[50 libros] #09 You are not a gadget, de Jaron Lanier

Ante todo: You are not a gadget está traducido al español (en editorial Debate) como Contra el rebaño digital. Y es el libro más interesante que llevo leído en lo que va de año.

Jaron Lanier es un personaje singular, y no sólo por llevar rastas con 51 años. No es habitual haber pasado tres años como pastor de cabras, entrar en la universidad a los 13 y abandonar un trabajo pionero en gráficos de ordenador a los 20 para ejercer de comadrón (¿existe la palabra?) durante tres años. Finalmente, Lanier se asentó como ingeniero informático y en los años 80 fue uno de los pioneros de la realidad virtual. Le ha dado tiempo también a desarrollar una carrera paralela como multiintrumentista y compositor de óperas, sinfonías y ballets estrenados en todo el mundo. En 2010 tuvo el honor de figurar en la lista de los 100 personajes más influyentes de la revista Time.

Nada más empezar el libro, Lanier da en el clavo enunciando un principio fundamental: que lo más importante de una tecnología es cómo cambia a la gente. Algo en lo que insistió una y otra vez Neil Postman, y que Lanier parece haber descubierto por su propia experiencia, al encontrarse que cambios triviales en una interfaz informática, como añadir un botón o rediseñarlo, pueden alterar completamente el comportamiento del usuario.

Los tecnología cambia a la gente y por eso trabajar en tecnología de la información supone, se quiera o no, hacer ingeniería social. Los tecnólogos crean extensiones de nuestro ser: ojos y oídos que actúan a distancia, como las webcam o los móviles, memorias expandidas como los datos que buscamos en la web… Estas extensiones se convierten en nuestra manera de interaccionar con el mundo y las personas. De modo que los tecnólogos alteran nuestra visión del mundo, pero no con argumentos o persuasión, sino de una manera más eficaz: modificando nuestra experiencia cognitiva.

Las tecnologías de la información son entonces un desafío: tenemos la oportunidad de crear desde cero instrumentos que potencien lo mejor de nosotros, o todo lo contrario. Esta libertad supone un dilema moral… o debería suponerlo, porque en la práctica es una libertad ilusoria. Hay un problema que no suele reconocerse, un problema clásico de cualquier tipo de tecnología pero que aquí adquiere un papel central.

Hay quien lo llama fenómeno QWERTY. ¿Por qué son esas las primeras letras del teclado? No porque sea el mejor diseño sino porque hace muchos años se convirtió en estándar, y lo hizo, más que por sus méritos, por un fenómeno de realimentación positiva. Si hay una proporción algo mayor de teclados QWERTY, merece la pena aprender a escribir con ellos, y si la gente aprende a escribir con ellos, se comprará máquinas con ese teclado, con lo que cada vez aumenta la proporción de esos teclados, etc. Es lo que en inglés se llama lock-in: un diseño se queda “anclado”, a menudo un poco por azar,  y no hay manera de cambiarlo ya por otros. Ejemplos clásicos son el ancho de las vías, o el estándar VHS de video frente al Betamax.

¿Por qué es este anclaje tan decisivo en las tecnologías de la información? Porque la complejidad del software se dispara con el tamaño de los programas. Hacer un programita es divertido, pero mantener una aplicación profesional, en la que participan además muchos programadores, se convierte en una tortura. Si además esa aplicación tiene que interaccionar con otras, en la práctica es imposible hacer cambios significativos en el diseño. El fenómeno del anclaje se potencia enormemente, además, por la ley de Moore: el crecimiento exponencial de la tecnología hace que decisiones minúsculas, inicialmente sin importancia, se amplifiquen hasta convertirse en reglas inalterables de nuestra vida. Un diseño aparece, llena un nicho y se convierte en la práctica en inalterable. No es casi nunca el mejor, sino el más fácil de programar, el más viable políticamente, el más a la moda o simplemente el que tuvo más suerte.

