El mejor chiste que he leído en mucho tiempo (y dónde lo encontré)

Esto son dos judíos de dos pueblos cercanos que se ponen a discutir sobre cuál de sus rabinos respectivos tiene relaciones más estrechas con Dios y, por lo tanto, es más capaz de hacer milagros.

“Por supuesto que es el nuestro”, dice el primero. “El pasado Sabbat nuestro rabí se encaminó hacia la sinagoga, pero de repente se puso a llover a cántaros. No es que nuestro rabí no tuviera paraguas,  pero ya que el sábado no se puede hacer nada, ¿cómo lo iba a abrir? Miró hacia el cielo, Jehová lo entendió enseguida y se hizo el milagro: por un lado, lluvia, por el otro, lluvia, y en el medio, ¡un pasillo seco hasta el propio templo! A ver, ¿qué me dices sobre esto?”.

“Pues escucha lo que voy a contar: el sabbat pasado nuestro rabí regresaba a casa después de rezar. En el camino se encontró un billete de cien dólares. ¿Cómo recogerlo, si es un pecado tocar dinero? Mira al cielo, Jehová se dio cuenta y se hizo el milagro: por un lado, sabbat, por otro lado, sabbat, y en el medio, no me lo vas a creer, ¡era jueves!”.

* * *

Lo encontré aquí:

* * *

Y el libro lo compré aquí:

(Efectivamente: ya he ido a la Feria del Libro de Madrid. Y como ya he hablado varios años de la Feria, éste he pensado en hablar de alguno de los Libros. Aunque sea en pequeñas dosis.)

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26 respuestas a El mejor chiste que he leído en mucho tiempo (y dónde lo encontré)

    • elquebusca dijo:

      El chiste es muy gracioso por imaginativo. Hay un modo de saltarse las leyes de la física que parece sencillo: que los objetos vuelen, que se suspenda la fuerza de la gravedad, que alguien tuviera una fuerza fuera de lo común, que lloviera en un lugar pero no en otro a su lado. Todo eso es coherente con las películas de ciencia ficción al uso. Podemos suponer que las leyes naturales no sean las que son.
      Pero en el chiste hay una vuelta de tuerca. Son los presupuestos mismos de la realidad los que “el milagro” pone en cuestión. ¿Cómo es posible que cambie el tiempo? Damos por supuesto que el tiempo no puede cambiar. Nos cabe en la cabeza que se pueda viajar en el tiempo porque también nos lo han contado en las películas. Pero el chiste no tendría ninguna gracia o muy poca si Dios hiciera que el rabino fuera traslado por un milagro al viernes anterior, cogiera el dinero y volviera al sábado. Lo que rompe la lógica a la que estamos acostumbrados (esa ruptura de la lógica es la que en muchos chistes nos provoca la risa) es que el sábado deje de ser sábado y únicamente en ese lugar en el que el dinero se encuentra. “A un lado sábado, al otro sábado y en el medio JUEVES.
      En realidad lo que provoca la sorpresa y la gracia es que se puedan aplicar las leyes del espacio al tiempo. En el espacio puede producirse una cosa y justo al lado otra (no es lo propio de la lluvia, por eso se trata de un milagro). En el tiempo esto no tiene ningún sentido.

      Y para terminar voy a contar otro chiste en el que también la ruptura de la lógica habitual es la que produce la gracia.

      Unos extraterrestres han atrapado a Hommer Simpson y éste les implora piedad.
      “Por favor, soy padre de familia, tengo mujer e hijos. ¡Cómanselos a ellos!

  1. elquebusca dijo:

    Después de post tan ligeros algún camino habrá que indicar por el que puedan tirar los comentarios.

    ¿no?

  2. loiayirga dijo:

    Yo creo que el segundo rabino es un jeta. Lo que sabemos es que el rabino cogió el dinero. Y para librarse del descanso del sabat se inventó una explicación ad hoc. Sabemos por el que lo cuenta que ese día era sábado. ¿Cómo podríamos comprobar que por todos lados era sábado pero donde el cogió el dinero era jueves? De ningún modo, no hay manera porque es un absurdo lógico que sea diferente día en diferente espacio. Conclusión: El rabino era un tipo ingenioso y un jeta.

