Tres historias ejemplares (y IV): El poder de la trama

¿Qué tienen en común las tres historias anteriores?¿Qué moraleja podemos extraer de ellas?

El primer post, “Jabones en Karachi”, está basado en un capítulo del El efecto checklist de Atul Gawande. Leyendo este libro empecé a encontrar un aire de familia entre lo que contaba y otra serie de historias en principio totalmente diferentes, los casos de “terapia breve” (como el del playboy impotente) que relataban Giorgio Cardone y Paul Watlawick en El arte del cambio. Me pregunté a qué se debía esa familiaridad.

Gawande es un cirujano norteamericano de origen indio, un tipo brillante que se ha convertido además en un autor de éxito (escritor de plantilla en el New Yorker, nada menos). Pero lo que realmente le motiva es el perfeccionismo. Gawande quiere hacer las cosas Mejor (así se titulaba su segundo libro). Esa fijación le ha llevado a interesarse por historias como la de Virgina Apgar, que conté aquí y aquí, o la de Stephen Luby y sus jabones en Karachi. Historias de éxito conseguido sin apenas medios, y que pudieran parecer anecdóticas. Historias que, desde luego, no parecen representativas del futuro del la medicina, que todos imaginamos que está en otra parte: ingeniería genética, trasplantes, tejidos artificiales… esos temas que tienen el glamour de la tecnología y el dinero.

Quizá esta apariencia anecdótica es la que las acerca a los casos de Cardone y Watzlawick. Cada vez que ellos curan una fobia o una obsesión (o la impotencia de un playboy) el éxito parece conseguido por medios poco serios: un truco o una anécdota. Nada con la apariencia seria del psicoanálisis, un proceso tan caro en tiempo y dinero que seguro (como la medicina tecnológica) que sí que va a la raíz de las cosas…

Y sin embargo, no son trucos o anécdotas. Hay una teoría muy sólida detrás, que ya está en las iluminaciones de Bateson y que Watzlawick ha hecho explícita en muchos libros. Yo sospechaba que algo similar debía haber detrás de lo que buscaba Gawande, y detrás también de otras historias de éxito similares, como la del crimen en Nueva York, que había leído en un libro de Gladwell hace tiempo. Repasé la historia y encontré la Teoría de las ventanas rotas. Pero llamarla “teoría” es darle un título un poco demasiado pretencioso para un mecanismo simple de psicología social. En realidad, la explicación de más calado que da Gladwell es la idea del poder del contexto… y ¡esto sí tenía mucho que ver con las ideas de Watzlawick! En este punto pensé que tenía que escribir esta serie de posts.

* * *

Pero entonces, en resumen, ¿de dónde sale ese aire de familia de las tres historias?¿Cual es esa teoría que las unifica? En realidad, es más que una teoría. Es una visión del mundo: la visión sistémica. La idea de que, en cualquier situación, lo que realmente importa no son las cosas sino sus relaciones, no son sustantivos sino los verbos, no son los actores sino la trama. Y esa trama nunca es un sólo hilo que va de causa a efecto. Al contrario, los hilos causales se enredan, se enlazan en bucles, tejen una dinámica que es la que realmente cuenta.

Pensamos que para arreglar un problema hay que ir a la raíz, y más a la raíz cuanto más grave sea el problema: lo contrario sería una frivolidad. Por eso nos parece tan serio el psicoanális de Freud, que excava durante años en el subsuelo de la personalidad. Pero en una trama no hay raíz, no hay una causa primera. Un problema es un lío, un nudo en la trama, y a menudo no hace falta entender cómo se formó para deshacerlo: puede cortarse de un tajo o aflojarse con jabón. Ni tampoco interesa perder el tiempo buscando culpables, porque muchas veces los nudos se forman solos, como en los cables de teléfono.

En esta perspectiva sistémica se entiende perfectamente la idea del poder del contexto. El contexto no es más que el conjunto de hilos que nos ligan al resto de las cosas: otra manera de nombrar a la trama. Y la trama es más importante que los actores, decíamos. Nos empeñamos en pensar lo contrario, y siempre echamos la culpa (o atribuimos el mérito) a los rasgos personales de la gente, empezando por nosotros mismos. Pero nos equivocamos, y ese es el error fundamental de la atribución, pensar que influye más la persona que la situación.

