[50 libros] #07 Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente

Hay que empezar por aclararlo de entrada: aunque publicado en una colección que se titula “Narrativas hispánicas”, éste no es un libro de ficción. Es una confesión. La historia en primera persona de la relación de un hijo con su padre, y de cómo la enfermedad y la muerte de éste lo cambian todo.

Es un libro que puede parecer trivial: el autor no ha tenido que tejer ningún argumento ni inventarse ningún personaje, y tampoco nos cuenta nada excepcional. Al contrario, hay muchos hijos únicos (cada vez más) de padres separados (cada vez más) y entra en el orden natural de las cosas que esos hijos tengan que acompañar a sus padres en la enfermedad y la muerte. Y sin embargo, creo que es muy difícil escribir algo así, encontrar el tono exacto que permite hacer público algo que normalmente habría sido un diario privado, y conseguir además que se lea con interés durante doscientas páginas. El texto parece espontáneo, una confesión de corrido, pero hay una notable alquimia de escritor detrás.

Marcos Giralt Torrente nació en 1968 y es nieto de Gonzalo Torrente Ballester, escritor que, ignorado por el público durante décadas, conoció una fama explosiva en los años 80 cuando se adaptó para la televisión su novelón Los gozos y las sombras. Pero el abuelo materno apenas aparece aquí. La presencia continua es la del padre, el pintor Juan Giralt, aunque muchas veces, en toda la primera mitad del libro, es su ausencia la que está en primer plano.

Los padres del autor se separan cuando él tiene ocho o diez años. Es una separación civilizada: pasan incluso las vacaciones juntos, su padre le visita a menudo, le lleva al cine y a exposiciones, le compra regalos, está al tanto de su vida… Pero no basta. Con la adolescencia va naciendo el resentimiento. Un párrafo resume muy bien estos años:

Vivo con mi madre. La veo por la mañana, por la tarde y por la noche. Es ella quien paga mi educación, quien me viste, quien me da de comer. Es ella quien percibe mis carencias, quien busca soluciones y trata de satisfacer mis deseos. Es ella quien me enseña a comportarme en sociedad, quien me marca el camino, quien me convence de lo contrario cuando proclamo que no quiero estudiar una carrera. Casi nada de lo que me sucede le pasa inadvertido. Es ella quien me endereza, quien me anima si lo necesito, y yo, por mi parte, le correspondo en lo que puedo. Afrontamos los contratiempos juntos, sin ayudas. Mi padre no está, mi padre es una presencia intermitente. Mi padre crea cápsulas de tiempo fuera de la cotidianeidad. Si consigo vencer su coraza, puedo participarle mis preocupaciones, pero sus consejos, sin conocer realmente cómo es mi vida, sin el refrendo de la ayuda material, resultan extemporáneos, inadecuados incluso. Ni siquiera le otorgo la autoridad de poder dármelos. La mayoría de las veces no se los pido. Lo mantengo al margen.

El rencor, el resentimiento, me asaltan constantemente. ¿De qué lo acuso? De todo. [p63]

Esto me parece interesante. Hay muchos padres que ven poco a sus hijos y suelen escudarse en que, a cambio, les dedican “tiempo de calidad”. Hace ya tiempo que, siendo yo padre, me he dado cuenta de que eso es o un espejismo o una excusa de la mala conciencia. Primero, porque la calidad sólo puede salir de la cantidad (puede que el 20% del tiempo proporcione el 80% de las satisfacciones, pero ¿cómo saber a priori cual va a ser ese 20%?). Segundo, porque ese presunto tiempo de calidad es artificial, son esas “cápsulas de tiempo fuera de la cotidianeidad” que detestaba el joven Giralt Torrente.

El sutil análisis, sin maniqueismos ni clichés, de ese rencor, del profundo efecto que una separación, aún la más civilizada, tiene en un hijo, es algo que por sí solo justifica todo el libro. Pero hay más. El joven resentido se hace adulto, el padre envejece y enferma, y en su desvalimiento sólo encuentra apoyo en su hijo: Desde entonces, sin darme cuenta, me convierto en su padre, dice Giralt Torrente [p112]. No me quedo en la periferia, lo acompaño en el mismo centro del dolor. Sin cápsulas de tiempo.

