FITUR 99 y la lujuria de los ojos

[Copio del Cuaderno del Cercanías, con correcciones mínimas, un texto que escribí hace más de diez años].

1999-02-01

Ayer estuvimos en FITUR que, más que feria del turismo, debería llamarse feria del folleto. Otras ferias pueden exhibir el objeto que venden: comida, artesanía, artículos de deporte… pero ¿cómo exhibir viajes? Dando folletos. FITUR estaba lleno de adultos (miles) acaparando folletos con un entusiasmo digno de los niños que buscan pegatinas en la Feria del Libro. Esta actitud de coger el folleto porque sí, porque te lo dan, es algo propio de niños de ocho o nueve años, esa edad cerca del final de la infancia en la que todos hemos sido aficionados al coleccionismo. Yo recuerdo haber ido con algún compañero del colegio a coger folletos a una agencia de viajes, creo que por el año 74 o el 76. Todavía están en casa de mi madre: folletos de Mundicolor con la portada naranja.

El niño que hay en nosotros se emociona con estas cosas. Hay como un tintineo interior, un ¡cling!, quizá como un latido extra que da el corazón cuando ve el folleto, gordo, brillante, ahí, ofreciéndosele para que lo coja (en resumen: que  está diciendo cogedme). Uno alarga la mano y satisface el deseo. Todo esto ocurre en un nivel mental bastante bajo, quizá casi ni interviene la corteza cerebral: la visión del folleto desata los reflejos, el cling interior, la pupila que se dilata, el momentáneo pico de adrenalina que se aplaca al estirar el brazo y meter el folleto en la bolsa.

Aparte pues, del mecanismo del niño coleccionista, hay también una especie de condicionamiento (no sé si pavloviano, skinneriano o de otro tipo). Y esta apelación a determinismos psicológicos me lleva a encontrarle otro parecido: es como hacer zapping. Continuamente pasan cosas: una procesión con trajes típicos del Albacete, un stand en el que dan vino de Sicilia (o amaretto, o vodka sueco, o vino fino, o whisky JB…), un señor al que están recubriendo de musgo hasta convertirlo en un gigante verde. Todo es tan incongruente como la geografía de las casetas, donde Holanda limita con la India y la Comunidad Valenciana es la más extensa de España (y su capital es Benidorm).

No sé si hay una teoría psicológica detrás, pero está claro que todo esto está pensado para mantener al visitante en un ¡oh! perpetuo, la divisa de la TV en la era del zapping (la razón de ser de programas tipo “Impacto TV”, los de chistes, los de vídeos domésticos, etc). Ese ¡oh! que en circunstancias normales es el disparador de una serie compleja de estados internos, que van evolucionando suavemente de la sorpresa al interés, del interés a la afición o al gusto, de éste al estudio… o que quizás puede seguir otro recorrido, pero que en cualquier caso es parte de un todo orgánico mucho más amplio, aquí se ve sacado de contexto y explotado hasta la extenuación, hasta saturarnos y convertirnos en unos sonámbulos. Literalmente, es una prostitución del asombro: como el orgasmo, el ¡oh! tiene una función al servicio de un plan más amplio, y si se busca por sí mismo se convierte en una perversión. Pero nuestra sociedad exige, como una pieza esencial, que caigamos en esta lujuria de los ojos. Y nadie advierte contra ella, o casi nadie.

Creo que habría que reinterpretar en esta clave muchos de los mandatos religiosos. Lo que los profetas o Cristo decían hace dos mil años seguramente debe ser cierto en espíritu, pero es imposible que toda su letra sea aplicable. ¿Cómo podían advertir contra esta lujuria de los ojos? La moral es también (seguramente que no sólo, pero seguro que también) una ecología de los actos.

* * *

[En el post anterior los comentarios se han desviado por caminos bastante laberínticos (e interesantes, tengo que reconocerlo). Uno de los off-topics era el de los siete pecados capitales y en concreto, la gula, que yo decía que más que de comida es hoy de información. Después de escribir eso encontré por casualidad el texto que he colgado aquí, y me sorprendió que tiene que ver bastante con esa idea. Se ve que llevo muchos años rumiando las mismas cosas…]

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11 respuestas a FITUR 99 y la lujuria de los ojos

  1. elquebusca dijo:

    Según la wikipedia Evagrio Póntico (siglo IV) fue el primero que elaboró una lista de pecados capitales y eran OCHO. Incluye la cobardía. No me parece mal.
    La lista que aparece ahí es un poco raro. No tengo tiempo de pensar más sobre ella.

