[50 libros] #33 El río, de Wade Davis

He querido poner una foto del ejemplar que he leído en toda su tridimensionalidad, en lugar de poner la habitual foto de la portada, por razones evidentes: este es un volumen intimidatorio, con un espesor de casi 6 cm. Como siempre me han atraído los desafíos (intelectuales, aclaro), lo saqué del estante de la biblioteca en el que tan llamativo resultaba, y empecé a leerlo.

Enseguida me quedé enganchado. El prólogo nos sitúa en Harvard, en un homenaje a Timothy Plowman, fallecido en 1989. “Lo adornaban la generosidad, la bondad, la modestia y el honor, y su prematura muerte de sida truncó una carrera inmensamente prometedora”, dice Wade Davis. Más adelante nos enteraremos de que Plowman contrajo la enfermedad al ser vacunado en Perú durante uno de sus viajes de exploración, estudiando la botánica de la Amazonia y las costumbres de sus indígenas. Ambas cosas estaban para él íntimamente ligadas porque era etnobiólogo, y de los mejores. No en vano era el protegido de Richard Evans Schultes, “el mayor de todos los etnobiólogos, un hombre cuyas propias expediciones, una generación antes, habían hecho que se ganara un sitio en la pléyade de Charles Darwin, Alfred Russell Wallace, Henry Bates, y su propio héroe, el infatigable botánico y explorador inglés Richard Spruce”. Wade Davis, también estudiante de Schultes, aunque diez años más joven que Plowman, había sido compañero de exploraciones de éste, y se había hecho íntimo amigo suyo. Ese día en Harvard decidió escribir un libro en memoria de esos dos hombres.

El río no es, pues, una biografía objetiva, sino un homenaje a dos personas queridas y admiradas. A lo largo de más de 600 páginas Davis entreteje el relato de las exploraciones de Plowman en los años 70, algunas acompañado por él mismo, con las de Schultes treinta años antes. Lo hace con habilidad y buen pulso narrativo, con una prosa que consigue a veces una rara capacidad evocativa. Eso sí, no es nada fácil mantener a flote una historia de esta envergadura, que alterna episodios de dos o tres épocas distintas y en la que aparecen cientos de personajes (el índice del final tiene 19 páginas y unas 800 entradas). En algún momento uno puede sentirse un poco perdido, pero el libro no llega a hacer agua en ningún momento.

Aunque puede verse como un libro de aventuras (“exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica”, es el subtítulo de la edición española), lo más interesante para mí ha sido otra cosa. Ya que he hablado del índice, echemos un vistazo para ver los temas que se tratan más extensamente: aparte de los términos geográficos, como Andes, Amazonas, Apaporis (río), Bogotá… y de los nombres propios como Schultes o Plowman, nos encontramos con: caucho, chamanes, coca, malaria, peyote, plantas alucinógenas, venenos, yagé.

La etnobiología es una disciplina híbrida entre la botánica y la antropología. Schultes, Plowman o Davis estudiaban las plantas de Méjico o la Amazonia, pero estaban tan interesados en su biología como en el papel de esas plantas en la vida de los indígenas, en especial en sus ritos y su visión del mundo.

Pongo aquí un diálogo característico, para hacernos una idea. Plowan y Davis circulan por una remota carretera de Colombia, y el primero para de repente la camioneta. Ha visto en el talud algo que le ha llamado la atención. Una planta. Mientras la examina, cuenta Davis,

Tenía los ojos vidriosos de los botánicos cuando están a punto de descubrir algo importante. Supe en un instante que había identificado la planta. Incluso él estaba impresionado.

-Es sólo la tercera vez que se ha recolectado –dijo-. Es un borrachero, la planta que para los guambianos simboliza el árbol del águila mala. La Burgmansia sanguinea, subespecie vulcaniola. Schultes la encontró en la falda norte del Puracé. Tres días después el volcán entró en erupción. Por eso la llamó vulcaniola. (…)

-Los borracheros son verdaderos misterios –continuó mientras volvíamos a la carretera-. Siempre se encuentran cerca de donde vive el hombre, en los campos, al lado de las casas, a menudo en los cementerios, pero nunca silvestres. Las semillas son infértiles. Los indios las siembran sólo metiendo una estaca en la tierra. Son nativas de los Andes, pero nadie sabe en realidad de dónde proceden. Es uno de los pocos alucinógenos que Schultes no ha probado.