    No quiero ni pensar cuando los físicos y matemáticos que visitan este blog empiecen ahora a hablar de las relaciones entre espacio y tiempo. Va a ser un no parar de reir. Y ja já, y ja já y ja já. Quizá hasta tengamos algún comentario de Punset explicandonos la repercusión que tiene para las neuronas y nuestra felicidad.

  3. loiayirga dijo:

    Por cierto a mi mujer no le ha hecho ninguna gracia el chiste. Se ve que no es para todos los paladares.

  4. loiayirga dijo:

    Y como sé que pseudópodo es muy observador y se fija en la horas a las que están escritos los comentarios le diré que entre el primer y el segundo me he metido un plato de cocido entre pecho y espalda.

    Y sí, yo cuando encuentro varios comentarios en el blog pero todos pertenecen a la misma persona también me siento decepcionado. Me gusta, como a todos, supongo, que haya más variedad.

  5. Miguel de Esponera dijo:

    En algo me recuerda a la célebre disputa teológica entre dominicos y jesuitas. Discutían sobre si al rezar había que apagar el cigarrillo. Naturalmente, los jesuitas decían que no era preciso, y los dominicos pensaban que sí. Acordaron someterse al arbitraje del Papa. Fueron a Roma. Los recibió el Papa. El jesuita invitó al dominico a hablar primero. “Santidad -preguntó el dominico-, ¿se puede fumar mientras se reza?”. El Papa no lo dudó mucho: “No. La oración requiere una ascesis para que cuerpo y alma se afilen hasta llegar a Dios: nada debe estorbar ese empeño”. El dominico volvió a su asiento y miró al jesuita con cara de triunfo. El jesuita se puso en pie y se dirigió al Papa: “Santidad, quizás no ha entendido bien nuestra pregunta, no por falta de capacidad por su parte, sino por nuestras limitaciones; pemítame, por eso, que vuelva a preguntarle: ¿se puede rezar mientras se fuma?”. El Papa tampoco dudó: “Naturalmente, hijo mío. Cualquier momento es bueno para alabar al Creador”.

    Tengo entendido que siguen discutiendo.

  6. Joaquin dijo:

    Casualmente acabo de terminar el mismo libro, y me ha gustado mucho. Hay un buen montón de chistes de judios, a mi me impresionó la historia de la factura de la última cena. También la frase del protagonista: “yo no me meto en política, es la política la que se mete conmigo” especialmente viendo como en efecto es así, da mucho que pensar.

  7. pseudópodo dijo:

    elquebusca, me ha gustado tu análisis, y es curioso que tú le saques la punta por el lado físico (“espaciotemporal”), cuando yo se la había sacado por el lado filosófico. Bueno, ante todo, el chiste me hizo mucha gracia, se me escaparon las carcajadas, y es muy raro que me pase eso leyendo. Pero luego me pareció, además, que tenía mucho jugo filosófico (o teológico). Aquí van algunas de las ideas que me sugiere:

    1) Seguramente el segundo rabino era un jeta, como dice loiayirga, pero ¿por qué no es posible que fuera jueves en medio y sábado a los dos lados?¿no estamos limitando así la omnipotencia de Dios? Si sólo puede hacer unos milagros del tipo “fácil” (que llueva aquí y que no llueva al lado) no es más que una especie de ingeniero con muchos medios, pero no es Dios.

