema de referencia nuevo en cada obra, porque si no, se estaría hasta plagiando a sí mismo.
    Yo le llamo a eso superstición porque creo que lo es: A J.S. Bach ni la tradición ni el ser un honrado profesional luterano y cumplidor le impidió ser original, ni ser un grande entre los grandes. Ni el ser socialmente algo así como un artesano cualificado, en lugar de un “genio especial”, le impidio saber, a él mismo y a sus colegas, que era extraordinario en lo suyo.
    La tradición cambia un poco con cada gran artista que tiene repercusión, pero su existencia y su consideración son absolutamente necesarias para que compartamos un marco de referencia con quien expresa algo.

    Al final esa supersticion deriva en lo que vemos con la “alta cultura” artística contemporánea, en música y artes plásticas (y a temporadas también en la novela): son para cuatro entendidos, o supuestos entendidos, y están enormemente separados del gran público, salvo casos muy afortunados.
    Mientras tanto, el arte que nos importa y que sigue estando en nuestra vida, tal vez más que nunca (porque el acceso y la producciòn son más fáciles y nuestro ámbito de referencia es mayor) va por otro lado, a veces consiguiendo un prestigio secundario, como parte de la cultura popular, y a veces ni eso.
    Pero sospecho que si se sigue estudiando Historia del Arte en el siglo XXII, quizá se estudie la evolución de las artes gráficas y la ilustración de la últimas décadas del XX, y la etapa formativa (el blues y sus parientes) de la música popular occidental de las primeras dácadas del XX, con más interés que a Schonberg o Mondrian. Por poner dos ejemplos.

  10. Aloe dijo:

    Hector dijo: No creo para nada que el arte deba tener una función precisa

    El arte en general no, pero una obra se supone que sí la tiene. La función vete a saber cual es en muchos casos, y seguramente la función explícita no será la misma que la real en bastantes de ellos, pero que la tiene, la tiene.

    El verbo “deber” puede significar dos cosas: tener una obligación moral, o tener bastantes probabilidades de ser de alguna manera. No le puedes adjudicar obligaciones morales definidas al arte, ni al artista como tal, pero puedes suponer, con bastante certeza, que las producciones con valor estético, o que se autoproclaman artísticas, existen por alguna razón, y pretenden tener una función.
    Montar esa cosa (invento moderno) llamada “exposicion” no tiene la misma funciòn que componer un himno religioso o pintar un cuadro para el rey, evidentemente, pero tiene alguna funciòn propia. O varias.

  11. Hector M. dijo:

    ¿Cuál es la función (“palabro” matemática) del Quijote?

    ¿Cuál es la función de “La Metamorfósis de Kafka?

    Yo tengo una lectura propia de esa obra -no da tiempo a explicarla aquí, no quiero acabar con la paciencia de nadie- pero no le encuentro obligatoria, no le encuentro una función, es decir, una moraleja que bien expresada y sintetizada podría ser enunciada y así sustituir o traducir toda la extensión de esa novela corta a esa expresión o fórmula mágica.

    Etc.

    Quien crea cada obra tiene una función debe decirla y debe ser esta tal que una vez dicha nadie pueda cuestionarla a la luz del texto.

    Es precisamente la sobrevaloración de la función y la insistencia en darle una (a la manera de las fábulas con sus moralejas), lo que minimiza el impacto estético de gran parte de las obras contemporáneas que justo por eso, insisto, se dejan traducir fácilmente. Leer ficción NO es leer divulgación científica, por favor.

    El problema de precisamente hoy día es que la mayoría de la gente NO sabe qué hace el arte y piensa que debe tener una función (como un microondas) y así se pierde el telón del telón.

    Sintomático de esta visión es la vindicación hasta el hartazgo del arte popular, el cual, gustará a algunos pero hay que notar (¿cómo? ¿con experiencia?) la simplicidad artificial de lo popular, es decir, sus manoseados trucos narrativos (piénsese por ejemplo en cómo en las Scary movies se mofan y con razón, del típico truco narrativo en una peli de miedo de separar a los personajes secundarios justo cuando hay una amenaza latente…)

    Otra: Quien crea que el jazz (topicazo donde los haya) y la música popular será más escuchado y recordado y estudiado que Stravinsky, Bartok o Lígeti que por favor confiese que no pasa (cronológicamente hablando) de Beethoven y no escucha nada anterior a Bach y eso: como mucho. Y es que grupos como Muse, Radiohead o Frank Zappa recurren (en confesión propia) a técnicas musicales inventadas por Stravisnky o Messiaen. Y grupos como (pongase aquí cualquier grupo cool) beben precisamente de estos grupos midcult (Umberto Eco dixit)

    ¿Es que no se ve la pirámide creativa? Alta, MidCult, pop.

    Otro tanto con la literatura (¿cuántos no son capaces de leer otra cosa que narrativa de géneros y toleran como mucho lo escrito en el s.XIX?). Pero literatos best-seller como Isabel Allende beben de García Marquez que a su vez beben de Faulkner que a su vez bebe de Joyce. Así, aunque el lector ocioso de veranos-con-por-fin-tiempo-libre crea que la literatura pop que lee es la que de veras perdurará y no el infumable de James Joyce, que sepa que lo que lee es precisamente un Joyce diluido hasta hacerlo digerible para el lector primerizo. Toda la literatura del s.XX nace de Joyce y Kafka: eso es un hecho porque desde ahí se puede llegar desde a Auster a Bolaño pasando por el Eco de El nombre de la rosa. (Y ojo, mi preferido es Proust pero aquí hablo de incidencia cultural)

    ¿Es que no se ve la pirámide creativa?

    Podemos hacer lo mismo con el cine, etc.

    No hay nada romántico en esta visión (precisamente yo del s.XIX borraba casi todo)

  12. Hector M. dijo:

    De todas formas, bien me doy cuenta de que se puede entender la palabra función de una manera más caritativa y no necesariamente como una suerte de sinónimo de “moraleja”

    Ahora, la cuestión tampoco es sencilla, concedido que no es el Arte en sí quien tiene una función (podríamos hacer un símil con el concepto de “familia” como lo usaba Wittgenstein); no tengo claro que una obra en concreto tenga UNA función nítida, es decir, que sabiendo interpretarla produzca un “efecto” determinado.

    De esto se ha debatido mucho sobre si las obras son abiertas o teniendo un lector ideal, éstas deben funcionar previsiblemente pero es justo la creencia de que no existe un lector ideal porque justo el contexto importa, por lo que creo que ningún autor puede inocular función alguna a su obra. Me explico: se ha hablado de Bach, pues bien de éste, diría Nietzsche, cada vez que oía su Pasión según San Mateo, le entraban ganas de hacerse creyente. Tiempo más tarde no recuerdo quien, diría que no se puede disfrutar a Bach siendo ateo. Pues bien, dejando de lado la veracidad de esa sentencia, una cosa sí queda clara, fuera cual fuera el disfrute del filósofo alemán, desde luego, NO era una función dispuesta o prevista por Bach y sin embargo la obra “funcionaba” (siempre según Nietszch)

  13. Frenzo dijo:

    La semana pasada ocurrió en una muestra el hecho gracioso de la destrucción de una obra valuada en 50 000 dólares ( http://linkillo.blogspot.com/2011/01/correspondencia.html ). Era una valla de cristal (¿qué habrá querido decir el artista?). Una persona la rozó, la obra se desplomó y quedó hecha añicos. Esos restos de cristales se convirtieron a su vez en una nueva obra de arte, donde la destructora de la primera obra, llamada “Reacción”, es coatura de la nueva, llamada “Reacción a Reacción” (http://linkillo.blogspot.com/2011/01/reaccion.html ). Muchas veces en el arte moderno no hace falta que haya una firma, no hace falta que haya marco, lo único necesario es el ojo atento atento y creativo del espectador. Este enfoque tiene la ventaja de que el observador puede ser además el creador. En última instancia, el arte puede ser puramente mental. Ideas y conceptos. Es divertido. Y está vivo.

  14. Alejo Urzass dijo:

    Suscribo enteramente de nuevo lo expuesto por Héctor (matizaría diciendo que el jazz tuvo su influencia en Stravinsky y la música popular en Bartok, pero el matiz está sobre el ejemplo, no sobre el argumento).

    Estoy de acuerdo con Pseudópodo en que el arte no es un rastrillo en la oscuridad. Y añado que no pretende serlo. Supongo que la ciencia tampoco es un rastrillo en la oscuridad ni pretende serlo.

    Parafraseo a Pseudópodo con una modificación: el científico no es un mediador con lo trascendente, su charla es como otra cualquiera y se pierde en la cacofonía charlas que es nuestro mundo hoy. Lo que quiero decir con ésto que un Galileo o un Einstein no surge todas las décadas, como tampoco un Velázquez o un Beuys.

    Sería más adecuado ver al artista (sea pintor, músico, etc) como una especie de investigador. No todos los investigadores logran un descubrimiento decisivo para la humanidad. A veces, muchas, descubren algo por casualidad, “colateralmente”, pero la inspiración les llega trabajando, como cuando Flemming descubrió la penicilina. La penicilina no fue un rastrillo que puso Flemming en la oscuridad de la ciencia, sino acaso el rastrillo que Flemming pisó mientras buscaba otra cosa. Igualmente los Ready-made de Duchamp no son un rastrillo puesto en la oscuridad para el público, acaso sí lo que Duchamp pisó un día mientras quizá pintaba. Por eso el relato pretendidamente humorístico de Lem sobre el objeto artístico encontrado es un ridículo parto de los montes que llega muy tarde para ser gracioso o que delata una falta de cultura importante por quien lo formula de forma tan simple. El urinario viene siendo considerada la obra de arte más influyente del siglo XX. No por la cosa en sí sino porque es la primera vez que el arte explica claramente que lo que define el arte es el concepto.

    Fuera de toda sospecha, Leonardo da Vinci dejó escrito que toda obra de arte es conceptual (“cosa mentale”). Quien se empeñe en buscar otra cosa cuando visita una galería de arte está equivocado.

  15. Aloe dijo:

    El Quijote se escribió -ostensiblemente- para acabar de una vez por todas con esa plaga que eran los libros de caballerías. En realidad, se escribió para vender un libro y ganar dinero, y, si era posible, también prestigio de “hombre de letras”, aunque como las novelas todavía no daban mucho de eso, escribió también La Galatea para compensar en ese frente. Mirándolo mas a fondo, se escribió para que Cervantes narrara algo que tenía que decir, y narrárselo a un público de manera que este lo entendiera y se riera con él. Lo compartiera con él, vamos. Narrar historias es algo que la especie humana lleva dentro, y las funciones de la narración, así en general, son muchas e importantes, todas tendentes a dar sentido al mundo.

    La funcion o las funciones de lo que consideremos arte son consideraciones meta-artísticas, desde luego. Serán consideraciones sociológicas, psicológicas, económicas o neurocientíficas, no estrictamente artísticas, y en parte, ni siquiera deliberadas por su autor. Me parece cierto que la moraleja no es obligatoria en una obra de arte, aunque puede ser un elemento de ella, igual que otro.

    Sinceramente pienso que los músicos del siglo XX que citas son completamente irrelevantes para nuestras vidas, y en cambio, el arte que nos importa NO lo es.
    Y sí, he escuchado a Jordi Savall en abundancia, y a amigos compositores “contemporáneos” con educada compostura y absoluto aburrimiento. También recuerdo que me conmovió el Cuarteto para el Fin de los Tiempos, pero me pregunto si las circunstancias de su composiciòn tienen algo que ver con ello (lo que ya no tendría la “pureza” de gusto exigida por la exquisitez de la ausencia de intenciones que requieres ¿verdad?). Y confieso que me encantan muchas cosas de Fauré y de algunos otros del mismo estilo. Así que tu hipótesis falla.

    Una obra no es mejor o peor necesariamente porque se adscriba a la alta cultura, la cultura media o al cultura popular.

    Lo que me parece supersticiòn es el elitismo de pan pringao de moverse en un círculo endofágico heredero de la mística de una época intelectualmente muy particular (de 1890 a 1930, digamos), y sin contacto con nada (ni el público, destinatario supuesto del arte desde el siglo XIX).
    En él priman criterios esotéricos propios de alquimistas del XVI, mientras los individuos que realmente tienen algo entre manos perfeccionan los tintes o la extraccion de alcaloides vegetales, empleando mucho menos latín, eso sí. Alguna vez los alquimistas producirán alguna indicacion útil, y muchas veces los químicos de verdad meterían la pata o se limitarán a repetir las fórmulas de siempre, pero lo importante, hablando en general, lo hacen estos y no aquellos.
    Y se nota que es lo importante es que ese es el arte que nos importa a la inmensa mayoría. Claro que en el arte no se vota ni se decide por mayorías, no es eso, pero lo que no nos importa a nadie podría desaparecer mañana sin que hubiera ni ondulaciones en la superficie social.

    En cuanto a que toda la literatura de las últimas decadas viene de Kafka y Joyce, me parece una afirmacion tan arbitraria e injustificada que no creo que merezca ni comentario detallado. Me deja sin palabras. Sinceramente, si Kafka hubiera destruido realmente sus escritos y Joyce se hubiera muerto joven, la literatura creo que seria infinitesimalmente diferente en su conjunto, y apreciablemente diferente en unos cuantos escritores, y nada más. Y que el 99% de la gente no soporte mas de 10 paginas del Ulises, incluyendo a los buenos lectores de literatura “seria”, quiere decir algo…

    Perdon por el rollo, Pseudopodo. Intentaré no reincidir.

  16. pseudópodo dijo:

    Héctor y Alejo: No defiendo que el arte tenga que tener una función, ni creo que Lem tampoco defienda eso. Repito que cuando hablaba de que el arte “funcione” no me refería a que tuviera una función social extra-artística, sino a que “llegara”, a que produjera la experiencia estética que se supone que debe producir. Y el punto esencial es que para que “llegue” hace falta (a) un código compartido entre el artista y el público, y (b) que el público tenga alguna gana de descodificar la obra.

