Mundo cucú

Cuenta Neil Postman que a veces practicaba un juego un poco malévolo con sus compañeros de la universidad. A la hora del café preguntaba a uno: ¿has leído el New York Times? Si la respuesta era “no”, le soltaba un bulo más o menos de este tenor:

-¡Pues tienes que leerlo! En la sección de Salud viene una investigación que han hecho los neurofisiólogos de la Johns Hopkins. Resulta  que han descubierto una relación entre practicar jogging y tener poca inteligencia. Han sometido a pruebas a más de doce mil personas durante un periodo de cinco años y han comprobado que, a medida que aumentaba el número de horas que la gente dedicaba a correr, se daba una disminución estadísticamente significativa en su inteligencia. No saben exactamente por qué, pero es así.

Sólo un tercio de las “víctimas” de Postman rechazaban la historia como absurda. Los demás reaccionaban diciendo cosas como “¿En serio?¿quién dices que ha hecho el estudio?” o “Sí, ya había oído yo algo de eso”.

¿Qué podemos concluir de esta historia?¿Quizá que, como decía H.L. Mencken, no existe ninguna idea suficientemente estúpida para que no haya un catedrático que se la crea?¿O que, como decía G.B. Shaw, la persona media de hoy en día es tan crédula como la de la Edad Media? (sólo que hoy cree lo que diga la ciencia, por absurdo que resulte, en vez de creer lo que diga la religión, por absurdo que resulte).

Quizá, pero Postman apunta a algo más, algo propio de nuestra época y que hoy se superpone a la secular credulidad del ser humano. El mundo en que vivimos se ha vuelto incomprensible para casi todos nosotros. No tenemos una imagen coherente y global, de modo que todo parece ser posible y nada nos sorprende durante mucho tiempo. Si para los medievales el mundo era como un mazo de cartas ordenado, en el que cada naipe que iba saliendo era predecible, para nosotros es como uno que se ha barajado veinte veces. Puede salir cualquier carta, ninguna es inverosímil.

Además, salen muchas, muchas cartas. Vivimos bajo un diluvio informativo permanente. Ni de día ni de noche para de llover noticias. Un día los móviles son cancerígenos, otro día son inocuos. Un día Facebook te hace más listo, otro día te hace más tonto. Estamos anegados de información incongruente. El sentido común, aquel viejo hogar en el que vivían nuestros padres, ha sido arrastrado por la riada, y vamos a la deriva.

Vivimos en un mundo cucú: un acontecimiento salta de repente a las portadas y desaparece enseguida. Y luego otro. Y otro. El pajarito siempre nos llama la atención, pero nunca sabemos por qué se asoma ni adonde vuelve a esconderse.

Nota: No hay aquí ninguna idea original mía. Sólo parafraseo a Neil Postman. Después de escribir el post anterior, he repasado su libro Tecnópolisagotado en español!), y he encontrado que es profético, mucho más actual hoy que cuando se escribió, hace casi 20 años. Por desgracia, Postman falleció en 2003: ya no podremos leer sus análisis sobre internet (aunque aquí hay una entrevista de 1995 en la que le preguntan sobre el “ciberespacio”).

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19 respuestas a Mundo cucú

  1. La anécdota, todo y ser muy divertida, es bastante mal interpretada, a mi modesto entender. Ya que pones como ejemplo la edad media, me gustaría saber cuántos de los monjes de un monasterio del siglo XXII, por decir algo, se tragarían una historia semejante, pero vestida de la autoridad de la época: “Eh, fray Segismundo, que el Abad se ha encontrado un manuscrito de San Agustín en el que se asegura que si corres pierdes el alma”. Apuesto a que el porcentaje de crédulos sería mayor. No, sería del 100%.
    Sin duda un estudio tal y como lo cuenta a sus víctimas es una tontería como un pino, por eso me parecen mucho más relevantes esos 3 de cada 9 que no se lo tragan me parecen mucho más reveladores que el resto, que al fin y al cabo vete a saber en qué pensaban cuando les suelta la trola. ¿no sería a becarios suyos deseosos de complacerle, por cierto?
    Coincido con los detalles, con lo que no concuerdo para nada es con el tono pesimista ligado a la sociedad actual: Si, ahora nos bombardean con más información, pero eso nos hace estar más preparados, aunque de cuando en cuando nos cuelen bolas.