Caer en la cuenta de que todo son sistemas tiene implicaciones de larguísimo alcance, pero quizá las más prácticas son las que se refieren a la cuestión del cambio. Al empezar al año nos hacemos buenos propósitos, y casi nunca los cumplimos. ¿Por qué es tan difícil cambiar un hábito, por trivial que sea? Porque nuestras costumbres forman un sistema. El hábito no es algo que está ahí fuera y podemos tirar a la basura, sino que es algo que tiene un papel en nuestro  sistema de comportamientos. Está conectado a otras muchos elementos de nuestra vida, y si lo pretendemos arrancar notamos la resistencia de todos esos enlaces que habría que romper. Todos los sistemas tienden, en condiciones normales, a mantener su estructura, y admiten sólo los cambios que la dejan invariante: los cambios lampedusianos (plus ça change, plus c’est la même chose). Los sistemas son resilientes.

Generalmente estamos empantanados en este tipo de cambio, que Watlawick llamaba Cambio1. Pero cuando tenemos problemas y no simples dificultades, lo que necesitamos es un Cambio2: el cambio de que cambia las reglas del juego. Y la buena noticia de la teoría de sistemas es que ese cambio no siempre es tan difícil. Puede ocurrir de dos maneras: cuando las tensiones se acumulan hasta que el sistema colapsa (y su resiliencia se vence de golpe, como el Muro de Berlín) o cuando acertamos a actuar sobre un punto preciso del sistema en el que su propia dinámica juega a nuestro favor. Lo que en inglés llaman leverage point y yo prefiero llamar punto arquimédico (el punto que Arquímedes necesitaba para mover el mundo con su palanca). Como todo está conectado en un sistema, y como la dinámica generalmente no es nada obvia, el punto puede parecer muy lejano del problema, y la acción puede parecer o trivial o contradictoria. Tan trivial como regalar jabones o borrar las pintadas del metro, o tan contradictoria como obligar a un playboy a confesar su impotencia precisamente para curarla.

Habría que meditar sobre estas cosas, porque ¿alguien duda que en esta crisis necesitamos un Cambio2 y hasta ahora sólo estamos viendo Cambios1?

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23 respuestas a Tres historias ejemplares (y IV): El poder de la trama

  1. Sergio dijo:

    También se puede considerar que los sistemas rígidos son los que se colapsan mientras que los más flexibles tienden a evolucionar para sobrevivir. El sistema en que vivimos tiene una capacidad de adaptación asombrosa, más que flexible es líquido, irrefutable, no se le puede golpear y cualquier ataque lo absorbe para hacerse más fuerte.

  2. Federico dijo:

    “Yo soy yo y mis circunstancias”. Y las personas no somos en nosotras mismas sino en relación con los otros (esto lo he experimentado). Y lo mismo pasa con las neuronas, no es el número sino sus relaciones lo que ofrece tanto juego. Y soy incapaz de dejar de fumar, no encuentro el punto arquimédico. Y ya ni lo busco. Y totalmente de acuerdo con lo de la crisis, hace falta un cambio de mentalidad, de estilo de vida, … y tampoco encontramos el punto arquimédico. Y ayer compré doscientas cápsulas de nespresso que costaron 76 euros… y el peso neto en café es ¡1 kilo!!! ¿estamos locos?

    Gracias por hacernos pensar,
    Federico

  3. MadHatter dijo:

    Con los años te vuelves más filosófico. Lo que otros ganan en melancolía debes ganarlo en filosofía.