    Tanto en (a) como en (b) viene bien que el arte tenga una función: facilita la interpretación (porque se sabe qué hacer con la obra artística) y crea una motivación para tomarse la molestia de interpretarlo. El ejemplo de la tradicional función religiosa del arte que pone Lem es bastante claro.

    Pero por supuesto, Alejo, no es la funcionalidad la que confiere el valor artístico. Lo que no significa para nada que la funcionalidad sea un pecado que convierta la obra de arte en inferior o impura, ni que el sometimiento a la función restrinja la creatividad. Al contrario, la primera parte de este post, de hace un año, hablaba precisamente de que sólo sometiéndose a una regla de juego es posible la creatividad. El ejemplo que ha puesto Aloe de J.S. Bach creo que viene al pelo.

    Quizá el arte no pretenda ser un rastrillo en la oscuridad, pero entonces, si reconoce humildemente que se trata de un proceso comunicativo y no una irrupción de lo divino, debería tener en cuenta que la comunicación no es como a uno le da la gana, sino que tiene unas leyes, una dinámica, que funciona (por usar otra vez la palabra) de ciertas maneras y de otras no. Y no funciona inventándose un código hermético, sino jugando en un terreno común con el espectador, llevándole, en el caso del mejor arte, más allá de lo que él esperaba o imaginaba, forzando posiblemente el código, pero sin la petulante pretensión de originalidad perpetua que hoy vemos.

    Duchamp puso de manifiesto que lo que define el arte es el concepto. Vale, de acuerdo. Pero entonces el arte, si trata de conceptos, es un lenguaje. Los artistas contemporáneos, con su desprecio del telón de fondo interpretativo que dice Lem, con su manía infantil por tener un lenguaje propio, lo que están queriendo construir es un lenguaje privado. Duchamp fue muy agudo con su urinario, pero alguien más agudo que él, Wittgenstein, puso de manifiesto la imposibilidad de un lenguaje privado.

    (Por otra parte, Alejo, conste que estoy de acuerdo en la comparación de un artista con un investigador, me parece muy acertada. Pero un investigador en ciencia nunca pretende inventar un lenguaje nuevo, ni hacer tabla rasa de lo anterior. La ciencia es la actividad más conservadora que existe, por eso progresa. Cuando el arte era conservador, antes de la fiebre romántica y el sarampión de las vanguardias, también progresaba en cierto sentido, y desde luego era interesante. Ahora que pretende epatar constantemente lo que produce es aburrimiento)

  17. pseudópodo dijo:

    Ah, Beltenebros, muy, pero que muy buenos los enlaces. A lo mejor les dedico un post si no te importa.

  18. Beltenebros dijo:

    ¡Claro que me importaría, Pseudópodo! En el buen sentido: sería un post interesantísimo sobre lo que un científico puede hallar en el arte. Me simpatiza, también, la idea de que la creación artística -en especial la del arte llamado clásico- es una actividad mental análoga a la actividad científica.

    Por lo pronto, en tu post y a las intervenciones de varios comentaristas, se ha hablado del arte como concepto, de los códigos compartidos, del observador-creador, de la función social del arte y del marco de limitaciones objetivas y convencionales (reglas, posibilidades físicas, posibilidades intelectivas, propiedades del cuerpo vibratorio, cambio de registro, cuestiones formales en el caso de la música). Pero se deja de lado un aspecto igualmente importante: el nivel de artesanía.

    Cuando la artesanía tiende a cero, basta con poner un marco (o sugerirlo) ante los ojos para que cualquier campo visual se transforme en una pintura. El concepto es duchampiano, pero…

    Saludos.

  19. Edulcorado dijo:

    A mi tambien me ha gustado mucho la vindicacion de Aloe sobre J.S. Bach como artesano. Pues eso : ¡Arte sano!
    Respecto a lo que comenta pseudopodo, sobre la pereza a entender codigos nuevos y subjetivos del artista de turno, lo comprendo perfectamente. Pero a la vez esa pereza me preocupa, para mi mismo y las posteriores generaciones pero en otro sentido.
    En el campo de la filosofia por ejemplo, hay un monton de codigos propios de grandes filosofos clasicos que son muy interesantes . Son codigos-razonamientos especulativos, porque trataban de interpretar la realidad con muchos menos datos de los que disponemos actualmente gracias a la ciencia. Por otro lado son razonamientos muy profundos que requieren tiempo y una gran energia mental para poder comprenderlos.

    Engels, Schopenhouer, Nietzche.,Kierkegard, Schelling…(con sus extensas filosofias del arte por cierto)
    Uf! Quiza haya que vivir varias vidas…!

  20. Hector M. dijo:

    Aloe,

    Amos a ver, que el Quijote se escribiera para acabar de una vez por todas con esa plaga que eran los libros de caballería NO explica por qué aún funciona en este siglo veintiuno siendo como somos lectores ignorantes de Amadís de Gaula y sus corredurías. Tampoco podemos decir que la función de la Pasión según San Mateo de Bach es glorificar a dios cuando ha habido, hay y habrá, ateos que la disfruten.

    Etc.

    (Por cierto y a propósito, a los que aplauden el topicazo (no inventado en este blog) del Bach artesano y tradicional, si es así, digo, si solo fue un musico epigonal, una pregunta, ¿por qué ese impacto en -luego tan notorio en la obra de- Mozart y Beethoven después de escucharlo? La complejidad arquitectónica de la sinfonía Jupiter no la descubrió Mozart de un artesano precisamente. Otras: ¿El clave bien temperado en qué sentido puede ser considerado artesanía cuando es una obra que está mandando afinar de modo diferente e innovador (a nivel teórico ya había existido esa propuesta, ojo) todas las notas musicales? Quien ha leído a críticos musicales contemporáneos de Bach verá que precisamente NO le acusan de ser natural y artesanal, justo precisamente eso no, vamos)

    El Arte es evolutivo y teleneómico. Ese es el quid. Como dice Ligeti: Gracias a las innovaciones de Turner Monet pudo representar el ”movimiento”, el mar, los árboles, la luz, sin dibujar los contornos, recurriendo sólo al color. Cézanne trasladó la técnica cromática de Monet al espacio estático: el movimiento pasa a fijarse, por más que el contorno dependa del color y no del dibujo. Y durante su periodo cubista Picasso modificaría el elemento estático y tectónico de Cézanne operando una gran estilización geométrica. Mondrian, finalmente, redujo tal estilización y geometrismo a una serie de estructuras ”vibrantes”, cuyas superficies están separadas por barras. El paso de Lorrain a Mondrian que acabo de esbozar constituye un itinerario por completo azaroso: podrían descubrirse tamnién otras relaciones, puesto que no se trata de un asunto de necesidad histórica sino de simples ”movimientos sobre el tablero”.

    Por esa razón me hace gracia lo de ser amigo de modernillos (que es como cuando se empieza un panfleto homófobo avisando de tener amigos gays) puesto que uno NO se puede colocar en Mondrian “sin haber pasado” por Picasso, Cezanne, etc. Hay, insisto, una tensión evolutiva que hay que entender y hay, desde luego, una evolución porque tarde o temprano hasta el espectador más analfabeto acaba dándose cuenta de que en las pelis de miedo siempre se separan los secundarios para luego ser aniquilados y por tanto habrá que plantearle el asunto de otro modo o se aburrirá.

    Y por eso, lo de que toda Literatura del siglo XX venga de Joyce y Kafka podrá asustar al lector primerizo pero no a nadie que lea a los escritores relevantes contemporáneos (veáse los último nobel, v.gr, Coetzee o Harold Pinter y véase con quién tienen deudas); en última instancia y esto es lo relevante, este aserto NO es una opinión sino una hipótesis ve-ri-fi-ca-ble con textos y datos. Recientemente, sin ir más lejos, leí un libro en donde se mostraba cómo toda la literatura aeroportuaria (Follet, Le Carre, King) repite estilemas (v.gr: la elaboración de las descripciones) de Flaubert, esto es, que nacen en este y no de sus antecesores (Foe, Austen, Sterne, etc) y la cuestión es que ese realismo flaubertiano o decimonónico dejará tarde o temprano de ser sampleado porque los lectores, por intermitentes que sean, acabarán cansándose de que le separen a los secundarios en las pelis de miedo. Por eso NO da igual que una obra se adscriba a la alta cultura, la cultura media o al cultura popular, al menos, NO dará igual a quién tenga un poco de bagaje y se de cuenta que le dan arte usado.

    Por último, me dices que los músicos del siglo XX que citas son completamente irrelevantes para nuestras vidas, y en cambio, el arte que nos importa NO lo es y pienso que aquí se nota el típico populismo antielitista pero contemplemos un espectáculo tan hipermasificado como el fútbol: la mayoría de la gente que lo ve NO ha jugado a fútbol, no sabe apenas de fútbol, no es capaz de valorar a un jugador sin balón, no sabe adivinar si se mueve con inteligencia, si tiene sentido de lo táctico, etc. Es incapaz, por ejemplo, -y hablo de una mayoría- de explicar por qué un jugador apenas notorio con el balón como Busquets es efectivamente un buen jugador pero lo que sí disfruta -porque es un mecanismo narrativo harto sencillo de descifrar- es el jugador regateador/goleador (¡cuidado! no estoy pensando en Messi).

    Ahora, cuando le explican que ese jugador notorio de regates y goles debe su buen fútbol gracias a -o culmina un buen fútbol creado desde- jugadores menos vistosos como Busquets entonces te miran extrañados y te dicen que los músicos del siglo XX que citas son completamente irrelevantes para nuestras vidas. Esto no es una metáfora, es una visión sesgada y parcial que vertebra toda visión de lo humano, ya no sólo de lo artístico, ¿qué la música de Shakira podría existi sin Stravinsky y que es aquella y no éste quien nos llena la vida? Bien, vale, quédate con el goleador pero te advierto una cosa, no lo dejes sólo en el terreno de juego, igual te llevas un chasco.

  21. Marc dijo:

    Hola:

    A mí me gusta mucho lo que dice Alex Urzass sobre el artista, que debe ser una especie de investigador; no en un sentido científico -o sí, no sé- sino en un sentido, si se me permite, vital. ¿Cómo es la vida en realidad? ¿Cómo nos comportamos los seres humanos? ¿Existe la bondad o todo es cuestión de la naturaleza y de las necesidades derivadas de la supervivencia? Ésas también son preguntas para los científicos; y quizá resultan, me atrevo a decir, más urgentes que la teoría del todo de la Física.

    Por supuesto, el artista contesta a las preguntas con arreglo a su disciplina, con metáforas, lenguaje simbólico, hipérboles y demás figuras retóricas. Y esta peculiar investigación es más intensa (también más completa, creo yo) en el arte discursivo (cine, narrativa, drama, etcétera).

    Además de llevar a cabo la tarea investigadora, el artista debe entretener. De nada sirve ver tres pinceladas rojas pintadas sobre un fondo blanco y que el creador argumente que la obra representa, qué sé yo, las pesadillas y las fases del sueño. Pero esta idea también puede ser una “perversión” para muchos; reconozco que yo todo lo paso por la “turmis” del discurso, porque la poesía, por ejemplo, nunca me ha llamado demasiado la atención -y me refiero, pro supuesto, a la emoción derivada del poema, nunca al enorme talento de los poetas para manejar el lenguaje, cosa que aprecio muchísimo.

    Tal vez, hablando ya de las funciones, el arte, en general, no tenga nada que se le pueda parecer. David Mamet, dramaturgo, guionista y director de cine, dice que las obras de teatro y las películas sirven en primera instancia para procurarle placer al espectador. Es el placer del arte; ése que no se obtiene con el lienzo de las tres pinceladas, porque resulta muy abstracto para su disfrute. Algo parecido pasa, se me ocurre, con el cubismo: ¿realmente nos gustan los cuadros cubistas, o simplemente disfrutamos con la idea, con la concepción de una nueva forma de representación pictórica que se distancia del realismo?

    Un saludo.

  22. Marc dijo:

    Héctor M.:

    Yo creo que Sergio Busquets es muy bueno con el balón. ¿Has visto como recibe, se gira y pasa al lado contrario? Lo hace en, a lo más, sólo dos toques; control y pase. Y es rapidísimo; mucho más que “Xabi” Alonso, el otro gran medio centro de la liga.

    Y perdón por este paréntesis futbolero…

    Un saludo.

  23. Beltenebros dijo:

    Héctor, cuando digo “nivel artesanal” me refiero a la mayor o menor maestría técnica con que un artista manipula su materia básica. NO me refiero a que sea un artesano en el sentido lato.

    Repito: si para colocar un marco vacío entre el espectador y un panorama x hace falta haber estudiado toda la evolución de la pintura y saber pintar (pero no hacerlo) como Giotto, Claudio de Lorena o Van Gogh…

    Saludos.

  24. Hector M. dijo:

    si para colocar un marco vacío entre el espectador y un panorama x hace falta haber estudiado toda la evolución de la pintura

    Pero ¿no habíamos quedado en que se necesita un telón interpretativo para contextualizar las obras? A eso me refiero nada más.

    Por lo demás, cuando polemizo sobre la artesanía de Bach en lo que quiero incidir es en su voz propia e incluso vanguardista (El clave bien temperado, insisto, es vanguardista. Las partitas para violín solo son una pieza singularísima. La instrumentación de los conciertos de Brandenburgo es inusual. El arte de la fuga es más una obra investigativa que comercial. Etc)

  25. Beltenebros dijo:

    Héctor, más vanguardistas eran D. Buxtehude y J. D. Zelenka. Y mucho más singulares son las “Sonatas del rosario” de H. Biber, si hablamos de piezas para violín.

    No creo que el vanguardismo de por sí sea un criterio de valor infalible para juzgar la jerarquía de una obra de arte. Cuando Bach compuso “El arte de la fuga” ya había fórmulas compositivas mucho más “progresistas”, que él desatendió adrede. Igualmente, no se puede decir que Brahms haya sido un prodigio de inventiva adscrito a la “música del futuro”; el hecho de cerrar su ciclo sinfónico con una refundición de una passacaglia barroca es muy elocuente. Por su parte, Wagner escribió en “Los maestros cantores” una fuga magistral (final del Acto II), así como secciones de clara filiación operística tradicional en claro homenaje a los clásicos, contradiciendo a quienes lo acusaban de menospreciarlos.

