Herramientas – 2: Acción y reacción

Había pensado muchas veces sobre esta virtud terapéutica del bolígrafo (ver post anterior), pero siempre la había atribuido a que el ritmo lento que impone la escritura y su necesaria estructuración obligan a poner calma y orden en los pensamientos. Es cierto, pero creo que quedarse en eso omite lo principal: la dimensión de dinámica de sistemas que tiene el asunto.

Solemos pensar que las herramientas están a nuestro servicio, son meras extensiones de nuestras capacidades que nos permiten hacer lo que previamente hemos decidido. Es un error: estamos olvidando el principio de acción y reacción. Tenemos un propósito y para cumplirlo usamos una herramienta, pero la herramienta también actúa sobre nosotros. Y a la larga (o no tan a la larga), redefine nuestro propósito.

Cuando empezamos a escribir no sabíamos que la escritura nos iba a cambiar. Sólo queríamos anotar unos recuerdos, levantar un acta o mandar una carta. No era más que una herramienta. Pero cada herramienta tiene una dinámica propia, una dinámica latente (lo que Postman llamaba una idea-fuerza), que sólo vamos conociendo cuando se despliega. Al principio nos sorprende el efecto que escribir tiene en nosotros; es un efecto secundario, imprevisto. Pero con el tiempo lo identificamos, lo aceptamos y acaba convirtiéndose en nuestro principal motivo para escribir.

Nos entregamos entonces a la herramienta, dejamos que su dinámica propia se haga cargo de la situación y nos arrastre. En ese momento nos hemos hecho más sabios. Porque es muchísimo más eficaz tomar un bolígrafo, y dejar que la escritura fluya sin más, que intentar poner orden a pulso en nuestros pensamientos. Hacerlo sin bolígrafo es como intentar desmontar un grifo sin una llave.

En realidad no debería sorprendernos: eso es lo que hacen siempre las herramientas. Pero la sabiduría empieza al darnos cuenta de que las herramientas actúan también sobre nosotros, con una retroacción que es casi siempre es algo latente, imprevisto, que sólo conocemos cuando nos la encontramos.

Esa retroacción de las herramientas, o en general de las tecnologías, es enormemente poderosa. Durante mucho tiempo, los antropólogos dijeron que la herramienta hizo al homo sapiens. Hoy parece que esta teoría es menos popular y está más de moda atribuir el desarrollo explosivo de la inteligencia a las necesidades de la interacción social. Pero interacción social ya tienen mucha los bonobos, y las herramientas nunca son simples herramientas. No me resulta nada raro que el despliegue de las dinámicas latentes en un hacha de sílex lleve muy, muy lejos.

La sabiduría comienza al darnos cuenta de esto, decía. Y continúa, añado, cuando aprendemos a poner esa retroacción a nuestro servicio.

(continuará)

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18 respuestas a Herramientas – 2: Acción y reacción

  1. Jack Lewis dijo:

    Por eso,entre otras cosas, tanta gente escribe un blog.infinitas gracias por el tuyo,Pseudopodo

  2. Isidro dijo:

    Estimulantes entradas. Siempre se ha dicho que sabe más la pluma del escritor que el escritor. ¿Pero por qué? Habrá muchas razones. Una de ellas, aparte las ya dichas, es, creo yo, que, cuando escribimos, queda sentada una idea concreta sobre el papel. Cesa, entonces, el baile y ebullición de conceptos que llevamos en la cabeza. Una vez anotada una idea, nos sentimos obligados a desarrollarla. Es -así lo noto- lo que me ocurre a mí en estos precisos momentos. Nuestros saberes están plegados, implícitos, y la escritura es una forma de explicitarlos. Pero pienso que la conversación (como alguien ha apuntado) también es otra herramienta que nos ayuda a fijar ideas y desarrollarlas, pues exige un orden expositivo y claridad argumental. El bullicio y el caos están más o menos bien, o son admisibles, para el fuero interno, pero no para cuando tratamos con otros. Si transmitiéramos al otro lo que llevamos en la cabeza en un momento cualquiera del día, sólo vería un galimatías demencial. Tanto la escritura como la conversación son herramientas de pensamiento que no requieren de tanta concentración como el cogitar desnudo, pues aquí ha de haber un mayor esfuerzo para centrar la atención sobre una idea particular y evitar la distracción de otras especies emergentes.
    El pensamiento ordenado (solo o en compañía), la conversación y la escritura son, o suelen ser, terapéuticos, pues, cuando actúa la palabra racional, tomamos consciencia y rienda de nuestra vida emocional; al menos en parte. Cuando hay una catástrofe humana (humanitaria se dice en los medios), los psiquiatras y psicólogos tratan de que los sobrevivientes cuenten lo vivido, porque, de esta manera, se impide que las emociones queden fuera del control del sujeto. La palabra, el logos, introduce una suerte de autocontrol psíquico en el sujeto. Sperry hizo experimentos con cerebros divididos que relacionan la palabra y la consciencia. El cerebro mudo es inconsciente. Por eso suele ser buena idea escribir (explicitar) nuestras ideas y emociones plegadas. Cuando lo hacemos, tomamos más control sobre ellas, y ello nos calma la ansiedad.