-¿Tú sí?

-Una vez (…)

-¿Qué pasó?

-No sé. La única manera de saber es tomando la infusión. Después uno no se acuerda. Así que no habrá nada que contar. Sólo la cruda experiencia. Pura, como la locura. –Y suspiró como siempre hacía antes de elevarse en un viaje introspectivo. Condujo un rato sin que ninguno de nosotros dijera nada.(…)

-Willy, ¿has oído hablar de los jíbaros? –preguntó de pronto.

-Sí, en realidad estuve con ellos una vez (…) Se llaman a sí mismos “Shuar” –añadí.

-Así es. Creen que la vida normal es una ilusión: todo lo que uno ve, esa montaña, la camioneta, el propio cuerpo. Las verdaderas causas determinantes de la vida y la muerte son fuerzas invisibles que sólo se pueden percibir con la ayuda de plantas alucinógenas. Cuando el niño cumple los seis años debe obtener un alma externa que lo proteja y le permita comunicarse con sus antepasados. Va con su padre a una cascada sagrada. El niño se baña, ayuna y bebe infusiones de tabaco y otras drogas. Si después de todo eso el alma no aparece, padre e hijo beberán borrachero, la planta de la desesperación.

¿Qué es la realidad, qué es la ilusión? La antropología nos ha enseñado que ha habido sociedades muy diferentes, que viven, en buena medida, en mundos diferentes. La idea de la “construcción social de la realidad” se ha convertido en un lugar común. Pero la etnobiología parece apuntar a algo más radical: en muchas sociedades “primitivas”, las sustancias alucinógenas jugaban un papel muy importante. No se consumían por diversión, sino que formaban parte de los ritos de los chamanes y en ocasiones de las celebraciones de toda la comunidad. Se consideraban vehículos de sabiduría. En realidad, estas sustancias sólo empiezan a merecer el título denigratorio de “drogas” cuando la sociedad se descompone. Eso es lo que ha ocurrido una tras otra con las culturas indígenas, que Schultes o Plowman lograron visitar y conocer poco antes de que nuestra cultura occidental las alienara.

Y esta cultura nuestra, ¿qué relación tiene con las “drogas”? Ya lo sabemos, y desde la perspectiva de la etnobiología, da realmente que pensar.

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11 respuestas a [50 libros] #33 El río, de Wade Davis

  1. loiayirga dijo:

    Las dos líneas finales son las que menos me gustan del post.
    Pueden servir para abrir un debate sobre drogas pero no lo veo claro. Es demasiado genérico eso de “las drogas”. Aunque tú parece que lo das por supuesto (supongo que pensando en la evasión y la diversión) yo no sé qué relación tiene nuestra cultura con las drogas. Sobre todo porque lo de “las drogas” queda demasiado amplio.
    Supongo que todo depende de qué tipo de drogas. Ya sabes que Escohotado diferencia entre las que proporcionan paz, brío y viaje. Yo sé por ejemplo qué papel juegan las drogas de paz en nuestra cultura. Me refiero a los tranquilizantes legales, este caso. ¿Son necesarias para que mucha gente pueda llevar la ajetreada vida que lleva? Escribo con interrogantes porque no sé cómo poner esta última frase para que no resulte una valoración positiva o negativa. Digamos que mucha gente las toma para poder vivir la apresurada vida que lleva. Como sabes yo he sido de estas personas alguna vez.
    Pero parece que tu antropólogo habla sobre todo de drogas alucinógenas. Son las que parece que se usan para el autoconocimiento. No sé si están muy extendidas en nuestra cultura. No se si hoy los jóvenes toman muchas drogas de viaje. El ácido parece más una cosa de otros tiempo pero supongo que aún se consume. Y supongo que si lo hacen lo hacen por diversión. Pero la idea que tengo es que toman más las euforizantes y el llamado Extasis que según Escohotado lo que hace es facilitar las relaciones sociales. Parece que proporciona empatía.
    En el deporte se usan drogas para mejorar el rendimiento. Es decir, para conseguir la excelencia en el deporte se utilizan sustancias de modo ilegal. Savuelescu, (copio de la Wikipedia: He is Uehiro Professor of Practical Ethics at the University of Oxford) tiene publicado un libro en español “¿Decisiones peligrosas?” donde defiende este uso.
    Como hace poco contaba por aquí también defiende el uso de drogas del amor que podrían mejorar las relaciones de pareja para evitar divorcios y familias desestructuradas.
    Estos días justamente se ha celebrado en Valencia un congreso de Bioética (aunque no puedo encontrar nada en Internet) en el que Julian Savulescu e Ingmar Persson defienden que necesitamos emplear la tecnología urgentemente para convertirnos en mejores personas.
    Así de sorprendente suena la historia.
    “Nuestro conocimiento de la genética y la neurobiología están comenzando a permitirnos influir directamente en las bases biológicas y psicobiológicas de la motivación humana, bien sea mediante drogas, a través de la selección o ingeniería genética, o usando aparatos externos que influyan en nuestro cerebro o en los procesos de aprendizaje.” En todo caso este tipo de drogas aún están por desarrollar. Lo que quieren estos autores es que la posibilidad de Moral Enhancement a través de drogas no sea rechazado antes de empezar el debate.
    Ahí dejo la posibilidad.

    Dado lo amplio del asunto de las drogas, quízás el post y los comentarios debieran centrarse en el uso de las drogas alucinógenas que parece que son las que más trata el libro que comentas. Yo se muy poco o nada de ellas ni del papel relevante o no que juegan en nuestra cultura.

  2. loiayirga dijo:

    Y el que no conozca la clásica clasificación tripartita la puede encontrar aquí hablando sobre las distintas toxicomanías de los tres tipos de drogas (paz, brío y viaje). Es un artículo de ESCOHOTADO (que se supone que es el que más sabe de drogas en España, o eso es lo que a mí me ha hecho creer).
    http://www.escohotado.com/articulosdirectos/toxicomanias.htm

  3. pseudópodo dijo:

    loiayirga, creo que efectivamente Escohotado es el máximo experto español sobre drogas, al menos en el plano cultural y de usuario (ha debido probarlas todas). El artículo que enlazas es un resumen muy bueno (y largo: aún no he acabado de leerlo). De hecho, después de leer El río me quedé con ganas de conseguir su Historia Universal de las Drogas, me han hablado muy bien de ella.

    Lo que quería decir al final del post, y que ciertamente no he explicado bien, es que me llama mucho la atención el contraste entre el uso de estas sustancias en las sociedades tradicionales que conocieron Schultes y Plowman y su uso en nuestra sociedad, y creo que el hecho de que tengamos un “problema de drogas” es un indicador de que tenemos un problema social. Las sociedades tradicionales, mientras eran funcionales (antes de que los cambios culturales por el contacto con los europeos las alteraran y desestructuraran) no tenían ningún problema de drogas.

    Intento resumir mi planteamiento. Partimos de que hay unas sustancias psicoactivas y que por eso pueden ser peligrosas. Pero en todas las sociedades tradicionales su número era limitado, y eran conocidas desde tiempos inmemoriales. Se habían desarrollado toda una serie de ritos, tradiciones, mitos, etc, que eran como un cinturón protector que neutralizaba sus peligros y, más aún, conseguía aprovechar el poder de estas sustancias de un modo constructivo (o por lo menos funcional) para la sociedad. Estaban integradas en el ecosistema social, en definitiva.