    Estos días estoy leyendo un libro que quizá conozcas, y de no ser así deberías. Es verdaderamente encantador. Se titula “Kluge” para referirse a que la “mente” humana es una solución burda. Pone el ejemplo de los filtros de CO2 del modulo lunar del Apolo 13 y como, ante esa situación crítica, la tripulación improvisó un rudimentario filtro. Eficaz, desde luego, para salvar la vida en ese momento, pero nada útil para futuras expediciones.La “mente” humana es como ese filtro. Que es un kluge lo demuestra, según su autor (Gary Marcus), la cantidad de errores lógicos que cometemos, fallos de memoria que sufrimos o prejuicios que padecemos. Este último, el tema de los prejuicios, se subscribe bajo el problema del contexto. ¿En el fondo, qué son todos esos prejuicios y errores varios, sino ideas que hemos adquirido mediante un aprendizaje pasivo? He ahí el cambio más doloroso, porque supone un grado de introspección y una consciencia del entorno hercúleo: nos interesan los sustantivos y si son tan propios, como el de los actores, aún mejor. Si tienes fuerzas para retrotraerte aún más avanza hasta Crátilo, el famoso discípulo de Heráclito, y verás que enmudece porque no se siente sustantivo, no se siente actor, se siente verbo en continuo progresar y por eso no puede aceptar un lenguaje cosificador. Pero este lenguaje, que es en sí mismo verbo, está condenado a caer, como lo estaba el sistema filosófico de Heráclito. El ser humano parece concebido para el inmovilismo, para lo estático, para la docilidad de lo que puede guardarse en el cerebro sin miedo a no reconocerlo en el futuro. Porque en el fondo nadie alojaría en su casa a un individuo que es otro a cada minuto. El ser humano se afana en ver un bosque repleto de árboles cuando lo que hay es un bosquejando compuesto de arbolandos.

  4. Javier dijo:

    Enhorabuena por la serie. Ha sido una de las más entretenidas de tu blog en los últimos tiempos.

    En tono más desenfadado, te diré que esta Parte IV de una serie de Tres me ha recordado dos citas que encuentro muy divertidas (es humor infantil; que nadie espere nada inteligente). Una es de una serie de la tele. No hace falta contexto. “Yes, I think you’re sexy. Yes, I don’t have a lot of grown-up drinks, and yes, I wish I had a third yes. And, yes, I don’t.” La otra es un (sub)título de un libro. “So long and thanks for all the fish” de Douglas Adams se subtitula “The fourth book in the hitch-hiker trilogy.”

  5. Joaquin dijo:

    Extraordinario cierre para la serie. Me encanta ver cosas que yo he esbozado pero realmente bien escritas y bien documentadas (http://joaquinsevilla.blogspot.com/2011/08/aunque-la-mona-se-vista-de-seda.html)

  6. loiayirga dijo:

    En un libro que precisamente se me recomendó aquí se habla tambíén de la importancia del sistema. Esta interesante serie me ha sacado de mi pasividad bloguera (generada en gran parte por la hiperactividad en otras facetas de mi vida) y me ha arrastrado a escribir este post.

    http://patatitaspochas.blogspot.com/2011/12/el-poder-de-la-trama-fuera-de-serie-de.html

  7. loiayirga dijo:

    Ayer me levanté de nuevo de la cama a las taitantas para volver a escribir otro post.
    La idea principal es que “la importancia del sistema” desacredita “la responsabilidad individual” que por otro lado es muy necesaria.
    No se qué valor tiene esta pega porque la escribí durante “la hora zombi”. Ya me dirás.
    Lo he incorporado también como un post a mi blog, pero para que siga el debate aquí lo copio para que puedas responderme aquí.

