Todo está perdonado, de Rafael Reig

Este verano he devorado (en un día) “Un momento de descanso”, de Antonio Orejudo, y a continuación (en tres días), “Todo está perdonado”, de Rafael Reig.

Los dos son escritores que me interesan porque se salen de la norma española (o sea: que su cultura va más allá de nuestros provincianismos clásicos). A Reig lo tenía fichado desde hace años, cuando tenía una sección en El Cultural de El Mundo, y ahora escribe unos notables artículos en el ABC Cultural (donde por cierto está peleado con mi columnista preferido, Andrés Ibáñez). Orejudo me deslumbró con su Reconstrucción, una novela que leí por casualidad; luego saqué de la biblioteca Ventajas de viajar en tren, que me pareció un buen trabajo de escritor pero no me enganchó como la otra.

El caso es que Orejudo y Reig son muy amigos, por lo que parece, nacidos el mismo año, compañeros de estudios, y los dos han pasado años en los USA enseñando literatura española en el circuito universitario.

Ahora toca decir lo que me han parecido estas dos novelas y voy a ir al grano: me ha gustado más la de Orejudo que la de Reig. Es más ligera y juguetona, es divertida y gamberra, pero plantea a la vez temas de más calado y de interés más amplio. Reig escribe mirando atrás, se inserta en la “memoria histórica” y aunque hay que agradecerle que no sea panfletario y haya escrito por encima de todo una novela, al final todo acaba siendo mirarnos a nuestro ombligo español, por original que sea el enfoque.

Por otra parte, no me convencen los elementos fantásticos (o al menos no realistas) como ese Madrid navegable, con el Paseo de la Castellana convertido en un canal (y Atocha en un puerto) o las máquinas dispensadoras de hostias consagradas, que además son un elemento esencial en la trama. Demasiado inverosímil (bueno, ¿quizá no tanto?) e innecesario, aunque puede ser atractivo el halo irreal que proyectan sobre el resto, que es por lo demás nuestra realidad tal cual en 2008, en los días en que España gana la Eurocopa.

Tampoco me convence algo más de fondo. Aunque no sea un panfleto, la novela tiene una tesis. Reig hace un diagnóstico político: que la Inmaculada Transición (así la llama él) fue un apaño para que los hijos de los que habían ganado la guerra siguieran ganando la paz. Y que se ha instaurado así un régimen, esta democracia, en el que en todo momento se ha evitado la Presencia Real del pueblo (escrito con mayúsculas, como en la eucaristía).

Me parece una especie de irredentismo revolucionario (¿se puede decir así?) completamente utópico y demodé. Es cierto que no se hizo la Revolución en la República, que no se hizo tras el frente en la guerra civil, y que no se ha hecho en la transición. Y que a estas alturas no creemos en la Presencia Real del pueblo en el sacramento democrático: en materia política nos hemos hecho unos agnósticos…

Pero agnósticos gracias a Dios, digo yo. Creemos sólo que la democracia es el sistema de gobierno menos malo de los que se han puesto en práctica (Churchill: Democracy is the worst form of government except all the others that have been tried). No echamos de menos ninguna revolución pendiene porque sabemos que las revoluciones realmente existentes han sido baños de sangre: ese es el hecho experimental.

En fin: que esta visión política condiciona en exceso la novela y la perjudica. Al menos para mí, fue pesando cada vez más según avanzaba la lectura, por más que Reig sea un buen escritor y tenga momentos brillantes.

¿Y qué hay del libro de Orejudo? En el próximo post hablo de él.

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11 respuestas a Todo está perdonado, de Rafael Reig

  1. MadHatter dijo:

    Personalmente prefiero “Ventajas de viajar en tren”, me resultó como leer una versión española de Palahniuk. En breve empezaré “Un momento de descanso”, a ver que tal.