    El problema viene cuando se rompe el equilibrio, por ejemplo porque irrumpen sustancias nuevas, como ha pasado con todas las drogas que cuenta Escohotado, extraídas como principios activos (morfina, cocaína, heroína…). Una nueva droga irrumpe como un cuerpo extraño y no sabemos qué hacer con ella. En cierto modo, es como cuando un virus nuevo entra en una población que no tiene inmunidad contra él. Puede matar a millones de personas, pero no porque sea “muy malo”, sino porque no tienen inmunidad (la gripe, que es trivial para nosotros, mató a millones de indios en América). Creo que algo así pasa con las drogas, aunque no a nivel personal sino social.

    También el equilibrio puede romperse no porque irrumpan drogas nuevas sino porque se destruya la estructura social. Eso es lo que le ha pasado a la mayoría de los indígenas en América. Me llamaba la atención en el libro que cuando las tribus iban perdiendo su modo de vida tradicional era cuando se perdía también la sabiduría que rodeaba las sustancias psicoactivas, las ceremonias para canalizar su poder, y se iban convirtiendo en simples “drogas”. En eso pensaba al escribir la última frase que no te ha gustado: en si nosotros no somos también como esas sociedades indígenas, que nos hemos desestructurado. Y un síntoma es que sustancias que aquí eran tradicionales como el alcohol se están dejando de consumir dentro del contexto social y ritual, y se están convirtiendo en drogas en el mal sentido (adolescentes que beben para emborracharse, y los oyes en el cercanías el lunes por la mañana discutiendo sobre quien se ha cogido “el pedo más grande” el fin de semana…)

    En resumen: yo no creo que las drogas sean intrínsecamente malas. Pero sí creo que son poderosas y por eso hay que desconfiar de cualquier uso que no venga mediado por el cinturón protector de la tradición. Desconfío por eso mucho de los Savulescus… y por otros motivos que no me da tiempo a contar hoy (palabras clave: responsabilidad, carácter, Thomas Szasz…)

  4. loiayirga dijo:

    No está del todo claro que la tradición nos proteja e integre bien las drogas.
    Desde luego no es esa la historia del tabaco. Con toda su tradición y su integración en occidente ha resultado que “perjudica seriamente a la salud”. Es más, estamos cambiando lo que la tradición consideró bueno.
    Pero desde luego parece que aún es peor cuando no hay tradición.
    Lo que desde luego daña mucho (está bien traído lo del virus que nombras) es la introducción de principios activos purificados y nuevos (no mascar hoja de coca, sino la cocaína) para las sociedades que no los usaban. ES cierto que es ahí donde no hay una tradición que nos proteja. Pero no se puede evitar. No se puede pedir que exista una tradición porque no la hay. Nos sucede hoy día lo mismo con Internet, o con los móviles. Irrumpen nuevas tecnologías y nuevas sustancias y no es la generación anterior la que nos puede enseñar unos hábitos buenos de uso. Vivimos tiempos de muchos cambios. Y me temo que las cosas de momento van a funcionar dando tumbos. Prueba y error. Ya me daría con un canto en los dientes si no les trae algún disgusto a mis hijos.
    Se me está ocurriendo que yo lo que debía hacer era ponerme a estudiar en serio todos los ansiolíticos y aprender por mi mismo para su uso. Ya sabes que siempre he tenido un reparo, un rechazo. En realidad es el temor a lo desconocido. Es el miedo que de pequeños nos metieron hacia la “dependencia”. Es el miedo también al “soma” de un MUNDO FELIZ de Huxley. Recuerdo que yo escuchaba de pequeño decir: y están todas esas mujeres americanas que tienen que tomar barbitúricos para dormir porque no son felices y es la única manera. Al final resulta que si Dios no lo remedia voy a terminar siendo una de ellas. (Es un modo de hablar, tranquilo, no me voy a operar de sexo, aunque con la “a” final de mi Nick, lo de LOIAYIRGA me seguía valiendo igual).
    Yo creo que a Savulescu debían financiarlo las farmeceúticas, si no lo hacen ya. Él tiene que remover (sorry) eliminar los obstáculos ideológicos que nos impiden consumir más drogas. Una vez que él haga ese trabajo, las farmaceúticas a vender, porque todas estas nuevas serán legales.
    Savulescu es el profeta del futuro. En una sociedad ya medicalizada, donde lo que la gente pide a los médicos son medicamentos, ¿qué crees que va a pedir la sociedad para arreglar los matrimonios? Pastillas. ¿Y qué crees que pedirá para todo si le ofrecen que hay pastillas para esto y para lo otro? Y con los avances de la neurociencia quizás esas medicinas no estén tan lejos. NO ESTOY DICIENDO QUE ESTO SEA BUENO. Digo que es lo que viene.
    Llevo montones de tiempo diciendo que pondré en mi blog las razones en contra de las drogas de las que Savulescu informa y cómo contra argumenta. Quizás este fin de semana.
    A mi me ha convencido. Sólo me asustan los efectos secundarios.
    Y un video que vi de Helen FISHER hablando en contra de ellos. Pero eso lo dejo para otro día, que ahora no puedo encontrarlo.