Y esta inversión de papeles es la que propicia que se cierre la vieja herida del rencor; que se salden las cuentas pendientes, que, en fin, el padre y el hijo (¿pero quién es quién ahora?) se hagan más sabios. Y a la postre, que nosotros podamos leer este libro y ser un poco más sabios también.

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11 respuestas a [50 libros] #07 Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente

  1. “Primero, porque la calidad sólo puede salir de la cantidad (puede que el 20% del tiempo proporcione el 80% de las satisfacciones, pero ¿cómo saber a priori cual va a ser ese 20%?)”
    Sin duda tienes razón, encima es lo que pienso también del tema que discutimos antes: los recursos que destina el estado a la educación
    🙂

  2. Emilio dijo:

    Como sé que es frecuente despachar este tema con un reproche a los hombres sin más quiero traer una cita de un libro que leí recientemente, que abre la posibilidad de un análisis mucho más en profundidad y matizado. La cita esta extraída del libro de Louann Brizendine con título: El cerebro masculino, y dice así: “Los investigadores de la Ohio State University han observado que las convicciones del padre acerca del grado de participación que debe tener en la educación del niño no cuentan; es la madre la que lleva la voz cantante. Descubrieron que las madres pueden alentar a los padres abriendo la puerta de su participación, o pueden ser críticas y cerrar la puerta.”
    Del libro de Marcos Giralt no puedo decir nada porque no lo he leído.

  3. josele dijo:

    Si el presunto “Tiempo de calidad” está fuera del “tiempo de la cotidianeidad”, ¿no será que lo cotidiano es, más que cantidad, lo que verdaderamente aporta calidad -la qualitas, el qua (el quid) de la cosa-, puesto que es el marco estable, el metro que permite comparar lo que merece la pena y lo que no?

    ¿Será esa cotidianeidad la que permite que las parejas estables se den cuenta de que no es el cambio, la falacia de la novedad, lo que merece la pena, sino la sorpresa en, de, la constancia, esa que reta a la verdadera constancia (el caos, lo impredecible), la que permite ser lo que uno tiene que ser -padre, hijo…-?

    Estar en tu sitio, mantener la palabra dada… a la madre, ante el hijo…

    saludos

  4. pseudópodo dijo:

    David: touché 😉 Pero no te doy la razón del todo: hay cosas que se sabe que no aportan gran cosa y son caras (ejemplo: pizarras electrónicas) mientras que otras son decisivas (capacidad de los profesores). Así que no estamos tan a ciegas para recortar…

    Emilio, no sé si ese estudio es muy riguroso, pero no me extraña nada la conclusión. En mi experiencia, las mujeres son decisivas en todo lo relacionado con los hijos, son las “líderes naturales” y lo que haga el padre está muy influido por lo que deje hacer la madre.

    josele: esa es la cuestión. La cotidianeidad es lo que cuenta en la familia, estar ahí, atento, disponible, rutinario incluso, pero sólido y fiable. Lo demás es mezclar las cosas. Es algo que llevo pensando bastante tiempo y me gustó en este libro lo explícitamente que salía la idea.

    • jeje… Sin duda se puede recortar mejor o peor, y muy posiblemente estaríamos de acuerdo en dónde estaría mejor. O casi de acuerdo.
      Lamentablemente si que estaremos de acuerdo en que todo apunta a que recortarán, demasiado, y mal.

  5. Athini Glaucopis dijo:

    El artículo al que hacía referencia más arriba Emilio se puede encontrar aquí:

    http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18540767

    Su título es “Maternal gatekeeping, coparenting quality, and fathering behavior in families with infants” y sus autores son Schoppe-Sullivan SJ, Brown GL, Cannon EA, Mangelsdorf SC, Sokolowski MS.

