Herramientas: Un epílogo

Empecé a contestar a los comentarios del post anterior y al final la respuesta se ha convertido en este post-epílogo (no es la primera vez…).

Lo primero: no estaba diciendo que no haya cosas buenas en la TV. En un post no se pueden poner todos los peros y matizaciones que harían falta para ser exacto. Las series que menciona eulez seguro que son buenas; de hecho, está de moda decir que el mejor cine se hace ahora para la TV. Pero no creo que eso contradiga mi tesis; a lo mejor hasta la refuerza. Porque habría que ver para que canales de TV se han hecho esas series: sospecho que para cadenas de TV por cable, de pago, y eso es un medio que tiene diferencias sustanciales con la TV generalista.

Para entender el efecto de una herramienta hay que considerar por lo menos dos niveles: el intrínseco de la herramienta (la TV es TV, sea de pago o sea generalista) y el ecológico (a este nivel se trata de medios muy distintos).

Rasgos “intrínsecos” de la TV: es un medio audiovisual y se ve en casa. Ambos rasgos conspiran juntos contra la complejidad intelectual y la reflexión. La imagen en movimiento tiene mucho poder, secuestra nuestra atención: nadie se para a pensar cuando su percepción está saturada por una imagen tras otra. Cuando vemos una película en el cine, esto se contrarresta hasta cierto punto porque, encerrados en el cine, estamos a merced del director. Y además, todo el rito de ir al cine es una acción deliberada, casi sacramental, por la que pagamos dinero. Cuando algo está rodeado de un marco lujoso le exigimos calidad. Por eso puede haber películas muy buenas. Pero en casa no hay marco. Lo que sale por la TV tendemos a tratarlo como banal, y además podemos cambiar de canal. Yo recuerdo haber visto Antígona de pequeño, en Estudio 1 (de la trama sólo recuerdo a un personaje gritando una y otra vez: “¡La muerte a quien entierre a Polinices!”), pero eso era cuando sólo había una cadena (en teoría dos, pero la segunda no se veía en media España).

Con esto del efecto de los múltiples canales ya hemos pasado a los rasgos ecológicos. A pesar de su sesgo intrínseco, una única TV sin ánimo de lucro como la de mi infancia puede permitirse poner programas de calidad (además de adoctrinar políticamente, claro). Pero unas pocas TV comerciales en la era del mando a distancia tienen que competir ferozmente por la atención del público, y eso lleva inexorablemente a Antígona a convertirse en Mamma Ciccio. Así, en España, con la entrada de la TV privada a finales de los 80 la calidad cayó en picado. En ese sentido es verdad que el mando a distancia hizo mucho peor la TV, como apunta triglifo. Ahora bien, si seguimos aumentando el número de canales, la cosa cambia porque ahora la competencia se diversifica: puede haber canales temáticos, sólo de documentales, de historia… o de series buenas, con una calidad como la del cine. Se explotan diferentes nichos ecológicos y de la cantidad sale la calidad. Sobre todo si son cadenas de pago y no están supeditadas a la publicidad.

Con este breve tratado 😉 pretendo haber respondido a la pregunta de Isidro: ¿por qué va a tener que transformar la TV en basura todo lo que toca?¿en virtud de qué mecanismo? . La TV tiende a trivializar las cosas al “audiovisualizarlas” (nunca espere nadie aprender latín o álgebra con la TV); eso es algo intrínseco en ella; pero su efecto depende mucho del ecosistema mediático del que forme parte.

Estas discusiones suelen polarizarse entre los que echan la culpa al público y los que echan la culpa a los codiciosos y filisteos directivos de las TV. Pero creo que la idea de la dinámica de las herramientas ayuda a superar ese planteamiento demasiado simple que busca señalar culpables. La culpa no es de la burricie de la gente (como dicen Nicolás Fabelo o Isidro), ni es tampoco de los que poseen el medio y lo usan sólo para lucrarse sin considerar fines más altruistas.