    ¿Qué sucede cuando la realidad muestra que el éxito en muchos asuntos es multifactorial pero para que las cosas funciones conviene que todos piensen que depende excusivamente de ellos.
    Estoy pensando en la educación. El resultado que se consigue con los alumnos tiene que ver con la organización administrativa existente, la actitud y preparación de los padres, la preparación y el esfuerzo de los profesores y por supuesto del esfuerzo y la actitud de los alumnos.
    Si todo depende del sistema en mucha mayor medida que del comportamiento de un sujeto concreto ¿qué sentido tiene que yo quiera esforzarme en hacer mejor mi trabajo cuando la incidencia de este cambio va a ser mínima? ¿De qué sirven los cambios sub 1 cuando de lo que se trata es trata es de cambios sub 2?
    Pseudópodo gusta de arremeter contra la mentalidad progresista dominante… y en general estoy de acuerdo con él. Pero ¿no era en esta mentalidad toda la culpa del sistema? ¿No es el poder de la trama uno de los tópicos progresista por excelencia? Si la educación es resultado de “todos” ¿no se sentará el alumno casi tumbado en la silla y dirá con descaro al profesor: “venga, motíveme.”? ¿No podrá el profesor escudar sus malos resultados en la herencia recibida (de esto Pseudópodo sabe bastante –y no digo que no lleve razón), en la negligencia de los padres, en la pésima organización de los programas, y en el escaso interés de los alumnos?
    Paso de llegar puntual a las clases (cambio sub 1), ¡¡la educación va mal porque necesitamos un cambio sub 2!!

    Surge una extraña situación en este problema. Las razones de las cosas son sistémicas pero parece que el hecho de que “yo”, individuo concreto, lo sepa sólo puede estropear las cosas. El individuo puede decir “Que quien tenga poder intervenga para cambiar el sistema.”
    Escribí sobre esto ya hace tiempo con motivo de la cultura del esfuerzo que se supone que recuperaba la última ley de educación.

    http://patatitaspochas.blogspot.com/2007/06/negacin-de-la-cultura-del-esfuerzo.html

    • Ramonmo dijo:

      Es que las personas y las diferentes actitudes de las que hacen gala también forman parte del sistema, como igualmente lo hacen los premios y los castigos que conlleven dichas actitudes.

  8. loiayirga dijo:

    Como pasa el tiempo. En el año 2007 tu reseña de Gladwell solo suscitaba un comentario y tu respuesta. Como cambian las cosas.

  9. wraitlito dijo:

    Ey, me ha encantado el colofón de la serie.
    Lo necesitaba para entender que era algo más que una sucesión de ingeniosas anécdotas…uhmm, con esta necesidad de colofones morales… ¿estaré aquejado de algún problema?¿ necesitaré algún cambio(sub n) ? 😉
    Saludos

  10. pseudópodo dijo:

    Sergio, yo me refería a cualquier sistema (nuestros hábitos, una familia, una universidad o el sistema educativo…) pero si hablamos de El Sistema con mayúsculas, pues… pues también es verdad: su fortaleza radica en que en muchas cosas es extraordinariamente flexible. Ahí están, por poner un ejemplo, los Rolling Stones (Mick Jagger es Sir) y todo lo que llamaron contracultura. Daba dinero y se metabolizó sin más problemas.

    Federico, no había caído en que lo dijo ya Ortega… Lo interesante de la visión sistémica es que, sin llamar la atención del gran público (desde luego, ha hecho mucho menos ruido que la cuántica, por ejemplo) ha ido convirtiéndose en mucho más que una intuición, y ahora en muchos campos tiene una formulación científica (en ingeniería desde Norbert Wiener y otros para acá, en psicología desde Bateson, y así podríamos encontrar pioneros en ciencias sociales, física…). El hándicap está (por lo menos eso me parece a mí) en que no hay una visión integradora de distintas disciplinas que en realidad están diciendo lo mismo. Lo cual, dado el contenido de la teoría de sistemas, no deja de ser paradójico…

    MadHatter, no sé si dices lo de más filosófico por mi o en general… pero creo que por mi parte es cierto. Sí conocía el libro de Marcus, pero no lo he leído, de todos modos la idea es una consecuencia directa de la visión evolucionista, y parece que extiende el argumento que otros han expuesto sobre el ojo o la columna vertebral (que como diseño son una chapuza y eso se debe al modo en que opera la evolución) al cerebro… Seguramente es verdad que nuestra fijación con los sustantivos y las “cosas” es una ilusión cognitiva. Pero como pasa con otras (por ejemplo, nuestra incompetencia espontánea para tratar con procesos aleatorios o números grandes) creo que podríamos superarla con un entrenamiento adecuado. Sin embargo, en la enseñanza no se enseña para nada a pensar sistémicamente, y eso es una carencia muy grave que al final repercute en toda la sociedad, que funciona bastante peor de lo que podría funcionar. En el fondo, es lo que decía Bateson con lo de “todo escolar sabe…”.