    2) Creo que para la teología cristiana Dios puede hacer todo lo que no sea contradictorio lógicamente. ¿Es contradictorio lógicamente que sea jueves aquí y sábado un poco más allá? No es compatible con nuestra física pero a simple vista no parece encerrar una contradicción lógica (en la física moderna nos hemos acostumbrado a cosas aún más raras). Claro que cabe la posibilidad de que sí produjera una contradicción lógica pero no evidente, una contradicción enterrada, por así decirlo, en toda la red de dependencias lógicas de la realidad. Creo que algún filósofo creía que siempre era ese el caso: las leyes de la física serían como son necesariamente (supongo que es similar a la idea de Leibniz de que este es el mejor de los mundos posibles, pero más radical: este sería el único mundo posible)

    3) Pasando de la metafísica a la religión, creo que el chiste tiene una vertiente corrosiva: para el judío devoto, que un día sea Sabbat es una realidad objetiva, es un hecho. Pero el chiste demuestra que es una convención: todo es igual aquí en medio (donde es jueves) y a los dos lados (donde es Sabbat). Así que el Sabbat pertenece a un orden de cosas muy diferente de la lluvia: es una convención. Basta con no creerse lo del Sabbat para que se opere el milagro.

    4) Claro que a lo mejor no es tan corrosivo para la religión (o no exclusivamente), porque justo eso mismo pasa con todas las construcciones sociales: el dinero, por ejemplo, parece tener una realidad objetiva, pero su valor se basa exclusivamente en un convenio.

    Y con esto estamos casi llegando al chiste de Miguel de Esponera (muy bueno también: un clásico). Los mismo hechos los juzgamos de manera opuesta, dependiendo del encuadre (del “framing”)

    ¡Joaquín, qué casualidad!. Yo lo terminé ayer; la verdad es que al principio me entusiasmó, pero luego, sin llegar a decepcionarme, acabó resultándome un pelín incómodo el punto de vista con el que está escrito. No tanto porque se tome con humor el holocausto, las purgas de Stalin, etc, sino porque está escrito en primera persona, dirigiéndose al lector como si fuera un relato oral, el testimonio de un superviviente, pero en realidad es una novela. Eso me acaba chirriando un poco (aún así, lo recomiendo).

  8. Athini Glaucopis dijo:

    Joaquín, por favor, no puedes dejarnos así: dinos ya cómo es la historia de la factura de la última cena, porfa.

    (Athini Glaucopis)

  9. loiayirga dijo:

    Digo lo mismo, yo también echo de menos el chiste de la última cena.

  10. pseudópodo dijo:

    …mmm es que al llamarlo “chiste de la factura dela última cena” ya se ha contado el final. Sólo os hará gracia si cuando lo empezáis a leer no sabéis que es el chiste de la factura de la última cena 🙂

  11. elquebusca dijo:

    pseudópodo, no se trata de que comentes nada, pero por favor, lee Amor, Dolor, la última entrada de mi blog. Es un blog que no lee casi nadie, escribirlo me sirve de desahogo, y escribo muy poco, pero necesito saber que alguien lo ha leído.

  12. Alejandro dijo:

    Como sois los filósofos, la punta que le sacáis a cualquier cosa… yo leí el chiste, que por cierto es muy políticamente incorrecto, me reí, y me fui a trabajar… 😀

  13. Frenzo dijo:

    “Si lo que le pasó a ese otro rabino es milagro, mucho más milagro es lo que pasó a mí. Porque era shabat a la derecha, shabat a la izquierda, pero por donde yo caminaba… ¡era joives!”. Así terminaba la versión que un amigo de la cole me contó hace muchos años. Todas las implicaciones filosóficas estaban ahí, con el agregado de esa regla tan sutil que señala que sólo un judío puede contar un chiste sobre judíos sin que se pierda la gracia, sin que pueda (y tal vez deba) ser considerado políticamente incorrecto.