¿La culpa es entonces de la herramienta? ¿Es esto una postura determinista, como dice Emilio? Tampoco. Hay un margen de libertad. A quienes hacen los programas no les ponen una pistola en el pecho, pero en algunos ámbitos ese margen de libertad puede ser mínimo (véase la dictadura de las audiencias en las TV comerciales y cómo cualquier programa innovador no dura ni dos semanas como no enganche con el público a la primera). Y luego está, claro, la libertad individual de cada espectador. La herramienta manda, como ha resumido muy concisamente loiayirga, pero por mucho que mande uno no tiene por qué obedecerla. Como dice Joaquín, no nos convertimos en esclavos de las herramientas. Ahora bien, nadar contra corriente es difícil, e ir contra la lógica de la herramienta puede necesitar un esfuerzo agotador. Triglifo lo ha dicho muy bien en relación a internet: hay que ser un auténtico samurai del intelecto y las emociones para navegar por internet sin perder la dirección y no acabar dándole a cientos de “me gusta” o dejándote llevar por miles de slogans demagógicos.

Esto es lo que más me interesaba resaltar aquí: que las herramientas no están exactamente a nuestro servicio, sino que también actúan sobre nosotros con una lógica que no es la nuestra sino la suya, y si no somos conscientes de esto es muy fácil que acabemos en un sitio que no es al que queríamos ir.

No me parece en absoluto un diagnóstico conservador ni implica miedo al cambio, como dice Alejo Urzass. Concluía el post diciendo que “no vamos a tener nuestro viejo mundo familiar internet-enhanced. Vamos a tener otra cosa”, y decía solo “otra cosa”, ni mejor ni peor, deliberadamente, porque realmente no sé si va a ser mejor o peor.

De momento internet nos gusta mucho a todos (la prueba es que aquí estamos) pero el hecho de que sea una herramienta tan poderosa hace que haya que ser prudentes. Por poner sólo un ejemplo, aunque se podrían decir muchas más cosas: la dispersión de la atención se está convirtiendo en una epidemia. Los “zapatófonos”, que dice eulez, interrumpen constantemente. En cualquier comida familiar los adolescentes simplemente no están: comen con el móvil, no con los tíos o el abuelo. Muchos alumnos míos son incapaces de aguantar una clase sin echarle un vistazo al zapatófono.

Y es que es muy difícil ser samuráis del intelecto y las emociones. Por eso es importante no tener la guardia baja.

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15 respuestas a Herramientas: Un epílogo

  1. Ana dijo:

    Totalmente de acuerdo en todo 🙂 Aprovecho para quejarme amargamente (bueno, vale, no tan “amargamente”, es que se me contagia el espíritu de las fechas estas tan dadas al golpe de pecho, jas) para decir que hay series estupendas, con un nivelazo que ya querría para sí la Fox and company, y que sólo emitieron un par de temporadas, seguramente, aunque esto nadie se ha atrevido a decirlo a boca descubierta, porque no se tradujo en niveles de audiencia aceptables… Yo veo poca tele, no lo digo porque queda “guay”, “transgresor” y “progre” decir que se ve poca tele, es que es verdad. Ya ves, soy parapléjica y pensionista, podría estar viendo la tele hasta que me salieran setas en la retina y raíces en el pompis, pero los libros tiran mucho y el tiempo es corto. Lo que te quiero decir con este aporte autobiográfico es que, para una vez que una encuentra en la tele “algo” que parece merecer la pena, van y lo quitan o se ponen a emitir reposiciones de los episodios que, en el caso de la serie que me gustaba, “Los misterios de Laura”, no sirven más que para fastidiar aún más, puesto que se trata de tramas de investigación detectivesca, y una vez que sabes quien es el asesino, es absurdo volver a ver el mismo episodio.

    Quede ahí mi “amarga” queja, don Pseudópodo, (me he quedado muy a gustito) le agradezco sobremanera haberme dado pie para soltarla por aquí 🙂 Un abrazo.