    Por cierto, no sabía lo de Crátilo, un Wittgenstein radical avant la lettre, por lo que veo…

    Gracias, Javier, pero el título de la serie sólo prometía tres historias, no tres posts… 😉 soy capaz de sacar otros cuatro sólo de moralejas, pero perdería la gracia. Por cierto, veo que habéis leído a Douglas Adams (el plural va por el Dr.J). ¿Realmente merece la pena? Me hace desconfiar, entre otras cosas, lo mucho que le admira(ba) Dawkins…

    Joaquín, gracias, no es la primera vez que compartimos inquietudes (otra es la de la infoxicación, lo de los obesos informacionales que decías hace poco).

    loiayirga, si este post ha servido para sacarte de tu pasividad bloguera ya ha merecido la pena. Al leer tu post sobre “Fueras de serie” de Gladwell veo que ha sido una influencia latente en esta serie. Me da la impresión de que podrían reescribirse los libros de Gladwell reformulándolos en el lenguaje de la teoría de sistemas, y serían una muy amena introducción.

    Lo que planteas en el segundo post es muy interesante, y la verdad es que tendría que pensar sobre ello porque no tengo una respuesta clara. Y no se me había ocurrido ver ese aspecto de la cuestión. A bote pronto, lo que diría es que precisamente “Fueras de serie”, que insiste en el poder de la trama, también tiene un capítulo dedicado a la importancia del esfuerzo (lo de las diez mil horas necesarias para ser un virtuoso), y tal como lo presenta una cosa no contradice a la otra. Pero es verdad que el énfasis en el poder de la trama puede desmotivar, y conocer esa verdad sería contraproducente… Yo creo que ya nos han salido más casos de “conocimiento peligroso” por aquí, quizá este sea uno más.

    Gracias, wraitlito, pero ¿por qué va a ser un problema la necesidad de colofones morales? El problema sería olvidarnos de la moral con la excusa de la trama…

    • Aloe dijo:

      “El poder de la trama” no tiene por que ser desmotivador, todo lo contrario. Solo tendria que serlo si se presentara “La Trama” como si se tratara de una sociedad secreta todopoderosa, o de una ley determinista y lineal. Justamente es todo lo contrario, y tus tres ejemplos hacen hincapié precisamente en ello.

      Por ejemplo, en educacion el argumento no es “Como todo conspira en tu contra, no puedes hacer nada“. No es eso lo que estás contando, o no es eso lo que yo entiendo.
      El argumento sería distinto y sería doble: “Como la trama educativa y el contexto son reguleros tirando a malos, no tienes que sentirte como una mierda porque no obtengas óptimos resultados, …pero al contrario, podrías sentirte el rey del mundo si obtienes mañana resultados mejores que ayer, mejores que lo esperable en el contexto desfavorable aunque no sean la bomba”
      “Y quien sabe si vas a dar, poniendo reflexion, empeño y talento, con el punto arquimédico de tu madeja particular de hilos, de tu nodo de la red, y cambiar el sistema al menos localmente, como el tipo de Karachi”

      Las “tramas”, el contexto, en las que vivimos, pensamos, actuamos, no son estáticas tampoco. Siempre están cambiando, aunque no drástica y repentinamente (por regla general). Lo que llamas contexto creo que es lo que se viene llamando en antropología “cultura humana”, y la tension en su interior entre lo que permanece en el tiempo y lo que cambia con el tiempo es una de sus características más definitorias y más difíciles de comprender. O eso me parece.

  11. smakant dijo:

    El problema sería olvidarnos de la moral con la excusa de la trama…
    Después de estudiar a Luhmann durante un tiempo, cuyo interés primordial ha sido convertir todo en sistemas y des-sustantivar todo, para no comprometerse ontológicamente con nada, me doy cuenta que acaba siendo una postura tan metafísica como la contraria, si bien, la moral queda descalificada en virtud de los “funcionamientos del sistema”.

