Diez mandamientos para la era digital (I)

Hace unos días hice una reseña del libro de Douglas Rushkoff Program or be programmed: ten commandments for the digital age. Ya que, cayendo en el tópico,  dije que era un libro “imprescindible”, y ya que no está traducido al español, he escrito un resumen para el blog. No pretendo ser exacto ni exhaustivo; ni tampoco fiel del todo al original sino a lo que yo he entendido e interpretado. Ni siquiera estoy siempre de acuerdo con Rushkoff. Pero creo que son ideas muy interesantes que hay que difundir y discutir.

* * *

1) No estés siempre online

Los ordenadores operan de modo secuencial. Entre comando y comando, el tiempo no transcurre para ellos. Son perfectos por eso para una comunicación asíncrona (como el correo electrónico), no intrusiva y que facilita la reflexión y el control. Usarlos para una comunicación permanente en tiempo real sobrecarga nuestro sistema nervioso y produce ansiedad y dispersión.

2) Vive en persona

Los mass media están sesgados a favor de lo distante frente a lo local. Por eso, promueven los intereses lejanos frente a los de tu vencindario, y favorecen a las grandes empresas frente a las locales. Internet parece que devuelve a éstas la posibilidad de competir, y a las personas la de no ser sólo receptores pasivos sino de reconectarse con sus semejantes. Pero estos contactos a distancia son sólo sucedáneos del contacto personal. A menudo, incluso lo perjudican: es tan fácil conectarse vía Internet que la usamos por defecto, incluso cuando sería bien sencillo el contacto cara a cara.  Debemos evitar esta trampa explotando la capacidad de interacción a distancia de Internet sin sacrificar nuestras interacciones directas, cara a cara, no mediadas.

3) Elige “ninguno de los anteriores”

Los medios digitales son eso, digitales. Por eso no casan bien con la naturaleza analógica, continua, difusa de nuestro pensamiento. En ellos todo está discretizado y encasillado (status: single / in a relationship / married). A menudo nos dan muchas casillas, pero el caso es que nos obligan a encasillarnos. Esto nos hace menos libres, más predecibles; consumidores que a su vez son datos para estudios de marketing. Y nuestras elecciones (los feeds que leemos, las webs que visitamos o los tweets que seguimos) se convierten en un filtro que crea a nuestro alrededor una burbuja que estrecha nuestro mundo.

4) Nunca tienes razón al 100%

La tecnología digital favorece las respuestas en blanco o negro, sin matices. Está sesgada contra la complejidad. Todos los conocimientos se tratan como datos, que están ahí, para cogerlos. Se ignora la dimensión de proceso que da profundidad al aprendizaje. Pero los hechos sin contexto no sirven para construir argumentaciones sensatas. Cada bando usa los que convienen a su postura preestablecida. En lugar de tener un debate más rico, nos encastillamos en tribus.

Cada adelanto tecnológico hace menos compleja nuestra experiencia del mundo. Cada vez sabemos menos de nuestra tecnología y somos menos conscientes de que lo que nos ofrece no es la realidad, sino un modelo simplificado. Un modelo numérico, en última instancia, que necesariamente deja fuera muchos aspectos. Nuestra creciente dependencia de la tecnología digital puede así empobrecer nuestra experiencia. Esto no niega la utilidad de estos modelos: son enormemente útiles, pero engañosos si olvidamos que la realidad es algo muchísmo más complejo.

(Continuará).

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7 respuestas a Diez mandamientos para la era digital (I)

  1. Alejo Urzass dijo:

    Me alegro de que vuelva sobre el tema tal como prometió. Si estos mandamientos son parte de la intención del libro, he de decir que la voluntad del autor me parece bien diferente (lo contrario, incluso) de la idea que me quedó de la anterior crónica. Me quedé en la idea, en aquella ocasión, de que la intención del libro era animar al mundo a la inmersión tecnológica como quien anima a la gente a hacer deporte como si se tratara del camino a la inmortalidad por la vía de la salud y el cuerpo perfectos. En cambio, en estos “mandamientos” se apunta al necesario distanciamiento, al uso higiénico. Espero los siguientes.
    El video enlazado (la conferencia de Eli Pariser), del que tuve noticia hace algo así como un año, lo tengo muy presente en mi uso habitual del medio.