  2. Mi experiencia de tv es marginal y poco significativa. Cuando la única TVE dio paso a las cadenas de colorines que necesitaban conseguir más audiencia que las rivales me desconecté, porque vivía en la veintena y en esa edad prefería las charlas, los amigos, los vinos y los cafés a quedarme sólo en casa con mi Sony de pocas pulgadas sin mando a distancia (a veces cambiaba de canal con la punta del paraguas). Luego me casé, empecé a pasar más tiempo en casa, pero nos gustaba más leer, escuchar música o incluso trabajar. Llegaron los hijos, y con ellos los programas infantiles. Jamás una serie de las de máxima audiencia, porque a las horas de máxima audiencia se acostaban niños. Hace cuatro años compré una tv grande y un iPlus, que además de dar la señal en HD, permite fácilmente programar la grabación de películas y documentales. De manera que cuando me / nos apetece, según el tiempo disponible, hay 15-20 programas de duración y tema variables archivados para elegir: ayer vimos “Habemus papam”, de Nino Moretti, hace tres o cuatro días terminamos un serial de documentos sobre la II Guerra Mundial, y si hay algún acontecimiento (como el de la renuncia/elección de Papa), grabamos el telediario. Casi nunca (salvo grandes partidos de fútbol, olimpiadas, etc) veo las televisiones generalistas, y menos aún en directo. No sabría decir un anuncio que ahora esté de moda. No he visitado jamás las series más famosas (¡ni siquiera ‘cuéntame’, de la que me hablaban muy bien!), después de las de la adolescencia (Hombre rico, hombre pobre, Holocausto…). Sinceramente, la tv en mi casa, desde el iPlus, está a mi/nuestro servicio, y apenas sé lo que es el zapping. Desde que Telecinco compró CNN+ y cologó “Gran hermano” en su lugar, desintonicé en represalia todos las señales de Telecinco (es fácil, aunque al cabo del tiempo reaparecen, no sé por qué) No lo digo para presumir, pero presumo.

    En los hoteles es distinto. En los hoteles sí hago zapping.

  3. Alejo Urzass dijo:

    Don Pseu, lo del “diagnóstico conservador” es porque a pesar de lo que dice de “ni mejor ni peor”, la 3ª entrega de las “herramientas” destila pesimismo.

    Así, en España, con la entrada de la TV privada a finales de los 80 la calidad cayó en picado.
    En absoluto de acuerdo. No recuerdo mejores programas que los de los 80’s: Metrópolis, que aún sigue, La edad de oro, o “El mundo por montera” de Sanchez Dragó. Aún existía “La clave”, aunque arrancó en los 70’s. También estaba “Jazz entre amigos”, fue la era de “La bola de cristal”. Yo lo que creo es que, lógicamente, los mejores programas son para minorías, y estas minorías ya no ven la TV, ese público se ha ido (nos hemos ido) a internet a buscar lo que nos interesa.

    Por otro lado, creo que la historia reciente de la TV a la que nos referimos es la española, no se si todo lo que estamos diciendo es extrapolable. Lo que sí me gustaría saber es la introducción de qué herramienta tecnológica ha hecho de nuestra clase política algo tan vergonzante.

    Pero bueno, el tema no era la tele.

  4. Isidro dijo:

    Amigo Psudópodo, dices:
    “Pero unas pocas TV comerciales en la era del mando a distancia tienen que competir ferozmente por la atención del público, y eso lleva inexorablemente a Antígona a convertirse en Mamma Ciccio.”