  2. Marc dijo:

    ¿A la deriva? Exageras, creo yo.

    Es cierto que hay demasiada información, y que el exceso resulta quizá algo perjudicial, sobre todo para quienes no disponen de tiempo (o no quieren) contrastar y buscar las fuentes más fiables; pero, paradójicamente, la información almacenada en Internet hace posible que todo el mundo tenga acceso a los conocimientos, cosa que no ocurría en la Edad Media. A mí eso me parece un avance incuestionable. Además, por poner un ejemplo -y al margen de los “estudios absurdos”-, el devenir de los descubrimientos científicos puede seguirse sin mayores problemas en varias páginas de divulgación, si es que uno no posee la formación adecuada para comprender la ciencia. Hoy, mi abuelo, un humilde guardés, puede entender qué es la evolución con solo hacer unos cuantos clicks. Hace años, necesitaría haber tenido un nivel cultural (y, por lo tanto, social y económico) elevado, haber ido a la universidad, haber estudiado Biología, etcétera; lo cual significa que hoy se democratiza el conocimiento, por decirlo de alguna manera. En cambio, en otras épocas estaba solo contenido en unas pocas cabezas.

    Por ello, en el mundo de nuestros padres no existía tanto sentido común y tanta “comprensión global” como pensáis algunos; más bien había índices de analfabetismo más altos, supersticiones infundadas generalizadas (prefiero los estudios absurdos, que son, a fin de cuentas, estudios), miseria y pobreza endémicas en casi todo el planeta. Estos males no pueden conducir a nada bueno. Hoy, la sobreabundancia de la información confunde en algunos asuntos, pero es mejor tener mucha que no tener ninguna, sobre todo porque parece difícil controlar el flujo informativo o imponer ciertos baremos de calidad. De todas formas, hay escritores, periodistas, blogueros, y divulgadores que esquivan los intereses comerciales y que se preocupan por la calidad de la información, por la confirmación de las hipótesis y por la transmisión de conocimientos fiables; que tienen buen juicio y que quieren que los demás, en la medida de lo posible, también lo tengan. Su labor de culturización no existía en otras épocas. Es, pues, valiosísima y -lo más importante- propia de nuestro tiempo.

    En cuanto a las cosas absurdas que divulga la ciencia, solo cabe decir que los científicos son humanos y también cometen errores; o que los objetivos comerciales en este mundo globalizado se consiguen de mejor forma mediante los medios de comunicación; o que el conocimiento avanza rápidamente, y, por eso, lo que ayer se creía perjudicial hoy es beneficioso, y viceversa. No veo yo que esto sea un problema tan gordo. Tiene, sí, sus inconvenientes. Bienvenidos sean si están aparejados a un nivel cultural más alto que en otras épocas.

  3. Marc dijo:

    Vaya, David Revilla se me ha adelantado y ha sido más conciso que yo. Perdón, si hubiera leído su comentario, no habría dejado el mío, proque pensamos de manera muy parecida.

  4. Pytoche dijo:

    Ahora que ví ese reloj cucú recuerdo el libro que nos recomendaste (los historiadores) donde los españoles compraban relojes cucú a los ingleses y los vendían a los estúpidos chinos… por ahí para el siglo XVII…
    afortunadamente apenas voy por esa parte del libro….
    pero seguro que voy a leer los 14 libros que recomiendas… ya terminé la breve historia de casi todo… y voy en orden!!!!!

  5. Dr.J dijo:

    Como dijo Harry Lime “en cinco siglos de paz, amor y libertad, la aportación suiza al mundo ha sido el reloj de cuco”.
    Por cierto el reloj de cuco procede de la selva negra, no de Suiza pero “nunca dejes que la realidad te estropee una frase”.