  5. pseudópodo dijo:

    Creo que el ejemplo del tabaco no es bueno porque lo que se ha demostrado perjudicial no son sus efectos psicológicos sino los fisiológicos: que provoque cáncer de pulmón es un efecto secundario indeseado, no la razón de su consumo. Al contrario, el tabaco es un buen ejemplo de cómo una droga que al principio puede ser problemática acaba asimilándose y teniendo un rol social si se le da tiempo suficiente.

    En lo que estoy de acuerdo es en que no tiene mucha solución el problema de que no haya una tradición que sepa acomodar los cambios, todo tipo de cambios. Por eso cada vez desconfío más de lo cambios y me hago más conservador. Sistémicamente conservador, ojo ;-). Algún día tendría que sentarme a poner estas ideas en claro (como tú con tus argumentos contra o a favor de Savulescu: a ver si te animas), pero cada vez estoy más convencido de que enfocamos todo esto de una manera equivocada. Por ejemplo, con la dialéctica progresista/conservador, o con la idea de que hay cosas intrínsecamente “buenas” –como los helados de chocolate- y “malas” –como las drogas-. Luego resulta que hay quien quiere restringir la venta de los helados de chocolate por el problema de la obesidad infantil: de repente se han convertido en malos.

    Todo esto es un error: las cosas son buenas o malas no intrínsecamente sino en función del papel que juegan en un ecosistema social, familiar, psicológico… Luego, sí que hay ecosistemas sanos y ecosistemas “degradados” o incluso enfermos. Creo que no somos conscientes de casi nada de esto, y nos llaman la atención cosas irrelevantes. Con todo lo que ignoramos de cómo funcionamos en realidad (de cómo funcionan nuestros sistemas), me dan miedo los que proponen que empecemos a modificarnos. Sólo tiene sentido “mejorar” una máquina cuando se sabe perfectamente cómo funciona. Hay un larguísimo historial de catástrofes ecológicas provocadas con la mejor de las intenciones.

    Y el caso es que lo que dice Savulescu suena muy atractivo y hasta moderado. No he leído mucho de él, sólo lo que he visto en tu blog (me lo descubriste) y este artículo del New Scientist. Y me parece que (a) el futuro es suyo, y (b) seguramente sí está a sueldo de las farmaceúticas (como Punset de Nintendo). Otra cosa es que ese futuro sea bueno…

    P.S.: Creo que es una buena idea lo de estudiar lo que hacen los fármacos. A falta de una tradición, buena es la ciencia 😉 Y si encuentras el vídeo de Helen Fischer, traénoslo…

  6. No usen palabras tan feas como “toxicomanías”, que no viene al caso. ¿Qué relación tenemos con las drogas? La peor que se pueda imaginar. Sin embargo, otras culturas las usan para su provecho. Aprendamos de ellas

    “Plant hallucinogens, such as those of the Duboisia genus called pituri, have been used by tribal elders in Australian aboriginal populations to create managed states of consciousness, to provide their youth with a fast-paced educational experience, and to inculcate values, beliefs and religious tenets. Use of the suggestible states created by such substances (particularly in pubertal initiatory rituals marking the transition to manhood) are part of this process, which contributes to cultural cohesiveness and survival; their effectiveness is due to the unique ability of the biochemical properties of the plant to evoke suggestibility in those who ingest them.”