    Este es el “Abstract”:
    The present study examined the role of maternal gatekeeping behavior in relation to fathers’ relative involvement and competence in child care in 97 families with infant children. Parents’ beliefs about fathers’ roles were assessed prior to their infant’s birth. Parents’ perceptions of maternal gatekeeping behavior (encouragement and criticism) and coparenting relationship quality were assessed at 3.5 months postpartum. The authors assessed fathers’ relative involvement and competence in child care using a combination of parent report and observational measures. Results suggest that even after accounting for parents’ beliefs about the paternal role and the overall quality of the coparenting relationship, greater maternal encouragement was associated with higher parent-reported relative father involvement. Moreover, maternal encouragement mediated the association between coparenting quality and reported relative father involvement. With respect to fathers’ observed behavior, fathers’ beliefs and parents’ perceptions of coparenting relationship quality were relevant only when mothers engaged in low levels of criticism and high levels of encouragement, respectively. These findings are consistent with the notion that mothers may shape father involvement through their roles as “gatekeepers.”

  6. Aloe dijo:

    Parece deducirse del texto que si su padre hubiera dado “ayuda material” y no hubiera ido con “coraza” le hubiera tenido menos rencor, o ninguno.
    Me temo que ambas cosas desgraciadas pueden suceder con padres que están en casa, y pueden no suceder con padres que no están, pero que para empezar, dan ayuda material. Eso otorga mucha más credibilidad al amor que se dice tener, y otorga más autoridad a los consejos, por tanto.
    De mi padre, que era un padre antigua usanza y con famllia numerosa, no recuerdo que estuviera jamás implicado en las cenas, baños, compras, deberes, rodillas sangrantes, amigdalitis y demás cotidianeidad. Estaba trabajando, el hombre, y además no daba confianzas ni ofrecía cercanía. Si embargo, de alguna forma estaba siempre ahí, además de ser el Tribunal Supremo de la casa y el Ministro del Interior, que se enteraba de todo. Lo suyo, visto con criterio de ahora, era “tiempo de calidad”, no de cantidad. Pero esa era la forma normal de ser padre antes, y a todo el mundo le parecía bien.
    Eso es porque si se lleva una vida católica tradicional, todo lo que está mal cuando pertenece a la vida moderna, pasa a estar bien automáticamente. Sea un padre viajante que no está nunca, un padre lejano al que hay que pedir permiso para hablarle o una madre que tiene niñera porque se lo puede permitir, aunque no le haga falta estrictamente.
    También tener ocho o diez hijos está siempre bien, aunque significa que el tiempo que se dedica a cada uno es poco, y que la gestión cotidiana de la prole se lleva necesariamente en plan cuartel. Eso son todo cosas buenas.
    😉

  7. Aloe dijo:

    Ya que esta entrada viene al pelo, FELICIDADES a Pseudopodo y a los demás padres en el Día del Padre.
    Espero que las corbatas y las manualidades de los niños os gusten. 🙂 ¡…Y que no falten!
    Que vuestra paciencia no mengüe, que vuestros hijos os llenen de satisfacciones, y que no os falte nunca el orgullo de hacer una tarea tan importante.
    Tener hijos es bastante agotador, pero al final, eso es lo que el tiempo nos deja, es lo que tenemos y la verdadera riqueza.

  8. pseudópodo dijo:

    Pues no han faltado las manualidades, ni siquiera la corbata, aunque era de azúcar y venía en una tarta (mejor así). Por lo demás, sí, agotador, sobre todo con gripe 😦 Pero por una vez estamos de acuerdo del todo: esta es la verdadera riqueza. Gracias, Aloe.

    • Aloe dijo:

      Espero que no sea solo en una cosa…
      Supongo que no lo parece (y será por mi culpa) pero a mi me gusta discutir mucho, es verdad, pero en realidad me gusta con quien tengo mucho terreno en común, valores, prioridades… con quien no tengo terreno común es que ni sé discutir ni me parece interesante.
      Seguramente soy a veces demasiado ácida o tocahuevos. Pero no me sale comentar para decir solo “qué bonito y qué de acuerdo estoy”. Ya lo siento… 🙂

  9. Emilio dijo:

    Aloe gracias por la parte que me pueda tocar como padre. Al igual que pseudopodo en este asunto estamos de acuerdo.

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