  6. pseudópodo dijo:

    David, Marc: ¿Habéis oído estos versos de Eliot?:

    ¿Dónde está la sabiduría que perdimos en el conocimiento?
    ¿Dónde está el conocimiento que perdimos en la información?
    .

    La cuestión es que la información, como tal, no vale nada. Sólo toma valor dentro del sistema que es la vida de cada uno. Para “democratizar el conocimiento” no basta que se pueda encontrar la información en internet. Hace falta, primero, que esa información se encuentre de hecho. O, para ser más preciso, que la información valiosa sea la que se encuentre, en lugar de la pseudoinformación que es más abundante todavía (la mejor manera de esconder una joya es camuflarla en un montón de bisutería).

    Hace falta, segundo, que seamos capaces de digerir esa información para convertirla en conocimiento. Yo creo que cada vez eso resulta más difícil, porque requiere atención y reflexión, y las dos cosas se están convirtiendo en bienes escasos.

    Pero esto me llevaría lejos, y a lo mejor lo cuento en otro post (ya habré dicho algo, seguro, pero ahora no recuerdo cuando).

    Mejor me centro en una cuestión más básica aún. Para que la información valga, decía, tiene que convertirse en conocimiento. Pero además, si queremos ser algo más que el primero de la clase (o sea, si aspiramos a la sabiduría), hace falta que ese conocimiento sea relevante para nuestra vida. Aquí es donde hay mucha diferencia entre nuestra época y la de nuestros abuelos. Podemos tener muchos más conocimientos, pero son a menudo conocimientos “inertes”, que no influyen en nuestro comportamiento, que no están integrados en nuestra personalidad. A menudo, pueden ser incluso nocivos para el sentido común.

    Mi madre no fue casi al colegio; desde pequeña tuvo que trabajar. En el sentido habitual de la palabra, tendríamos que decir que es una ignorante: no sabría decir apenas nada sobre la teoría de la evolución, no sabe quién es Freud ni tiene la menor idea de economía. Por el contrario, otra persona que conozco bien, mucho más joven (no creo que lea nunca esto, pero por si acaso no la identifico) es profesora en la universidad, y no para de devorar libros de psicología, divulgación científica y economía. Pero no tiene ningún sentido común. Ha leído a Daniel Goleman y a otros quince psicólogos, pero su vida emocional es un fracaso; ha leído a Montignac, a Dukan y a no sé quién más, pero no controla su peso; y, en fin, cada semana tiene una teoría sobre qué es lo que falla en su vida. Y creo que su falta de sensatez tiene mucho que ver con su exceso de información, con el mundo cucú en que vive y que le lleva de una idea a otra sin fundamentos, sin solidez. Mi madre, sin saber nada de eso, supo perfectamente alimentarnos, darnos una solidez emocional y afectiva, y llevar una vida mucho más feliz, pese a nacer pobre de solemnidad. Tenía muchos menos conocimientos, pero no eran inertes. Estaba mucho más cerca de la sabiduría.

    • Aloe dijo:

      Mi madre, que solo hizo el bachiller, hubiera dicho que un caso no prueba que todos los casos sean iguales.
      Mi abuela, a la que no conocí, pero cuyos dichos he heredado, hubiera recordado que “lo que natura no da, Salamanca no presta”, y hubiera fulminado a tu profesora con el dictamen de “es una sinsustancia“. Ese dictamen era bastante frecuente oirlo en boca de mi madre y tías cuando yo era pequeña, lo que a mi modo de ver, demuestra que las personas sin sentido comun y sin sabiduría ya existían hace generaciones, y se contaba con ello.
      Por si teníamos alguna duda.
      Que leyendo cualquier libro de Historia, creo que no, que no queda ninguna.

