Herramientas – 1: El bolígrafo de Arquímedes

Durante mucho tiempo llevé un diario. Aunque no escribía a diario y nunca lo quise llamar así, mis “cuadernos” me guiaron desde los diecisiete a los treinta y pocos años, de la adolescencia a la madurez. Y es curioso decir aquí que “me guiaron”, porque en ellos no había nadie más que yo mismo. Era yo, pero un yo más reflexivo el que me guiaba; y se convertía en reflexivo por el mero hecho de escribir.

Desde entonces he comprobado cientos de veces que sentarse a escribir tiene el efecto casi automático de aclarar tus pensamientos. Es sorprendente esta influencia de la herramienta. Coges un bolígrafo o una pluma y tus pensamientos dejan de vagar, se anclan, la masa difusa y amorfa se convierte en un encadenamiento de proposiciones. Sujeto, verbo y predicado; planteamiento, nudo y desenlace. Y así entendemos lo que nos pasa, y salimos renovados, como purificados por un sacramento.

Lo curioso es que extraemos sentido de nuestro revoltijo de pensamientos no domesticándolos con una disciplina trabajosa, no con años de meditación zen, no con un esfuerzo proporcional al problema y aplicado directamente a él, sino con un truco, con un señuelo: un simple bolígrafo.

Nuestros pensamientos se anclan al bolígrafo, el bolígrafo los ancla a la gramática y la gramática los ancla al sentido. Y el sentido nos renueva.

Todo ocurre solo, sin forcejeos, por su propia dinámica: he aquí un punto arquimédico.

(continuará)

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20 respuestas a Herramientas – 1: El bolígrafo de Arquímedes

  1. También yo he experimentado esa sensación de que la escritura aclara los pensamientos.
    Recuerdo una vez hace muchos años que volví de una noche de fiesta con amigos y volví con un malestar difuso (no, no era el alcohol, aunque quizás también), era un malestar afectivo. No estaba contento pero no sabía por qué. Me puse a escribir lo que sentía y las cosas se fueron aclarando. Las razones sentimentales de mi disgusto quedaron plasmadas en el papel y todo quedo claro.
    Yo soy un tipo obsesivo, antes era más, y me pasaba muchos ratos dándole vueltas a las cosas. Por ejemplo después de un debate o una discusión con alguien. Tenía que haberle dicho esto y no esto otro, si hubiera argumentado de esta manera y no como lo hice. El caso es que me podía pasar muchas horas repitiendo en mi cabeza las mismas cosas una y otra vez.
    Nada hay mejor para ese tipo de obsesiones que ponerlas por escrito en un papel. Lo que tú dices con lo del sujeto, verbo y predicado: orden. Primero una idea, luego otra, luego la otra. Puede uno ser todo lo exhaustivo que quiera. Y una vez que han quedado como disecados los bichos, pinchados, fuera, sobre el papel, ya no zumban como abejas insufribles dentro de la cabeza. Es así, se acabó la obsesión.
    En fin, la primavera me inspira curiosos símiles que quizás ya leí a otros y olvidé que los leí. Me parecen tan buenos que dudo que sean míos.

  2. Frenzo dijo:

    Interesante lado B a esa frase de Nietzsche, nunca pienso con la pluma en la mano. Pareciera que, a menos que uno sea Nietzsche, el bolígrafo es un buen catalizador de las ideas, o por lo menos ayuda a exponerlas y clarificarlas. Una vez escritas, uno las puede ver mejor, sobre todo porque en el papel (y más aún en la pantalla) ya parecen ajenas.

  3. A este respecto recomiendo ‘El arte de confiar en los demás’ de J. Pennebaker, publicado en España por Alianza en 1994. Sigue siendo un buen libro ilustrativo de un proyecto de investigación en psicología social y, respecto al tema del post, compara dos posibles razones por las que la escritura resulta terapéutica: la opción catártica y la opción de estructuración del pensamiento.

  4. Muy cierto lo que comentas aunque, algunas veces, también suele suceder que, al someterse a la gramática, uno pasa a encajar las ideas segun los dictados de ésta y a alejarse de lo que realmente estaba pensando y quería poder escribir.

  5. Cristina dijo:

    El comentario de Frenzo me ha hecho recordar lo que leí un día sobre Nietzsche y la máquina de escribir. Resulta que cuando Nietzsche empezó a tener dificultades para escribir con la mano, como consecuencia de la sífilis que padecía, compró una máquina que en aquel entonces era un invento completamente novedoso. La cosa es que su forma de expresarse cambió. Su amigo Henrich Köselitz así se lo hizo notar y le escribió esto: “Hasta puede que este instrumento os alumbre un nuevo idioma; mis pensamientos, los pensamientos musicales y los verbales, a menudo dependen de la calidad de la pluma y el papel.” A lo que Nietzsche contestó: “tenéis razón, nuestros útiles de escritura participan en la formación de nuestros pensamientos.” Quizás por eso trataba de no pensar con la pluma en la mano. (He copiado el texto de aquí para no tener que ir a buscar el libro).

