Tres historias ejemplares (II): El playboy impotente

La segunda historia es un caso clínico relatado por el psicoterapeuta Giorgio Nardone. Su especialidad es la “terapia breve”, y este caso explica muy bien de qué se trata. Lo cuenta en su libro El arte del cambio (coescrito con el gran Paul Watzlawick), de donde lo copio resumiendo y reescribiendo ligeramente.

* * *

Un joven de veintinueve años, alto, rubio, guapo, fascinador y rico, galanteador y amado de muchísimas mujeres, con fama de ser un auténtico playboy, se presenta en demanda de ayuda por su problema que califica de “dramático”.

Cuenta que hace un año que no logra tener una erección satisfactoria ni tampoco, por consiguiente, consigue completar una relación sexual con penetración. No puede explicarse cómo puede haber surgido ese problema, teniendo en cuenta que en el pasado ha tenido relaciones sexuales con muchísimas mujeres. Pero en los últimos tiempos, cada vez que se daba la situación tenía una erección normal hasta el momento de la penetración; luego ésta le disminuía hasta el total aflojamiento de su miembro, de modo que se veía en la necesidad de interrumpir todo, consternado, confundido y humillado.

Nuestro playboy refirió también que, por mucho tiempo, había acudido a un sexólogo, que le había prescrito muchos tratamientos distintos: la abstención prolongada antes de una relación, la penetración con el pene flácido, la estimulación manual y oral por su compañera, coitos en las más variadas posiciones y el uso de fármacos excitantes. Pero nada había dado resultado. En el momento de la petición de terapia, el joven se encontraba en un estado de depresión, con sintomatología obsesiva en torno al problema, y se había convencido ya de la imposibilidad de resolverlo, habida cuenta de todos los intentos fallidos llevados a cabo hasta entonces.

De la investigación diagnóstica, resultó que todo había comenzado a raíz de haber leído en el pasado, en un periódico, un artículo relativo a una teoría según la cual todos los playboys, es decir, personas que experimentan muchas relaciones sexuales con personas distintas sin sentir necesariamente amor sino viviéndolo como un juego superficial, tarde o temprano se volvían impotentes o eyaculadores precoces: necesariamente acababan manifestando problemas psicosexuales.  A partir de entonces, él empezó a pensar en esta posibilidad, empezando por tener ciertas dudas sobre su verdadero rendimiento sexual. Cada vez que tenía una relación sexual había empezado a controlar su eficiencia. Cayó así en el clásico efecto de la paradoja del “sé espontáneo”: como en el cuento del ciempiés, que no supo andar más desde el momento en que empezó a pensar en lo difícil que era hacerlo con cien pies a la vez, el joven playboy, cuando se puso a vigilar sus propias capacidades sexuales, acabó por inhibirlas. De modo que cayó en el juego paradójico del controlar cada vez más, e inhibir por tanto cada vez más, hasta que la duda de poder tener un problema se  convirtió en una realidad. La profecía se había autorrealizado.

Llegados a esta valoración del problema, se analizó el comportamiento actual del sujeto para preparar la operación terapéutica. El joven rehuía en los últimos meses cualquier relación sexual por miedo a caer en la humillación del impotente. Cuando estaba solo con una mujer, inventaba cualquier excusa para huir, víctima de su miedo. Pero cada vez estaba más deprimido por esta situación frustrante. Y lo grotesco del caso era que siendo en verdad guapo y deseable, el que evitara toda intimidad sexual era interpretado por las mujeres que se acercaban a él como el comportamiento de “guapo misterioso”, lo que exacerbaba su deseo. Mientras muchas mujeres, reforzadas por ese misterioso hacerse desear, casi lo asaltaban seduciéndolo, él se veía en la necesidad de tener que huir de tales galanteos y seducciones, horrorizado por que se descubriera su impotencia.

He aquí el tratamiento que le prescribió el terapeuta, tal como lo cuenta Nardone:

Terapeuta: Creo que he entendido su problema y que podemos hacer algo por solucionarlo. Pero no sé si será usted capaz de hacer lo que le voy a proponer. Para poder ayudarle, tiene que hacer al pie de la letra lo que yo le pida.

Paciente: Haría cualquier cosa por resolver mi problema, doctor. Dígamelo y lo haré.

Terapeuta: De acuerdo. Quiero que desde hoy hasta nuestra próxima cita, que esta vez será dentro de dos semanas para darle tiempo, haga exactamente lo siguiente. Debe salir con tres mujeres diferentes, en esos quince días; a usted no le resultará difícil hallarlas, ¿no? Tendrá que invitarlas a cenar fuera, en un local elegante e íntimo y comer a la luz de las velas platos exquisitos. Tiene que crear una atmósfera romántica y seductora, de la que yo, a la vista de su historial, me parece que puedo enseñarle poco. Después de la cena, entrada la noche, tiene que llevar la situación hasta el extremo de la relación sexual, pero ¡esto es muy importante!, después de unos juegos amorosos preliminares, usted deberá interrumpir la actuación y tendrá que explicar por completo y al detalle su problema, pidiendo disculpas a su compañera porque no puede darle ninguna satisfacción erótica. Luego, ya que ella está al tanto de su desgracia, realice la relación sexual tal como le venga. Ahora que ya ha explicado su problema, ya no sentirá vergüenza, y algún placer es posible que obtenga.

