[50 libros] #14 Lágrimas socialdemócratas, de Santiago González

Pues sí, he leído este libro. No me lo habría comprado, pero me lo regalaron, y tenían motivo: me gusta el blog de Santiago González; me parece un periodista inteligente, con reflejos y con una cultura muy por encima de la media en su gremio.

Este libro no es una crónica de los años de Zapatero, sino un análisis de la peculiar mentalidad del que fue nuestro presidente. Podríamos definirla con una palabra, el buenismo: creer que todos los males vienen de malentendidos, de superestructuras o de las insidias de los malos, pero nunca de los corazones nobles de la gente común. Y a la vez, confundir los deseos y las posibilidades (el pensamiento Alicia, lo llamó Gustavo Bueno), valorar más las buenas intenciones que la eficacia de los actos, creer que la educación es la solución a todos los problemas, y sobre todo, tener la necesidad de ser apreciado como bueno.

El libro se lee bien y documenta las ramificaciones de un “desparrame sentimental” que no fue exclusivo del presidente, sino que impregnó al gobierno entero y aún diríamos que a la sociedad a todos los niveles. Es extraño leerlo ahora: lo que era un libro periodístico, de actualidad, se ha convertido en siete meses desde su publicación en un documento histórico, de interés para los antropólogos y sociólogos que quieran entender a un personaje inverosímil y a una época remota… que vivimos hace tres o cuatro años.

Entonces no sabíamos lo que era la prima de riesgo ni conocíamos la verdad del déficit, pero tampoco importaba. Porque no era la verdad la que nos hacía libres, sino la libertad la que nos hacía verdaderos: José Luis dixit (et pixit).

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4 respuestas a [50 libros] #14 Lágrimas socialdemócratas, de Santiago González

  1. El buenismo es uno de los defectos que encuentro más disculpables. Desde luego, es mejor que su contrario. Pero he de añadir que por lo general el término ha servido como coartada. Demasiado frecuente ha sido eludir el debate moral en política aludiendo al buenismo de quien, desde enfrente, intenta poner en evidencia la aceptación acrítica del “mal necesario” en los asuntos públicos. Con Zapatero le ocurrió así a mucha y muy variada derecha, que se había acostumbrado al “malismo” sin complejos de Aznar. Sí, de Aznar, aquél que criticaba las doctrinas de “apaciguamiento”, el que consideraba como una debilidad moral la solidaridad con la suerte de los inmigrantes, el que justificaba que la defensa de los intereses de occidente requería dejarse de tolerancias, sincretismos, multiculturalismos y relativismos. Zapatero intentó, en alguna de sus políticas, conectar con los valores y los sentimientos de buena parte de la población que seguimos “atrapados” en el valor de la compasión y del relativismo. Muchas de sus decisiones no eran buenistas, sino buenas, pero columnistas como Albiac, Herman Tertch, Losantos, Dávila y alguno más, suministraron a sus lectores de derechas la coartada para salir de la perplejidad de ver que el enemigo, Zapatero, defendía lo que ellos habían aprendido en el colegio de curas o de monjas o lo que escuchaban en la homilía dominical: la clave fue enfundarle el sambenito de “buenista”, para que nadie pensara que, a veces, era bueno, y pudieran defender a políticos “malistas” sin cargo de conciencia.

    Un ejemplo magnífico es la dichosa alianza de civilizaciones (cuyo único defecto es las mayúsculas con que quisieron escribirla, es decir, el énfasis). Zaplana dijo que era un bonito título para un trabajo de una colegial. Albiac, tan seducido por los modos israelíes de solucionar los conflictos, aplaudió emocionado, y al final se convirtió en el hazmerreir de toda la derecha mediática. Pero intentar contactos civilizatorios con el Islam es algo que, sin mayúsculas, siempre han propugnado los mejores políticos del siglo XX, la mayoría, demócrata-cristianos.

    Por eso creo que el defecto de Zapatero no fue el buenismo: fue su tendencia a abusar de las mayúsculas.

  2. pseudópodo dijo:

    Quizá el problema, más que en el buenismo o el malismo, está en la experiencia y el sentido de la realidad. Después de Zapatero creo que ha quedado claro algo que debería haber sido siempre evidente: ser presidente del gobierno es un trabajo que exige mucha cualificación, pero tenemos un sistema que no exige nada excepto saber medrar en un partido y engatusar al electorado… condiciones ambas no precisamente correlacionadas con el sentido de estado y la experiencia de la vida real.

