Diez mandamientos para la era digital (y IV)

(viene de aquí)
 

9) Comparte, no robes

En la tecnología digital, todo son archivos que se copian y todos los recursos son compartidos, por el propio diseño de la red. La red ha potenciado creaciones cooperativas como Firefox o Linux, y es universal la tendencia a la remezcla y el mashup. Pero tenemos que desarrollar las costumbres y la ética para que este ambiente sea productivo. En la vida social lo que evita que robemos no es el miedo al castigo sino el contrato social. Los sistemas de DRM no son una solución, pero tampoco lo es la política de todo gratis. Para empezar, porque no es gratis: el hardware o la conexión de banda ancha siguen costando dinero, así que del trabajo de los autores se sigue extrayendo valor, sólo que en otro punto del ciclo productivo.

El problema de fondo es que nuestras leyes de propiedad valen para el mundo físico (donde si yo te quito unos zapatos tú no los tienes) pero no para el digital, donde todo puede reproducirse (y si yo te copio una canción tú la tienes igual). Hay que retribuir al artista, pero nuestro sistema monetario es un invento del siglo XIII: un sistema operativo obsoleto para la economía digital. Sin embargo, la red hace posible una “moneda P2P” para un intercambio descentralizado. No es necesario ya pagar a otras personas a través de un banco central o una compañía como Visa o MasterCard. Se puede transferir valor de una persona periférica a otra. Está por ver que esta revolución en el dinero arraigue, pero parece razonable en vista de los enormes cambios que ya estamos viviendo.

Mientras llega la posibilidad de retribuir directamente a los creadores, debemos ser conscientes de que el modelo “todo gratis” significa, en realidad, que todo se pague con anuncios, y ya sabemos lo que esto ha significado para la calidad de la TV. Ni las licencias Creative Commons ni el movimiento Open Source deben entenderse como “toma lo que quieras”, sino como contratos sociales para compartir conocimiento y capacidades.

10) Programa o sé programado

USA tiene una grave escasez de programadores. Cuando se estudia informática en los colegios no se enseña a programar. Saber “ofimática” hará a los estudiantes más empleables, pero no los preparará para las tecnologías del mañana. Sólo tendrán la perspectiva del usuario, verán software y hardware como piezas inmutables. Y ellos serán la pieza descartable, la que se tiene que adaptar al ordenador.

Pensamos que la programación es algo aburrido que podemos subcontratar en la India. Pero los medios digitales se están convirtiendo en las interfaces entre nosotros y el mundo; una prolongación de nuestros aparatos perceptivos. Si no somos conscientes de cómo funcionan, van a añadir una nueva capa de confusión y errores a las “ilusiones ópticas” con las que nuestra cognición y percepción vienen de fábrica. Saber programar es el punto arquimédico para participar en la revolución digital y no ser simplemente arrastrados por ella.

La ironía es que es muy fácil aprender a programar: es lo que hacían todos los usuarios de los primeros ordenadores. En los años 70, muchos colegios de los USA lo enseñaban a alumnos de doce o trece años. Los que pasaron por aquellas clases no se convirtieron, en general, en programadores profesionales, pero sí salieron con una visión clara de lo que un ordenador es y pude hacer: no era para ellos la lámpara de Aladino.

Pero la lección no acaba ahí. Para quien había abierto lo ojos, el mundo entero empezaba a verse como lo que es: conjuntos de reglas desarrollados para promover ciertos resultados. Cuando los sesgos de esas reglas quedan expuestos, todo puede cambiar. El mundo puede ser “hackeado”.

La evolución de la informática ha ido en el sentido de alejar al usuario y hacer interfaces supuestamente “amistosas” que nos “ayudan” a hacer cosas en realidad triviales, pero de un modo que no las entendamos (¡el infame clip de Microsoft Office!). Los fabricantes quieren que el PC tenga, bien gordo, el cartel de las TVs: Hazard of electric shock! No serviceable parts inside, para que a nadie se le ocurra hacer algo por sí mismo.

Pero poder hacer algo por nosotros mismos, poder programar nuestro mundo, es precisamente la gran promesa, el núcleo duro de la revolución digital. Es una oportunidad única en la historia de la civilización, pero sólo la aprovecharemos si los ciudadanos (y no una pequeña élite al servicio de las corporaciones) somos activos y la ponemos a nuestro servicio. La tecnología sólo nos sirve cuando la hackeamos.

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8 respuestas a Diez mandamientos para la era digital (y IV)

  1. demairena dijo:

    qué buen punto este último!

  2. Ramonmo dijo:

    Pues yo no entiendo lo de la retribución a los creadores. ¿Qué tal si aplicamos el viejo principio de que a cada cual se le paga por el trabajo que realiza? Es decir, que el que reciba el encargo de hacer una canción cobre por ello; pero a lo que no tiene derecho es a cobrar por una copia que quien la hace (gastando tiempo y recursos) soy yo.

  3. pseudópodo dijo:

    A mí también me lo ha parecido, demairena

    Ramonmo, pero lo que dices ¿en qué se diferencia de lo que dice Rushkoff? El habla de que no se cobre por copiar pero sí se retribuya al creador, no necesariamente cada vez que le copias algo: puede ser un donativo, por ejemplo. Yo no creo que sea imprescindible la retribución y que “la cultura vaya a morir” porque los creadores no perciban nada: yo no percibo nada por este blog, por ejemplo. Pero es verdad que le podría adedicar más tiempo y hacerlo mejor si cobrara algo (y me fastidia que de vez en cuando aparezcan sin mi permiso anuncios por los que yo no cobro ni un céntimo). Estaría muy bien que a la vez que se da al “me gusta” o se tuitea o se pone un comentario, yo recibiera, por ejemplo, un céntimo. Ganaría muy poco, pero sería una satisfacción.

    Y, por supuesto, hay cosas que sólo se pueden hacer dedicándose a tiempo completo… así que creo que si no hay caminos para que los creadores ganen algo por sus creciones y sólo les queda la posibilidad de hacerlo en el tiempo libre, sí que nos vamos a perder bastante.

  4. ¿No te pareció divertida su rant contra la nada insignificante decisión de llamar Wizard al instalador rollo siguiente-siguiente? Un instalador que lo que hacía era abstraer el conocimiento del usuario y alejarlo del lugar donde pasan las cosas. El último punto es el que resume todo en ese libro… programa o sé programado.

  5. Pingback: Sin esfuerzo no hay paraíso | Versvs

  6. eulez dijo:

    Hazte una cuenta de tuiter, anda 😄

  7. Pingback: Sin esfuerzo no hay paraíso | Versvs

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