  7. loiayirga dijo:

    En un primer momento (seguramente debido a la admiración que te tengo y al estrés de una semana en la que mi padre ha estado ingresado en el hospital) pensé que lo del mundo-cucu era perfecto. Luego me he dado cuenta (seguramente debido a Amicus Plato sed magis amica veritas y al estrés que en ocasiones te hace pensar más rápido) que el símil es absolutamente improcedente si lo que se quiere mostrar es que las cosas aparecen sin saber por qué y desparecen de igual manera. En reloj de cucu es lo más previsible del mundo.

    Por cierto la frase de el Tercer Hombre es un tópico muy extendido que siempre me ha parecido idiota: la maldad es más divertida que la bondad. Aunque quizá ahora que lo pienso lleve su razón de ser: Los seres humanos preferimos darnos de bofetadas unos a otros antes que aburrirnos.

    Disculpad que que me ocupe de cosas tan nimias. Por cierto mi admiración por ti no mengua pese a que la metáfora no sea la mejor. Mi fidelidad está a prueba de inexactitudes.

  8. Marc dijo:

    Pseudópodo, insisto en que esa información valiosa puede encontrarse incluso en la maraña de tonterías que hay en la red.

    Es posible que la atención y la reflexión se estén perdiendo; pero es que en otras épocas solo valía la atención y la reflexión de unos pocos. ¿De que servían, si el acceso al conocimiento se restringía? Lo importante es que, hoy, mediante el generalizado acceso a la información, todos pueden reflexionar, porque disponen de las herramientas pertinentes; o, al menos, pueden adquirirlas se así lo desean.

    No entiendo eso de que ciertos conocimientos son inertes o, incluso, nocivos para nuestra personalidad.

    No puedo razonar sobre la vida de esa persona que conoces; aunque, si la conociera, tampoco me aventuraría a afirmar que el exceso de información es el problema de que no encuentre la estabilidad emocional. Quizá exista hoy menos capacidad de resignación, y la gente quiera ser cada vez más feliz. Esa falta de resignación puede tener sus inconvenientes; sin embargo, es el conocimiento generalizado el que nos incita a no conformarnos. En tiempos de tu madre, la escasez de horizontes significaba la resignación; o, peor, el desconocimiento de otros tipos de vida y de otras satisfacciones. Quien no conoce algo, no puede aspirar a ello. Quien no conoce, no es sabio, y, en consecuencia, acepta lo que le dan o lo que tiene, porque no se figura que existan otras posibilidades. Hoy conocemos más; queremos más: la falta de algunas cosas puede producirnos, como en el caso de tu conocida, cierta inestabilidad. Pero esto es la sabiduría: conocer que hay otras cosas; y esto es la libertad: poder optar a ellas. Será -especulo- cuestión de educar emocionalmente a la gente para que acepte que no todo se puede conseguir.

  9. Bruja Avería dijo:

    Completamente de acuerdo, Pseudópodo, al margen de la metáfora. Se generaliza el acceso a la información, a toda la información: la buena y la mala. El problema es que poca gente nace sabiendo distinguirlas y por desgracia, a pesar del igualmente casi generalizado acceso a la educación, tampoco se nos enseña a tal. Hace falta un espíritu crítico (por llamarlo de alguna manera) cada vez más escaso para poder servirnos de la información útil, esto es, convertirla en conocimiento, y a la vez ser capaz de desterrar todo aquello que nos “desenseña”.
    No es esto lo que está sucediendo, de lo contrario este blog tendría más adeptos que cualquier web de pseudociencias, dietas milagro, cotilleos… o tantas otras de cualquie temática exitosa que se nos ocurra. ¿De verdad nos creemos más sabios que aquellos monjes crédulos de la Edad Media? Quizá hayamos de observar más atentamente el mundo que nos rodea antes de responder. De todas formas, cuanto más motivo para el desánimo, más necesidad de optimismo. (Y somos muchos más los que te leemos que los que comentan a menudo).

  10. josele dijo:

    Buenas.