    Si el infierno está empedrado de buenas intenciones no es porque estas sean malas. Al contrario, son buenas. Pero ser bueno es muy difícil, y no digamos cuando estás al mando del gobierno. Las buenas intenciones son precisamente el ingrediente más barato de la receta que hace un buen gobernante.

    Pero de todos modos, Miguel, para la política prefiero tu blog 😉

  3. Sertorius dijo:

    Uno de los peores efectos del mal es que nos acostumbramos a el, lo asumimos y tendemos a pensar que es inevitable y cotidiano. la pretension del mal es siempre cambiar su lugar por el del bien.
    En la respuesta del señor Esponera a tu comentario en el blog se ven estos efectos. La defensa de la bondad de Zapatero es que unos deslmados a los que cita y señala por su nombre se aprovecharon de la inexperiencia y de algunos excesos de sobreactuacion del expresidente para azuzar a ese grupo tan manipulable grosero, tozudo y simplon que es la gente de derechas para rechazar unas ideas que eran de natural buenas (es decir de izquierdas)
    Se repite el esquema. Se citan los personajes satanizados: Aznar, Losantos, Albiac (Todos con cuernos y rabo) a los que se puede sacudir porque son de goma. Se identifica a la izquierda con bueno y a la dercha con malo (o con tonto) y ya esta. Si se es una persona culta y educada como lo es el señor Esponera se puede añadir un poco de autocritica pesarosa, pero solo en la forma, jamas en la sustancia.
    Lo mas impresionante es que los que no somos de la cuerda nos hemos acostumbrado al discurso y no nos choca. La primera vez que lo lei me parecio correcto y creo que a nuestro amigo Pseudopodo le ha pasado igual.
    Aznar es malvado y es una caricatura. Palo a los disidentes. Correcto ¿no?
    Por cierto. No creo que Rodriguez Zapatero sea buena persona. Ni que tenga buenas intenciones. A mi me parece Tartufo encarnado. Solo palabras y teatro. Y los Tartufos me parecen siempre, los peores.
    Pero, claro, esto es solo una opinion, yo soy una muy buena persona y pienso bien de todo el mundo, por tanto soy bueno y si alguien no esta de acuerdo conmigo sera porque es malo.

  4. pseudópodo dijo:

    Sertorius, me ha dejado pensativo tu comentario (pero no tres días, claro, es que ando mal de tiempo).

    Es cierto que en España el discurso dominante es el de izquierdas. Precisamente Santiago González tiene un capítulo que se titula “Cierta superioridad moral” sobre el cliché de que la izquierda son “los buenos”. Zapatero una vez explicó que sus hijas le decían: “¿Verdad, papá, que los de izquierdas somos los que nos preocupamos de los demás mientras los de derechas sólo se preocupan por ellos mismos?”. Que dijera eso en público sin sonrojarse (por mucho que fuera en un mitin) da una idea de lo generalizado que está ese fariseísmo naïf.

    No sé si eso me ha influido para tener la guardia baja ante el comentario de Miguel de Esponera. Lo cierto es que leo su blog porque me parece certero y nada sectario, a pesar de que él seguramente se definiría como “progresista” y yo no (veáse por ejemplo este comentario: ¡qué pocos “progresistas” han salido a decir algo así!). Supongo que esta opinión personal me influye más que el discurso dominante, porque desde luego no lo comparto.

    No sé si Zapatero era hipócrita o sincero, no me gusta hacer juicios de intenciones, pero de lo que no me cabe ninguna duda es de que fue un incapaz. Y además demostró unas pretensiones no diré que mesiánicas, pero sí de intentar modelar la sociedad con sus criterios y de dejar a la derecha fuera del “cordón sanitario”, algo que es muy peligroso y revela a un radical de salón, un inmaduro irresponsable. Aunque fuera con buenas intenciones, que esas se las supongo a todo el mundo.

    Pero no me gusta hablar de política aquí, y creo además que la actitud personal importa mucho más que la ideología, de hecho, la ideología suele ser una pantalla para no pensar y para tener una coartada para no actuar (hay un comentario de loiayirga en su blog que viene muy a cuento, creo que tiene mucha razón…).

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