El paciente al principio se resiste, horrorizado de que todo el mundo se entere de su impotencia. Pero al fin, desesperado, accede a llevar a cabo el paradójico plan del terapeuta. A los quince días, volvió a la consulta y…

… refirió casi incrédulo haber sido capaz de espléndidos y duraderos coitos con cada una de las tres mujeres invitadas y seducidas. Estaba estupefacto porque, tras haber confesado su problema, confuso y humillado, había sido capaz de sostener maravillosamente relaciones sexuales, al contrario de cuanto había declarado. Las mujeres, por su parte, creían que les había tomado el pelo al hacerles aquella declaración de impotencia, tan patentemente desmentida por los hechos a continuación, y quedaban convencidas de que se trataba de uno de sus trucos y juegos de seductor.

La paradójica trampa en que había caído el playboy se había soltado con una prescripción igualmente paradójica. Confesar el secreto embarazoso lo liberaba de la tensión que le impedía el disfrute sexual. Ya no estaba obligado a tener una erección, de modo que de nuevo podía tenerla, al no imponerse voluntariamente algo que sólo puede conseguirse de modo espontáneo.

El caso se había resuelto en cuatro sesiones (¡terapia breve!). Dejo la conclusión una vez más a Nardone:

Creemos que este caso es un ejemplo de cómo a veces, en terapia, actuaciones muy simples pueden tener efectos muy potentes, a condición de que incidan sobre las palancas que son responsables de la situación problemática.

No nos hemos planteado qué tipo de relación morbosa pudo tener aquel hombre con su madre, ni tampoco qué terribles traumas infantiles tuvo que pasar, ni qué dudas sobre su identidad sexual podía estar experimentando. Sólo centramos el interés en hallar la solución focal de su problema. Y ello sin preguntarnos por qué, pero analizando cuál es, cómo funciona, y pensando en cómo cambiar la situación problemática. Si luego, tras la solución del problema, el paciente quiere efectuar un largo viaje interior en busca de tantos posibles e hipotéticos “porqués” o explicaciones causales, siempre estará a tiempo de hacerlo.

* * *

NOTA: Después de escribir el post, me he encontrado que el libro en pdf está completo aquí… me habría ahorrado un buen trabajo saberlo antes. Esta historia está en las páginas 163-167. Si tienen tiempo, lean el soberbio primer capítulo de Watzlawick: Si quieres ver, aprende a obrar.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en psicología, Recortes y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a Tres historias ejemplares (II): El playboy impotente

  1. Vicente dijo:

    Quizás me equivoque, pero la argucia del terapeuta parece ser lo que Victor Frankl llamaba “intención paradójica”. Y no sé si éste la habría tomado de otros autores anteriores. Si tanto le gusta Watzlawick, supongo que habrá leído “La construcción de la realidad”, coescrito con Nardone, que supongo será de su gusto porque trata de epistemología.

  2. edulcorado dijo:

    Sí , lo del regodeo de las causas y el “es que me pegaron de pequeño” ha estado muy en boga con el psicoanálisis freudiano, en los 70 y los 80.
    El consejo del terapeuta es de un sentido común y no es difícil imaginarse a un hombre con cierta sabiduría y sin estudios dando una recomendación parecida.
    ¡Qué fácil es perderse cuando hay un exceso de carga cultural sobre nuestros hombros!

    Por cierto, enhorabuena Pseudópodo!
    Has estado magistral exponiendo dos casos ( este y el anterior post) tan opuestos moralmente pero con un fondo común, de sentido común.

  3. smakant dijo:

    El trasfondo de este tratamiento es el refinamiento de la caja negra conductista de toda la vida.
    Da igual qué hay ahí dentro, si es que algo hay. Lo que da un poco de vértigo es la reflexión ética que pueda derivarse de esta postura, si es que quiere derivarse. Que tampoco es necesario.

  4. pseudópodo dijo:

    Cierto, Vicente, es la intención paradójica, y Nardone la usa en muchos otros casos en este libro. El libro que mencionas no lo conozco y no lo he encontrado además, no sé si te refieres a “¿Es real la realidad?”, que sí he leído y está muy bien, como todos los de Watzlawick…

    edulcorado, es verdad que son casos opuestos en cierto sentido; son “historias ejemplares” no por su fondo moral (bien distinto) sino por el tipo de solución. Y hay un fondo de sentido común, sí, pero especial, porque se trata a la vez de resultados un poco o bastante paradójicos. Más que de sentido común yo hablaría aquí de sabiduría, como la de los cuentos sufíes (sobre todo el caso del playboy tiene algo de parábola o de apólogo -algo esdrújulo en cualquier caso-).

    smakant, yo creo que hay un trasfondo muy distinto del de la caja negra conductista, lo que pasa es que también es muy distinto del pozo sin fondo psicoanalítico… El trasfondo lo explica muy bien Watzlawick en el prólogo al libro (el que menciono en el post), pero cuando saque las moralejas de estas historias ejemplares espero explicarlo. La idea, de todos modos, se puede resumir en que la vida es un sistema, y los sistemas tienen una dinámica, de lo que se trata es de actuar en los puntos en los que esa dinámica es más sensible, no hace falta ir a la raíz en la que se originó todo.

  5. Vicente dijo:

    Hola, disculpa por mi tardanza en contestarte. Pues es otro libro cuyo contenido puedes ver aquí
    http://www.ucm.es/info/especulo/numero11/con_univ.html

  6. Deliam dijo:

    Muy buen resumen. me voy a leer el libro. Muchas gracias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s