    Para mí, hay un factor contextual y socialmente inexplicable en obras como la “Ofrenda musical”, “El arte de la fuga” y los últimos cuartetos de Beethoven. Se trasciende el concepto, se alquimiza la factura técnica (artesanía), se es su propio contexto.

    Que no se pueda racionalizar ni contextualizar satisfactoriamente ciertas obras cumbres del arte no significa que nos ciegue la superstición, sino que dichas obras son, hasta donde se sabe, nuestra única manera de asomarnos a otras regiones del universo.

  26. Alejo Urzass dijo:

    Pero por supuesto, Alejo, no es la funcionalidad la que confiere el valor artístico. Lo que no significa para nada que la funcionalidad sea un pecado que convierta la obra de arte en inferior o impura, ni que el sometimiento a la función restrinja la creatividad.

    No estoy de acuerdo. Iba a poner ejemplos sobre la escasísima trascendencia de la obra de Norman Rockwell (uno de los mejores ilustradores de todos los tiempos, pero “artista de la cultura popular”, en terminología de Héctor) si la comparamos con la trascendencia de un ilustrador mediano como Andy Warholl, pero que sí es artista de la cultura alta (quizá debería decir cultura media, realmente), pero creo que voy a recurrir a reflexiones muy acertadas que escribió Chillida, y que creo que pueden ayudar a entender lo que pasa por la mente de un verdadero artista y que poco tiene que ver con ese tópico del artista enfermo de sarampión de vanguardia y que pretende epatar constantemente produciendo aburrimiento

    Dice Chillida:
    El arte se aprende, pero no se enseña. Éste es el punto crucial, la diferencia fundamental entre ciencia y arte. La ciencia se puede enseñar. En astronomía, Galileo refuta a Ptolomeo y Einstein impugnó a Galileo; pero Picasso nunca refutó a Goya o a Botticelli. Cada obra de arte se sitúa ante lo desconocido. Los discípulos de Leonardo sabían pintar y dibujar casi como él, pero Leonardo interrogaba a lo desconocido mientras que sus discípulos interrogaban a Leonardo
    Otras reflexiones de Chillida que quizá son útiles para hacer ver en qué consiste el impulso del artista puro (que poco tiene que ver con inventar lenguajes para comunicar cosas bonitas y más con la investigación:
    “Lo que sé hacer es seguro que ya lo he hecho, de ahí que tengo que hacer siempre lo que no sé hacer”

    “Me pregunto con asombro sobre lo que no sé. Trabajo para conocer y doy mayor valor al conocer que al conocimiento”

    Creo que las obras conocidas a priori nacen muertas y que la aventura al borde de lo desconocido es la que a veces puede producir arte”.

    “Tengo las manos de hoy pero me faltan las de mañana”

    “El arte verdadero no puede ser más que contemporáneo”

    “¿Por qué prefiero el conocer al conocimiento? ¿No está siempre lo desconocido dentro de lo conocido? ¿No será el arte una necesidad hermosa y difícil, que nos conduce a tratar de hacer lo que no sabemos hacer? ¿No será esta necesidad la prueba de que el hombre no se considera terminado?

    “La belleza se mezcla siempre en los asuntos del arte. No siempre para bien. Es a veces uno de los enemigos más tenaces y peligrosos”
    “Yo había observado que tenía una facilidad grande para dibujar. Un día me di cuenta de que probablemente lo que me cerraba el camino para hacer las cosas con profundidad era precisamente la facilidad de mi mano, es decir, que mi mano no solamente no me ayudaba, sino que me entorpecía; tomé una decisión esa misma noche, una noche realmente decisiva, porque ha marcado mi vida en contra de todo aquello que te puede acercar a la decoración, a todo ese mundo facilón que no es arte. Así, decidí dibujar con la mano izquierda, de forma que ante esa torpeza voluntaria, la cabeza llegaba antes que la mano, mientras que hasta entonces la mano iba delante de ella y de la sensibilidad.”

  27. Dr.J dijo:

    He recordado las cosas interesantes que decía Isaiah Berlin sobre el Romanticismo, por ejemplo en “El sentido de la realidad:sobre las ideas y su historia” (ed. Taurus)

  28. Beltenebros dijo:

    No entiendo bien a Chillida.

    Si la ciencia se puede enseñar en el sentido (?) que él dice, no mediarían tres siglos entre Newton y Einstein.

    ¿Y por qué Chillida es un artista verdadero y puro?

  29. Frenzo dijo:

    Pseudópodo, honestamente creo que el argumento del lenguaje privado no tiene fuerza. Creo entender a que se refieren tanto Lem como vos (no sé W), pero la visión de los artistas contemporáneos resulta mucho más enriquecedora y valiente, en el sentido de que proponen y aceptan retos. En “Bicycle Diaries” David Byrne da una muestra simple de cómo los artistas se acercan a cualquier obra con una actitud curiosa y humilde, incluso cuando saben que el lenguaje les será ajeno. Es lo que pasa cuando comenta obras de outsiders, artistas con enfermedades mentales graves como la esquizofrenia. El caso de los outsiders es extremo, pero sirve como ejemplo de una actitud curiosa frente arte. La actitud de no entiendo de qué me están hablando y sinceramente no me dan muchas ganas de averiguarlo está en las antípodas. En última instancia, no me parece mal que se ataque una obra de arte después de haberla comprendido, pero no a priori, y simplemente porque está escrita en un código extraño. Muy interesantes los comentarios a esta entrada, tanto como el post.

  30. pseudópodo dijo:

    Uf, hay muchas líneas abiertas, así que sólo puedo comentar en algunas, las que más me han interesado…

    Sobre la pereza para aprender códigos nuevos, que mencionan Frenzo y Edulcorado: es cierto que uno debería tener en principio una actitud más abierta antes de criticar. Pero es que se trata de un problema práctico: la vida es limitada y hay miles de voces que reclaman nuestra atención. En ciencia, y en menor medida en filosofía, y en menor medida aún en literatura, hay un canon, podemos tener una guía razonable de lo que merece la pena, y además, los códigos son más uniformes. Si yo me pongo a criticar a, yo que sé, Adorno, diciendo que no dice más que tonterías y luego resulta que no lo he leído, pues es que el que soy tonto soy yo. Eso está claro.

    Pero no estoy diciendo que el arte moderno sea todo una tontería. Estoy diciendo que la confusión de “telones de fondo intepretativos”, la tendencia a primar la “búsqueda personal”, “el lenguaje propio”, etc, desvinculándose de la tradición hace que se convierta en muy laborioso distinguir el grano de la paja. A lo mejor Beuys es un genio, a lo mejor es un charlatán, quizá lo averiguara si me esforzara en averiguarlo pero ¿qué incentivo tengo para hacerlo? Prefiero ver una exposición de Caravaggio. Es un poco como esos iluminados que de vez en cuando han inventado una nueva teoría física y te mandan un correo con un pdf de 100 páginas. A lo mejor tienen razón y son geniales, pero no me molesto en abrir el pdf porque la relación (coste)/(beneficio esperado) es muy grande. ¿Es esto una injusticia? Lo sería quizá si mi vida fuera eterna, pero no lo es.

    Alejo dice que Chillida es un artista verdadero y Beltenebros pregunta por qué. Bueno, a mi Chillida sí me parece un artista verdadero, no me parece ningún farsante, pero el problema es que mis razones para pensarlo son muy poco convincentes: simplemente, me gusta lo que hace Chillida, pero no podría argumentarlo ante alguien que dijera lo contrario; mientras que sí podría argumentar por qué era grande Galileo. Y no es porque sepa más de física que de arte, es que en el momento en el que nos desvinculamos de una tradición nos quedamos sin varas de medir. Quizá, ahora que lo pienso, Chillida me parece bueno porque en realidad no está desvinculado de una cierta tradición, aunque él parece negarlo cuando dice que “cada obra de arte se sitúa ante lo desconocido” y parece implicar de ahí que puede hacer tabla rasa de toda la tradición de otros artistas anteriores. Con eso no estoy de acuerdo, y menos con que parezca que eso es una nota definitoria del arte.

  31. pseudópodo dijo:

    Una cosa más. Se me ocurre una metáfora que a lo mejor está cogida por los pelos pero me gusta.

    Supongamos que una obra de arte es una bicicleta, y una obra de arte buena es la que circula bien. El marco interpretativo es el suelo por el que rueda la bicicleta. Pues bien, con un suelo elegido adecuadamente podemos lograr que cualquier rueda, de cualquier forma, circule bien (es lo que contaba en Ruedas cuadradas). Marcel Duchamp es en esta metáfora como los Diderond y Du Carré de La nueva rueda del emperador predicando que el progreso está en que los suelos se adapten a las ruedas. Y el viejo reino trastornado por las ideas “progresistas” es el reino del arte hoy.

  32. Alejo Urzass dijo:

    Evidentemente tienes razón, en la vida vamos escogiendo opciones según nos atraigan y nos sean accesibles. A mí la ciencia me parece atractiva (no visitaría este blog si no fuera así) pero no tengo suficiente formación (herramientas) para acceder a ella de primera mano, quiero decir que mis matemáticas son las del lejano COU, ya que luego tomé otro camino. Pero claro, si un físico me dice que haciendo matemáticas le sale el resultado de que existen 11 dimensiones en el espacio, yo, que no puedo acceder a recorrer con él esa demostración, he de contentarme (y maravillarme) con la noticia, en vez de criticarlo diciendo que la ciencia de Newton sí tenía un telón de fondo mientras que la ciencia actual piensa teorías extravagantes de supercuerdas, principios de incertidumbre y universos múltiples, que solo buscan epatar a la audiencia.

    —¿Qué audiencia?

    El artista “puro”, igual que el científico puro, no trabaja para la audiencia. No investiga para la audiencia. Su vocación es seguir ese impulso de su inteligencia. En eso somos el mismo hombre de hace 10000 años. El origen de la ciencia y del arte es el mismo, es responderse preguntas existenciales, es querer saber lo que no se sabe, lo que se sabe ya no importa. Y tanto la ciencia, como la religión, la filosofía y el arte toman caminos para las respuestas. Pero lo de la audiencia, el público, el placer del público, son cosas posteriores y son un mercado (casi siempre necesario en parte, pero a la vez obstáculo). Tanto en arte, como en ciencia o en filosofía, la medida de la importancia reside más en las preguntas que en las respuestas. La ciencia tiene la ventaja (por estar en lo físico) de que de las respuestas son peldaños para seguir hacia arriba, quizá por eso la defines como conservadora. La ciencia es una ascensión. Pero el arte (y la filosofía) son más una exploración. Un artista no tiene nada que hacer en un terreno ya explorado. Por eso dice Chillida que Goya no tiene que refutar a Botticelli, es terreno explorado (arte usado, como ha dicho Héctor).

    Por eso el artista solo puede enfrentarse a lo desconocido, es un explorador. Lo cual no significa hacer tabula rasa, sino querer saber qué hay al otro lado de aquellas montañas sin menospreciar este valle. La tradición es este valle.

    Mientras, cuando Chillida dice que la ciencia sí se puede enseñar se refiere a que Einstein pone el campamento base a cierta altura y sus discípulos ya tienen esa parte de la ascensión “hecha”. Pero no es por seguir una tradición.

    Luego está lo de la capacidad técnica (no tanto “la facilidad”) que es al artista como la salud y la fuerza física lo son al explorador. Es decir una condición necesaria pero no suficiente.

    En ninguna parte cabe que el artista deba entretener, como he leído por ahí arriba. Este es un “deber” que los artistas del arte popular se han adjudicado para sí, por estar a su alcance y satisfacer su gusto y el de otros, incluso llegando a cumplir así una función social. Sin ánimo de menosprecio, yo mismo por cada hora que escucho a Schoenberg dedico dos horas a Bob Dylan.

    Por finalizar: tampoco creáis que gozo con cada exposición de artistas contemporáneos que veo. Al contrario. Me desespera ver tanto narcisista meando en su pesebre. Pero entiendo que a veces me equivoco y que ellos también se pueden equivocar. A fin de cuentas, de los miles de artistas que existieron durante el Renacimiento, solo unos cuantos de ellos tuvieron (y conservan) verdadero interés. Siguiendo la proporción, solo encontraremos algún interés en 4 ó 5 de cada 100 muestras de arte que veamos. Y verdadero talento en 4 ó 5 de cada 10.000 artistas.

  33. Edulcorado dijo:

    Pues consciente o inconscientemenete, solo un gran artista como Chillida puede evocar toda la belleza de la ciencia con un par de frases:
    “Me pregunto con asombro sobre lo que no sé. Trabajo para conocer y doy mayor valor al conocer que al conocimiento”

  34. Edulcorado dijo:

    ¿ No es esa la teoria de falsacion de Popper pero en bonito?

  35. Aloe dijo:

    Hector M dijo:[El Quijote] aún funciona en este siglo veintiuno siendo como somos lectores ignorantes de Amadís de Gaula

    Voy a ser atrevida: El Quijote no funciona para nosotros más que el Tirant Lo Blanc, que es una obra maravillosa que ya se nos ha hecho un poco difícil… lo mismo que el Quijote. Lo que pasa es que el Quijote es un emblema nacional, un valor entendido y una obligación escolar. Pero leerlo de verdad lo han hecho muchas menos personas que a Perez-Reverte (pongo un ejemplo popular que a mi no me gusta nada).

    si [Bach]solo fue un musico epigonal, una pregunta, ¿por qué ese impacto en -luego tan notorio en la obra de- Mozart y Beethoven después de escucharlo?

    “Tradicional” no quiere decir en absoluto “epigonal”. Esa equivalencia solo se la creen los supersticiosos de la vanguardia permanente y la originalidad absoluta.
    Bach fue un musico dentro de una tradición, y original al mismo tiempo. A Mozart y a Beethoven les impresionaría por razones evidentes: porque es muy bueno, el jodío, y como músicos profesionales, lo vieron perfectamente.
    Lo de escribir “El clave bien temperado” y ser al mismo tiempo un tradicionalista del contrapunto en una época en que lo novedoso era la melodía acompañada y la estética rococó, pues más de lo mismo: la tradición no excluye la innovación, ni la elección -hasta cierto punto- de un lenguaje personal, pero lo suficientemente cerca de la corriente principal para que se entienda: lo mismo pasa con un buen escritor, cuya voz es inconfundible sin ser incomprensible.