    Lo siento, Pseudópodo, pero sigo sin ver una explicación clara del fenómeno. ¿Por qué las canales privadas tuvieron que abaratar la programación para ganarse la atención del gran público? Ésa es la madre del cordero. ¿Por qué no ofrecieron más calidad para llevarse el gato al agua? Date cuenta de que lo que ha ocurrido con las canales de televisión tras el monopolio de la pública en la dictadura, es lo mismo que ha ocurrido con los partidos políticos tras ésta. Los partidos políticos, al entrar en liza por el voto de la mayoría, han recurrido, cada vez más, al mensaje emocional y demagógico. En vez de tratar de competir con programas electorales realistas, los diferentes partidos se lanzaron a la promesa exagerada o falaz, los mensajes emocionales, los eslóganes pegadizos, las frases fáciles, la publicidad, los discursos altisonantes, el cuidado de la imagen social, los trapos sucios contra el adversario, el chascarrillo durante el mitin, los guiños populistas al electorado, etc. La mecánica de la competencia da lugar al abaratamiento del producto, pero sólo porque el gran público carece de crítica y está encantado con dejarse sobornar con prebendas y privilegios o engañar con promesas de un paraíso al alcance de la mano. Y todo ello (sobre todo el deseo de un mundo bueno sin necesidad de esfuerzo) es lo que explotan sin cesar los diferente partidos políticos. Al igual que ha ocurrido con las canales de televisión o radio, la competencia no ha aumentado la calidad del producto, sino que la ha rebajado hasta límites insospechados. En vez de buenos programas basados en un análisis realista de la situación social, política y económica del país, demagogia barata, promesas fáciles y abaratamiento de la programación: pleno empleo, más competencias autonómicas, mejores servicios sociales, títulos escolares para todos, prosperidad sin límites… Los programas realistas y no demagógicosse hubieran quedado atrás, inermes ante el torrente de ilusión provocado por las promesas hueras de los demás partidos.
    Está evolución degradante de las cosas a partir de la competición puede observarse en muchas cosas. Tú puedes tener un bar en que sirvas platos combinados con fruta, pescado, hortalizas, pollo, acetite de oliva y verdura. Y con esos ingredientes se harán platos sanos y equilibrados. Y tu bar funcionará bien si es el único bar del lugar. Pero en el momento en que otro ponga un bar con comida hipercalórica y muy suculenta (una hamburguesería, si quieres, aunque a mí me hagan poca gracia), tu negocio estará en peligro, por la sencilla razón de que el ser humano tienen una fuerte tendencia al hedonismo. Si quiere sobrevivir, tendrás que ofrecer platos calóricos y sabrosos.

    La imagen, en sí, no trivializa nada. Si así fuera, el maestro no podría dar una clase magistral en condiciones. Una clase magistral combina la palabra y la imagen, pero es un medio de enseñanza magnífico (en función de cómo se explique el maestro, claro). Un tertulia de filósofos en televisión ofrece las mismas imágenes que Sálvame: gente hablando de algo. Pero ¿por qué Sálvame concita más atención que la tertulia de filósofos? No por las imágenes que ofrece, porque no creo yo que verle la cara a Belén Esteban o a Paz Padilla sea un regalo para la vista. No es la imagen (en sí) lo que atrae o emboba al espectador: lo que busca éste, en este caso, es el contenido de lo que se habla ahí: el cotilleo. De hecho, las revistas del corazón ofrecen moda y cotilleos a raudales. Pero no basta con la imagen de fulanita o menganito en la portada: no. La gente quiere saber qué ocurre con fulanita o menganito, porque se han hecho famosos o por que son ricos, etc. Y lee esa información. Desea información determinada de gente determinada: de ricos, famosos, guapos. Y el atractivo de Gran Hermano reside en bastantes cosas, todas ellas groseras: los cuerpos bellos y semi desnudos de los participantes, el exhibicionismo, las grescas que se montan, los conflictos de la convivencia, la tensión que generan, los posibles ligues que se formen, etc. Los filósofos (o los artistas o los científicos) del canal de al lado no pueden competir contra todo esto. Y no lo pueden hacer porque la burricie del telespectador está ahí, demandando su alfalfa de cada día.

