Una idea decorativa del mundo

En Un momento de descanso,  de Antonio Orejudo, hay una escena (p 71) en la que uno de los protagonistas, Arturo Cifuentes, profesor de literatura española en los USA, va a una fiesta con colegas de la Universidad. Está en un momento personal difícil y se siente a disgusto toda la velada, pero el motivo principal de su malestar, nos dice, era que “al lado de aquellos científicos se sentía un ignorante y un impostor”:

Al contrario que la mayoría de los humanistas, que habían sepultado su curiosidad bajo un manto de desdén y que presumían de no leer ciencia, o de no entenderla, Cifuentes admiraba a aquellos físicos y neurobiólogos aficionados a la literatura y capaces de mantener una conversación de cierta profundidad sobre (pongamos por caso) los fundamentos del arte contemporáneo. ¿Qué colega suyo en el Departamento podía decir siquiera cuales eran los principios generales de la física cuántica? Y sin embargo, eran ellos, los pobres científicos, los que tenían fama de incultos. Los humanistas habían sido más astutos y se habían apropiado del término intelectual. Pero si alguien usaba el intelecto eran aquellos hombres que además de dedicarse a su línea de investigación eran capaces de extraer conclusiones sobre (pongamos por caso) la vigencia del argumento literario a partir de (pongamos por caso) la variedad de especies encontrada en el yacimiento de fósiles cámbricos de Burgess Shale.

Los humanistas seguían empeñados en trabajar con textos. Textos que comentaban otros textos, que a su vez glosaban otros más remotos, en una espiral hacia arriba que les había hecho perder el contacto con el mundo empírico. Tenían una idea decorativa del mundo. Creían que todo era un relato, que el capitalismo era un relato, que las relaciones humanas eran relatos, que el supermercado era un relato, y se ponían a comentarlo. Sujeto, verbo y predicado. En cierto modo, era conmovedor. Pero qué le vamos a hacer; era la única manera que tenían de comprender el mundo, convirtiéndolo todo en textos, en relatos, y luego aplicándole ese método de análisis que venía de la retórica romana.

Hay varias ideas que merecen un comentario aquí. Para empezar, tengo que decir que yo no he encontrado entre mis colegas científicos en la universidad española gente con la amplitud de intereses que retrata aquí Orejudo. Quizá sea culpa mía, pero con muy raras excepciones, los que yo he tratado no se mueven más allá del horizonte cultural de la novela histórica y productos afines: puro middlebrow.

Pero esto no deja de ser anecdótico y quizá es algo propio de este país genéticamente inculto que es España y de la universidad que tenemos (y nos merecemos). En principio podían existir esos intelectuales de ciencias, de hecho existen por ahí, y lo que plantea Orejudo creo que retrata brillantemente algo muy real: la inoperancia actual de los estudios humanísticos, eso que llama, con una frase que da en el clavo, una idea decorativa del mundo.

Ahora bien, ¿por qué se ha llegado a eso?¿es inevitable perderse en esa espiral ascendente de textos que comentan textos, dejar de hacer pie en la realidad? ¿Hay alguna alternativa más esperanzadora? Me llama la atención que Orejudo, en el siguiente párrafo, lo que hace es desmentir que el mundo sea un texto… para convertirlo en un caos. Es peor el remedio que la enfermedad:

Cuando [los humanistas] aceptaran sin miedo, como él empezaba a hacer, que el mundo no tenía nada de texto, sino que era un flujo incoherente y contradictorio, desigual, desproporcionado, caprichoso, inmotivado y absurdo, sin ideas fuerza, con cabos sueltos, deshilachados, sin corrientes de sentido, con intereses contradictorios, sin centro ni márgenes, amorfo, hipertrofiado aquí, pero atrofiado más allá, cuando aceptaran eso, habrían empezado a comprender la verdad. Los humanistas, sus colegas, él mismo, todos ellos, que un día fueron la vanguardia del conocimiento, no tenían hoy nada que aportar al mundo. Por eso empleaban una jerga incomprensible y desdeñaban las exposiciones claras de los asuntos complejos. Huían de la claridad, porque sabían que la luz es enemiga de la superchería.