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  4. loiayirga dijo:

    Dos ejemplos muy concretos me vienen a la cabeza de este “repercutir” de la herramienta en el que la usa.
    La invención del arado es el primero. El descubrimiento de la agricultura hace al hombre sedentario, con todo lo que eso conlleva. Diamond (creo que es él en un libro que has citado en este blog) cuestiona que esto haya sido un beneficio.
    El segundo ejemplo me interesa más. Es la herramienta con la que evaluamos en educación. El examen condiciona absolutamente la enseñanza. El metro con el que medimos los resultados modifica nuestro modo de preparar para obtener esos resultados. La reflexión sobre este asunto es importantísima y ya se hizo una reflexión en este blog sobre el examen. El examen OBJETIVO deja fuera de la enseñanza todo aquello que no sea objetivo. Por ejemplo el gusto que un alumno tenga por la lectura es difícil incluirlo en la nota de literatura. Es más fácil evaluar si se sabe los nombres de las distintas obras de un autor o las características objetivadas en una lista de ese autor. ¿Qué sucedería con alguien que disfrutara mucho leyendo novelas pero no quisiera estudiar la bibliografía de todos los autores ni si son románticos o realistas? Hay asignaturas que podrían tener como objetivo que el alumno le encuentre el gusto a la literatura, a la música o a pensar a preguntarse sobre la realidad (filosofía). De hecho ese objetivo muchas veces aparece en los programas de las asignaturas pero en la práctica eso ni se evalúa ni se pretende. ¿Pero cómo se evaluaría? ¿Con una nota arbitraria del profesor? ¿Y cómo se resuelven las reclamaciones?
    En nombre de la objetividad (es decir, plegados a esa herramienta que hemos inventado : el examen objetivo) lo que se enseñan son listas de obras, listas de características…
    He dicho todo muy atropellado pero volveré sobre este asunto que tenemos que resolver YA. O lo resolvemos nosotros, y el problema es muy difícil, o nadie lo hará por nosotros. (Hoy tengo el día megalómano)

  5. loiayirga dijo:

    “Tenemos un propósito y para cumplirlo usamos una herramienta, pero la herramienta también actúa sobre nosotros. Y a la larga (o no tan a la larga), redefine nuestro propósito.”
    Tenemos un propósito: enseñar a nuestros alumnos, pero para saber si al final del proceso les hemos enseñado (o han aprendido, que de los dos modos puede decirse) evaluamos lo aprendido. Y creada la herramienta de evaluación (a alguien puede parecerle raro que se le llame herramienta a un examen pero para mí es obvio que lo es) has creado en los alumnos la siguiente pregunta: ¿y esto entra en el examen? Y las subsiguientes: ¿Y de qué modo lo preguntas esto en el examen? ¿Preguntas tipos test? ¿Cortas? ¿Largas y de desarrollar? ¿Preguntas de pensar? ¿Preguntas de aplicar lo aprendido? Y el alumno ajustará su esfuerzo de aprendizaje al tipo de examen que le vayan a realizar.

    Y ahora un poco de divagación sobre el asunto. Dado que el uso de la herramienta redefine el propósito con el que la creamos… En lugar de fijar objetivos abstractos para la educación fijemos exámenes.
    ¿Debe la Unión Europea fijar unos objetivos abstractos y comunes para la educación de sus países miembros? No. Eso son pamplinas. Lo que debe hacer es concretar esos objetivos en un tipo de examen con el cual se evaluará en determinado momento a los alumnos. No sé si está sucediendo ya pero no tardaremos. Preparemos para los exámenes del INFORME PISA. Y no me parece mal. ¿Se trata de que los alumnos tengan compresión lectora? Se acabó la historia, la geografía, la literatura… todos los profesores sabrán que el objetivo no es que aprendan de estas materias sino que aprendan a leer todo tipo de texto, textos en los que aparecerán términos históricos, (habrá que aprender el significado de los siglos y la épocas y los reyes), geográficos, literarios… pero todos con un objetivo que los alumnos aprendan a leer. ¿No podría ser ese uno de los grandes objetivos de la educación? De este modo los profesores entenderán que el objetivo es entender textos. Cosa que olvidamos a todas horas.