  6. Aloe dijo:

    Feliz Dia del Padre, Pseudopodo, y, concretamente, Feliz Día del Padre de Hijos Con Eso.

    Ya sé que es mañana, pero en Madrid lo estamos celebrando hoy, ya que los señores del castillo nos han dado fiesta.
    Que lo disfrutes, que te lo has ganado.

    • bloodykefka dijo:

      Por curiosidad ¿estas de acuerdo con lo que dice Pseudópodo sobre que escribir aclara la ideas?

      Yo en mi caso diría que no sólo escribirlas, sino hablarlas y debatirlas. Al realizar la comunicación, si quieres hacerla de un modo entendible, tienes que pararte a pensar lo que quieres decir, y eso obra el milagro.

  7. Emilio dijo:

    Aunque básicamente estoy de acuerdo con pseudópodo, y se desprende de lo que dice que el idioma y los pensamientos le obedecen bastante bien (hay un trabajo previo importante), añadiría algunos momentos, por ejemplo, cuando te sorprendes a ti mismo, pero también cuando sientes la impotencia de no encontrar el tono o las palabras adecuadas o cuando las idea se te escurren como el agua entre los dedos y no hay más remedio que esperar a que maduren, o sucede lo que dice Manel que la gramática te lleva por donde no querías.

    En cualquier caso nuestros pensamientos se gestan en un magma en el que nuestro control además de limitado solo obedece, en la parte que obedece, a la disciplina de muchos años: los que empleamos en aprender lo que sabemos y el modo en que lo hicimos. Por ejemplo se dice que el estudio de las matemáticas favorece la estructuración del pensamiento. En cualquier caso no somos un ente completamente libre que se hace a su gusto y manera, sino que como en la cocina ponemos los ingredientes en la olla y encendemos el fuego pero el gusto final solo lo conoceremos cuando probemos lo cocinado.

  8. pseudópodo dijo:

    loiayirga, es verdad que la metáfora de los insectos disecados es tan buena que no parece tuya 🙂 Es una buena manera de subrayar que la escritura objetiviza los pensamientos, y la distancia con la que los miras al verlos ahí fuera, como si fueran de otro, ayuda también a ser más reflexivo. Yo creo que esto es otro efecto que hay que añadir al del orden que impone la gramática, que es en lo que me había fijado yo.

    No sabía que había dos teorías sobre el efecto terapéutico de la escritura, Topo, pero a priori no me parece muy convincente la idea de la catarsis… aunque el libro tiene muy buena pinta (gracias por al apunte).

    Manel, bienvenido. Yo creo que la gramática es ciertamente un molde que se nos impone, pero la mayoría de las veces, su rigidez es benéfica; es una de esas limitaciones que sirven para sostenernos en pie y no desparramarnos como una masa amorfa. Esto no quita para que haya experiencias inefables, místicas… pero no creo que el lenguaje las impida, sólo hay que saber aparcarlo y no intentar atraparlo todo en sus redes.

    Frenzo, no conocía esa cita de Nietzsche, y la verdad es que no me creo que fuera verdad. A lo mejor no pensaba con la pluma en la mano porque escribía a máquina, como bien ha señalado Cristina… el caso es que me sonaba la anécdota, y googleando un poco he visto donde lo leí: en Superficiales, de Nicholas Carr. Claro que todos los instrumentos influyen en nuestra forma de pensar (esa es la idea del post… y de la serie) pero es que no podemos pensar sin instrumentos. Si intentamos hacerlo en silencio, sin pluma ni papel, lo que nos solemos encontrar es con una algarabía de pensamientos que no va a ningún lado, y que hay que domar… para lo que la pluma es precisamente el mejor látigo.

    Por cierto, que la cita que yo recordaba de Nietzsche sobre estas cosas era un poco más vulgar: “quien escribe sentado piensa con el culo”. Parece que era un hombre muy exigente, don Federico.

    Emilio, sí, también a menudo se te escurren las ideas cuando quieres fijarlas en el papel, pero quizá es otra situación diferente: hay veces en las que tienes una intuición que (por seguir con tu símil de la cocina) todavía está muy cruda, el papel en este caso lo único que hace es constatar que hace falta más cocción. Y también por supuesto la experiencia es importante. Supongo que este blog debe mucho a lo que aprendí escribiendo esos cuadernos.

    Aloe, de verdad que me emociona tu felicitación. A ver si me acuerdo de ti el día de la madre 🙂

    Martin, te digo lo de bloodykefka: el texto que enlazas es muy largo y no va con el tema del post… sin un poco de motivación, da mucha pereza ponerse a leerlo.

    • bloodykefka dijo:

      Yo lo tengo por ahí guardado (el PDF de Martín), me lo leí por encima y tengo que hacerlo entero. Es básicamente una opinión favorable a Dawkins. Da la sensación de que te trollea XD.