    • Federico dijo:

      “Yo soy yo y mis circunstancias”. Vamos, que no sólo somos “yo”, smakant, sino también somos en función de las circunstancias. Y viceversa. Y detrás de todo eso… ¿el alma? Pero ése ya es otro tema.

      • smakant dijo:

        la circum stantia es literalmente lo que me rodea, lo que me beneficia o me supone un esfuerzo porque amenaza mi integridad de algún modo. Yo no hablo de alma. El yo orteguiano se puede comparar fácilmente con el sistema de Luhmann, porque ambos beben de la fenomenología. Yo lo que pregunto es, dónde queda el ámbito de libertad (que posibilita juzgar una acción), que es capaz de oponerse al universo entero.

  12. Paseante dijo:

    Me van a disculpar por publicar un comentario sin haber leído con total detenimiento cada uno de esos posts encadenados y más aún por no haber leído ninguno de esos libros e incluso por desconocer la existencia de algunos de esos escritores.
    Pues bien, a pesar de todo lo anterior, lo que puedo decir es que tienen ustedes muy desarrollado el gusto por los trucos de magia, el gusto por sorprender, por el chascarrillo, por presentar unos hechos que pueden tener una explicación muy simple y que sin embargo se intentan utilizar para convertir la simplicidad en una gran teoría.
    Vamos a ver: ¿qué hay de contradictorio en curar una impotencia obligando a confesar ese padecimiento? Sinceramente no veo ni lo contradictorio, ni la novedad. Al confesar la impotencia se está forzando una solución haciendo frente al problema, pues de hecho la impotencia como mejor se mantiene es intentando ocultarla, que es precisamente lo que conduce a los impotentes a un sinvivir que acrecienta su impotencia.
    Desconozco si el descenso de criminalidad en Nueva York está bien justificado atendiendo a la limpieza de las pintadas del metro aunque me permito dudar de que esto fuese así, más aún cuando en este caso la teoría de las ventanas rotas me parece que está mal aplicada.
    Es bien cierto que cuando una casa comienza a tener aspecto de abandonada, ante la primera ventana con un cristal roto se detienen los chavales para seguir rompiendo más cristales, es lo mismo que sucede como expresión de extrema crueldad cuando esos mismos chavales encuentran una “ventana rota” en alguno de los compañeros de clase que no sabe defenderse, es más retrasado en algún sentido o tiene algo que ocultar de lo que se avergüenza,…
    En todos esos casos se ataca a quien demuestra ese abandono o inferioridad, pero que yo sepa el problema de la ciudad de Nueva York no era el daño que se le causaba al metro que era quien padecía las pintadas, sino los asesinatos.
    Puede que un mal ambiente influya en el incremento de la delincuencia pero si es así no veo que esa teoría de las ventanas rotas explique nada al respecto. Puede, por ejemplo, que si los chavales rompen una ventana se animen a romper más o a destrozar un coche, y puede que en una ciudad donde todo parece abandonado algunos crean que una muerte más o menos nadie la notará, pero incluso aceptando esto parece muy arriesgado dar por cierto que la limpieza del metro redujo el número de asesinatos (si dejé de leer algo en los artículos y lo comprendí mal, disculpen).
    En cuanto al jabón y las enfermedades vuelvo a decir exactamente lo mismo: ¿de qué se sorprenden? ¿dónde está la novedad?.
    En China, a lo largo del siglo XX, quedó demostrado que la higiene, sin la utilización de antibióticos o medicamentos para manejar los síntomas, podía conseguir tanto como se suponía que en el resto del mundo estaba obrando la herencia de Fleming.
    Regalar jabones y animar a una correcta utilización es motivo más que suficiente para reducir multitud de contagios. ¿Por qué llamamos a esto trivial? Mejor llamemos absurdo a buena parte de lo que ofrece el negocio medico-farmacéutico.
    No se molesten por lo siguiente pero podría caricaturizar lo acontecido en todos esos posts que han terminado en el actual con la imagen de un grupo de onanistas que disfrutan mencionando autores y títulos de libros, y que para sentir que también son humanos, de vez en cuando tocan lo que suponen trivial, aunque distanciándose de inmediato con la visión sistémica y las iluminaciones de Bateson.
    Todo muy académico, sin novedad y sin aportación alguna original, como si el objetivo fuese el ya citado onanismo de los nombres: Gawande, siiii, sigue,…. Bateson, siii, dame más,… Douglas Adams, si, si, si, aahhhh.
    Sinceramente, este blog está pidiendo a gritos las notas a pie de página.