    No es la imagen (en sí, ojo) la que deteriora el producto, sino la competencia por atraer a un público que casi siempre se decantará antes por la emoción y el fogonazo instintivo que por el frío y difícil concepto. Y ello explica que las canales de radio también se hayan degradado hasta límites cadavéricos. Te sugiero, amigo Pseudópodo, a que escuches “Ponte a Prueba”, un programa de radio de música y parloteo juveniles. No encontrarás ninguna diferencia con los desarrollos de los participantes de G. Hermano, Sálvame de Luxe o el programa más, pornográfico, necio y sucio que hoy infame nuestras pantallas de televisión. ¿Cómo se puede explicar esa degradación de la radio si este instrumento no está sometido a la mecánica degradadora de la imagen? Sí, Pseudópodo, la burricie está ahí, a la espera de ser explotada. Eso sí, los medios de comunicación en liza, en competición, acaban haciendo a la gente (no a toda, por supuesto) más burra de lo que es al cabo de un tiempo. Es un círculo viciosos (y nunca mejor dicho) fácil de comprender: Cuando ya se ha explotado y exprimido cierto nivel de procacidad, éste no llama ya la atención. Entonces se hace necesario aumentar la dosis de procacidad. Y quien habla de procacidad habla de sexo, violencia, cotilleos más invasivos, promesas de felicidad, grescas, escándalos. Por eso podemos asegurar que hoy los medios (y los partidos políticos) de difusión vomitan mucha basura, pero menos que mañana.
    Una última reflexión un tanto conciliadora. Ser inteligente nunca fue fácil, ni nadie dijo nunca que lo fuera. No sólo porque tiene uno que nacer dotado para serlo, sino porque luego, a lo largo de la vida, hay que cultivar esa inteligencia original. Por eso la inteligencia va de la mano de la voluntad, como diría José Antonio Marina. Y esto no es fácil, especialmente en una sociedad saturada de señuelos y tentaciones: comidas sabrosas, pornografía, belleza corporal, cotilleos, violencia, chascarrillos y humor fácil, distracciones, drogas… Es más difícil cultivar el espíritu rodeado de estas cosas que en la quietud de un monasterio (al menos para quien lleve bien la soledad). La imagen televisiva o por ordenador tiene su gran papel en todo esto, sin duda, pues transmite cualquier contenido (bueno o malo) sin necesidad de que el espectador piense nada. Leer exige una atención y procesamiento interno que no la requiere la simple sucesión de imágenes sencillas. Podemos “consumir” imágenes banales a raudales; muchas más que palabras. Y por eso es cierto que la era de la imagen, como es ésta, tiene un enorme papel en la degradación de la cultura. Pero he de insistir en que no es la imagen en sí, no cualquier imagen. Las imágenes combinadas con palabras adecuadas pueden ser instructivas, cultas y poéticas. Incluso sin acompañarse de palabras, siempre y cuando el espectador sea suficientemente culto o sensible. Pero hay determinadas imágenes o sucesión de imágenes que enganchan, emboban y degradan (y todos sabemos a qué me refiero). Y así actúan, pero no en todo el mundo. Actúan así y de forma permanente en personas que no sienten deseo de cultivarse, son poco o nada críticas y su mayor interés es procurarse una vida de gozos pedestres y concupiscentes. Quienes tenemos algunas aspiraciones más elevadas (me cuento entre ellas), también estamos tentados por el mundo de las imágenes y las palabras mundanales, por supuesto; pero, antes o después, reaccionamos: cerramos la tele, abrimos un buen libro o leemos unos artículos de Pseudópdo (que están en Internet, sí, pero que son artículos: palabras y argumentos).

    • Y sin embargo, Isidro y Alejo, la competencia entre periódicos sí elevó su calidad (al menos, durante unas décadas: ahora tengo mis dudas). Eso quizás se debiera a la herramienta, o mejor, al contexto en que se usa. La tv. es sofá y actitud pasiva. El periódico es café y atención, ganas de enterarse. El lector de periódicos es exigente, pero por la noche, cuando se recuesta en el sofá con el mando a distancia, esa misma persona sólo quiere cuatro impactos agradables.