    El problema consiste en aproximarse a qué es lo relevante de la información. Porque, puesto que el tiempo (lo que los físicos llaman tiempo) es lineal, un vector (¿no?), sólo se puede tomar una decisión en cada momento (otra dimensión física, que no termino de entender).

    Así que ¿qué garantiza que, de todos los puntos futuros posibles del vector en cuestión, la decisión -la cadena de decisiones tomada, con una u otra información convertida en mayor o menor medida en conocimiento- lleve al sujeto al mejor de sus futuros posibles?

    Léase, la profesora de universidad podría haberse suicidado ya o estar enganchada a la heroína y de hecho su presente puede ser uno de los mejores posibles para ella: ¿puede nadie juzgar qué es conocimiento y sabiduría?

    Sólo a largo plazo, en tanto que sobrevivamos o me temo que tiro otra vez hacia la estigmergia.

    Ya.

    Saludos

  11. Cristina dijo:

    No estoy de acuerdo en que la falta de sensatez tenga que ver con un exceso de información precisamente porque, como has dicho, el conocimiento – lo que nos hace sensatos – está en un plano más profundo que la información. Lo que creo que ocurre es simplemente que la información, cuando no tiene donde agarrarse (no hay sustancia, como ha dicho Aloe), adorna la falta de sentido común y la insensatez se hace más evidente. Tu amiga, la profesora, está probablemente llena de ideas preconcebidas que refuerza con los libros que lee porque no es capaz, o no quiere, profundizar sobre ellas. A lo mejor antes decía que comer la tranquilizaba y ahora dice que comer ‘le calma el anhelo de mujer que se tiene que enfrentar a los retos del mundo del siglo XXI que le es hostil’ o cualquier chorrada así, no sé, el caso es que sus esquemas mentales no han cambiado por la información que ha leído, sino que ahora los decora con nuevos datos. Antes sus palabras no te hubieran llamado la atención y ahora sí. En realidad, a veces, la búsqueda compulsiva de información no persigue otro fin que el de reafirmarnos en nuestras convicciones. Algo así se puede ver en el vídeo que ha colgado Carlos, que habla de censura pero puede entenderse también como censura autoimpuesta para no tener que cambiar una particular visión del mundo con la que nos sentimos cómodos.

  12. pseudópodo dijo:

    Cristina, claro que el conocimiento está en un plano más profundo que la información, pero eso no significa que el exceso de información no pueda repercutir negativamente sobre el conocimiento. Creo que tu idea, y la de Aloe, viene a ser que “la información no ocupa lugar”, no le puede “quitar sitio” al conocimiento. Pero es que no es cierto. Todo ocupa lugar –metafóricamente, claro- porque todo consume atención. De modo que tener demasiada información nos consume la atención que de otro modo podríamos usar en examinar lo que nos pasa y en aprender algo de la experiencia.

    Estoy de acuerdo en que seguramente la búsqueda compulsiva de información lo que persigue muchas veces es reafirmarnos en nuestras convicciones, y que lo fundamental es la falta de sustancia, que decía Aloe. Sí, pero ¿cómo se adquiere la sustancia? Vivir en un “mundo cucú” no ayuda nada a formarse un criterio. Primero, porque los estímulos que nos llaman la atención constantemente nos distraen y cada vez tenemos menos tiempo y costumbre de reflexionar; segundo porque en ese mundo cucú las cosas son ininteligibles y no se ve siquiera que exista algo como el criterio.

    A esto hay que añadir que cada vez es más fácil vivir en una burbuja, alejado de la experiencia directa de la que yo he hablado alguna vez, que es lo que realmente te enseña. El video que ha enlazado Carlos (¡gracias!) es magnífico para ilustrar esto. Si la realidad no penetra en nuestra burbuja, ya no hay esperanza de que salgamos alguna vez de nuestras ideas preconcebidas. Así que yo veo que, por varios motivos relacionados, el “mundo cucú” sí que favorece la insensatez.