    En cuanto a los ateos y la Pasíón de San Mateo (o las iglesias románicas, si quieres) ¿qué tendrá que ver una cosa con otra?
    Una manera de verlo es que sus creencias y la pasión que pusieron en ellas son parte de lo que nos conmueve como humanos que siguen compartiendo (en parte al menos) el lenguaje en que las expresaron y la pasión que les movió. No tenemos que compartir el contenido concreto de ellas, pero esa “función” les impulsó, y hace que sigan “funcionando” para nosotros. La “función” o el significado se han modificado parcialmente, si quieres, como la de una chimenea en una casa, ahora que tenemos calderas de gas. Llegará un día en que ambas cosas sean ininteligibles, cuando ya no nos quede lenguaje en común con los que las inventaron.

    No me parece bien considerar la palabra “artesano” peyorativa. El “arte” significó primero (y asi sigue siendo en informática y otras habilidades) la posesión del oficio, un oficio difícil, y sin techo en cuanto a perfección posible.
    No hay artista bueno sin oficio, y no hay frontera clara entre artesano y artista, creo yo. Un gran artista es un buen artesano que ademas expresa una creatividad y originalidad por encima de la exigencia desnuda de su oficio. Como artesano con oficio, dominará el lenguaje de su medio, el que comparte con todo el mundo. Como persona creativa y a quien le importa la belleza y el logro, aportará seguramente matices personales a ese lenguaje.
    (Llevar eso a la arrogancia de “un artista no hace las cosas para la audiencia” es parte de lo enfermizo de la ideología artística contemporánea. Si un artista no hace nada para la audiencia, no publicará ni exhibirá, lo que significa que será un amateur cuya profesion es otra, y eso no es que le descalifique, pero debería dejarlo en el margen, y no como “modelo” de artista. Eso es diferente de decir que un artista honesto no piensa exclusivamente en vender aunque sea morralla, sino en entregar lo mejor que tiene y es)

    Y socialmente nos vendria bien considerar a todos los artistas como artesanos más o menos buenos y originales, según cada uno (igual que hacemos con cientificos o cirujanos, digamos), y no aspirantes a diosecillos, diosecillos frustrados o diosecillos consagrados (según el caso). Esa supersticion crea confusión e infelicidad en las personas creativas que se quieren dedicar a un oficio artístico y nos perjudica de más maneras a todos.

    (No tengo remedio, Pseudopodo. Sorry)

  36. Hector M. dijo:

    Aloe,

    Confundes -tal vez por abuso del nos mayestático- tu personalísima perspectiva como un estado generalizado de opinión, por ejemplo, dices, Voy a ser atrevida: El Quijote no funciona para nosotros más que el Tirant Lo Blanc, y me pregunto yo si esa opinión es refutable con hechos (por ejemplo, que una selección de escritores eligiera ese libro como la mayor obra maestra de la literatura) o hay que aceptar tus improvisaciones porque sí.

    Luego también me dices que Bach fue un musico dentro de una tradición, y original al mismo tiempo que es como decir ni sí, ni no, sino todo lo contrario y que se asemeja al comentario de ¿Beltenebros? que me saca a Zelenka y no recuerdo quién más y que también, por qué no, podría haberme sacado a Gesualdo que al cabo inventó el dodecafonismo varios siglos antes que Schoenberg. Pero yo no entiendo la vanguardia como un ejercicio de bizarrería o singularidad porque, como dice Stravinski en su Poética Musical, el arte es constructivo por esencia y por tanto ninguna obra puede ser considerada revolucionaria y lo que es vanguardista, por tanto, no será aquello que revolucione per se sino aquello que incida o abra caminos, por así decirlo. De este modo, la obra de Bach incidió en Mozart (v.gr: Jupiter) y en Beethoven (v.gr: Grosse fugue) y más gente más tarde (Mendelssohn lo descubrió para el público, más bien) etc. Mientras, a obra de Gesualdo no fue sino descubierta recientemente por lo que, en todo caso, su vanguardismo fue clarividencial pero, digamos, no lo suficientemente adaptativo como para alabarlo, no abrió caminos. (En parte entró en desconsideración a razón de haber sido un asesino pasional del amante de su adúltera mujer)

    No quiero decir con esto que la valía de un artista se mida por su número de seguidores pero sí quiero decir con esto que los artistas de fuste siempre abren camino, siempre inspiran, siempre sobre ellos se colocan los sucesores.

    Sigo citándote:
    En cuanto a los ateos y la Pasíón de San Mateo (o las iglesias románicas, si quieres) ¿qué tendrá que ver una cosa con otra?

    ¿Hace falta que explique para qué función fueron realizadas dichas obras? ¿Hace falta que explique que -como dijo Proust- nadie disfrutó más de las catedrales en toda la historia que el ateo culto del s.XX? ¿Hace falta que muestre qué tiene que ver estas preguntas con la discusión sobre la función del arte?

    No me parece bien considerar la palabra “artesano” peyorativa

    A mi no me parece peyorativo pero sí hay una diferencia entre el Mozart que escriba la serenata Notturna y el Mozart del Don Giovanni.

    no hay frontera clara entre artesano y artista

    ¿Y? Hoy todos los filósofos de la ciencia desde Lakatos coinciden en señalar que NO hay un criterio de demarcación transparente que cribe la ciencia de la pseudociencia pero todos sabemos que la física relativista es ciencia y la cafeomancia no tanto, ¿verdad? Pues otro tanto con la serie “Sin tetas no hay paraíso” y la obra “Hamlet”

    Que una frontera no sea clara (¿naranja o roja?) no significa que no exista

    Llevar eso a la arrogancia de “un artista no hace las cosas para la audiencia” es parte de lo enfermizo de la ideología artística contemporánea.

    No hay nadie que piense eso de veras desde el mismo momento que no quema motu propio sus obras (mandar quemar como hizo Kafka, tampoco cuela) pero decir que “eso” es originado en la ideología contemporánea, invita a recomendar la lectura de alguna biografía de Beethoven.

    Esa supersticion crea confusión e infelicidad en las personas creativas que se quieren dedicar a un oficio artístico y nos perjudica de más maneras a todos.

    No entiendo el comentario, sinceramente, pero en cualquier caso que no todo el monte es orégano hoy día es algo cierto pero que tenga que ver eso con el desprecio al oficio de artesano me parece un non sequitur y recurro a otro ejemplo que haga distanciar este último aserto de una opinión improvisada: El propio Beethoven consideraba su quehacer como algo aún más elevado que la filosofía y que cualquier otro actividad, bien, ¿eso dilapido siquiera algo del esplendor de su obra?

  37. Aloe dijo:

    Hector: Mi opinión es que el Quijote es una gloria nacional que la gente no lee, y que a la mayoría de la gente hoy en día le aburre o no le llama la atenciòn para intentar leerlo. Eso, para mi, no es funcionar como libro, lo que no le quita mérito. Simplemente, tiene muchos años y nos han hinchado a “spoilers” y a pedantería todo el bachillerato con él, de forma que es como si ya lo hubiéramos leído y fuera un rollo.
    Si crees que no tengo razón, no me traigas encuestas de escritores. Demuéstrame que la gente lo lee, y que le causa el placer que le causaba cuando se escribió.

    No hay contradicción entre estar en una tradición y ser original. A mi me parece que lo primero es condicion necesaria (aunque no suficiente) de lo segundo. Durante los siglos en que ha existido la tonalidad todos los músicos estaban dentro de la tradicion tonal, y son distintos unos de otros. Todos los que han hecho una sonata o una sinfonía han compuesto dentro de la forma sonata, que es una forma precisa en una tradicion. Todos los que han compuesto con escritura contrapuntistica han seguido reglas, porque si no, no es contrapunto, y reglas muy complicadas y estrictas, además. Cualquiera que escribió una chacona o un vals, escribía eso: una chacona o un vals, no cualquier otra cosa. ¿Impide eso ser original? No me digas.
    Por supuesto, las tradiciones siempre están cambiando, si no no son tradiciones, sino arqueologia. Chopin ya no escribe un vals como tres generaciones antes, ni como cinco generaciones antes (cuando era una música popular de bailes rurales). Y ahora eso ya solo es una música para las bodas y el Año nuevo en Viena. El público cambia de gusto, la sociedad cambia de gusto, y los artistas más significativos de cada generacion impulsan también ese cambio de gusto. Pero que la tradición se modifique continuamente no quiere decir que no exista, porque todo el sistema de referencia no cambia a la vez.

    No veo ningùn peso a tus objeciones sobre mi comentario sobre arte, artesano y artista. Me parece fenomenal que Beethoven considerase su actividad como más elevada que la filosofía. Yo considero muchas cosas como más elevadas que la filosofía, desde educar niños a hacer ciencia, pero no soy un argumento viviente por eso. Cada uno es muy dueño de tener una jerarquía de cosas importantes y de considerar lo suyo importantísimo, como si es poner vacunas.
    Tampoco digo que no debamos ver una diferencia de talento y valor para la posteridad entre un arreglista de Sony y Beethoven. Lo que digo es que se dedican a lo mismo, con éxito diferente, y que nuestra actitud no debería ser establecer castas a priori ni ponernos sublimes, estupendos y vanguardistas, sino valorar a cada uno, pero partiendo de que ambos son músicos, no especies diferentes.

    Lo que decía del daño que causa tanta ideología del arte es por los músicos “contemporáneos” que conozco (esos que no te crees que conozca y que hacen música original y vanguardista que no entendemos nadie pero es muy seria). A alguna, desde los 17 años, y le ha causado mucho dolor, muchos problemas y muchos años llegar a entender que las cosas no son como las pinta esa ideología.

    Todavía no me atrevo a decirle claramente que para mi el punto seminal de la música del XX que amamos, que importa, y que pasará a la historia, son unos negros con sombrerito y guitarrita, analfabetos los primeros de ellos, anonimos los más, y pobres todos, que vivieron en el sur de Estados Unidos entre 1880 y 1930.
    Shakira sí que es un pálido epígono de cuarta mano de eso, desde luego, como los autores de las infinitas cancioncillas de nuestros abuelos pueden ser considerados epígonos palidos de Beethoven, si así quieres.

    Desde luego, puedo estar equivocada. Pero para darme cuenta voy a necesitar argumentos de más peso que la repetición de ideas recibidas de ortodoxia académica almidonada.

  38. Aloe dijo:

    Ah, y vete en estos tiempos a decirle a un instrumentista de clásica, de treinta años, bueno y profesional, que ama su música y que le dedica doce horas al día, que qué opina de la actitud a lo divo arrogante y “tocado por Dios” de un Karajan. Igual te llevas una sorpresa.

  39. Hector M. dijo:

    Aloe,

    Mi opinión es que el Quijote es una gloria nacional que la gente no lee, y que a la mayoría de la gente hoy en día le aburre o no le llama la atenciòn para intentar leerlo

    Esas cosas no se opinan, se demuestran con hechos y si el hecho de que es el libro más admirado por los escritores (en su mayoría y en cualquier caso es un decir) y si el hecho de que es el libro de ficción y/o NO-religioso más vendido (más editado, más traducido y esto es importante porque en Bachiller solo lo tragamos los de aquí) del mundo NO te vale como argumento pues entonces di simplemente que nada te va convencer y sansacabó la discusión.

    No confundas, insisto, a la gente contigo: son dos sujetos diferentes. ¿Qué no te gusta el Quijote porque no es como Stephen Gould? Vale pero, como se suele decir, plural de anécdota NO es datos. A mi sí me gusta, me encanta y no veo que tenga relevancia para la discusión de si tiene o no tiene lectura contemporánea posible ese libro.

    las tradiciones siempre están cambiando, si no no son tradiciones, sino arqueologia.

    Pues eso es lo que digo. Punto pelota. Digo que Chopin YA NO compone como Beethoven que YA NO compone como Mozart que YA NO compone como Telemann que YA etc. y ¡cuidado! la tradición tonal tiene apenas doscientos años (+ ó -) y sólo en occidente puesto que en Japón o en Java se tocaba otra cosa y cuidado, disfrutaban de la música…o no o igual realmente no (al igual que con el insufrible Quijote)

    No veo ningùn peso a tus objeciones sobre mi comentario sobre arte, artesano y artista. Me parece fenomenal que Beethoven considerase su actividad como más elevada que la filosofía.

    No pasa nada te lo mastico -como lo de las catedrales- para que lo entiendas: Que la consideración de que el Arte es más que la artesanía NO influye en el resultado de las obras, lo demuestra el hecho de que aún considerándose un artista y NO un artesano, Beethoven fue capaz de crear auténticas obras maestras ergo ese pensamiento lejos de ser el cáncer de la ideología contemporánea es, como mucho, un residuo del romanticismo del s.XIX y que encima, para más inri, NO influyó en la calidad de lo producido como demuestra Beethoven

    A alguna, desde los 17 años, y le ha causado mucho dolor, muchos problemas y muchos años llegar a entender que las cosas no son como las pinta esa ideología.

    No sé de qué ideología me hablas, ¿de la escuela de Darmstadt? ¿la de Viena II? ¿…? Hablar de u-na ideologoía para todo el s.XX…

    pasará a la historia, son unos negros con sombrerito y guitarrita, analfabetos los primeros de ellos, anonimos los más, y pobres todos, que vivieron en el sur de Estados Unidos entre 1880 y 1930.

    Stravinsky y Debussy y Mahler (de por esa época) tam-bi-én han pasado YA a la historia para una amplia mayoría. Decir que te gusta el jazz y decir que no te gusta “Historia de un soldado” de Stravinsky sólo se puede hacer desde -ésta vez sí- la ideología. Y en cualquier caso decir que Stravinsky YA ha pasado a la historia NO es, una vez más, opinión puesto que así lo certifican los músicos venidos después de él, la industria literaria creada en torno a él, que el Time lo eligiera entre las cien personalidades más influyentes del s.XX, etc. pero un largo etc.