    http://www.erowid.org/references/refs_view.php?ID=6285

  7. Lo mejor de Escohotado se resume en esto

    “Quienes prueban MDMA no siendo ya jóvenes quedan estupefactos al ver que entre adolescentes ayuda a provocar un frenesí de derviche danzante o ministro de alguna ceremonía vudú, con atronadores altavoces que impiden hablar a otro y oirle, cuando el efecto primario de este fármaco es aumentar la capacidad de empatía, abriendo lo que muchos psicoterapeutas llaman las puertas del corazón. ¿Será que no aprovechan la pastilla para hablar sentidamente porque toman demasiadas, hasta convertirse en un manojo de nervios? ¿Cuántos de promedio toman media o una pastilla? ¿Pudiera haber algún tipo de aprendizaje crucial a través de la danza? ¿Ha estudiado la Agencia Antidroga alguno de estos extremos? Sus motivos tendrán nuestros hijos para elegir empleo del tiempo libre, y en esta materia nos harán un caso parecido al que hicimos nosotros a los nuestros siendo adolescentes.

    De ahí que convenga ceñirse a lo básico: todo uso de una substancia psicoactiva es un ejercicio de masoquismo si falta amor propio y conocimiento. Con amor propio y conocimiento tendremos el programa clásico de la sobria ebrietas, un ejercicio de prudente hedonismo en vez de imprudente autodesprecio.”

    Escohotado, Antonio. COBAYAS, FARISEOS Y ÉXTASIS

  8. triglifo dijo:

    Precisamente terminé hace poco de leer : “los jíbaros, cazadores de sueños” del antropólogo catalán Josep Maria Fericgla, lectura muy recomendable. Escrita en forma de diario personal, narra las vivencias del autor entre el pueblo suhar, en Ecuador, durante 1993. Su principal objetivo era obtener el máximo de información sobre la ayahuasca y otras plantas alucinógenas (incluyendo su ingesta) así como ser un poco un aprendiz de chamán y obtener información de su manera de ver el mundo.
    Como la zona estudiada no es un lugar remoto de la selva sino de “frontera” con el mundo “civilizado”, con las misiones, los colonos…se ve muy claramente este proceso de degradación al que aludíais: adiciones entre los nativos, obsesión para conseguir los productos de los blancos, envidias y “malicias” nuevas, pérdidas de sus terrenos de caza al arrebatarles sus terrenos los colonos por cuatro duros….Por otro lado, el autor tampoco esconde el carácter belicoso de este pueblo, sus asesinatos por venganzas por ejemplo, cosa más o menos habitual en ellos. Con todo, es la descripción de un pueblo totalmente adaptado a la selva, a un lugar en el que cualquiera de nosotros no duraríamos más de 24 horas, y en esto juegan un papel muy importante las drogas alucinógenas como la ayahuasca. Su imaginería mental, ya sea inducida por medio de plantas o en los propios sueños, y la manera de interactuar con los elementos de esa imaginería es la base de su vida, y el producto de una adaptación de miles de años a un entorno determinado. Da pena ver cómo estos pueblos están siendo aniquilados. El choque con el mundo occidental (desde hace unos cuantos siglos) es quizá demasiado fuerte para que pueda haber una adaptación en la que se pueda integrar el mundo mágico de los suhar con la cultura “del hombre blanco”. Al menos, con trabajos como los de estos antropólogos, algo se puede conservar. Y quén sabe si mucho tiempo después de que estos pueblos hayan sido aniquilados, los descendientes de esos nativos puedan investigar y reintegrar sus raíces.