  14. francisconoma dijo:

    (Explicar un chiste siempre queda pretencioso; puesto que nos ponemos a ello, sea sin paliativos, a riesgo de quedar como un patán).
    Cuanto más imposible, más gracioso; cuanto más gracioso, más verdadero el chiste. (Creo que podemos convenir en esto, y lo digo porque creo que no voy a ser capaz de capturar lo que pretendo, y tal vez sirva de guía para quien tenga la buena voluntad de pretender concretar lo que ahora no alcancemos).
    Afirmo que es tan imposible lo del rabino como como lo de la mujer que al ver a los gemelos recién nacidos de su vecina exclama: “Uy qué guapos son. Y cómo se parecen; sobre todo éste”.
    Que sea sábado es una convención; pero, desde luego, ES sábado. Por mucho que yo me empeñe, no va dejar de serlo, su realidad se me impone (y lo mismo los otros días: en su imponerse a las siete de la mañana, los lunes se comportan como unos auténticos abusones). Incluso si la Humanidad toda lo asumiera y cambiara de calendario, de modo que el sábado pasase a ser jueves -o el recién inventado “Día de los helados”-, la realidad de ese día seguiría imponiéndoseme, y creo que nadie de los “neocalendaristas” pensaría otra cosa, en el fondo, que los mismos días que había antes son los que hay ahora, sólo que les hemos cambiado el nombre; y el rabino, de hecho, en cuanto rabino, seguiría haciendo sus cosas de Sabbat en el día que le toque. -O incluso si un rabino descubriera que el calendario por que se regía erraba, y lo que él había pensado jueves era en realidad sábado, lo consideraría un error del calendario; él pasaría a corregir su conducta, y lo haría porque habría profundizado en su conocimiento de la realidad del Sabbat-.
    Ahora bien, aunque a mí se me imponga que hoy es sábado, y a todos se les imponga que hoy es sábado, si no hubiera nadie a quien esa realidad se le impusiera, dejaría de ser real -en realidad, a mí me basta con que se me deje de imponer a mí para que deje de ser realidad-. Si no hay persona que viva el sábado, el sábado deja der sábado; literalmente, NO ES sábado.
    Pasa aquí algo como con las percepciones: puedo tener cera fundida en la lengua y errar al creer que esta tarta tiene sabor de cemento con frambuesas; pero en lo que no puedo equivocarme es en que esta tarta a mí me sabe a cemento con frambuesas. El sabor es lo que sea que yo saboree: su ser-en-sí coincide con su ser-para-mí (¡leche!, ¡de repente nos asalta esta terminología que de verdad no había sido convocada!) .
    Pues parecido: el ser-en-sí del sábado coincide con su ser-para-mí.
    Donde está el rabino, mejor, en el cuando en que está el rabino es sábado, no le quedan más narices que ser sábado. Lo dice el chiste, el enunciado, es así por hipótesis: el personaje Rabino-en-sábado es el que se encuentra un billete; Dios lo más que puede hacer es convertirlo en el Rabino-en-jueves —pero ese ya no es el personaje de nuestro cuento.
    Es parecido a lo de Epicuro: Si está el rabino, no está el jueves (no es jueves); si está el jueves, no está el rabino.
    De verdad creo que toda carcajada que haya provocado el chiste viene de un vislumbre de esto.
    Con esto podríamos aclarar algunas cosas, me parece, de las sacadas en los comentarios: p.ej., respecto al punto 2 del comentario de pseudópodo, concluiríamos en que sí está encerrada una contradicción (aunque sería más atinado calificarla de metafísica -o al menos, por lo pronto, de ontológica- que de lógica). Pero creo que lo que el flujo de ideas pide es menos eso, y más ir a indagar, descubrir, penetrar en esa forma extraña de ser que es el del hombre (un ser que, por tomar un ejemplo que tenemos fresco, puede vaciarse de ser y quedarse siendo liviana fachada Potemkin -por contra, a ver cómo le quitas a la piedra su ser piedra, o haces que un caballo sea menos caballo (¡Oh, ocurrencia!: el caballo es digital y el hombre es analógico: hay caballo o no lo hay -donde “caballo” significa “la naturaleza toda”-; pero hombre, sin dejar de haber hombre, puede haber más o menos hombre)-).
    Volviendo a principio y como conclusión: es imposible de toda imposibilidad aun para el mismo Dios, un rabino en jueves rodeado de un mundo en sábado.
    (Y tras este recorrido -si he sabido dirigirlo- estaríamos en disposición de acercanos más a la auténtica significación de una conocida frase -que dice lo mismo pero con infinita mayor sencillez, elegancia y precisión, y tan cristalina que a menudo no se repara en su profundidad-, si nos tomamos en serio cada una de sus seis palabras: Yo soy yo y mi circunstancia).
    ((Evidentemente, descaradamente, todo lo que de provochoso o fértil haya en esta comentario está cosechado de Ortega -o de Julián Marías, si a eso vamos-)).