    Karajan. Igual te llevas una sorpresa.

    Igual crees que es una sorpresa decir que Karajan es un director popularísimo pero infinitamente peor que una larga pléyade de directores. Yo más bien creo que este aserto a día de hoy es un lugar común -sin perjuicio de que sea (o no) verdad

    Por otro lado, suelo desconfiar de las autodefiniciones de un artista salvo cuando es un escritor, esto es, que un músico se crea un demiurgo o escultor del tiempo o lo que sea me importa más bien un pimiento pues generalmente lo que se demuestra en esos casos es más la inoperancia verbal del autoretratado que una guía para la interpretación de su obra. En ese sentido, me importa más bien nada el cómo se vea a sí mismo ningún artista y además añado, insisto, que escucharlo es un mal camino (generalmente) para entenderlo

  40. pseudópodo dijo:

    Alejo, me ha gustado la metáfora del artista como explorador. Usando esa metáfora, lo que yo digo es que el arte contemporáneo viene, por lo menos desde las vanguardias, cometiendo los errores de explorar demasiado lejos del campamento base (la tradición), y de explorar sin técnica (sin oficio, sin haber dominado la componente artesana de la que hablan Beltenebros y Aloe). De esta manera, casi seguro que te pierdes. Y si no te pierdes, es porque no has ido muy lejos.

    Ciertamente el arte y la ciencia son diferentes, puedo aceptar en parte lo que dice Chillida, pero mientras los artistas no rompieron los vínculos con la tradición, sino que la hicieron evolucionar, la enriquecieron, la acabaron superando y transformando, había una similitud con la ciencia; si no progreso en sentido estricto, si una evolución reconocible y una “superación” de moldes antiguos.

    Creo que en esto no estamos en desacuerdo. Y por supuesto estoy de acuerdo contigo en que sólo hay verdadero talento en una proporción muy pequeña de los artistas (eso es un caso particular de la Ley de Sturgeon, que es de aplicación universal). Ahora bien, creo que en el arte contemporáneo es mucho más fácil hacer pasar gato por liebre. Primero por el tantas veces repetido aquí “caos interpretativo” (cada artista quiere ser juzgado por su propia vara de medir sin someterse a un criterio externo dado por la tradición). Pero también por el abandono del requisito del oficio, de la componente artesana. Que por supuesto no es lo esencial, no es suficiente, pero sí creo que es una condición necesaria (igual que para ser un buen físico lo esencial no es tener soltura con las operaciones matemáticas, pero nunca llegará a ser un buen físico el que no tenga esa soltura). Y además, funcionaba como una barrera que limitaba el acceso sólo a los que estaban dispuestos a hacer el sacrificio de aprender la técnica, y por lo tanto cortaba el paso a los espabilados que buscan dar el pego.

    Este es un ejemplo de mecanismo de control, algo que es necesario en cualquier disciplina. Los tiene la ciencia con unos requisitos para el acceso a la profesión, con una tradición de “oficio” (la importancia de esto lo ha estudiado por ejemplo Kuhn), con el sistema de revisión por pares, etc. Todo esto puede poner alguna traba a la creatividad, pero en conjunto es enormemente beneficioso. Y el arte tenía ese tipo de mecanismos, diferentes, pero con una función parecida. Que podían primar un arte adocenado y sin vida, pues sí, pero esas trabas a la creatividad evidentemente no eran tan graves cuando en esa tradición crearon Leonardo o Velázquez. Sin esos mecanismos estamos peor.

    Por eso estoy de acuerdo con Aloe cuando dice que socialmente nos vendria bien considerar a todos los artistas como artesanos más o menos buenos y originales, según cada uno (igual que hacemos con cientificos o cirujanos, digamos), y no aspirantes a diosecillos, diosecillos frustrados o diosecillos consagrados (según el caso). Esa supersticion crea confusión e infelicidad en las personas creativas que se quieren dedicar a un oficio artístico y nos perjudica de más maneras a todos.
    Una de esas maneras en las que nos perjudica es que acabamos perdiendo interés por el arte contemporáneo, porque se ha puesto tan difícil distinguir el grano de la paja, y no nos merece la pena aprender al código de cada presunto genio.

  41. Beltenebros dijo:

    Héctor:

    «A mi no me parece peyorativo [el término “artesano”] pero sí hay una diferencia entre el Mozart que escriba la serenata Notturna y el Mozart del Don Giovanni.»

    «Que una frontera no sea clara (¿naranja o roja?) no significa que no exista…»

    Te pido lo mismo que le pides a Aloe: demuéstranos (perdón por el mayestático, ya sé que el único lerdo aquí soy yo) que ese saber sirve de algo. ¿Qué artista fresquito -de ayer, de la semana pasada, de hace dos años- equivale al Mozart de aquella “Serenata Nocturna”, cuál al de “Don Giovanni” y cuál a Shakira?

    Concretando, ¿hay algún Chillida equivalente al Mozart de, digamos, 9 años y otro al Mozart de 30? O mejor, ¿cual es la “Serenata” y cuál el “Don Giovanni” de Chillida?

    Si la “Heroica” fue un caos incomprensible en la época de su estreno, siempre habría un crítico más o menos recalcitrante capaz de encomiar al Beethoven del Septimino. Siempre habrá quien prefiera los “Gurrelieder” al “Pierrot Lunaire”. ¿Cabe una distinción semejante con Chillida o con el tipo que enlata excremento humano y lo vende como obra de arte?

  42. elquebusca dijo:

    OFF TOPIC, como no se me ocurre decir nada que pueda iluminar vuestro debate sobre el asunto (hace tiempo que me descolgué de mi interés por el arte actual por falta de criterio, aunque siga viendo alguna exposición) se me ha ocurrido escribir algo sobre Stanislav Lem. Quizá ya lo conté en otra ocasión aunque no lo recuerdo exactamente. Yo como los abueletes ya empiezo a repetir siempre lo mismo.
    Al principio pensé meter el comentario aquí pero al final he hecho una nueva entrada para el blog, de este modo quizás éste reciba alguna visita.

  43. elquebusca dijo:

    En fin, la entrada es atropellada y descuidada a mi pesar, como mi vida.

  44. Hector M. dijo:

    Beltenebros,

    demuéstranos (…) ¿Qué artista fresquito -de ayer, de la semana pasada, de hace dos años- equivale al Mozart de aquella “Serenata Nocturna”, cuál al de “Don Giovanni” y cuál a Shakira?
    (…)
    O mejor, ¿cual es la “Serenata” y cuál el “Don Giovanni” de Chillida?

    Con mucho gusto. Aclaro, no obstante, que a Joyce se le preguntó por qué leía a Vico y éste respondió que aquel le estimulaba la imaginación, cosa que no hacía ni Freud, ni Jung, autores más canónicos. Otro tanto digo sobre mis lecturas que no son, o no me importan que sean, canónicas. Aplaudo lo que me estimula y punto

    Te doy ejemplos de varias artes y trato brevemente (pero muy brevemente) de explicarlo:

    En escultura tienes a Richard Serra cuya obra “La materia del tiempo” es una obra maestra sin paliativos (placas enormes a la manera de paredes formando un pasillo que uno tiene que transitar y mientras las placas hacen el efecto de acercarse se siente una claustrofobia que te acelera el paso y mientras que las placas hacen el efecto de alejarse se siente una calma que te ralentiza el paso: el placer de haber sentido cómo el diafragma de tu percepción (de)crece según las sensaciones de (o)presión que te ofrezca el entorno) y que está aquí en el Guggen de Bilbo (y por favor, no contemples la obra, ni la camines al lado de -típico- un bullicioso grupo de escolares porque entonces claro que te parecerá modenno). El “noturnno” de Serra bien podría ser muchos de sus autoplagiarios encargos para ciudades y demás, v.gr, las dos placas que escoltan la entrada al Bellas Artes de aquí, otra vez, Bilbao.

    En pintura concederé que salvo Kandinsky, Mondrian, Pollock, algún Rothko, alguno más; me gusta el figurativismo y como últimas referencias ineludibles están Lucian Freud, Hooper o Francis Bacon que tiene sus “noturnno”s en algún “Autoretrato con espejo” pero sus “Don Giovannis” en los retratos al papa. Pero como me pides gente viva, te mentaré a Botero cuya pintura perpetra una refrescante distorsión que me recuerda al aroma tropical de Gabo (es esto, lo admito, una asociación mía y dudo que transferible). Recientemente lo vi en el Bellas Artes de Bilbao, junto a otros, en una exposición con eje en la tauromaquia. Allí había un “noturnno” suyo en un cuadro (lo siento, olvidé el nombre) que repetía todos sus gestos estilísticos y que pretendía, retratando toda una plaza de toros en medio de una corrida, vindicar la tauromaquia mediante el recurso (además torpe pues tales efectos me parecían ajenos a la potencialidad de sus estilemas) de todos los lugares comunes (valentía, muerte, estoicismo) que transitan los aficionados al toreo. En balde. Pero también tenía un retrato (lo siento, otra vez olvidé el nombre) de un caballo vendado de esos que se utilizan para el toreo -no sé qué nombre reciben-. Un retrato que introducía la sensación de estar ante un reo a punto de ser ejecutado (hasta bien entrado el s.XX los caballos no recibían protección en las plazas y morían en docenas: literal) pero era esa gordura (tan de Botero) lo que humanizaba al bicho, al pobre bicho, al modo en que (como nos descubrió Gould) sentimos ternura hacia Mickey porque sus rasgos reverberan los de un rechoncho bebé.

    En música tienes a Ligeti con una obra reciente de 1995 como son los Estudios para piano que es un hito en la literatura pianística (se recoge la polirritmia africana comibándose con estructuras armónicas autosemejantes con lo cual se dota a la música de una tensión vertiginosa. Por favor, buscar en youtube “La escalera del diablo” o también “Vertigo”) mientras que su Música ricercata (recogida por Kubrick en El Resplandor) es puro “noturnno” de tan bartokiana que es. Pero como me pides gente viva te hablará de George Crumb (véase su Black Angels) o Penderecki (véase su Treno a las víctimas de Hiroshima pero, no por favor, su “noturnno” que es el Concierto para chelo, nº2 que no es más que una vuelta al romanticismo, esto es, música usada)

    En arquitectura tienes (por topicazo que sea ) a Ghery y su museo bilbaíno pero olvídate de su “noturnno” que es la bodega de la Rioja que no es más que un autoplagio hecho a toda prisa y que repite pero despendoladamente y sin criterio ambiental alguno (no se adapta al entorno, simplemente divaga) todas los retortijones de titanio que jalona su obra bilbaína. Y por cierto, también la aquitectura deconstruccionista (Ghery, pero también Zaha Hadid etc.) tiene sus detractores bulliciosos no siempre acertados, no siempre equivocados (el día que salgamos del maniqueísmo de o ellos o yo, verdaderamente disfrutaremos más del arte)

    En moda tienes a Galliano cuya última colección Haute Couture es un “noturnno”, es un puro autoplagio donde no ofrece ninguna silueta nueva, si bien, en 2007 con su corte origami o en 2004 en aquella colección sobre Egipto, de volúmenes imposibles semejantes a los de la arquitectura deconstruccionista, aparecen entonces ejemplos de “Don Giovanni”s (Por cierto, el propio Galliano tiene una concepción bastante alla Umberto Eco (y mía) del arte al considerar que la Haute Couture es como la fragancia de la cual se destilará el agua de colonia que llegue a las tiendas pret-a-portér)

    En Literatura tienes a McCarthy vivo y que hace ¿dos? años sacó una primorosa obra maestra titulada “La carretera” que pareciendo haber sido escrita antes de Beckett y después de Kafka sí que tiene, no obstante, una voz propia que no hace sentir un déja-vu al lector NO-primerizo (p.ej: mi hermano después de ver la peli me preguntó a ver de qué modo habían llegado a ese escenario post-apocalíptico pero esa pregunta tiene tanto sentido como preguntar por qué Gregorio Samsa se hizo escarabajo pero esa pregunta es fruto del telón de la literatura decimonónica: hay que actualizarse). No obstante, McCarthy también tiene sus “notturnno”s en una obra como “Todos los hermosos caballos” que a pesar de haber ganado el pullitzer y recibir el aplauso de gente como Harold Bloom, a mi juicio no tiene ni chicha ni limoná porque se queda entre la violencia barroquista de Meridiano de Sangre y la sobriedad desesperenzada próxima al silencio (¿McCarty=Beckett sin el ímpetu del habla?) de “La carretera” (Aquí el problema no es que McCarthy trabajase de encargo sino que estaba en medio de un proceso de mutación y nos enteramos)

    Finalmente me dices:
    ¿Cabe una distinción semejante con Chillida o con el tipo que enlata excremento humano y lo vende como obra de arte?

    Yo creo que sí y el que no la ve es porque no quiere, o no sabe o yo qué sé pero, y aquí viene lo cojonundo, que no sea tan soberbio de mofarse del que sí lo percibe, por favor, y es que cuánta autoestima le ha subido algunos el cuento del emperador desnudo: de repente todos somos unos críos visionarios.

    Termino insistiendo en que leo para sentirme estimulado y no asumo que quien nacio en 1700ypico es mejor o peor músico/literato/arquitecto/etc. que el que nacio en 1900ypico (aunque podamos hablar de probabilidades, ojo) y los hechos me lo demuestran: yo disfruto del trabajo de gente viva aunque no me creais.

  45. Hector M. dijo:

    Pseudopodo,

    Una heurística que siempre me funciona es eludir el maniqueísmo por cuanto lo considero un abuso de la disonancia cognitiva (¡cuánto ganarían las discusiones (a)-teístas, si el de al lado no te confundiera con un científico gris y desalmado o con un fanático supersticioso). En este caso, yo acepto quejas, muchas quejas, esbozadas por ti contra el arte moderno pero no puedo acogerme sin remordimientos a ese papel de “ellos (los artistas), qué malos son” y “nosotros qué listos y buenos y bienintencionados”. Viceversa, por cierto, como le pasa a mucho geniecillo iluminado (heredando un meme, una memez, del s.XIX) pues otro tanto, cuidado.