No creo que esa sea la alternativa a “la idea decorativa del mundo”. En la novela esta reflexión, en una línea que podríamos llamar de “nihilismo del sentido”, viene a cuento para la situación concreta del personaje (no diré más para no hacer un spoiler). Pero no es eso lo que diría el científico-intelectual que merece la admiración de Cifuentes-Orejudo.  Y él lo sabe: precisamente un poco más adelante, otro personaje, el “futuro premio Nobel” Joseph Lelous, es el que defiende una “tercera cultura” diciendo que “No tiene sentido seguir pensando en términos científicos por un lado y humanistas por otro. Hay que unificar la biología y la cultura en una ciencia de la mente y de la naturaleza humanas”.

Esto me parece interesante, aunque tengo mis reparos al movimiento de la tercera cultura y no creo que sea la única vía de salida a la inoperancia de las humanidades. Pero ya vale por hoy…

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14 respuestas a Una idea decorativa del mundo

  1. Sin conocimiento no hay sabiduría posible. Pretender decir algo sobre filosofía sin partir de los hechos que nos dice la ciencia es gastar saliva propia y tiempo ajeno. Me alucina la cantidad de “sabios” de vía estrecha que te puedes topar que son capaces de pontificar desde la ignorancia científica sobre temas perfectamente analizables y medibles, llegando a conclusiones absurdas, y que encima tengan eco y público.

  2. Por cierto, a mi también me parece evidente que la ciencia nos deja claro que el mundo es un caos sin sentido al que nosotros podemos dar orden, pero que pretender que ese orden que le damos tenga existencia real es pura ilusión.

  3. hernan dijo:

    Una nota del diario de Mircea Eliade, 1959:

    La noche del 9 de julio cené con el pére de Menasce en nuestro restaurante de hace dos años: el que está en la esquina del boulevard SaintGermain y de la rue des Saints-Péres. Le decía, entre otras cosas, cuánto admiraba -y envidiaba- a los matemáticos y a los físicos de nuestros días -su valor intelectual, su audacia-. No temen ni contradecirse, ni formular juicios contradictorios sobre las estructuras de lo real. Qué lejos estamos nosotros, los «humanistas» -filólogos, historiadores de las religiones, etnólogos, etc. Somos miedosos, prudentes o miopes hasta la imbecilidad. Y no hay ningún cambio a la vista en un futuro próximo. Los «no científicos» se reclutan entre los mediocres y los tímidos o entre los jóvenes que tienen miedo a la vida y que buscan la seguridad en un oficio sin riesgos: enseñanza, investigación científica, etcétera.
    Los aventureros, los espíritus creadores, atrevidos, no «vienen» ya a la filosofía, al orientalismo o a la historia de las religiones -como ocurría en 1870-1880-; se dirigen, por el contrario, hacia las ciencias físicas y matemáticas. Un Oppenheimer, un Edmond Sinnott, un Jacob Bronowski son inconcebibles «entre nosotros», orientalistas, etnólogos o historiadores de las religiones. No atraemos más que a los endebles que no tienen el alma suficientemente viril para afrontar un mundo en estado de crisis o arriesgar su «carrera» por una idea audaz.

    Y otra del mismo, 1963:

    Comienzo a tener una idea cada vez más favorable sobre los «hombres de ciencia».
    He conocido estos últimos tiempos a cinco o seis jóvenes -estudiaban física, matemáticas, bioquímica, etc.-. Uno era melómano, y conocía admirablemente a Mozart. Otros dos eran «lectores de poemas» y de la mejor calidad (admirables observaciones sobre Four Quartets, etc.). Otro era, podría decirse, un excelente especialista en Kierkegaard. (Lo significativo es que Chick Long haya descubierto a Kierkegaard gracias a otro físico, hace diez o doce años.) Otro, finalmente, se «interesa» por la novela «nueva ola», por Camus y MerleauPonty, por la pintura («tachismo», «pop-art», etc.). En cualquier caso, todos superan el universo de sus propios estudios.Y cuando pienso en los «humanistas», en mis colegas antropólogos, orientalistas, teólogos -¡por no hablar de los sociólogos!-. Se diría que se avergüenzan de confesar que leen a los poetas, a los místicos. Intentan parecer «serios», «científicos». Imitan la objetividad de los sabios. En el fondo, son timoratos y estériles. Su falta de curiosidad es una prueba de impotencia y de mediocridad.