Lanier da varios ejemplos: el sistema operativo UNIX, concebido nada menos que en 1969 y que ha condicionado una infinidad de diseños posteriores, el propio concepto de archivo informático, usado casi universalmente, o el estándar MIDI para la música por ordenador. En todos los casos, el lock-in hace que esa libertad para explorar diseños e instrumentos que prometían las tecnologías de la información sea una quimera. Así, el MIDI, concebido para describir sólo música de teclado, ha limitado enormemente la música creada o procesada con ordenadores, es decir, casi toda la música que escuchamos (algo que al músico Lanier molesta especialmente).

Pero el auténtico problema es mucho más grave. Como cada vez dependemos más de la tecnología de la información para acceder al mundo y comunicarnos, es de temer que el fenómeno del anclaje nos afecte a nosotros mismos: que lo que ocurrió con los teclados o las notas musicales puede ocurrir pronto con la definición del ser humano. En internet ya está dándose ese fenómeno, dice Lanier. Se ha pasado de la antigua web abierta, hecha de páginas personales (peronal pages) tan variadas como las propias personas, a una web 2.0 en la que la presencia se estandariza acomodándose a las categorías cerradas de un formulario (como en Facebook), se hace anónima (como en los comentarios de los blogs) y se fragmenta y remezcla por los agregadores de contenidos, hasta el punto de que la red parece cobrar vida por sí misma y la gente, las personas conectadas por esa red, desaparecen de la vista. Si la web inicial potenciaba la creatividad individual, la actual se está anclando en un modelo, el de las redes sociales, que fomenta la mentalidad de rebaño.

Y ese proceso no es casual: tiene unos ideólogos, seguramente bien intencionados,  pero perversos en sus efectos. Lanier los llama maoistas digitales: son gente como Kevin Kelly, Chris Anderson, Vernor Vinge, Ray Kurzweil o Marvin Minsky. Los acusa de crear una pseudorreligión con sus mitos escatológicos sobre la noosfera, el advenimiento de la singularidad, o la emergencia de una conciencia  colectiva en la web. Esas ideas se están convirtiendo en la ortodoxia entre los tecnólogos, y son ideas deshumanizadoras. En su base está la visión de que la gente se ha quedado obsoleta y su destino es ser subsumida en algún ente ciber-suprahumano.

*  *  *

Esto es sólo el principio, pero vale para abrir boca. Lanier dice muchas más cosas y muy interesantes;  alguna saldrá sin duda en futuros posts. Pero mi recomendación es que se compren el libro: merece la pena.

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16 respuestas a [50 libros] #09 You are not a gadget, de Jaron Lanier

  1. AlbertodeFco dijo:

    De un tiempo a esta parte no hago más que encontrarme con reflexiones a este respecto. Hay una teoría, que no sé si Lanier cita, llamada Extended Mind, que viene a decir que nuestar mente se extiende gracias a las herramientas cognitivas: un reloj, unj libro, un bloc de notas, Internet…

    Yo también soy de la cuerda que piensa que algo va a emerger de todos nosotros conectados, pero también veo la actual web como una pérdida respecto a esa de páginas webs, blogs y foros abierto a todos (lo de las páginas web personales como el summum de Internet… eran onanistas y nada conversacionales).

    Hace unos días invité a Luis Montero (publicista/filósofo/novelista… con un curriculum algo menos extraño que el de Lanier, pero también raro) a participar en una clase que di en Brasil vía Google Docs, sobre el exocerebro. El resutado fue este: https://docs.google.com/document/d/1yBL6lx33Wctet6G1zRrQGktt4qaNI5eIbKI0D2ioWa0/edit

    Mezcla portugués y español, pero se entiende.

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  4. loiayirga dijo:

    En varias ocasiones de joven (antes de los 30) me teñí el pelo muchas veces con gena (color caoba) y una vez con un tinte artificial completamente de rojo. Aún hoy día a veces se me pasa por la cabeza (nunca mejor dicho) teñirme de nuevo.
    Pero qué quieres que te diga: con rastas no me veo.

  5. loiayirga dijo:

    Aunque no aborda el problema general que planteas en la entrada, mi comentario trata de un aspecto en el cual Internet nos “modela” o “moldea”. Cada tonto con su tema.