    La maniquea idea de que los artistas de ahora NO son artesanos, NO saben, merece un análisis de hechos. Me pongo de tu lado, es decir, del oyente/espectador/etc. insatisfecho y analizo mis quejas a ver qué encuentro. Pienso en Schoenberg y pienso en su dodecafonismo: una suerta de busca a Wally, de busca las doce notas que hace imposible un disfrute salvo para quien tenga un oído prodigioso. No obstante, ¡jamás! diría que a Schoenberg le falta conocimiento artesanal de su medio cuando fue un magnífico profesor de armonía y cuando para elaborar obras dodecafónicas hay que tener un manejo del contrapunto cuasi bachiano.

    Más ejemplos. Me gusta Joyce pero a ratos falla y su Finnegans es ilegible salvo si se es un irlandes plurilingüe con mucho tiempo libre. Ahora, el Ulysses es un crisol de géneros y expresiones idiomáticas, es la quintaesencia de la literatura artesanal, es cualquier cosa menos un producto elaborado, es justamente un producto demasiado elaborado. Otro tanto diremos del Finnegans. Como decía Borges (este sí definitivamente antijoyceano), verbalmente Joyce era el escritor más dotado de su siglo (mucho más que Kafka por decir alguien ilustre). De Joyce se puede decir mucho, contra Joyce se puede decir muchísimo, excepto que no tuviera un dominio de su oficio.

    Más ejemplos. Luciano Berio (este artista ya es de la segunda mitad del s.XX) podrás decir que no te gusta su trabajo pero ¿que le falta oficio? ¡Pero si terminó una sinfonía acabada de Schubert! Otro tanto Boulez, por mucho que me deje frío el serialismo…

    Más ejemplos. Me gusta Picasso pero sus obras del principios del 10, cuando el cubismo analítico; son infumables. Pero Picasso tenía un oficio como nadie, a los 15 años ya plagiaba a Velazquez con rutinaria eficacia.

    En suma, se pueden encontrar decepciones en el arte u obras fallidas sin que la falta de artesanía tenga algo que ver luego el drama de las vanguardias NO es ese, o no es sólo ese pero es que ni siquiera es el principal y vale, yo sí creo que a ciertos artistas ready-made les falta oficio o mejor dicho, no se les ve pero ese no es su problema. Su problema (y pasa con el conceptualismo tan en boga) es que si bien la ideación de la obra puede resultar creativa, no así su facturación y aquí falla un sentido más agudo de la estética y doy un ejemplo de cómo ser un buen artista ready-made: si Pierre Menard hubiera sido un artista conceptual hubiera publicado el Quijote, línea por línea y obligado al lector vanguardista y ovejuno a releerlo otra vez. Como el literato que alumbró a Menard era inteligente y no esnob, apenas escribió un cuento que hizo el mismo efecto sin necesidad de agotar con lecturas milenarias a un lector tontorrón. Pero si Borges hubiera re-publicado el Quijote NO es que se hubiera convertido de repente en un escritor de oficio sino que habría calculado mál la proporción entre el efecto de su obra y el coste de lectura y salvo para algún lector ocioso y entusiasta, su idea hubiera quedado desapercibida, hubiera quedado snob. Esa reflexión borgesiana sí la echo de menos en algunos artistas conceptuales, es más, todo el conceptualismo puede que sea tan ridículo como la republicación del Quijote.

    Resumo: Yo creo que no hay una sola poética vanguardista (no entiendo de qué Ideología me habla Aloe) . Yo creo que hay que ir caso por caso y que hay casos pero de veras lo digo, que merecen la pena y que los análisis tipo Lem diciendo “todo el arte del siglo XX falla porque” falla porque hay arte del s.XX que NO falla. A lo más se puede ir obra por obra, o corriente por corriente y desgranar defectos pero entonces obligamos a este debate a cimentarse en cierta empiria y no en opiniones improvisadas

    Otro intento de ruptura del maniqueísmo: Cortázar bautizó a su Rayuela como una antinovela. Bien, lo es ¿y? Es una magnífica obra.

  46. Aloe dijo:

    Hector: Para no querer ser maniqueo… fabricas hombres de paja a velocidad de ilusionista.

    Yo no tengo claras todas mis opiniones sobre estos asuntos. Ni son tan simplistas como quieres hacer ver. Ni desprecio a nadie ni por popular, ni por exquisito, elitista e incomprensible. Ni voy a escribir una historia del arte del siglo XX.

    Pero hay algo profundamente equivocado en un mantra repetido hasta el infinito (una idea recibida, la llamaría Flaubert) que dice que hay que ser artistas puros (!) y que un artista, para ser puro, debe dedicarse en primer lugar y sobre todo, a hacer solo cosas completamente nuevas y que no sean parecidas a nada que nadie haya hecho antes. Luego que le salga un truño o algo bueno parece ser solo una consideración posterior y menos importante. Lo importante es que no se parezca a nada que uno reconozca
    Y a ser posible, que utilice un lenguaje y un código desconocidos, lo que ya es el desideratum.

    A mi me parece que la consideración primera debería ser hacer algo lo mejor, lo más bueno, de más calidad, de más belleza, que se sea capaz (para lo cual, lo lógico será empezar por lo que se conoce y se ha estudiado, y se ama también como espectador).
    Y cuando eso salga logrado de verdad, además habrá en ello algo de original, y una cierta desviación de los modelos conocidos. Pero eso será una consecuencia, a veces casi imperceptible y otras no.

    Los estilos y los lenguajes cambian porque se acaban agotando, y eso no es ni algo bueno que haya que perseguir a toda costa, ni algo malo que haya que evitar: es algo que, simplemente, sucede, a pesar de, o con independencia de, las intenciones.

    Los renacentistas no querían innovar: querían imitar a los antiguos, y lo que les salio fue innovador, como era inevitable que sucediese.

  47. pseudópodo dijo:

    Pero Héctor, si no puedo estar más de acuerdo contigo en rechazar el maniqueísmo, es algo que siempre he intentado evitar en este blog. Y si lees sin prejuicios el post y mis comentarios verás que no digo eso de ellos (los artistas), qué malos son” y “nosotros qué listos y buenos y bienintencionados.

    Igual que no creo que los españoles seamos más listos que los alemanes (o al revés) tampoco creo que los científicos seamos mejores que los artistas, o que los artistas antiguos sean mejores que los contemporáneos. Pero siendo igual de listos, los alemanes tienen docenas de premios nobel y nosotros no tenemos ninguno vivo. ¿Por qué? Pues obviamente porque las condiciones sociales y culturales, la escala de valores de una cultura y otra, actuando sobre una materia prima igual, dan resultados muy diferentes.

    Mis reproches al arte contemporáneo no son a los creadores individuales, no digo que sean unos cantamañanas o unos farsantes; no digo que no tengan talento; lo que digo es que con la escala de valores que se inauguró en el romanticismo y consagraron las vanguardias, es fácil que prosperen los cantamañanas y que no se reconozca ni triunfe el talento. A esa escala de valores es lo que entiendo yo que Aloe llamaba “ideología nociva”, o algo así, y creo que tiene razón.

    Los ejemplos que me das de artistas contemporáneos con oficio y dominio de la dimensión artesana me parecen válidos, pero como tú decías más arriba, “el plural de anécdota no es datos”. Picasso, Schoenberg, Joyce, por supuesto que tenían oficio, pero es que me estás hablando de auténticos números uno. Si esos no tienen oficio, apaga y vámonos. Pero ¿tiene oficio Damien Hirst?¿Tiene oficio Tracey Emin?¿Tenía oficio Andy Warhol? Si vamos más allá de los casos individuales, hay una cosa evidente y es que las condiciones objetivas no incentivan el oficio, ni incentivan, en general, nada de lo que constituye verdadero arte. Esa es la clave.

    Se puede discutir si en otros tiempos, en la época de Bach o Leonardo las condiciones que prevalecían eran más propicias. Yo creo que, teniendo en cuenta todos los pros y contras, sí, y lo creo, en última instancia, porque pienso que la búsqueda frontal de la creatividad y la originalidad es un error de concepto. Igual que no se puede alcanzar la felicidad empeñándose en ser feliz, igual que no puede uno dormirse proponiéndoselo con todas sus fuerzas, en fin, igual que casi todo lo importante en la vida sólo puede conseguirse de forma sobrevenida, creo que así ocurre con la creación artística. Simplemente, el artista debe buscar hacerlo lo mejor que pueda, debe creer con toda su alma que el dominio de su arte es de importancia suprema, y luego, a lo mejor, se produce la magia y salen Las Meninas. Pero como pasa siempre en todo: 99% de transpiración y 1% de inspiración.

  48. Alejo Urzass dijo:

    Es posible, Pseudópodo, que a veces el explorador vaya demasiado lejos y no haya medido bien sus fuerzas, o haya tenido mala suerte. En tal caso no regresa a su casa, o regresa con las manos vacías fracasado. Pero así somos los humanos, y no hay nada innoble en equivocarse. Si explorase sin técnica ni siquiera le estaríamos llamando explorador, así que ahí no entro. Héctor ya ha comentado algo sobre la “técnica” y añadiré algunas cosas luego.

    Antes quiero explicar que el gato por liebre se puede dar allí donde hay un mercado. Ahora hay más mercado y además todos los saberes están muy especializados. Pero no hay razón para tener miedo. Ni vayamos a quedarnos sin salir de casa por eso. Queda eso, o informarse de la materia en cuestión, para que no te pillen desprevenido. Muy a propósito de este tema hay un artículo reciente del catedrático de filosofía Jorge Mínguez, que recurriendo a un vigente Hume lo explica muy bien.

    Pero venimos hablando mucho de técnica, lo “artesanal”, la tradición, los “diosecillos artistas” y vamos acumulando demasiados errores: Para empezar recordaremos que con las vanguardias históricas los artistas van precisamente luchando para desmitificar la “mano divina” del artista. Esto es Dadá (quemar los museos) el Futurismo (Marinetti: “un coche de carreras es más bello que la Victoria de Samotracia”), Duchamp (el Ready-made) etc, hasta llegar a Beuys que juega a convertirse en chamán con la precisa idea de “redimir” y devolver el poder de la acción a la sociedad, esto es disolverse como artista, que el arte es la vida, todos podemos actuar, todos podemos hacer arte de nuestra vida. El arte es acción y es efímero. Sus actividades son reales y sociales. No en vano fue uno de los fundadores del partido verde alemán. Todo esto es precisamente lo contrario de la idea que me transmitís Aloe y tú de que los artistas se endiosan a partir de que abandonaron la tradición.

    Esa idea de que el artista posea algo así como un poder exclusivo y divino en sus manos, nace precisamente con esos artistas que consideráis “la tradición”. Es algo que surge en el Renacimiento y tiende a extinguirse tras el Romanticismo. Es casi exclusivamente en ese período (que no es tan largo considerando toda la historia del arte) cuando las técnicas desarrolladas requieren de una destreza técnica “artesanal” bien entrenada.

    Aquí hemos llegado a algo que conviene observar. Es debido a este período del arte, que se haya creado la idea falsa de que el artista deba tener necesariamente esa destreza en todos los casos. Fue conveniente en algunos períodos pero nada más. Obsérvese que estoy hablando de “destreza” en vez de decir “técnica”. ¿Por qué pensamos que la destreza técnica de Miguel Ángel es lo que le hace artista (por ejemplo esculpiendo su Moisés) y no pensamos que sea menos artista habiendo levantado la cúpula de la Basílica de San Pedro cuando allí no preparó el mortero ni puso una piedra? De la misma manera, un compositor puede componer para piano y no ser pianista. De la misma manera, cuando Matisse era viejo y estaba enfermo dirigía desde la cama como se componían sus cuadros que eran realizados por sus ayudantes. ¿Y la destreza técnica de un escritor? ¿Acaso consiste en hacer buena letra o en no cometer faltas de ortografía?

    A donde quiero llegar es a que la técnica del artista consiste en saber cómo conseguir el mejor resultado con la tecnología disponible. La realización de ese proceso no siempre requerirá virtuosismo ni que sea su mano la que lo lleve a cabo. En ciertos momentos sí ha resultado conveniente. En otros muchos (ya lo advertía Chillida en alguno de los textos que puse) resulta un inconveniente. De hecho los períodos artísticos más aburridos son aquellos que no quieren dar por concluido el Renacimiento y se focalizan en las “maneras”. Los resultados (que normalmente resultan muy vistosos para el profano) suelen ser decepcionantes puestas en perspectiva histórica. Son el manierismo con que finaliza el renacimiento, el academicismo del xix y la pintura Pompier, los prerrafaelitas, etc. Ese tipo de pintura para calendarios y cuentos románticos, es la que parece que reivindica Lem. Es la que fue fácilmente comprendida y exitosa en su momento, pero la que menos ha trascendido en la historia de la pintura.

    Por el contrario Miguel Ángel fue transgresor; Leonardo, Velázquez, Goya, El Greco, Manet, Picasso, Duchamp, Beuys, etc., también lo fueron.

    Por cierto, muchos artistas jóvenes que vienen realizando “instalaciones” en centros culturales públicos con dinero público, demasiadas veces con resultados muy pobres (malos), están siguiendo una tradición y la realizan con la técnica artesanal precisa (fácil de adquirir en este caso), que consiste en juntar cosas, pegar dibujos por las paredes, etc., etc. No son transgresores (aunque lo quisieran), siguen una tradición que es la del arte conceptual de hace 40 años, es decir de cuando no habían nacido y lo han aprendido en los libros, y es una tradición porque usan tecnología (y maneras) de los años 70’s. Es decir son manieristas, en el sentido peor del término. Tengo mi teoría de por qué este estado de cosas, pero sería largo de explicar, y se me cae el alma.

  49. Alejo Urzass dijo:

    Matiz: donde digo “la técnica del artista consiste en saber cómo conseguir el mejor resultado con la tecnología disponible”, me falta añadir “para su proyecto concreto”.