  15. edulcorado dijo:

    En realidad el Miércoles está más en medio. 🙂

  16. pseudópodo dijo:

    Bueno, a estas alturas otro blog ya habría cerrado los comentarios, pero como en este el tardón soy yo, siempre están abiertos 🙂

    Alejandro y Frenzo, ni me había dado cuenta de lo políticamente incorrecto que es el chiste. Efectivamente, que el chiste de judíos lo cuente un judío hace milagros (por cierto, ¿se podrán contar chistes en el sabbat?)

    francisconoma, sin duda eres un filósofo según la caracterización de Alejandro: alguien que, cuando le cuentan un chiste, en lugar de reírse (o más bien, después de reírse) se queda pensando ¿por qué esto es gracioso? Naturalmente, elquebusca (que es quien empezó) y yo también caemos en esa categoría.

    Creo que es muy atinado eso que dices de que “el ser-en-sí del sábado coincide con su ser-para-mí”. Aunque yo distinguiría “sábado” (entendido como mera etiqueta temporal, que podía sustituirse por un número) de “sabbat” (la fiesta judía). Con esta terminología, la frase sería “el ser-en-sí del sabbat coincide con su ser-para-mí”; mientras que el sábado si tendría un ser-en-sí (medible por un reloj). Para mí entonces la gracia del chiste, además de en el pintoresco milagro de la trastocación espacio-temporal, está en que el rabino confunde el sabbat con el sábado, y a nosotros toda esta distinción entre sábado y sabbat, sin que nos lo digan, se nos hace presente de golpe, de una manera incosciente. Y en paralelo, está la cuestión de que precisamente un rabino es quien por definición no puede confundirlo (como dices: Si está el rabino, no está el jueves (no es jueves); si está el jueves, no está el rabino).

    En fin, voy a tener que leerme “La Risa”, de un tal Bergson, que no podía ser más que un filósofo.

    P.S.: Debería haber escrito esto hace dos o tres días, pero no hace falta decir que ando distraído con muchas cosas ultimamente… Espero no tardar mucho en retomar el blog.

  17. Frenzo dijo:

    Es notable que no repararas en la incorrección política del chiste, pseudópodo, pero le pudieras encontrar una vuelta filosófica que está mucho más allá de la idea más básica de la historia, que es que simplemente al segundo rabino le interesaba más el dinero que la religión, y buscó una vuelta de tuerca para engañar y engañarse, lo cual alude a cierto estereotipo de judío avaro e ingenioso. Por eso uno puede reírse si lo cuenta un judío: quién puede ofenderse si alguien se ríe de sí mismo, de sus propios estereotipos. Diría que incluso es necesario ser judío para reírse con ganas y sin culpas con el humor judío.

  18. pseudópodo dijo:

    Es curioso, sí, porque cuando lo has dicho parece evidente… Yo creo que al leer el chiste en el contexto del libro, en el que todos son judíos, deja de ser un “chiste de judios” y se convierte en un chiste sobre ese rabino. Además, el hecho de que no se cuente en primera persona (no es “a mí me pasó que era jueves” sino “al rabino le pasó que era jueves”) también cambia el énfasis, ya no es obvio que lo de que sea jueves en medio es una coartada absurda para la avaricia del protagonista y uno se toma en serio por un segundo esa distorsión espaciotemporal, porque lo dice nada menos que el rabino, que es la autoridad… Si hubiera oído por primera vez versón creo que habría visto en seguida el estereotipo.