    Yo le he leído a José Antonio Marina que la facilidad o dificultad de acceso a las drogas condiciona el mayor o menor consumo de éstas. Del mismo modo…
    Imaginemos que en cada casa existiera una puerta (la puerta de una habitación más) que diera paso a un burdel. Quiero decir: que estar con una prostituta fuera tan sencillo como eso, abrir una puerta y allí estaba ella disponible (pagando claro). No conocen ustedes al género humano si piensan que el uso de prostitutas sería absolutamente el mismo que ahora. El ingenuo argumentaría que el que quiere ir va y el que no quiere no va, lo tenga difícil o lo tenga fácil.
    Las tecnologías nos facilitan unas cosas y nos dificultan otras y de ese modo nos encaminan hacia unas o hacia otras.
    A lo que iba, Internet ha creado una tecnología que permite tener pornografía gratis desde casa al alcance de un clic. Supongo que esto es especialmente relevante para el que consumía pornografía antes de que existiera Internet, pero esta tecnología la tiene hoy en día cualquiera y condiciona a todo el mundo. Sé que la masturbación ha existido siempre, no tengo ni idea en qué medida existiría para los adultos casados de los tiempos de mi padre o de mi abuelo. Sé que la pornografía no es algo de ahora pero creo que esa “facilidad” que ha propiciado Internet necesariamente configura para muchos su modo de vivir el sexo. No es posible que sea una “facilidad” neutral e inocente.
    ¿Qué posibilidades tendrían en tiempos de mi abuelo los hombres de ver mujeres desnudas? ¿Sabrían unas parejas de qué modo se comportaban en la cama las otras? Por fuerza el simple hecho de la existencia de escenas de cama en el cine ya modifica sustancialmente el modo de vivir el sexo porque lo hemos convertido en algo común, público, con la posibilidad de que existan modelos a imitar, cosa que no existía antes.
    Mi padre se quejaba hace años de aquellas escenas. Decía que sin él decidir nada, sólo por ir al cine, lo convertían sin su permiso en “mirón”.
    La pornografía al alcance de un clic en Internet es una pendiente que arrastra a esa condición.
    ¿De qué modo influye en los que hemos conocido esas tecnologías ya adultos?
    ¿De qué modo configura el sexo de los adolescentes y los jóvenes que se han criado ya “desde siempre” con esa posibilidad tan a mano?
    (La pregunta me ha salido así, con lo de “a mano” no quería hacer un chiste).

  6. Guajiro dijo:

    “Las redes sociales como modelo que fomenta la mentalidad de rebaño”
    Hermosa la alegoría etológica. ¿Es tuya o de Lanier?

  7. AlbertodeFco dijo:

    #loiayirga, a ese respecto es muy interesante este arículo:

    http://www.reuniting.info/download/pdf/TheGreatPornExp.pdf

    El porno y la prostitución alimenta una pulsión que en principio se autolimita, tiene su propia homeostasis, al contrario que la droga. Lo mismo ocurre con otra pulsión humana, el deseo de conocer, la curiosidad, que se expresa como ansia de conocmientos profundo pero también como ansia de conocimiento de cotilleos sociales, o de resultados deportivos.

    Internet alimenta esas pulsiones. No sé si altera los niveles homeostáticos previstos por la evolución, peor creo que sí…

  8. Pingback: Hackestabilidad | Vapor de hojalata

  9. loiayirga dijo:

    Alberto, muchas gracias por el artículo. Voy a ver si me lo imprimo y consigo terminarlo. I am a bit slow reading English.

  10. Javier dijo:

    Hombre, yo no es por quitar mérito al libro, que seguro que lo tiene, pero me parece un poco una obviedad que la tecnología cambia la manera de vivir de los humanos, para eso la creamos, si nuestra vida fuera lo mismo después de todo este recorrido, eso sería lo realmente sorprendente. Esa idea, desde luego se nos puede pasar a todos por la cabeza. Lo realmente complicado es discernir primero, qué cambios concretos puede desencadenar cada nueva tecnología que aparece a lo largo de la historia, y, rizando el rizo, aventurarse a pronosticar si esos cambios llevan a algo bueno o malo, sea lo que sea que eso puede significar. En la medida que el libro y el autor propongan un respuesta a esas preguntas, si es que la tienen, podría parecerme interesante su lectura. Aunque desde luego yo me conformaría incluso con una descripción de los cambios tanto sociales como culturales que tecnologías anteriores han ido produciendo en la humanidad, eso ya me parece lo suficientemente difícil para justificar la lectura del libro, que por lo menos me tienta a su lectura, al fin y al cabo es un tema que me interesa, y si dices que es el libro más interesante que has leído en lo que llevamos de año, más todavía.