    A pesar de lo anterior encuentro interesantes algunas de sus recomendaciones y comentarios.

    Que pasen unas Felices Fiestas

  13. pseudópodo dijo:

    Pues nada, Paseante, me disculpas por no haber leído con detenimiento tu comentario. Felices fiestas para ti también.

  14. francisconoma dijo:

    Ya el primer post de la serie me recordó este texto de Ortega (mi pie forzado):

    Recuerde el lector el pequeño drama que en su intimidad se disparaba cuando, viajando en automóvil, ignorante de su mecánica, se producía una “panne”. Primer acto: el hecho acontecido tiene, para los efectos del viaje, un carácter absoluto porque el automóvil se ha parado, no un poco o a medias, sino por completo. Como desconoce las partes de que se compone el automóvil, es éste para él todo indiviso. Si se estropea, quiere decirse que se estropea íntegramente. De aquí que al hecho absoluto de pararse el vehículo busque la mente profana una causa también absoluta y toda “panne” le parezca, por lo pronto, definitiva e irremediable. Desolación, gestos patéticos: “¡Tendremos que pasar aquí la noche!”. Segundo acto: el mecánico se acerca con sorprendente serenidad al motor. Manipula con este o el otro tornillo. Vuelve a tomar el volante. El coche arranca victorioso, como renaciendo de sí mismo. Regocijo. Emoción de salvamento. Tercer acto: bajo el torrente de alegría que nos inunda fluye un hilito de emoción contraria: es un dejo como de vergüenza. Nos parece que nuestra reacción primera y fatalista era absurda, irreflexiva, pueril. ¿Cómo no pensamos que una máquina es una articulación de muchas piezas y que el menor desajuste de una de éstas puede engendrar su detención? Caemos en la cuenta de que el hecho “absoluto” de pararse no tiene por fuerza una causa también absoluta, sino que basta, tal vez, una leve reforma para restablecer el mecanismo. Nos sentimos, en suma, avergonzados por nuestra falta de serenidad y llenos de respeto hacia el mecánico, hacia el hombre que sabe del asunto.

    Que venía precedido de estos párrafos (que también yo extracto y reescribo):

    … lo que acaso constituye la raíz última de todas las actuales angustias y miserias, a saber: que tras varios siglos de continuada y ubérrima creación intelectual y habiéndolo esperado todo de ella, empieza el hombre a no saber qué hacerse con las ideas. No se atreve a desentenderse de ellas porque sigue creyendo, en el fondo, que es la función intelectiva algo maravilloso. Pero al mismo tiempo tiene la impresión de que el papel y el puesto que corresponden a todo lo intelectual no son los que le fueron atribuido. ¿Cuáles deben ser? Esto es lo que no se sabe.
    Cuando se están sufriendo esas angustias, decir que provienen, como de su raíz, de cosa tan abstracta parece, al pronto, una ridiculez. A lo cual se opondrían dos advertencias. Una: que no he visto nunca parecerse nada la raíz de la planta a su flor ni a su fruto. Probablemente, pues es condición de toda causa no parecerse nada a su efecto. La otra es ésta: hay ciertas ridiculeces que deben ser dichas, y para eso existe el filósofo. Al menos Platón declara literalmente, en la coyuntura más solemne, que el filósofo tiene una misión de ridiculez.

    (Del libro “Ideas y Creencias”).