  4. wraitlito dijo:

    Creo que el mayor calado intelectual de ‘los de ciencias’,el desfase crónico de ‘los de letras’, el diálogo de las dos culturas y la tercera vía de CP Snow son ideas trasnochadas y están ya demodé.
    Cualquier economista de renombre podría decirte lo mismo XD

  5. pseudópodo dijo:

    David, es cierto que para hablar con mínima sensatez de muchas cosas hay que saber algo de ciencia, pero yo no señalaría con el dedo a los filósofos. Al fin y al cabo, la filosofía es, en principio, algo previo a la ciencia y más básico que ella (y por cada filósofo ignorante de la ciencia podemos encontrar un científico ignorante de la filosofía). Lo que sí es verdad es que algunas escuelas posmodernas, ideólogos/as de género, pedagogos progresistas y gente así pontifican con absoluto desprecio de lo que hoy sabemos científicamente de la naturaleza humana, y ahí sí que veo un peligro, porque tienen una influencia real en la política (aquí en España tenemos algunas leyes nefastas inspiradas por estas ideologías). En cuanto a lo del sentido, no estoy de acuerdo con que la ciencia nos diga que el mundo no lo tiene: no nos dice ni sí ni no, simplemente no trata de eso.

    Hernán, ¡que apropiadas las citas! Parece que Eliade iba a los mismos cócteles que Cifuentes… De todos modos, ahora creo que ha cambiado la cosa: los jóvenes más brillantes hace tiempo que no se inclinan por las ciencias sino (wraitlito tiene razón) por la economía y estudios similares en los que se puede ganar dinero. En España las carreras que necesitan una nota más alta para entrar son Medicina, Periodismo, los estudios combinados de Derecho y Administración de Empresas, algunas ingenierías (muy pocas)… Aunque me temo que ahora Eliade no encontraría en los MBA esas inquietudes culturales.

  6. loiayirga dijo:

    ¿Conocéis el planteamiento CTS? Ciencia, tecnología, sociedad.
    Es una corriente de pensamiento que pretende estudiar la Tecno-ciencia desde un punto de vista empírico. Quiero decir que ellos no hablan de la Ciencia con mayúscula como una actividad pura encaminada a la VERDAD sino como una actividad interesada guiada por intereses humanos, entre ellos los de los particulares de los científicos, también los intereses políticos de quienes pagan las investigaciones y todo eso. Hace poco Pseudopodo hablaba del Pueblo con mayúsculas (entidad metafísica que busca el bien común de la sociedad) y podríamos hablar del “pueblo” con minúsculas (suma de todos los ciudadanos cada uno con un interés particular que pueden coincidir entre ellos o no). Quiero decir que una cosa es “El Científico”, alguien que quiere comprender, explicar, conocer con la mayor exactitud posible una parcela de la realidad, y otra “los científicos”, que trabajan para una institución concreta que sirve a unos fines, que desean ganar el nobel o patentar un fármaco u obtener prestigio mundial entres sus iguales y entre cuyos intereses está también eso de conocer con la mayor exactitud posible una parcela de la realidad. Es decir una cosa es “como son empíricamente las cosas” y otra “como deben ser”. Lo más curioso del ser humano es que es un “ser” que “debe ser de un modo”. En el caso de “los científicos”, todos ellos, se supone que tienen como IDEAL ser “El Científico”, es decir ese ser cuyo objetivo principal es “la verdad”.
    El nombre mismo de “tecnociencia” es también un modo de enfocar el asunto mostrando la aplicación práctica e interesada que tiene la ciencia. “SABER PARA HACER”.
    ……………………….
    Hablando del conflicto entre los intelectuales humanistas (tradicionalmente llamados “intelectuales”) y los científicos está claro que hoy en día existe un conflicto de intereses porque los objetos de los que tratan se han mezclado. Mientras los intelectuales luchan por mantener su autoridad sobre los asuntos humanos, los nuevos intelectuales (los científicos que ahora estudian el cerebro por ejemplo) pretenden arrebatar o ya les han arrebatado (y no les faltan motivos) la autoridad para hablar sobre asuntos humanos. Está claro que ya hay mil asuntos humanos sobre los que no tiene sentido querer decir algo sin conocer lo que dice la ciencia. En realidad los humanistas o novelistas que quieran seguir hablando de sentimientos tendrán que estudiar algo de la oxitocina y las demás “inas” al tiempo que
    La Ciencia como mito. Esa es otra. Los ignorantes como yo, es decir la tradición humanista, habla de la Ciencia en singular (como si la ciencia fuera una y el método fuera único). Suponiendo que sus resultados son de alguna manera incontrovertibles, siempre demostrados empíricamente, siempre verdades universales y comunes a todos los científicos. Como si la controversia fuera únicamente en dos o tres cosas, dos o tres asuntillos de última hora que están ahora terminando de investigar. La parte más viva de las ciencias, en esa parte donde se mezcla lo físico y lo psíquico en el hombre, esos últimos avances, son casi siempre asuntos en conflicto, en camino, que permiten muy diversos enfoques y nada hay concluido.
    La medicina, sería uno de los ejemplos por antonomasia para el enfoque CTS, cargada de intereses económicos y de investigaciones ideologizadas. Sobre la visión de la enfermedad como algo puramente biológico (y no también psicológico y social) me gustaría hablar próximamente en mi blog.
    Pero también la elaboración de mapas puede ser ideológica, supongo que conocéis esa proyección del mapa de Peters –una de las posibles proyecciones de una esfera en un plano- en la que los países del sur no quedan disminuidos en su tamaño como suele suceder en las proyecciones más tradicionales.
    En fin, resumiendo, para hablar en serio de la Ciencia, debemos hacerlo también desde una visión “empírica” de la ciencia, es decir abandonar esos mitos sobre la Ciencia y la Verdad, y el Método Científico (Feyerabend sabe de eso).

  7. loiayirga dijo:

    Están un poco mezclados los asuntos de los que hablo, y lo he escrito sin mucho orden pero espero que sirva de algo.

  8. loiayirga dijo:

    Y ahí explican un poco más lo de CTS. http://www.oei.es/cts.htm#1
    Precisamente porque la ciencia estaría cargada de valores y de interes….(según la visión CTS) las decisiones tecnocientíficas no deberían dejarse en manos de los expertos sino democratizarse.

  9. pseudópodo dijo:

    Humm… tengo yo mis reservas con los CTS… pero hoy no me da tiempo a más.

  10. No se si esto admite etiquetas, si no me perdonaréis, solo intento responder de manera ordenada en negrita. Allá voy.
    es cierto que para hablar con mínima sensatez de muchas cosas hay que saber algo de ciencia, pero yo no señalaría con el dedo a los filósofos. Al fin y al cabo, la filosofía es, en principio, algo previo a la ciencia y más básico que ella (y por cada filósofo ignorante de la ciencia podemos encontrar un científico ignorante de la filosofía).
    Precisamente porque la filosofía va “antes” es por lo que en su caso si es lamentable la ignorancia. No me cabe ninguna duda de que tantos filósofos diciendo majaderías sobre ciencia puede haber como científicos diciendo majaderías sobre filosofía. La diferencia es que un filósofo se supone que nos tiene que decir cosas interesantes sobre las grandes directrices vitales, si éstas están basadas en tonterías estarán proponiendo burradas, cuando no salvajadas, desde una posición ventajosa de autoridad en el tema. Un científico, en cambio, hablando sobre asuntos filosóficos no tiene más autoridad que la que pueda tener mi vecino lampista: Tendrá derecho a sostener sus ideas, pero no puede sustentarlas en sus supuestos conocimientos filosóficos.
    Lo que sí es verdad es que algunas escuelas posmodernas, ideólogos/as de género, pedagogos progresistas y gente así pontifican con absoluto desprecio de lo que hoy sabemos científicamente de la naturaleza humana, y ahí sí que veo un peligro, porque tienen una influencia real en la política (aquí en España tenemos algunas leyes nefastas inspiradas por estas ideologías).
    Justamente, es un buen ejemplo.
    En cuanto a lo del sentido, no estoy de acuerdo con que la ciencia nos diga que el mundo no lo tiene: no nos dice ni sí ni no, simplemente no trata de eso.
    Sin duda la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia, pero lo cierto es que la ciencia no encuentra ningún sentido a la existencia, todos los datos apuntan a que somos totalmente contingentes, es la explicación mas parsimoniosa.