      Una disciplina personal (saber lo que se quiere) aderezado con cierta dosis de “resistencia” (vetar contenidos y declarar ‘programas non gratos’) puede sobreponerse al efecto molicie del zapping. Para eso ayudan otras herramientas, como la de la televisión a la carta, o el iPlus, que a mí me ha permitido, sinceramente, una televisión de calidad en casa, para mí y para mis hijos (de momento). Pero la televisión generalista, allá donde esté, provocará una competencia a la baja con islotes de calidad (generalmente en televisiones de pago, o en las públicas de lujo, como la 2 o Canal Sur 2). En los años 80 conocí la televisión italiana (curtida ya en competencia por las audiencias), y me dije: en pocos años, esta mierda la tendremos en España. Y acerté.

      • Isidro dijo:

        En efecto, Miguel. La competencia puede o suele mejorar el producto creado por personas cultas e inteligentes. O aquellas cosas en que casi cualquiera puede notar si baja o sube su calidad: en general, la tecnología y las máquinas de uso corriente. (Aunque ahora ya tenemos la obsolescencia programada y la reducción de costes de producción). La prensa, como bien indica usted, exige de un sujeto activo, deseoso de aprender o informarse de lo que ocurre. Por eso es un sector más reacio a la degradación. Pero leer prensa o libros buenos es una actividad minoritaria, como todos sabemos. Seguramente, no hay ninguna actividad intelectual compleja que practique la mayoría. Si algo es practicado o consumido por una gran mayoría de personas, podemos estar casi seguros de que se trata de algo fácil, puramente recreativo y poco exigente: ver cosas llanas en la tele, ver vídeos tontos en internet, oír programas de radio ligeros, de música popular o de chascarrillos, mandarse mensajitos por el móvil, hablar por éste, mascar chicle, etc. Es una ley universal: si algo es practicado por la mayoría, normalmente es intelectualmente pobre. Escribir buena prosa, buenos poemas, leer ensayos de altura, pintar bien, esculpir, hacer música de calidad, resolver teoremas, etc., son cosas reservadas a una minoría. Lamentablemente, es así.

  5. pseudópodo dijo:

    Ana, si te tienen que salir setas en la retina, que sea con este blog (¡o con el tuyo!). La verdad es que es mejor no esperar nada de la TV , al menos de los canales generalistas, porque además de que lo que programan suele ser muy malo, no tienen ninguna seriedad.

    Lo mejor es poner la TV a nuestro servicio, como hace Miguel de Esponera. Pero precisamente tu experiencia, Miguel, va en la línea de mi tesis: con el iPlus has transformado la herramienta y le has quitado algunas de sus peores aristas. Mi experiencia con la TV no es demasiado distinta a la tuya: cuando me fui a estudiar la carrera, vivía en una residencia universitari en la que sólo había dos salas de TV y tenía que bajar cuatro pisos para verla. Tenía muchas más cosas más interesantes que hacer y me desenganché totalmente después de 5 años sin apenas verla. Ahora estoy volviendo a ver un poco (muy poco, dos noches a la semana o así) con los niños. No tenemos una cosa tan sofisticada como el iPlus (para ser sincero, ni sabía que existía algo así, aunque lo sospechaba), pero grabamos en un pendrive los programas para verlos después, nunca en directo: nos saltamos los anuncios y vemos sólo lo que queremos (pero tengo que confesar que los niños ven su hora larga de dibujos en directo a la hora de la siesta). Tampoco tenemos más canales que los que se ven en la TV digital normal y corriente, pero con los de Discovery MAX (y con el programa de José Mota) ya hay bastante.

    Alejo, para ponernos de acuerdo tendríamos que definir cómo medimos lo “peor” o “mejor”. Seguramente estaríamos de acuerdo en los programas buenos y malos (lo cual ya es un gran punto de partida, visto el relativismo imperante). Pero yo me estoy refiriendo al promedio de programas y tú te estás fijando en los mejores. Si aumentan mucho las horas de programación, es fácil que uno pueda encontrar más programas buenos pero a la vez la media de calidad se haya desplomado. Y los programas que mencionas creo recordar que eran todos de la 2, no de as comerciales.