  2. eulez dijo:

    Aquí das un salto “dawkinsniano” de la peor estofa (hablando de agnosticismo). Que la Transición permitiese que los mismos de siempre siguiesen mandando no significa que la “democracia” que tenemos sea la mejor ni la más indicada, ni que la alternativa a nuestro sistema político actual sea algo que venga tras una Revolución (del tipo que sea).

    El problema en España es la falta de sentido democrático, de transparencia, de compromiso con el bien común y con lo público. Y un exceso de amiguismo, de corrupción, de “a la saca”, de sectarismos. Estas cosas (dejando de lado “memorias históricas”), que pueden considerarse problemas sociales, pueden intentar arreglarse desde el propio orden constitucional, no hay que montar una Revolución. Se trata de montar una democracia moderna, laica, justa. El tiempo (otro hecho observable) nos demuestra que en este país no se cambian las cosas porque sí, por simple difusión o desgaste. Hay que meter mano.

  3. pseudópodo dijo:

    MadHatter, no he leído a Palahniuk, nunca me ha llamado la atención pero con lo que dices le sumo un punto en mi ranking 🙂

    eulez, no sé si me he explicado: precisamente yo también creo que los problemas sociales (y coincido con los que señalas) se deberían intentar resolver desde el orden constitucional. Es Reig el que parece que echa de menos esa revolución pendiente. A lo que me refiero con agnosticismo político es que a estas alturas de la historia no creemos (yo por lo menos no creo) que pueda existir un “gobierno del pueblo”: lo que Reig llamaría una Presencia Real del pueblo. Lo que por convenio llamamos democracia es un sistema que tiene la ventaja de permitir la alternancia pacífica, que concede legitimidad con las urnas, y otras cuantas cosas mas, pero creer que es el “gobierno del pueblo” y luego sentirse estafado al darse cuenta de que no hay tal gobierno del pueblo… me parece mucha ingenuidad.

  4. MadHatter dijo:

    La comparación la hice en relación a cómo usan la transgresión, ambos saben usarla a la perfección como velo crítico de la realidad. Es todo lo contrario que el infame “La fiesta del asno” de Ferré que parecía más un esfuerzo por superar sus cada vez más hirientes, obscenas y ridículas imágenes. No obstante, concedo que Palahniuk no es un gran escritor (en el sentido formal), es como se decía la versión MTV de la literatura: periodos breves, abuso de la repetición, abuso de elementos plásticos que lo convierten prácticamente en un guión cinematográfico etc. Con ello no quiero decir, obviamente, que su lectura no merezca la pena. Me ocurre lo mismo que con Lovecraft, también es un mal escritor a nivel formal, pero lo que empaña su prosa es precisamente lo que hace grande su literatura. Digamos que en ambos casos la materia precisa de una forma muy concreta, y si su narrativa fuera tan pulcra como la de un Faulkner es evidente que no les tendría el mismo aprecio.

  5. Federico dijo:

    Hola, Pseudópodo

    ¿se permite la publicidad? Lo digo por sugerir (recomendar no me atrevo) un libro cortito de divulgación de Biología. No se ha vendido casi, pero está escrito con cariño (y disfrute) y le han hecho una crítica benévola en:
    http://www.madridiario.es/2011/Marzo/ciencia-tecnologia/ensayo/200345/vida-que-llevamos-dentro-genes-celulas-historia-federico-abascal-ensayo-.html

    Se titula “La vida que llevamos dentro. Genes, células, historia y más”. Es de la editorial Hélice. El autor no lo recuerdo 🙂

    un saludo,
    Federico

  6. Dr.J dijo:

    Es curioso (o tal vez no) que Reig desmintiera ser un personaje “en clave” de la novela de Orejudo. Si miras el comentario en su blog (el de Reig) verás que como no podía ser de otra manera ¡aparece Punset! Esto ya empieza a ser preocupante.
    Por otro lado es interesa observar la constitución de un grupo que pasará a generación luego, la de escritores que ahora tienen 50 con sus capillitas y peleas nimias ¿o minias?