  2. Federico dijo:

    Hace poco tuve una experiencia que viene muy a cuento. No pretendo ponerme como ejemplo de virtud. De hecho debo aclarar que soy un poco ordenata-adicto y que mi trabajo es más in silico que in vivo (he constatado algunos efectos al respecto… pero dejemos ese tema por ahora). Durante muchos años defendí mi condición de bicho raro que no tiene móvil con uñas y dientes (en realidad no fue una batalla tan cruenta), hasta que, hace un par de años, me quedé sin línea telefónica fija y me decidí a dar el paso. Hasta aquí todo bien, muy bien, diría. Considero que fue una buena decisión y le he sacado mucho provecho al aparatejo. La verdadera historia comienza ahora, tras este prolegómeno autobiográfico. Desde hace un tiempo venía coqueteando con la idea de hacerme con un smartphone. Son tan chulos! Hacen unas cosas tan increíbles! Al final, hace cosa de un par de meses, una mañana de sábado en la que no sabíamos qué hacer, cedí al deseo y me compré uno. El más barato, eso sí. Estaba alucinado: podía hablarle (“escribir mensaje a fulanito”, “hola, fulanito, llegaré tarde”), podía jugar (qué vicio el Apalabrados, uff… “fulanito, llegaré aún más tarde”), podía usar el GPS (“dónde está fulanito?”), escribir notas (“Nota: jugar menos al apalabrados”), grabar pensamientos (en palabras, se entiende), leer el email, y mil otras cosas. El caso es que empecé a sentirme poseído por el móvil, y cuanto más “smart” lo consideraba, más tonto me sentía y más tiempo le dedicaba, dejando de lado otros menesteres de más provecho. Entonces reflexioné. Sí, a veces lo hago. Si yo nunca he necesitado todas estas cosas maravillosas que me ofrece este cacharro ¿por qué, entonces, tendría que dedicar tanto tiempo a aprender a comunicarme con él? ¿por qué tanto tiempo dedicado a crearme nuevas necesidades?. Así que me deshice de él, y ahí está, abandonado en algún lugar de la casa. Y yo tan contento. No es que todos tengamos que tirar el smartphone por la ventana, por supuesto que no, sino que cada uno debe estar un poco alerta, y en caso de tener carne tan débil como la mía, proceder en consecuencia. Ea, vaya rollo que he soltado 🙂 Tenía ganas de aporrear un poco el teclado.

  3. Juan dijo:

    Por qué es mejor el contacto cara a cara, que el virtual? lo pregunto porque el punto dos no está acompañado de una justificación que me gustaría mucho leer.

  4. Antonio dijo:

    Pues sinceramente agradezco el resumen que haces, porque mucho me temo que el libro acabe siendo como el de Jaron Lanier que comentaste hace un tiempo: una sola idea repetida a lo largo de demasiadas páginas, por muy interesante que sea esa idea. Por lo que veo en el resumen, en el fondo nada nuevo o nada que no se me haya ocurrido por mi mismo cuando he reflexionado sobre esos temas. Tambien me parece que muchos de los puntos son matizables hasta poder permitir concluir lo contrario. Veo demasiada intencion de romper tópicos sin demasiados apoyos demostrables.

  5. pseudópodo dijo:

    Alejo, he releído el post anterior después de ver tu comentario, porque pensaba que dejaba claro que la postura de Rushkoff era más bien crítica, y la verdad es que veo que con lo que yo decía podía parecer un entusiasta tecnológico a lo Enrique Dans…

    El distanciamiento que predica Rushkoff no es tan obvio ni tan habitual como dice Antonio. Y si aquí no aparecen muchos “apoyos demostrables” es que es un resumen: ¡hay que leerse el libro! (obviamente es mucho más rico que lo que pueda decir yo aquí). En cuanto a Lanier, no creo que repitiera una y otra vez la misma idea. Al contrario, el defecto que le encontraba es que en los últimos capítulo apuntaba demasiadas ideas poco desarrolladas…

    Juan: una razón es que el contacto cara a cara transmite mucha mayor información (no verbal, por ejemplo) y que obliga a mayor compromiso y atención. Lo que no significa que el contacto virtual sea malo (eso es lo que estamos haciendo ahora y es mucho mejor que no tener ningún contacto).

    Federico: nada de rollo, al contrario, me ha hecho mucha gracia. Y es como la vida misma. Yo tengo un Smartphone (Samsung Galaxy) desde que se me estropeó el móvil anterior, hace año y medio, pero me he librado de muchos excesos porque no tengo tarifa plana así que casi nunca me conecto (además, la wifi no me funciona en la mitad de los sitios). La clave es lo de los “menesteres de más provecho”: tenemos que ser muy conscientes de a qué dedicamos el tiempo, y con estos móviles tan listos no solemos tener en cuenta los costes de oportunidad (todo lo que dejamos de hacer porque tenemos el móvil)

  6. Lokito22 dijo:

    hola amigo muy buenos tus textos, por favor abrete una cuenta en facebook para que se propaguen mas por la red
    saludos!!!!

  7. devnull dijo:

    Estoy seguro de que hay una buena intención detrás de todo esto, pero los puntos 1, 2 y 3 me parecen llenos de falacias e incorrecciones. No obstante, con el punto 4 estoy de acuerdo.

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