    Es muy curioso como matices tan mínimos pueden cambiar tanto la interpretación. Yo creo que los chistes son un poco como la magia, todo depende de dirigir la atención del público hacia una cosa y colar otra de rondón, la gracia depende más de lo que no se dice que de lo que se dice.

  19. Frenzo dijo:

    Hubo un momento, cuando cursaba en la universidad, en que casi todos mis amigos eran judíos. Hay que admitir que es una cultura maravillosa, milenaria pero muy vivaz. Es increíble los malabarismos que algunos hacen para cumplir con los mandatos de la religión y las necesidades de la vida moderna. Una amiga ortodoxa dejaba el viernes televisor encendido, en el canal adecuado y a un volumen determinado con precisión, para poder ver un programa que pasarían el sábado: en shabat no podría prender la tele, pero sí podría mirarla si ya estaba ahí, encendida. Otra desplegaba todos sus apuntes de la facultad sobre la mesa el viernes antes de la salida de la primera estrella; al otro día, como era shabat, no podía ponerse a estudiar , pero si los papeles estaban ahí, no había nada malo, no rompía ninguna regla, si su mirada se paseaba por esa enorme mesa cubierta de papeles. Otro, menos estricto con los temas de religión, hacía cosas que su hermano -futuro rabino- tenía vedadas, como prender una luz que una vez encendida le permitía, por ejemplo, bajar las escaleras; llegó incluso acompañarlo hasta la puerta del edificio, encendiendo la luz en cada uno de los once pisos para que el aspirante a rabino pudiera salir del edificio sin romper las reglas del shabat. Todas estas cosas eran tomadas con mucho humor, al extremo que uno de mis amigos judíos se declaraba abiertamente antisemita porque consideraba a estas costumbres totalmente absurdas. Y por supuesto, ese amigo fue el que contó el chiste de los dos rabinos.

  20. AlbertodeFco dijo:

    Tres párrocos conversan sobre cómo dividir el dinero del cepillo. El primero en hablar trabaja en Madrid:
    -Yo pinto una línea de tiza en el suelo y tiro el dinero al aire. Lo que cae a la derecha es del Señor, a la izquierda mío.
    El párroco gallego explica:
    -Yo hago un círculo y tiro el dinero al aire. Lo que cae dentro es para el Señor, y lo que queda fuera para mi.
    El párroco catalán explica su método:
    -Yo tiro el dinero al aire… El Señor coge lo que necesita y lo que cae es para mi.

  21. loia dijo:

    AlbertoFco, creo que no es un chiste de curas, es un chiste de catalanes. 🙂

  22. Javier dijo:

    Como está esto tranquilo, me atrevo a recomendaros unos documentales que se mostraron recientemente en la BBC y que no están pero que nada mal. Yo solo me he visto los dos primeros capítulos (creo que son tres). Están en You Tube. La serie se llama “All watched over by machines of loving grace”. Este es el link del primero:

    (Si no funciona el link googlead el título.)
    Aviso a navegantes: (a) están relativamente cargados ideológicamente (siendo de la BBC, no me hace falta decir de qué están cargados), pero no son Michael Moore ni mucho menos; (b) hay algunas técnicas que os pueden llegar a estorbar (música de malos cuando salen banqueros, música ingenua cuando se habla del movimiento hippy, imágenes semi-subliminales para crear simpatía o antipatía,…); (c) si estáis muy involucrados en el 15-M-ismo, mejor no los veáis. (O sí…)
    Mi consejo es verlos haciendo caso omiso de preconcepciones ideológicas. Tienen mucho contenido, son muy entretenidos, el inglés es clarísimo y hablan de temas de los que se habla muy poco y con una seriedad poco habitual en televisión.
    No suelo ver documentales y menos en el You Tube, pero esto me tiene enganchadísimo.

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