    Yo quise hace años céntrame en el uso del lenguaje como herramienta a enseñar. ¿Y qué paso? El que quiera saberlo tendrá que esperar a que duerma la siesta. Luego si eso…
    (Continuará) Yo no voy a ser menos que el webmaster.

  6. loiayirga dijo:

    Por cierto, otro ejemplo de herramienta que nos da y nos quita: el lenguaje.
    Para pensar el mundo, para conocerlo inventamos un lenguaje y luego nos hacemos un lio con él porque lo que no tiene nombre parece que no existe y lo que lo que tiene parece que existe aunque su existencia sea muy dudosa. Wittgenstein es el que llamó la atención sobre esto.
    Aunque Hume ya lo había advertido con su crítica a la sustancia o al alma. ¿Además de todas las características observables de una cosa existe algo más “tras ellas” o “bajo ellas” que es la sustancia misma? ¿Existe la rosa misma además de su color, su olor, su peso, su forma….? El lenguaje nos engaña y nos hace creer que hay algo que es la rosa.

    Y Nietzsche también vio este engaño del lenguaje. Los conceptos son fijos, universales, inmóviles, pero se refieren a cosas que son constante fluir. Las características de los conceptos con los que nombramos cosas cambiantes nos confunden sobre las cosas mísmas que son fluidas y pasajeras.

    Pero si siguen ustedes tirándome de la lengua no puedo dormir la siesta. 😉

  7. loiayirga dijo:

    FE DE ERRATAS: Donde dice “y lo que lo que tiene” debe decir “y lo que lo tiene”

  8. Ana dijo:

    Pues yo cojo la herramienta de mi teclado de rebajas de enero para que me ayude a materializar mi pensamiento que no me “sopla” otra idea que ésta: “escribe usted de ilustrísima madre, señor Pseudópodo” 🙂 y permítame el coloquialismo quizás innecesario. No tengo tiempo para más hoy. Un abrazo plantígrado.

  9. pseudópodo dijo:

    Como no sé si luego voy a tener tiempo de comentar, y antes de que loiayirga acabe de dar esa cabezada que tanto necesita, enlazo aquí a un post de hace tiempo donde ya hablábamos de las notas (ojo especialmente a la ley de Goodhart que se menciona en en los comentarios…)

    Gracias Jack Lewis & Ana (me sonrojáis)… y gracias Isidro, también. Es cierto que la conversación también ayuda a pensar pero creo que hay que tener mucha confianza con el interlocutor y conocerle muy bien para que eso funcione, porque si no los silencios, las pausas, pueden ser incómodas… lo normal, además, es que tengamos demasiada prisa para tolerarlos. Yo pocas veces me he beneficiado así de una conversación, pero probablemente he tenido mala suerte (o no he sabido hacerlo bien).

  10. Emilio dijo:

    Estoy completamente de acuerdo con que la visión del mundo de un homínido con o sin hacha de sílex cambia radicalmente. Sus posibilidades de incidir sobre él son considerablemente diferentes y eso lo hace también diferente a él porque a partir de ese momento verá y pensará el mundo y las cosas de otro modo, lleno de unas posibilidades antes impensables. No digamos una revolución como la que supuso el descubrimiento de la agricultura y la ganadería a que apunta Loiayirga.

    Lo del bolígrafo es más personal. Es como si ese ser que capta infinidad de cosas: unas conscientes y muchas más de modo inconsciente, precisase decirse y hablarse a sí mismo, contarse lo que piensa sin saber que ese mismo proceso lo está cambiando. Lo cambiase no con la dimensión del hacha de sílex, quizá con cambios menores pero cambio al fin y al cabo. Visión del mundo diferente desde que uno ha pensado y dicho tales o cuales cosas. El campo de la educación es ese: aprender, y entender que aprender nos cambia, nos hace otros. Pero también que en ese proceso participa todo nuestro ser y no una capa superficial del mismo. Y que es posible el entrenamiento.