  7. pseudópodo dijo:

    Welcome back, Dr.J… Sí, tiene su gracia pensar que estos escritores quizá acaben siendo la generación Z o el grupo de los X… (no sé donde leí que alguien los llamaba generación sin nombre).

    Por cierto, enlazo aquí el post de Ibáñez en el que lamenta que Reig le haya llamado fascista. No se pierdan el último comentario… 😉

  8. loiayirga dijo:

    Creo recordar que yo me abstuve cuando se votó la Constitución del 78 (abstención, abstención es el vino de la oposición, cantábamos). Parece mentira que estas cosas no se recuerden con absoluta seguridad. Lo hice por un utopismo del tipo Reig pero creo que se entiende porque yo entonces tenía 19 años. Lo que no me cabe en la cabeza es que este señor aún se mantenga en ese utopismo.
    Los utópicos son personas que prefieren creer que somos ángeles para que la realidad no les manche las manos. Encuentran consuelo en sus sueños: “Si el mundo fuera como yo lo concibo sería perfecto. Qué gran tipo soy.”
    En el capítulo “el síndrome de utopía” de “Cambio”, Watzlawick denuncia este modo de “no cambiar”. Cito algunos textos sacados de allí.
    “Mientras perseguimos lo inalcanzable hacemos imposible lo realizable”. Robert Ardrey.
    Desgraciadamente es mucho más fácil, señala Popper, proponer objetivos ideales y abstractos y encontrar entusiastas seguidores que solucionar problemas concretos.
    “Aquello que ha convertido el Estado en un infierno es que el hombre ha deseado hacer de él su cielo”. Hölderlin.
    Pese a esta “melonada” (así es como mi padre llama a las tonterías) Reig parece un tipo inteligente. Así me lo ha parecido de la lectura del ABC Cultural de ayer sábado. “El placer y sus peros”. No consigo encontrarlo en internet.

  9. guajiro dijo:

    Ha regresado Usted látigo en ristre… que si los “provincianismos” clásicos, que si los puros “middlebrows”. ¡Hombre!, que esas alegorías nos desnudan…

    Pues con cierta cautela, no exenta de temor por esas referencias tan explícitas, me atrevo a apuntar que hasta hace algo más de un siglo, sólo se pretendía ser Filósofo — Galileo, Newton, Faraday —, que la Universitas aún pretendía ser fiel a su etimología, uno y lo que lo rodea… Yo digo que en la U deberíamos plantearnos una única “competencia”: recuperar el espíritu renacentista.

    Pero la culpa no es sólo de “los hombres de letras”. Decía David Bohm en el contexto de la “cultura de la ciencia”:
    “Siempre he intuido que, en el fondo, las figuras más importantes de la ciencia y las artes hacían fundamentalmente lo mismo, tratando de responder a la misma pregunta básica. Esta relación esencial entre ciencia y arte es todavía muy importante para mí. Pero, a excepción de unos cuantos buenos amigos, era difícil encontrar gente que compartiera mi entusiasmo.”

    Un último renglón para agradecer a Dr. J por el epíteto que dedica a uno de los Señores del Caribe. Lamentablemente, en el físico termina el parecido. ¡Bello sería si el mundo de Castro fuese tan ensoñador como el de Disney!

  10. pseudópodo dijo:

    guajiro: Uf, látigo en ristre… si soy una hermanita de la caridad… Sólo que me parece que el principio del curso me pone un poco gruñón. En realidad, lo que digo sobre los middlebrow, etc, es lo mismo que dice Bohm (todo un sabio, Bohm) en esa cita… El espíritu renacentista cada vez está más proscrito en la universidad, pero por eso escribimos algunos un blog 😉

    loiayirga: sí, Reig me parece un tipo inteligente y con una cultura bastante más amplia de lo habitual. Los artículos del ABC cultural de los sábados casi siempre son muy buenos. Pero cada vez que habla de política…

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