  11. Aloe dijo:

    Al fin y al cabo, la filosofía es, en principio, algo previo a la ciencia y más básico que ella (y por cada filósofo ignorante de la ciencia podemos encontrar un científico ignorante de la filosofía).

    Lo que pasa con los filósofos que no saben nada de ciencia es que se emperran en enfoques filosóficos sobre asuntos que ya no son filosóficos, sino científicos, porque ya no son objeto de especulación, o no exclusivamente, sino de estudio empirico. Pero muchos siguen sin saberlo. Eso no les pasará seguramente a quienes tengan una mejor formación, pero ¿quienes son esos? Los profesores de filosofia que tienen mis hijos en le instituto ponen los pelos de punta al respecto, y aparentemente se licenciaron y aprobaron una oposición, hará treinta años de eso.

    Lo que sí es verdad es que algunas escuelas posmodernas, ideólogos/as de género, pedagogos progresistas y gente así pontifican con absoluto desprecio de lo que hoy sabemos científicamente de la naturaleza humana,
    Yo leo y oigo hacer eso precisamente a los filósofos antedichos, que en mi caso siguen siendo tomistas irredentos, para ninguna sorpresa de nadie. Claro, a los que saben más no les pasa eso… y seguramente a los científicos sociales les pasa igual.
    Lo que pasa es que lo que se “sabe científicamente hoy en día de la naturaleza humana” es poco y ambiguo, y no parece resolver por sí solo las pugnas ideológicas (que es de lo que trata tu comentario, en realidad) .
    Ojalá se supiera más sobre cómo aprendemos, cómo se motiva el aprendizaje, y cuales son sus etapas desde un punto de vista neurocientífico, y no solo empirista de andar por casa (y con la ideologia añadida de cada cual). Pero lamentablemente eso no ha sucedido aun. O no en grado suficiente. Cuando suceda, a ver quienes son los primeros que se dan por enterados.
    (Los últimos, ya lo sabemos: los que legislan y dirigen)

  12. Frenzo dijo:

    Me quedó rebotando en la cabeza la idea de que “todo es un relato”. No entiendo bien a que se refiere Orejudo, pero me parece que la ciencia también construye un relato. La diferencia entre el relato de las ciencias y el de las humanidades está en que el relato científico está en contacto permanente con la realidad física. Mejores o peores, con más o con menos rigor, acertados o errados, no dejan de ser relatos. Todo es un relato.

  13. Frenzo, estoy de acuerdo, la ciencia también es un relato. Como el mito fundacional bantú en el que todos provenimos de una tortuga (me lo invento, pero ya me entiendes, no?). Lo importante es otra cosa, si el relato es mentira o no. El de la tortuga lo es. El de la ciencia puede ser impreciso, pero es menos mentira.
    Si tienes dos alumnos a los que les preguntas cuánto son 3+1 y uno te responde rojo y el otro que 5, yo apostaría por el segundo.

  14. Frenzo dijo:

    Jaja, es cierto, David. Pero el que responde 3 + 1 = rojo tiene futuro como surrealista (aunque no sé si el surrealismo tiene mucho futuro).

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