    Una cosa interesante es la que plantea Marc. Quizá es simplemente que más información abre los horizontes y te hace ser menos resignado, lo que puede hacerte menos infeliz pero no puede decirse que menos sabio, porque antes eras feliz gracias a la ignorancia. Yo creo que esta es la paradoja fundamental que subyace a todo el conocimiento, y que tan fundamental es que se ha expresado en forma de mito en Prometeo, la caja de Pandora o el Aprendiz de Brujo… Por eso, desde siempre, se ha considerado que el conocimiento es algo que, como una droga, debe administrarse con precaución y sólo a los iniciados, a los que tengan la sabiduría suficiente para estar a la altura de los desafíos y de la infelicidad que puede traer. Este es un tema diferente y más básico que la “información cucú” de la que hablaba yo en el post, pero yo creo que precisamente subraya más aún el problema que trataba yo: si ya el conocimiento tiene dos caras y puede traer la infelicidad, ¿qué decir de esa información inerte que ni siquiera llega al grado de conocimiento? (he vuelto a usar la palabra “inerte”: la verdad es que necesitaría otro post para explicarlo… pero básicamente me refiero a lo que sólo se conoce como un mero dato, sin que esté arraigado en nuestra personalidad o influya en nuestra conducta).

    Bruja Avería, no sabes cuánto te agradezco tu comentario; a veces viene muy bien un poco de ánimo, y sólo puedo saber lo que pensáis si me lo decís… Cierto que cada vez hace falta enseñar a distinguir el trigo de la paja, y no veo que eso se haga.

    loiayirga, es verdad que el cuco es predecible, pero me gusta la metáfora (que también, como casi todo en el post, le ha copiado a Postman) porque representa muy gráficamente una cosa que llama mucho la atención, pero desaparece sin dejar ni rastro ni tener relación con nada más, y su relevancia, además es puramente visual y folklórica…

    Josele: claro que no hay manera de saber si esta persona no está en el mejor de sus mundos posibles… pero eso es porque de un solo caso no se puede “hacer ciencia”. Podemos compararlo con las moléculas de un gas ideal: cada una puede tener una trayectoria aleatoria y no pude preverse qué va a ocurrir con ella. Pero si consideramos el conjunto, es predecible que tal cambio en un parámetro (por ejemplo, un aumento en la presión sin permitir intercambio de calor) va a resultar en tal cambio en otro parámetro (en este caso, un aumento en la temperatura). Yo apuesto a que, estadísticamente, el exceso de “información cucú” sí aumenta la desorientación y la falta de criterio.

    • Marc dijo:

      Yo creo, Pseudópodo -y es solo una creencia…-, que concebir el conocimiento como una condena corresponde las más de las veces a un deseo tácito de dominar. Te ha faltado citar el mito del Génesis; en él, el Árbol del Bien y del Mal es, en realidad, el Árbol del Conocimiento…

      Me recuerda esto a la pregunta que Camus se hace en “El mito de Sísifo”. Muchas personas sufrirán ante la sola idea de enfrenatrse, si llegan a inturilo, al absurdo de la vida; otros, en la misma situación, optarán por darle “más” sentido (el más lo añado yo) a sus existencias. Lo mismo puede suceder en el caso del conocimiento; saber hará infelices a muchos; a otros, en cambio, esto les parecerá un motivo para vivir más intensamente, para construir y para aportar, en la medida de lo posible, más de si mismos.

      En conclusión, que muchas personas sufren al conocer, pero otras no; lo cual significa que no todos somos iguales, y que el conocimiento debe ser considerado como algo “neutro”, aunque, en mi opinión, imprescibdile para progresar. A mí, por ejemplo, no me causa ninguna desazón saber más; todo lo contrario, me la causa el saber pocas cosas.

  13. Pingback: Mundo cucú | ForoProvincias.Com

  14. Es fácil de entender, estamos tan condicionados por lo que puedan pensar los demás que en vez de admitir que una idea pueda ser una locura, la aceptamos por venir de una fuente con más autoridad que nosotros mismos, para así no parecer fuera del pensamiento global.

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