    Lo del examen castrante del saber del que habla Loiayirga tiene que ver con la necesidad de control social sobre la tarea de la educación. Por supuesto me parece una aberración lo de preparar para PISA. Quienes mejor lo hacen en esta prueba es justamente porque preparan sin pensar en ella. Me parece fundamental recuperar el deseo de saber y conocer por el placer que produce y no solo para obtener unos resultados perfectamente medibles en una prueba. Para eso seguramente tengamos que avanzar hacia una sociedad donde se piense más en términos de personas y no tanto en términos de géneros, nación, color de piel o clase social.

  11. Alejo Urzass dijo:

    Me está gustando mucho esta serie y ya espero la siguiente entrada. Tiene algo del tipo “la madre de todos los pseudópodos”. Se me ocurren muchas cosas acerca de del tema pero relacionadas con mis temas de siempre, el dibujo como herramienta y después el arte, la escritura como herramienta, incluso la rima como herramienta y luego la poesía, el instrumento musical como herramienta y luego la creación musical… ¡no todo va a ser ciencia, educación o diarios! Pero no me voy a enrollar (no voy a coger el bolígrafo), baste mencionarlo, es otra puerta.
    Otra cosa al respecto de “la madre de todos los pseudópodos”: ha caído en mis manos un bonito cómic y, ciertamente, encuentro cosas en común entre el Feynman que sale ahí y el Don Pseudo que sale aquí. Creo que no es el hecho de ser científicos ambos, sino más bien la forma de abordar e interpretar el entorno, que no creo que sea tan común en la “gente de ciencias”, y es lo mismo que hace interesante a muchos artistas (de lo que sea) y que, por desgracia, tampoco es común entre la “gente de artes”.

  12. Guajiro dijo:

    Pregunto: ¿Por qué prefieres “acción y reacción” a otras expresiones más generalizadas, v.g., “concatenación universal”?
    Si bien es cierto que detrás de la acción y la reacción está latente el más universal concepto de interacción newtoniana, queda siempre un tufillo mecanicista.

    Pregunto: En el contexto de la entrada queda claro que por bolígrafo debemos entender la herramienta gráfica, desde el estilo al teclado. Pero ¿habrá sutilezas entre una y la otra? No conozco a nadie que haga matemática formal usando directamente un editor de ecuaciones.
    ¿Por qué tildamos antes de teclear o después de manuscribir toda la palabra?

    Pregunto: Ladislao Biro era húngaro, pero también argentino. Francisco, Messi, Biro. ¿Habrá recipiente que contenga el ego argentino?
    No, la última es híbrido entre sorna y broma.

  13. pseudópodo dijo:

    Guajiro, me gusta decir acción y reacción porque:
    (1) subraya más la idea del “retroceso” de la herramienta sobre el que la usa (como la escopeta pega un golpe al que la dispara). Es verdad que en el fondo todo es una red de interacciones, pero decir eso puede quedar demasiado vago o demasiado new age…
    (2) La idea de que no hay acción sin reacción creo que es uno de los grandes logros del espíritu humano, por el que nunca estaremos suficientemente agradecidos a Newton…
    Lo del tufillo mecanicista es un precio pequeño a pagar por esto, me parece. Habría que ver, por cierto, hasta qué punto era mecanicista Newton (que se pasó media vida estudiando la alquimia).

    Sobre las distintas herramientas: sí que hay diferencias, claro, y yo tampoco puedo pensar mucho con el LaTeX: tengo que usar un lápiz (un portaminas en realidad).

    Y sobre el ego de los argentinos… mejor que hablen ellos, che 🙂

    Alejo, leí anoche a última hora este comentario tuyo y me quedé tan noqueado que no pude contestar. Comparar a un físico con Feynman es el mayor halago que le puedas hacer. Mi ego sigue por las nubes, pero creo que exageras…. Y ya que estamos, aprovecho para preguntarte: ¿algún artista de esos que también tienen el aire feynmaniano?

    Emilio: iba a comentar algo sobre la idea de “preparar para el examen Pisa” pero ya no me da tiempo, y de todos modos me gustaría que loiayirga terminara sus reflexiones, porque también quería decir algo sobre ellas. Lo que sí puedo decir es que “preparar para la selectividad” ha sido un desastre.