    Por otra parte, si comparáramos con otros países, precisamente creo que se refuerza la tesis de que es una tendencia general (Miguel de Esponera lo decía de Italia, y la TV que yo he visto por ahí es universalmente mala). Sin embargo, el problema de la degradación de la clase política española, que también menciona Isidro, es más local: lo compartimos con otros países mediterráneos, pero no es ni mucho menos tan grave en Alemania o en UK, y no digamos en USA (tienen otros problemas, pero mucha menos corrupción y los políticos tienen en general más nivel intelectual… o eso me parece a mí). Pero de todos modos no era el tema del post.

    Isidro, tu comentario es tan largo que no lo voy a poder responder como se merece hoy; de hecho tengo algún post a medio escribir que serviría de respuesta (pero va a tener que ser después de Semana Santa: mañana me voy de viaje y voy a estar desconectado).

    Sólo muy brevemente: es innegable que casi todo el mundo se rige por la ley del mínimo esfuerzo. No es ninguna novedad, y a mí también me ocurre. Eso se da por descontado, pero es un factor que afecta a todos los medios, a todas las manifestaciones culturales. Lo que a mí me interesa aquí es que los medios no son neutros y unos (la escritura) tienen a potenciar nuestras mejores capacidades y otros (la TV, con todas las matizaciones debidas al ecosistema de las que hablaba en el post) tienden a hacer lo contrario. Por supuesto que se pueden encontrar contraejemplos (yo ua vez escuché después de cenar ese programa de Europa FM que mencionas y casi me se me corta la digestión del susto… menos mal que no estaban los niños). Sin embargo, el nivel de la radio es algo más decente que el de la TV. Pero en fin, ahora no me da tiempo a más. Continuará (espero que antes de que acabe Semana Santa, pero si no, buenas fiestas a todos).

    • Isidro dijo:

      De acuerdo, Pseudópodo, esperaré tu respuesta. Aunque ya esté bastante claro lo que pienso, voy a dejar aquí algo parecido a una ley (hay algunas excepciones, que ya señalé):
      – Si de lo que se trata es de llamar la atención de la mayoría de la población, la competición establecida para llamarla degrada la calidad del producto o la actividad.
      – Si de lo que se trata es de llamar la atención de minorías intelectualmente elevadas, la competición establecida para llamarla eleva la calidad del producto o la actividad.

      Por cierto, “Ponte a Prueba”, bodrio de bodrios, recibió el premio ondas 2007, “al ser el mejor programa de radio del 2007 por su “originalidad y pluralidad” (Angels Barceló en la entrega del premio). La degradación intelectual de este país atañe tanto a la imagen como a la palabra, o no me lo explico.

  6. Clodoveo11 dijo:

    Ah, la tele, esa cosa tan bonita cuando está apagada, o en aquella carta de ajuste (¿todavía la ponen?)…

    La tele gratis siempre será una basura, porque estará atestada de anuncios y estupideces, y la de pago sí podrá ser de calidad, pero para eso ya está Internet, que sale más barato que el Plus y que escoges lo que quieres (entre toneladas de mediocridad, claro).

    Hubo épocas en que echaban Cosmos a las 10 o la Clave, y El hombre y la tierra… ah, es que era cuando sólo había 2 cadenas, herencia del Ancient Regime. Qué oprobiosa esclavitud cultural, el páramo del franquismo; qué cosas nos obligaban ver.

    Por cierto, entonces lo más visto era el 1, 2, 3. ¿No será que siempre han molado las chinchorradas? Como siempre se ha vendido más Corín Tellado que Ortega y Gasset.

    La educación hay que entrenarla y continuarla. La inteligencia es un sistema físico: si no se alimenta energéticamente, cae a su punto natural, el más bajo.

    Que lo pasen bien, con tele o sin ella.

  7. Martin dijo:

    Me disculpo de antemano porque voy a comentar sobre unos post antiguos que me ha traido algunas dudas (aunque este ha sido muy intersante), lo hice antes porque el blog lo descubri recientemente y me he puesta a leerlo (aunque no podia comentar mucho debido a la erudicion de los post y de los comentarios).