    “Fue el autor de la primera lista de pecados capitales que se conoce, denominados por él vicios malvados. En lugar de siete, como varios siglos después instauró San Gregorio Magno, los pecados nombrados por Evagrio Póntico eran ocho: gula o gastrimargia, lujuria o fornicatio, avaricia o philargyria, tristeza o tristitia, vanagloria o cenodoxia, ira, orgullo o superbia y apatía o acedia.”

  2. josele dijo:

    Tiene su explicación “científica” esa lujuria. Como puse lo de Punset videojuegos en google, te devuelvo el guante; pon “pulsión escópica”.

    Puedes derivar por Lacan… pero se entiende mejor en González Requena.

    Por cierto, yo también estuve en Fitur -de tuno- y bueno, miraba a las azafatas y pensaba en ¿folletos? Eso.

    saludos

  3. Me cito: “El modo de percepción televisiva responde a las “reacciones orientadoras” descritas hace ya 80 años por Pavlov: las respuestas instintivas a cualquier estímulo visual o auditivo inesperado o nuevo que forman parte de nuestra herencia evolutiva. Los constantes estímulos visuales y auditivos televisivos activan nuestras respuestas orientadoras, entre las cuales las más llamativas son la disminución del ritmo cardíaco y el bloqueo de las ondas Alfa cerebrales. “

  4. Dr.J dijo:

    Si introduces lujuria de los ojos en Google aparece:
    http://www.tldm.org/Spanish/directives/spd200.htm

    las religiones, amigo, son mucho más listas que nosotros (III Cor. 9-11)

  5. Federico dijo:

    Muy interesante. Es importante hacer el conocimiento nuestro, interiorizar las cosas, vivirlas, cuestionarlas. Hoy en día es difícil encontrar el “tempo” para hacerlo, sobre todo cuando vivimos en un estado de ansiedad permanente (unos más que otros, claro), víctimas del estrés y rodeados de falsas promesas de felicidad, inundados por la información. Es un tren del que cuesta bajarse, un tren que nos enfrenta a nuestra verdadera realidad, a nuestro vacío… pero merece la pena. Al menos eso creo.

    Este post también me hace pensar en los libros e internet. Antes, cuando uno se interesaba por algo, buscaba en un libro o en una biblioteca, y saboreaba cada pizca de información que encontraba, cuál tesoro escondido. Hoy en día encontramos taaaanta información con un solo click, que inevitablemente nos saturamos, y muchas veces no hacemos sino clasificar la información y, al menos en mi caso, guardamos unos cuantos enlaces para cuando tengamos un momento más tranquilo en el que enfrentarnos al océano de bits. En fin, cómo me enrollo, perdón

    Saludos,
    Federico

  6. pseudópodo dijo:

    elquebusca, no veo la cobardía en la lista de Evagrio… pero está bien la vanagloria (vanidad) y llama la atención la inclusión de la tristeza. Daría mucho de sí analizar variantes y diferencias. Pero lo más necesario sería actualizar estas listas para el medioambiente en el que vivimos hoy…

    josele & Alberto, voy a mirarme vuestras sugerencias a ver si le doy más base científica a esto. Por cierto, josele, yo he pensado alguna vez, ¿qué tendrán estos tunos en la cabeza? y ya lo sé: la lujuria (de los ojos: están pensando en el folleto 😉 ).

    Federico, efectivamente, esto es un comentario que escribí una vez, pero el punto clave no es tanto la anécdota de FITUR como el estrés al que está sometida nuestra atención, como se manipula, y los efectos que tiene sobre nosotros. Copio aquí un comentario que puse en el blog de elquebusca:

    Yo creo que el problema es un problema general de atención. Como dirían los ingenieros de teleco, tenemos un determinado ancho de banda, y no podemos procesar más información. Creo que el ancho de banda se ha convertido en un recurso escaso y sólo ahora (y algunos) nos estamos dando cuenta. Igual que la privacidad. Son cosas que antes no valorábamos pero que tenemos que empezar a valorar urgentemente, y a tomar medidas para protegerlas, igual que antes no valorábamos el aire limpio pero cuando se convirtió en algo escaso tuvimos que reaccionar. Lo que no sé es si reaccionaremos a tiempo, porque esta “contaminación informativa” es muy distinta de la polución atmosférica: es como una droga que nos hace sentir bien.

    Dr.J: de acuerdo. En cierto modo esa es la idea.

  7. Alejo Urzass dijo:

    Creo que el primero de la lista de los consejos que Gurdjieff dio a su hija, y que es aparente muy simple, viene aquí perfectamente al caso:
    1. Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.

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