  14. loiayirga dijo:

    Lo siento, mi siesta se prolongó un poco. 😉
    Espero poder mañana por la tarde terminar lo que quería contar.
    Me ha venido muy bien el enlace al post de Farish.
    De momento son las cinco menos cinco de la mañana y por favor, no me interrumpáis, estoy pensando. 🙂

  15. pseudópodo dijo:

    Espero que sea con un bolígrafo en la mano, que a esas horas el desorden de los pensamientos puede alcanzar un máximo (acuérdate de la zona zombi)

  16. Guajiro dijo:

    1) Me he querellado con Dios, más nunca con Newton… y eso a pesar de sus conductas, muy humanas pero insalubres, con Hooke, Flamsteed, Fatio, Sluze, Leibniz y vaya a saber cuánta más gente. Jamás insinuaría que fue mecanicista en el sentido peyorativo contemporáneo. Newton está sentado a la diestra del Señor. Además; ¿cómo juzgarlo, con qué nalgas se sienta la cucaracha?

    2) Bien sabes que la acción y la reacción, formalmente hablando, pasan por la primera ley, y ésta es quimérica, como toda ley humana. Bien sabes que es esto lo que obliga a D’Alembert, Laplace, Hamilton y aquel Levi Cevita que nunca digerí muy bien. Bien sabes que todos experimentamos las no inerciales, las llamadas “ficticias”, cuando lo ficticio es recurrir al modelo inexistente. Así que, ¿qué sentido tiene recurrir al modelo como sagrado en un universo no inercial?

    3) Pero todo esto está muy traído por los pelos. Mis suspicacias nacen en la foto que colocas en la otra entrada, las de los peldaños tallados por pies ya idos. (Qué bella imagen para ilustrar lo transeúnte.) Acción y reacción no son mecanicistas, son reduccionistas en tanto mantienen separados, al menos en el análisis, los entes interactuantes. En los instrumentos, como bien señalas, se impone el análisis sistémico, algo más que la simple interacción, algo que sólo la integración plena consigue. No hay interacción, hay fusión.

    4) Por cierto, según San Juan 8:6 (RV), Jesús no escribía con cálami, sino con el dedo.

    Celebro tu regreso. Habemus papam, habemus pseudopodum.

  17. Alejo Urzass dijo:

    Digamos que lo que hace interesante a mis ojos este blog, o la obra de determinados artistas, escritores, dibujantes, pensadores, músicos, etc. es el tipo de abordaje a los temas de tal manera, debida a un tipo de pensamiento que se viene a llamar “divergente”. Es la forma de pensamiento creativa. Que se denomine así no quiere decir que sea del todo abundante en los “oficios creativos” (aunque sí se emplee más), ni que necesariamente se aplique con calidad notable (a valorar según los resultados).
    Por el contrario, el pensamiento de tipo “convergente” es el que se asocia comúnmente a las labores prácticas, y aquí recalan muchas de las labores que se atribuyen al trabajo de ciencias. Sin embargo, esto es una generalización estadística que no nos dice nada de la verdadera naturaleza de cada tipo de pensamiento: es el “explorador”, tanto en ciencias como en letras, el que tiene la llave del pensamiento divergente.

    El verdadero “explorador” es quien tiene continuo asombro por las cosas. Es aquél que se pregunta por lo cercano de la misma forma que por lo lejano. Es aquél con libertad suficiente como para no tener prejuicios (¡los prejuicios son culturales!) ante una situación cualquiera. Si su pensamiento además de ser de tipo divergente es de gran capacidad, entonces encontrará respuestas brillantes a cada situación que se le plantee, sea una cuestión nimia o un tema trascendente y complejo.

    Feynman es un ejemplo claro de esto por lo que he llegado a saber a través de la semblanza que hacen de él en este cómic (no me importaría tener una segunda opinión de alguien que sepa física al respecto de lo que el cómic resume), y en este blog hay abundante muestra de cómo extraer nociones de gran relieve a partir de observaciones de asuntos cotidianos aparentemente planos. Eso es labor de una mente inteligente, pero no solo eso, debe ser una mente inteligente que trabaje de forma divergente.

    ¿Un artista que funcione así? Pues todos los mejores. A diferencia de las ciencias, donde el pensamiento convergente también tiene cabida y función, en arte es el mayor problema porque solo el pensamiento convergente es el que tiende a la impostura, que crea tanta confusión en arte, porque puede generar obras de arte que lo aparentan sin serlo. El que me resulta más sencillo de nombrar es Chillida; quizá podamos reconocer un poco de Feynman en esta frase de Chillida: “Lo que sé hacer, es seguro que ya lo he hecho, de ahí que tengo que hacer siempre lo que no sé hacer”.

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