    Una entrevista al autor que me pareció interesante por cuanto explica cómo cada droga ha configurado la cultura que la consume:

    http://josepmfericgla.org/2011/entrevista-en-la-vanguardia

    Lo que comentaba pseudópodo del conservadurismo me ha hecho recordar el otro día que estaba viendo un reportaje sobre el hombre de Neanderthal y me estaba preguntando cómo podía ser que durante tantos miles de años colectivos de humanos conservaran las costumbres casi intactas: mismas hachas de sílex, misma forma de pintar en las cavernas.(bien es cierto que desconocemos mucho de esas épocas, pero parece que no deberíamos esperar “grandes sorpresas”). Seguramente ese conservadurismo en seguir haciendo lo que funciona (quizá dictado a través de “leyes divinas” o espíritus o lo que sea) es lo que ha permitido a esa especie no sólo mantenerse durante tantos años, sino ser un colchón de seguridad para que algunos ejemplares osados se puedan permitir el lujo de hacer inventos del TBO sin que el grupo esté en peligro en caso de que fracasen…Supongo que esto se podría trasladar a todas las épocas, aunque en la actualidad y en la cultura occidental, la presión del “inventor” es muchísimo mayor que antaño.

  9. pseudópodo dijo:

    Alejo, gracias por los enlaces. Lo que dice el abstract que enlazas no sé si estará muy demostrado, pero suena verosímil. Está claro que en muchas culturas se han usado las drogas “de viaje” como dice Escohotado, de forma constructiva, en las ceremonias de iniciación y en muchas otras. Pero siembre dentro de un ritual, una ceremonia, un “guión” que permite interpretar el viaje, y no como una diversión. Ese es el problema aquí, tenemos un enfoque que es casi el opuesto al de los indígenas, buscando en las drogas alienarnos en lugar de conocernos, apartarnos de la sociedad en lugar de integrarnos en una tradición…

    Triglifo, no conocía a este Fericgla y parece un tipo cuando menos curioso… La entrevista es interesante, aunque yo creo que identificar cada cultura con una droga y explicarla por ella es forzar un poco las cosas… un poco reduccionista, aunque supongo que no se puede pedir mucha finura a una entrevista en el periódico. Pero no hay duda que es un factor importante y que suele olvidarse.

  10. triglifo dijo:

    Sí, totalmente de acuerdo pseudópodo: la entrevista es muy corta y no da más de sí, y es cierto que quizá hace un excesivo hincapié en las drogas como generadoras de cultura. Tiene otro libro (no lo leí) titulado: “el hongo y la génesis de las culturas” en el que habla especialmente de la “amanita muscaria” en la tradición europea y la aparición de los mitos, las hadas, los cuentos…No sé si es exagerado pero me parece interesante indagar en el uso ritual de sustancias psicoactivas en la propia tradición europea.

  11. Pepej45 dijo:

    Hola,
    Totalmente de acuerdo con Alejo Alberdi.

    Aquellas (drogas) formaban parte de unos ritos ancestros a través
    de los cuales, sus iniciados/as trataban de ……..
    Existía un respeto hacia la madre naturaleza, se estaba en
    comunión con ella, no había separación.
    Disculpar que no considere “drogas”, en el sentido “real” a, determinados
    verdaderos venenos que si, que es posible generen a través de determinados
    impuestos suculentas ganancias, y que salidas de los laboratorios
    tratan de emular lo ofrecido por la naturaleza.
    Menuda mafia la quimica y por ende, la farmaceutica.
    Sobre la legalización. Bien, para mi no tiene sentido, pues para un/a alcoholico/a,
    le dará igual de uno de mesa, de cartón o de reserva y no te digo la cantidad.
    ¿Si el alcohol es una droga y esta se equipara con, en que ayuda, si no destruye?.
    “Apliquemos ello individualmente, y no en conjunto.
    “No trate alguno/a justificar su vacío, hundiendose aún mas.”
    Quien trate así de experimentar, tableta de chocolate y dos vasítos de gaseosa……
    Cierto es, que esta sociedad, esta vacía, su ceguera pronto se convertirá en
    verdadera desesperación.
    “La aplicación y el medio no es la correcta, no juguemos a ser chamanes.”

    Voces como Wade Davis, hacen falta, gente integra, con principios y no porretas.
    Pseudo me callo.

    Un saludo.

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