    Yo también vi por televisión hace un tiempo un reportaje en el que se narraban los resultados de un estudio que investigaba los efectos de un consumo prolongado de pornografía en el comportamiento de los sujetos del experimento. No es que me pareciera un estudio demasiado riguroso, pero por si a alguien le interesa concluían, entre otras cosas, en que llevaba a una banalización de las relaciones sexuales y a una mayor tolerancia a la promiscuidad. Vamos, que como en muchos casos, tampoco hacía falta un estudio para llegar a esas conclusiones. Ahora bien, mucho me temo que hay muchos factores ahí que considerar, se me ocurre por ejemplo la edad de “inicio” en el consumo, y otras circunstancias personales que puedan llevar a atenuar o a agravar los efectos de este consumo.

    Por otro lado, si ya me parece difícil predecir los efectos de cualquier cambio tecnológico o cultural en un individuo, tanto más pronosticar su efectos globales o agregados o como decía si éstos llevan a algo bueno o malo.

  11. pseudópodo dijo:

    Alberto, el artículo sobre el exocerebro me da un error cuando intento acceder a él (Google me pide que vacíe la caché y elimine las cookies(?)). No había oído hablar de la teoría de la Extended Mind y Lanoer no la cita; pero acabo de ver que uno de sus “padres” es David Chalmers, que es un tipo bien interesante… así que dejo aquí el enlace con el artículo que parece que inició la idea, para cuando tenga un rato para leerlo (acabo de darme cuenta de que el blog, aquí mismo, está funcionando como mente extendida 🙂 )

    loiayirga, el tema del porno es aquí un off topic como la copa de un pino… pero es muy interesante lo que planteas y el artículo que ha enlazado Alberto tiene muy buena pinta (lo he imprimido para leerlo tranquilamente). A lo mejor podemos convertirlo en un post. Seguiremos informando.

    Guajiro, la expresión es de Lanier y parece que al traductor también le ha llamado la atención porque lo del “rebaño” lo ha llevado al título de la versión española.

    Javier, que la tecnología cambia la forma de vivir sí es obvio, pero no lo es tanto que cambie a la gente. Creamos la tecnología para que nos facilite la vida, pero no para que cambie nuestra manera de ser, que es la idea de Lanier y de Postman (lo enlazo aquí ya que no lo hice en el post). El asunto es que la tecnología tiene unas consecuencia deseadas y unas no deseadas. Cuando una tecnología tiene éxito es porque nos proporciona las consecuencias deseadas, pero está por ver cuales van a ser las no deseadas y qué dimensión van a tener… Lanier creo que tiene buen olfato para detectar cuales están empezando a ser las consecuencias no deseadas de la web 2.0, y tiene la ventaja de que no es un luddita, sabe de lo que habla, y da algunas ideas concretas sobre lo que puede ir bien y lo que puede ir mal. Aunque te advierto que lo mejor del libro es la primera mitad, luego se desdibuja un poco tratando demasiadas cosas con menos profundidad.

  12. AlbertodeFco dijo:

    Te he invitado como colaborador del artículo a tu mail psudopodo de gmail

  13. Pingback: La bella y simple deshumanización tecnificada « Libertas ¡!

  14. ¿Cuando va a tener cuenta de Twitter este blog?
    Saludos

  15. pseudópodo dijo:

    Hola, Daniel. No quiero tener twitter para no saturar mi ancho de banda (cerebral, me refiero)… bastante tiempo pierdo ya online. Tampoco creo que le aportara nada al blog. La mejor manera de estar al tanto de lo que se publica o comenta es con un lector de feeds; ahora que han matado a Google Reader yo uso Feedly que va bastante bien.

  16. Pingback: Hackestabilidad | Bianka Hajdu

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