    Y una postdata: El papel y la teoría lo sujetan todo, pero en la práctica el mercado del arte es poderoso y, como todos los mercados, muy perverso. Esto hace que obras de artistas del s. XX que han surgido con la idea revolucionaria de “acabar con” los museos, realmente han “acabado dentro” de los museos. Y el museo de hoy no es de las musas, sino del mercado.

  50. M G dijo:

    Hola todos, hola Pseudópodo (tanto tiempo). Se supone que la Estética sí es lo mío, de algún modo, pues soy arquitecto y profesor en la materia, y sin duda hay mucho que estudiar, aprender, re-aprender y des-aprender… yo había reflexionado sobre la utilidad del arte aquí:

    http://sincronia0conciencia.wordpress.com/2010/06/01/de-artes-y-trajes-nuevos-del-emperador/

    Por si sirve de algo… es sobre la utilidad del arte, la diferencia con los diseños, y el efecto Traje nuevo del emperador

    Saludos… me gusta el nuevo look del blog

  51. pseudópodo dijo:

    Hola, MG, y gracias por dejarnos tus reflexiones. Ando mal de tiempo hoy así que en otro rato me lo leo. Lo mismo digo, Alejo. Pero que conste que estoy aprendiendo mucho con tus comentarios, gracias por tomarte la molestia de explicarte.

  52. Hector M. dijo:

    Puede que elabore demasiados hombres de paja. Puede. Después de todo en estas discusiones tan verticales es inevitable rellenar lo dicho por el interlocutor si uno pretendo verlo en perspectiva. Gestalt. Por lo tanto, para evitar jugar al mentalista, trataré de resumir por qué es necesaria la vanguardia en todo arte. A ver si hacemos base común:

    Leamos a Wittgenstein a traves de U.Eco y abramos camino gracias a él:

    Wittgenstein se preguntaba qué sucedería si, una vez identificado el efecto que un minueto produce en los oyentes, se pudiera inventar un suero que, debidamente inyectado, ofreciera a las terminaciones nerviosas del cerebro los mismo estímulos producidos por el minueto.Observaba que no se trataría de lo mismo, porque no es el efecto de ese minueto lo que cuenta.

    El efecto estético no es una respuesta física o emotiva, sino la invitación a mirar cómo esa respuesta física o emotiva está causada por esa forma en una especie de “vaivén” entre efecto y causa. La apreciación estética no se resuelve en el efecto que experimentamos, sino también en la apreciación de la estrategia textual que lo produce.

    Esta apreciación implica, precisamente, también las estrategias estilísticas llevadas a cabo en el nivel de la sustancia. Que es otra manera de indicar, con Jakobson, la autorreflexividad del lenguaje poético.

    En otro libro, citará U.Eco un caso de Françoise Sagan, quien-cito de memoria y evito la relectura-, llegará un momento en que dirá que la emoción sentida por su protagonista era idéntica a la que sintió Swann (personaje proustiano) al escuchar la sonata Vinteuil. De este modo, Sagan nos hurta la elaboración de un efecto emotivo y nos insta a tirar de memoria (libresca en este caso) para rellenar la efectividad del texto, es decir, nos conmina a tragar una suerte de pastilla memotécnica que supla el efecto que ella misma es incapaz de elaborar.

    Concedemos que, en este caso, Sagan no es muy sútil, no sabemos si por pusilinamidad artística o por admiración campechana pero, la verdad, podría haber colgado el link a Proust de una forma más sútil, v.gr, recapitulando sus mismos estilemas de forma que sólo el lector no primerizo se daría cuenta del sampleo. Pero el hecho es que una vez identificado el hurto, al lector, una vez más, la conmoción estética se le disipa, se le aparece un efecto que, por su reconocibilidad propia, rompe con el reflexivo a la par que gratificante proceso de reconocimiento gestáltico que vertebra toda experiencia estética y aquí viene el quid: cuando yo hablo de que todo autor debe ser reconocible, no lo digo por un prurito de ideología posmoderna sino porque característico de todo arte está el hecho de que ésta sea reconocido de forma procesual y no efectista -en el sentido wittgensteniano aquí explicado-, es decir, debe ser reconocido no como un cúmulo o agregado irreflexivo de efectos, nada más lejos, puesto que en el momento en que uno esté disfrutando una obra y de repente me encuentre un sampleado efectista -“¡oh! ahora se separan este par de secundarios de esta peli de miedo”- entonces todo la escena se viene abajo, el telón aparece, recuerdo que estoy ante una obra artificial, la verosimilitud queda finiquitada, la conmoción también.

    En este sentido y sólo en este sentido vindico la vanguardia y sí, muchos vanguardistas no han entendido el por qué de lo original y se pasaron de frenada pero, cuidado. luego tal vez dieron material novedoso y sin estrenar a artistas más rigurosos, no sé, pienso en los dadaístas y en la magnífica obra de Cortázar, fronteriza entre lo onírico y lo real.

  53. Aloe dijo:

    No puedo más que expresar mi acuerdo con Pseudopodo (comentario de 2-feb).

    Alejo: Gracias por tus comentarios, que matizan y son esclarecedores, en un tema como este, tan complejo y resbaladizo. Pero yo apostillaría lo siguiente: la ideología de “el arte es transgresión” y “vanguardia como programa obligatorio” se ha convertido, ella misma, en un nuevo academicismo, en una nueva ortodoxia y en un nuevo manierismo. Lo mencionas, pero dicho respetuosamente, me parece que no sacas las consecuencias.

    Durante años seguí (lo digo por poner un ejemplo, no por otra cosa) el suplemento Babelia (Bobelia para los amigos), como lo que yo era: ejemplar de público obedientemente admirativo y ratón de biblioteca de pro. Pues bien, no hay nada que ejemplifique mejor lo que quiero decir: ” transgresión” obligatoria en los titulares de artículos, “vanguardia” rutinaria y cansina por todas partes, vocabulario esotérico y academicista… (e información útil y temas relevantes o significativos para los lectores, cercanos a cero).

    Hay una contradicción fundamental, como señalas, entre la actitud “arte-anti-académico-y-transgresor” y la existencia del mercado del arte, el mundillo académico de entendidos y la parafernalia museística y de exposiciones. Esa contradiccion fundamental, que se lleva adelante caiga quien caiga, se ramifica en consecuencias que llegan a lo grotesco (en el espectáculo público del arte y su mundillo de expertos) a lo infeliz (para los artistas que buscan un camino y son honestos) y a lo elitista artificioso (que es distinto de lo inevitablemente elitista, no a propósito, sino porque es difícil) .

  54. Alejo Urzass dijo:

    Creo, Aloe, que no hay grandes consecuencias que sacar a partir de ahí. Ya surgirá algo. Es muy difícil detectar los nuevos brotes (vanguardia), quizá por la velocidad con la que se mueve la tecnología. O quizá sea cuestión de que la nuevas tecnologías (internet, en el centro de grandes cambios sociales) se establezca y se perciba como una estructura continua y no como una sucesión de novedades (google, youtube, facebook, son aplicaciones cuyo desarrollo a futuro cercano se nos escapa totalmente). Quizá haya una generación de artistas que tengan ya intuiciones y establezcan nuevos conceptos culturales a partir de esta revolución de los medios.

    Ese manierismo actual que yo critico viene dado en parte por este despiste y en otra (y buena) parte por ser un arte subvencionado. El arte que ha resultado importante en el pasado nunca ha sido subvencionado. Cuando ha sido bajo mecenazgo muchas veces se la ha jugado. A Miguel Angel le costó mucho ganarse el favor del papado y aún así la Capilla Sixtina fue repintada encima. Buñuel filmó su primera película con la herencia que pidió por adelantado a su madre. La segunda película con el mecenazgo particular de unos excéntricos aristócratas… No pensaba hacer más cine, pero un amigo le dijo que si le tocaba la lotería se lo daría con ese fin. Y le tocó. Cumplió su palabra y Buñuel pudo realizar su tercera película. Estar en la vanguardia nunca, nunca, ha resultado fácil para ningún artista. Pero el verdadero artista no puede evitar estar ahí. Por eso no creo que ningún statu quo del mercado del arte es culpable de perjudicar a “infelices artistas que buscan un camino y son honestos”.

    El mercado es perverso en esencia. Estropea el objeto que mercadea. Así el mercado del pan hace que nuestro pan sea peor. Vale para el vino, para la música, la literatura y el arte. Incluso vale para el dinero. La crisis actual viene de que lo que se mercadea es el puro dinero no ya ningún bien de consumo, así que ya no vale ni el dinero y lo que vale es que “los mercados tengan confianza en tu dinero”.

    Pero si el artista tiene algo que decir, que lo diga, puede hacerlo. ¿Por qué lo llamas infeliz, porque quiere estar subvencionado y a sueldo desde el día que deja la facultad de bellas artes? Por cierto que no basta con querer serlo y ser honesto para ser artista.

    Observo, Aloe, (sin ánimo de ofensa y con la esperanza de que le ayude mi observación) que su punto de vista tiende a ser negativo (en éste y en otros temas), generalizando en poner todo bajo sospecha como si todo estuviera bajo el control de poderosísimos lobbys. Créame cuando le digo que uno puede ser poeta sin necesidad de publicar nada. El ser artista responde a uno mismo. Si luego uno puede y quiere mostrar lo que hace, nunca ha sido más fácil que ahora. Vivir de ello es otra cuestión, y no tiene nada que ver.

  55. Aloe dijo:

    Alejo: Yo no pienso en absoluto en términos conspiranoicos. La navaja de Occam se debe aplicar a todo. Un estado de opinión o una ideologia dominante, o un conjunto de valores en un ámbito social, no responden a reuniones secretas de conspiradores, sino al complejo juego de los intereses de cada uno y de cada grupo, a la influencia social (desigual) de unos sobre otros, a los valores vigentes más o menos compartidos, y a cierta deriva contingente. Y a más cosas, seguramente.

    Pero sigues tú mismo sin justificar en absoluto por qué un verdadero artista ha de proponerse estar “en la vanguardia”, romper con todo, ser transgresor y todas esas cosas. Seguramente si resulta ser extraordinariamente bueno, en algún sentido, pequeño o grande, innovará en algo, pero como subproducto lateral, no como objetivo a priori. Eso es lo que sigo pensando, y todavia, entre tanto palabro esotérico de Hector y tanto comentario tuyo, no he leído nada relevante para cambiar de opinión.

    Los artistas tienen que vivir, como las demás personas. Ciertamente, pueden vivir de otra cosa, y no de su arte, como de hecho le sucede a la mayoría. También aquí, sin embargo, la ideologia dominante en cuanto a como debe ser el artista, dictamina que el verdadero artista se dedica a ello a tiempo completo, arrostrando la pobreza, inseguridad o fracaso que seguramente le sobrevendrán por ello. La mitología establece que el héroe artista “explorador” será incomprendido y pobre (aunque alternativamente, también establece, en la actualidad sobrealimentada por los medios de masas, que puede hacerse famoso y rico, y un gurú de su ámbito de actividad y también eso es un espejismo desalentador para la mayoria).

    El pan NO es peor por culpa del mercado. El mercado (la industrialización y la competencia) ha abaratado en términos antes inimaginables el precio del pan, y de la mayoría de los bienes de consumo. Al precio que antes costaba realmente un kilo de pan (en horas de trabajo e incertidumbre añadida) puedes elegir ahora entre veinte clases de panes exquisitos de lujo. O puedes comer un pan mediocre, pero por el precio de un tercio de hora de trabajo, a salario mínimo. Hace algunos siglos, quizá como la mitad de las horas de trabajo eran necesarias para conseguir el pan, sin seguridad de no morirte de hambre. El mercado no es el malo de la película. Su ausencia es peor.

    En cuanto a lo que dices de internet y los nuevos medios, seguramente tienes razón. Pero en esos medios lo que sigue tomando fuerza y presencia, haciéndose cada vez de ámbito más amplio, diversificándose y multiplicando sus ramificaciones y su inerconexion, es lo mencionado aqui peyorativamente como “cultura popular” y “media”. Lo que yo venía sosteniendo desde el principio es la creciente separación entre el mainstream y la “alta cultura” cada vez más esotérica por sus pretensiones de vanguardia permanente sin causa.
    Efectivamente creo que la verdadera innovacion se produce en aquel ámbito, y no en este, que solo se mira su ombligo. Y se produce no como intención deliberada, sino como algo que sucede, sin más. Y se reproduce el juego entre gustos minoritarios y la influencia, en las dos direcciones, con los gustos mayoritarios. Y hay una enorme cantidad de gente que aporta cosas y que, ortodoxamente considerada, es amateur, porque vive de otra cosa. (Y, en la mayoría de los casos, quienes hacen y quienes disfrutan de todo ello viven absolutamente de espaldas a lo que se cuenta en las revistas especializadas en super-mega-chachi-cultura elevada, presuntamente transgresora, e irrelevante para el 99% de la población)
    … Y en resumen, el arte que nos importa está ahí. Bueno, malo y regular, como ha sido siempre.

    Lo que dices

  56. pseudópodo dijo:

    Héctor, me gusta la idea de W. de que la experiencia estética radica en el ir y venir entre efecto y causa, en el bucle que ahí se establece y no en la mera estimulación. Pero no veo por qué esto sirve como vindicación de la vanguardia.

    Aloe, no sabes cuánto me gusta estar tan de acuerdo contigo, por una vez. Hasta tengo la misma experiencia con el Babelia, que también acabé llamando Bobelia, y del que empecé a distanciarme por el empacho que me producían esos titulares tan snobs de la “transgresión” obligatoria. Titulares que siempre encabezaban críticas ilegibles, que yo al principio aceptaba humildemente, aunque con los años caí en la cuenta de que si no las entendía no era mi problema sino del pedante que las había escrito.

    Alejo, al final, lo que criticas de la pseudotransgresión institucionalizada (y pagada con dinero público) es precisamente lo que en tiempos hizo que perdiera el interés por el arte contemporáneo y es lo que motivaba mi simpatía por las críticas de Lem. Reconozco, leyendo tus comentarios, que hay muchas más facetas que las que yo había señalado, pero al final, si estos nuevos manieristas viven de la sopa boba de la subvención es gracias a la vigencia de la originalidad obligatoria de la que tanto hemos hablado, esa “nociva ideología” como la llamaba Aloe por ahí arriba (y que vuelve a explicar muy claramente en el comentario del 5 de febrero).