  15. francisconoma dijo:

    (Primero, para salvar la ridiculez: de lo que habla el segundo texto es lo que pseudópodo llama el “Fracaso de la Ilustración” (post “La ilustración vista desde el Ave”, 1oct09)).
    De ahí al problema de “Cómo arreglar España”, que traducimos “A la busca del punto arquimédico”.
    ¿Nos fiamos de que se encuentra en el campo “cultural”? Yo me fío, y prosigo tras el punto arquimédico tanteando en ese campo:

    -¿Televisión? No. Prueba: “Los Simpson”, cap. “Bart al futuro”:
    Presidente Lisa: “¿De dónde viene este agujero en nuestras arcas?”
    Consejero Milhouse: “¿Recuerda que la anterior Administración decidió invertir en los niños de América?… Error total.”
    Y desarrolla: “El baloncesto nocturno sólo les enseñó a trasnochar y los desayunos equilibrados crearon una generación de delincuentes hiperdesarrollados”.
    (Recordemos los cultos cargo de los ZPCs -“Cargo 2.0”, 19may09).
    No se puede decir más claro y, son los Simpson, no se puede decir más alto.

    -¿Cine? Creo que no.
    Todo el cine denuncia nunca, que yo sepa, ha mejorado realmente nada.
    Ningún cine con o de ideas (y no ya arte y ensayo, sino “Wall-E” o “Ratatouille”) ha elevado un alma social.
    Explicación: el cine es un arte, no un estrado: muestra las tensiones en las fibras de su época, no crea época.

    -¿Libros? Deberían, pero hoy por hoy no lo parece.
    Los especialistas no cejan en su esfuerzo de acercarse a divulgar: con suerte, quedan como curiosidades o “jardines en que refugiarse”; más que ayudar al público a elevarse, sugieren al especialista que se banalice.

    -¿Prensa, conferencias, cursos…? O sea, la técnica de Ortega (frente al “punto arquimédico”, lo que podríamos llamar los “puntos de anclaje”).
    Su tiempo parece absolutamente pasado y perdido. La prensa debiera tener un prestigio y un rigor de los que carece por completo (por no extenderse: “Antología de bodrios XVIII: Todo cae”, 16dic09).

    -¿Internet? No es exacto, pero me remito a la Perca del Nilo (comentario en “Andrés Ibáñez: Cambiar el mundo”, 8may07, y “Científicos locos”, 8oct07).

    -¿Universidad? No lo sé. De verdad que no lo sé.¿Podría ser el soporte nuestro, la avanzadilla, el jabón regalado en el Metro de Nueva York? Se trata de elevarse, de lograr que las mentes se exijan a sí mismas; se trata de “estar a la altura” (“Uso de razón”, 26mar09).
    ¿Tal vez podría la Universidad plantarse y “aquí no entra quien no diga qué volumen tiene el cuerpo de 1000 g” -“Tenemos un problema”, 14sept11-, y, además y sobre todo, que la sociedad la siguiera? No lo sé. Tal vez, tal vez.

    Quizá nos sirva traducir de nuevo: el problema es que “La gente esté a la altura” (precisamente hoy, cuando no queda aula con tarima). Si vale la traducción,entonces, lo primero, sin duda, es que haya una altura a la que subirse y en que estar.
    ¿Puede hacerse de la Universidad ese escalón, primer escalón?
    Y si es así, ¿cómo? ¿Dificultando el ingreso? Pero si a las conferencias de Ortega iban hasta toreros, ¿nos atreveremos?, ¿o siquiera tendría sentido?

    Todos estos vericuetos sólo para buscar responder, y para gritar pidiendo auxilio en la búsqueda, a la pregunta: ¿DÓNDE ACTUAMOS?

    ((Adenda: “Lo que realmente importa no son las cosas sino sus relaciones”, “Dos palabras resumirían esta metafísica: sola structura. O una sola: matemáticas” -“De Salobral a Schrödinger”, 28oct09-)).

  16. pseudópodo dijo:

    Francisconoma, tengo que poner los enlaces a tu comentario… y estudiarlo como Dios manda. Después de Nochebuena tendrá que ser. ¡Un abrazo!

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