  9. Me ha gustado mucho tu entrada porque precisamente eso es lo que intento hacer ahora, que la escritura me guíe. Es curioso como al escribir se aclaran tus ideas e incluso descubres cosas sobre ti misma que no sabías. Es como si al escribir se presentara ante tus ojos de forma nítida la realidad, tú realidad.

  10. Ana dijo:

    Exacto, dicen los descreidísimos que el efecto de la oración es también ese 🙂 Igual es así, “yu qué sé”, pero es cierto que cuando pones los pensamientos en orden, para escribirlos o para recitarlos a la Providencia, a tu colega de barra y birra o a tu vecino de rellano, todo parece aclararse.
    Buen post, como no podía ser menos viniendo de vos (hala, pareado, y te ha salido gratis :-))
    Besos

    http://frasesdedios.blogspot.com.es/

    • loiayirga dijo:

      Ana, entro en tu blog pero no encuentro ningún lugar donde dejar algún comentario a tus entradas.
      Busco un correo electrónico para mandarte mis impresiones y tampoco encuentro una dirección de correo.
      ¿Es que soy muy torpe y no encuentro lo que busco o es que no quieres que ningún lector te haga llegar ningún tipo de mensaje?

  11. triglifo dijo:

    Me viene a la cabeza la imagen del bolígrafo como un microscopio: focaliza lo que está borroso o indeterminado en nuestra mente. Se gana en claridad pero se dejan fuera muchas cosas.Y yendo más allá, supongo que alguien podría hacer la inevitable analogía cuántica tomando a la maraña de nuestros pensamientos como una nube de probabilidad…

    No sé si ha sido premeditado lo de escoger un bolígrafo y no un lápiz. El lápiz admite equivocaciones, dudas; el bolígrafo te exige más decisión, o el papel acabará convertido en un diseño danzante de garabatos. A mí me parecía que el lápiz, como instrumento de escritura, había pasado a la historia, pero aún veo a muchos lectores de tren de cercanías con su lápiz haciendo anotaciones al margen de sus libros.

    Por cierto, eso que se ve en las películas de cine negro dónde el escritor pasa dos días seguidos sin salir de su habitación, bien aprovisionado de whisky y tabaco, aporreando sin parar las teclas de su Remington (casi sin repetir nada), para salir pitando con el libro bajo el brazo ¿tendrá algo de cierto?

  12. pseudópodo dijo:

    concienciadefaustine, yo empecé a hacer eso hace muchos años y aquí sigo… lo único que lamento es no hacerlo más a menudo o más sistemáticamente. Tenemos demasiadas distracciones, y escribir es también una manera de no dejarse distraer.

    También lo es meditar o rezar, como señala Ana. Lo de la meditación lo empecé pocos años después del diario, pero no llegué a gran cosa. Igual que con la oración, por otra parte (o por la misma…). Ahora estaba leyendo un librito de Pablo d’Ors sobre esto: Biografía del silencio. A ver si vuelvo a ello.

    Triglifo, ¡yo soy uno de esos que va en el cercanías anotando con lápiz en los libros…! 🙂 Lo de hablar de bolígrafo es porque así es como siempre he escrito los cuadernos. Antes, a pluma, pero ahora no tengo ninguna buena. Curiosamente, todo lo demás lo escribo siempre a lápiz (portaminas, en realidad), y corrijo mucho. No me había dado cuenta de la diferencia. Supongo que usar un instrumento que no se puede borrar te obliga a ser más serio con lo que escribes. Es como ir con traje, que te obliga a ir más erguido y a no ponerte en malas posturas… una vez más, la influencia de la herramienta.

    Por cierto, Frenzo: ayer ví de ocasión El día que Nietzsche lloró, de Irvin Yalom, me acordé de que te gustó y lo compré… Ya contaré algo, cuando toque.

  13. Frenzo dijo:

    Uh, espero que te guste también. Los diálogos me habían parecido muy estimulantes. Pero espero a ver qué nos contás (la óptica del universo pseudopódico no deja de sorprenderme).

  14. triglifo dijo:

    Supongo, pseudópodo, que lo de escribir con lápiz en los márgenes de los libros que leemos obedece al respeto que les tenemos. Aunque, todo hay que decirlo, depende del lápiz usado ¡la página puede acabar bien emborronada!

    Hilando aún más fino, diría que es diferente escribir con bolígrafo que con pluma. El bolígrafo se encasquilla cada tanto, provoca discontinuidades, es más agreste …, la pluma es todo fluidez, parece que los pensamientos sean acuosos. Personalmente soy un fan de las plumas.

    Y, desde luego, si nos ponemos con la expresión artística y las técnicas de dibujo y pintura, está clara esta influencia de la herramienta de la que hablas: no es lo mismo dibujar un árbol con un trozo de carbón que con una plumilla o un pincel de acuarela.

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