    Si el mercado, como dices, ha pervertido el mercado del arte, no es porque el mercado sea intrínsecamente perverso. En realidad, el mercado suele funcionar muy bien para casi todo (siempre que sea realmente un mercado libre y se respeten las leyes), y la alternativa en el mundo del arte es la subvención al amiguete, que es mucho peor (la alternativa al mercado en el mundo económico también es mucho peor, pero esa es otra historia).

    Lo que creo que ha corrompido el mercado es precisamente esa ideología, esa idolatría de la originalidad, de la novedad, de ser jugar a ser el más transgresor. Con esas premisas es inevitable que los mecanismos con los que se consigue el éxito artístico se parezcan cada vez más a los que sirven para conseguir la fama mediática en la telebasura. Y da la impresión cada vez más de que es lo mismo, sólo que uno es el segmento superior del mercado, para high-brows, y otro el inferior, para las vecinas garbanceras. Pero lo mismo al fin y al cabo.

    Y vuelvo a estar de acuerdo con Aloe en que la innovación, la originalidad, y hasta la mitológica transgresión podrán existir, claro, pero no pueden ser un valor en sí mismos, y si se buscan por sí mismos llevan al fracaso de la obra de arte (me repito: igual que proponerse ser feliz lleva al fracaso porque la verdadera felicidad sólo puede ser un subproducto de otros empeños).

  57. Alejo Urzass dijo:

    Yo creo que cada artista es como es y no como se proponga ser. Dado que el arte no es una disciplina útil (en el sentido que lo es la medicina por ejemplo) solo rinde cuentas a sí mismo. Por lo tanto es en la vanguardia donde se genera nuevo arte, mientras que en la no vanguardia (o sea, en lo moderno —porque lo moderno no es vanguardia—, como también en lo clásico) no se genera nuevo arte sino únicamente piezas nuevas del arte ya existente. Lo que hemos llamado arriba arte usado. Picasso hubiera sido el mismo Picasso y de la misma importancia aunque hubiera pintado 100 cuadros menos. La no existencia de Picasso habría tenido como consecuencia un devenir bastante distinto en el arte de los últimos 100 años respecto de lo que conocemos hoy en día. Sin embargo, si tomamos uno de los pintores mejores del S. XIX como es Ingres, y lo hacemos desaparecer, habremos perdido unos cuadros sobresalientes, pero el devenir del arte a partir de esa fecha no hubiera sido apenas diferente a como lo conocemos. Influyó en la gestación de algunos cuadros concretos de Picasso, Degas y algunos artistas más, pero no de forma seminal sino como un mero recurso iconográfico para temas concretos.

  58. Alejo Urzass dijo:

    Pseudópodo, cuando respondí a Aloe no vi su comentario. Quizá algo ya quede respondido. (Al releerlo veo que no he dejado claro en el ejemplo que Ingres es un pintor “manierista” —en el sentido extenso en el que estoy utilizando el término—).

    Lo que critico es lo “institucionalizado”, no la “pseudotransgresión institucionalizada”. Yo no la veo como nada original, ni creo que pretendan pasar por transgresores; simplemente regurgitan lo que han comido. Lo institucionalizado maneja modas (lo moderno), pero no vanguardias. Y esa condición de “obligatorio” que mencionas siempre ha sido así. En época de Velázquez también había una obligatoriedad institucionalizada, etc.
    Por cierto que yo no he hablado de subvenciones al amiguete. A lo que me refería es a becas (para ver si el artista encuentra su hueco en el mercado, lo mismo que cualquier otro estudiante recién graduado) y a presupuestos de entidades (cajas de ahorros y otras, que de esta manera hacen inversión en su imagen pública a la vez que desgravan impuestos. Es más barato y moderno —insisto que modernidad es opuesto a vanguardia— invertir en arte efímero ya que uno se ahorra bastante de paso en conservación y mantenimiento de una colección “tradicional”).

    Habría que abrir un nuevo tema sobre el mercado. Si no recuerdo mal, usted mismo propuso alguna vez si no habría que introducir rozamientos para evitar los problemas actuales del mercado de valores. Esos problemas bajo mi punto de vista se deben a esa perversión natural de la mecánica de un mercado. ¿Funciona bien el mercado de la vivienda? ¿El del dinero? Conozco empresas que no pueden atender a los pedidos de sus clientes simplemente porque el sistema financiero no cumple (no financia). Este problema, que es actual, se debe al funcionamiento natural del mercado. Aloe defiende no sé cuántos tipos de panes deliciosos que existen gracias al mercado. Pero seguro que ninguno de ellos es de levadura biológica, que es el ingrediente del pan verdadero. Y se nota en el olor. Son buenos productos, pero son falsos. Como el surimi. El mercado nos coloca filetes de mero que son de perca y chuletas de buey que son de vaca.
    El mercado del arte está en horas bajas tanto en obra actual como en obra reconocida. El problema, de la mano de la crisis económica, es por una burbuja bien parecida a la que sufrió la bolsa en el 29. Las casas de subastas ofreciendo créditos al comprador de sus obras, conociendo así de antemano hasta dónde inflaccionar el precio por el que se adjudicará la subasta. Ahora los precios no bajan (o sólo un poco), simplemente el arte no se vende. ¿Por qué? Por lo mismo que en la actual burbuja inmobiliaria: los bancos evitan por todos los medios que el precio de la vivienda se ajuste ya que los propietarios de buena parte de las viviendas son ellos mismos (a través de las hipotecas).

    Ésta es la crisis del mercado del arte y no que no se venda porque al 99% de la gente no le llegue el mensaje. Ya dije arriba, que la pintura de Velázquez tampoco la veían el 99% de la población, pues se hacía para la corte… y ahora la pregunta del millón, seamos sinceros: ¿ante el famoso cuadro “las hilanderas” de Velázquez, que está en El Prado, créeis que más del 1% de la gente que lo ve (sin audio-guía) entiende hoy en día que trata del mito de aracne y Palas Atenea? ¿Y en su momento, o en otros de la historia?

  59. Aloe dijo:

    Sinceramente, Alejo, si el arte que conocemos hubiera sido distinto porque Picasso hubiera muerto joven o se hubiera dedicado a la banca, tampoco pasaría nada.
    No sabemos cuantos Picassos no han pintado nada, o sólo ha visto sus dibujos su familia, o se han muerto de pequeños.
    Creo que tenemos necesidad, como especie biologica, de arte, o de expresión y satisfacción estética, y de compartirla. Como queramos decirlo.
    … Pero no tenemos ninguna necesidad concreta, a priori, de ninguna clase de arte determinada, ni de ningùn artista determinado.
    El arte no “progresa” en realidad. Cambia, porque cambian la sociedad y los gustos, no porque sea como la tecnología o la ciencia o el conocimiento, que son acumulativos.

    Nos cansamos de algo, se asocia a gustos anticuados, o a lo demasiado trillado, y queremos novedad. Eso es cierto, pero no hay en ello nada intrínsecamente meritorio (ni lo contrario).

    Esa es la razón de que la denominacion “arte usado” me parezca lamentable, y despectiva de manera arbitraria. Aunque entiendo lo que se quiere decir, y puedo hasta simpatizar a ratos con quien lo diga, porque la pasión y el esforzarse en conocer merecen respeto. Pero lo que implica no lo merece, para mi.

    Un estilo está verdaderamente “demasiado usado” cuando lo está para la gente en general (para la fracción de gente que le presta atencion, quiero decir), no cuando alguien ya lo utilizó como artista. Puede ser y seguramente es el caso de Ingres (inevitablemente, todo estilo llegará al estado de “demasiado usado”), pero en realidad para que suceda eso es irrelevante quea Ingres le suceda Picasso o J. P. Bannerjee, un señor de Delhi.

  60. Alejo Urzass dijo:

    Bien Aloe, creo que al menos he conseguido explicarme un poco, aunque no estemos de acuerdo. Si Picasso no hubiera existido no pasaría nada, pues bueno, tampoco pasaría nada si no hubieran existido Proust, o Galileo. De hecho pasaría menos si no hubiera existido Galileo o Einstein, puesto que sus descubrimientos hubieran sido encontrados más tarde o más temprano. Los de Picasso no son vitales nada más que para la cultura. Siguiendo con la metáfora del explorador, Picasso exploró el entorno y lo hizo accesible mientras que Ingres trabajó sin salir del pueblo, pero con materiales culturales traídos por los exploradores que hubo antes que él.

    Hay que comprender que el arte “usado” lo es gracias “exploradores” anteriores, que seguramente tuvieron que sufrir el rechazo de los que siempre han querido arte usado. Por ello el arte usado se convierte en mito (en terminología de Barthes) ya que parece que siempre hubiera estado ahí, de forma natural o divina pero no humana, cuando en realidad un día ese arte fue chocante. Y si “cambian los gustos” como tú dices, es porque hay un motor del cambio. Ése motor es lo vanguardista (en sentido amplio).

    Ese respeto que te merece la pasión por el conocimiento (mejor diría, como Chillida, la pasión por “conocer” más que por el “conocimiento”) está bien justificada. Esa pasión es profundamente humana, y la responsable de lo mejor que hemos dado (la ciencia, la ética, el arte…). Lo peor de los humanos no tiene que ver con la pasión por conocer sino con la pasión por conservarse (la codicia, la envidia, todo lo que genera desigualdad, guerra, injusticia).

    Por todo esto acabaré ya mi rollo recurriendo a una frase antigua que me parece un bello lema, que fue sabiamente rescatada por Pessoa en el poema que pongo a continuación (y también cantada por Caetano Veloso como respuesta a sus años encarcelado):

    “Navegar es necesario, vivir no lo es”

    Navegadores antigos tinham uma frase gloriosa:    
    “Navegar é preciso;  viver não é preciso”.  
    Quero para mim o espírito [d]esta frase,    
transformada a forma para a casar como eu sou:  
    Viver não é necessário;  o que é necessário é criar.   
Não conto gozar a minha vida; nem em gozá-la penso.   
Só quero torná-la grande,    
ainda que para isso tenha de ser o meu corpo e a (minha alma) a lenha desse fogo.  
    Só quero torná-la de toda a humanidade;    
ainda que para isso tenha de a perder como minha.   
Cada vez mais assim penso.  
    Cada vez mais ponho da essência anímica do meu sangue    
o propósito impessoal de engrandecer a pátria e contribuir   
para a evolução da humanidade.  
    É a forma que em mim tomou o misticismo da nossa Raça.  

    Navegantes antiguos tenían una frase gloriosa:
“Navegar es preciso; vivir no es preciso.”
    Quiero para mí el espíritu de esta frase, transformada
la forma para casarla con lo que yo soy; vivir no
es necesario; lo que es necesario es crear.
    No cuento gozar mi vida; ni en gozarla pienso.
Sólo quiero tornarla grande, pese a que para eso
tenga que ser mi cuerpo y mi alma la leña de ese fuego.
    Sólo quiero tornarla de toda la humanidad; pese a que para eso
tenga que perderla como mía.
    Cada vez más así pienso. Cada vez más pongo
en la esencia anímica de mi sangre el propósito
impersonal de engrandecer la patria y contribuir
para la evolución de la humanidad.
    Es la forma que en mí tomó el misticismo de nuestra Raza.

  61. Alejo Urzass dijo:

    (pido disculpas por que en el corta-pega de la traducción del poema de Pessoa se han perdido unos cuantos saltos de línea con el resultado desastroso de varias palabras unidas en su lugar)

  62. Aloe dijo:

    Gracias, Alejo.
    También creo yo que navigare necesse est, vivere non necesse es un buen lema, aunque no comparto la interpretación de Pessoa sobre él.
    Tu comentario me parece muy bueno, salvo que Y si “cambian los gustos” como tú dices, es porque hay un motor del cambio. Ése motor es lo vanguardista no lo creo. El concepto de “vanguardia” es contemporáneo, y también perecedero. Pero la cultura humana siempre está cambiando, con vanguardia deliberada o sin ella, y el gusto humano siempre cambiará, porque la sociedad (y el criterio estético por lo tanto) no se están quietos en un sitio.
    Otra cosa es si hay necesidad social, deseo o demanda de que cada obra sea “vanguardista” respecto a las de la semana pasada, y si ese debe ser el principal valor estético y la aspiración fundamental. Yo no lo creo.

    En resumen, yo creo que el cambio es inevitable y natural, pero no meritorio por sí mismo. Si te interpreto bien, tú pareces crees que el cambio requiere un gran esfuerzo (¿digo “transgresor” o va a sonar a cachondeo?) y es el principal mérito, en el arte.

  63. Alejo Urzass dijo:

    Aloe, yo creo que el concepto “vanguardia” (o mejor, el tipo de comportamiento que este concepto supone) ha existido siempre aunque se le haya puesto nombre en la era contemporánea, para nombrar unos movimientos históricos precisos. El término, como ya sabes, se origina en una idea militar, la de “avanzadilla”. Esto supone tomar riesgos con el no del todo probable beneficio de allanar el camino a los que vienen detrás. En lo artístico es un impulso natural del artista y es independiente (como impulso) de lo que la sociedad demande o guste. Por eso lo comparé con la figura del explorador. Y de ahí el mérito que le atribuyo.

    Supón un pueblo de la selva que satisface todas sus necesidades con lo que hay en su entorno y que carezca de enemigos. Su entorno limita con unas montañas. No hay ninguna necesidad, en esta suposición, de atravesar las montañas ya que hemos dicho que no hay enemigos y el entorno es amable y lo provee todo. Seguramente hayan construido alguna superstición sobre estas montañas, o quizá no. Esa sociedad no va a demandar nunca nada del otro lado de las montañas. Sin embargo ¿tanto cuesta pensar que habrá alguien en ese pueblo que sienta el irrefrenable impulso de querer saber qué hay al otro lado de la montaña?

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