    En el blog “Más críticas a Dawkins” (https://pseudopodo.wordpress.com/2007/01/17/mas-criticas-a-dawkins/) hay una crítica que hace el tambien biologo H. Allen Orr a Dawkins, no me pondre a transcribir todo el texto, pero hay dos puntos que me ha dejado confundido, me refiero al supuesto rechazo del literarismo biblico hecho por San Agustin a inicon del siglo V, y la mas importante de todas: la participacion de la Iglesia (no dice cual, pero supongo que es la Católica) en el nacimiento de una cienca no aristotelica, aqui fue donde quede como “chino”, debo confesar que a mi me vendieron (y me venden) el cliche anticientifico de la Iglesia y el panico que tienen los creyentes ante la ciencia, ya que esta hecha por tierra toda la fe, y todo eso yo me la habia estado creyendo como verdad historica, me gustaria por favor si el webmaster o algun otro comentarista me dijese en que se fundamento eso, ¿tiene alguna bibliografia que me pueda recomendar que refute el cliche anticientifico?.

    Otra cosa tiene que ver con el señor Vallejo (si, Fernando Vallejo), entiendo que Don Pseudopodo tenga ya sus anticuerpos contra este señor, y no lo culpo, yo tambien digo que el “Manualito” es un bodrio con todas las letras, pero no tiene nada que ver con ese ensayo, me refiero a otro de sus libro: “La Puta de Babilonia”, si no me equivoco Don Pseudopodo escribio que es mas dificil darse cuenta que este libro es un bodrio, ¿bodrio por que?, haciendo de lado los consabidos insultos, ¿que hay de sus investigacion historicas su analisis de los evangelios?, eos entre otras cosas, como la ayuda y apoyo de la Iglesia Catolica al regimen nazi, hasta donde pude ver no encontre una buena refutacion de tal libro, solo vi mas de lo mismo pero en sentido inverso, insultos a Vallejo pero no su argumento en si mismo, que aunque parezca (y lo es) chocante, no lo vi en peligro.

    Hay otras cosas pero de momento son esas las que se me vienen a la cabeza (tal vez porque son las que me inquietan mas), por ultimo, como vi que recientememte habia felicitado a los argentinos debido a la eleccion de Bergoglio como Papa, pense que esto le podria interesar, aca en sudamerica hay mucha controversia respecto a él:

    http://soyperiodista.com/noticias/nota-19147-vaticano-defendiendo-indefendible

    PD: Me disculpo si habian faltas ortograficas, pero mi teclado esta mal y ademas es viejo y no tengo dinero para repararlo o comprar esto, le agradeceria mucho su repsuesta Don Pseudopdo

  8. Langus dijo:

    Una sola palabra: PROCASTINACIÓN. El gran efecto indeseado de esta herramienta maravillosa que es internet.

    Gracias por esta serie de posts. Sumado a otras cosas que me están pasando, creo que son parte de un punto de inflexión de mi vida.

    Un abrazo.

  9. pseudópodo dijo:

    Isidro, después de releer tu comentario (me ha llevado toda la Semana Santa ;-)) creo que pones mucho énfasis en la tendencia natural al hedonismo y al mínimo esfuerzo. Es verdad, pero eso es algo que está en la naturaleza humana. Si ahora estamos rodeado de más basura cultural que en otras épocas (aceptemos el planteamiento por mor de la discusión, aunque creo que habría que matizarlo mucho) no puede ser por esas tendencias, que son constantes universales.

    El factor diferencial que señalas tú es la competencia que hay ahora entre los medios: si nos dan basura es porque halagan nuestros instintos más bajos, porque eso es lo más fácil y eficaz para captar audiencia. Y en eso estoy de acuerdo contigo. Pero si nos quedamos ahí tampoco hemos aprendido mucho. Resultaría que la única manera de tener unos medios de calidad sería que no hubiera competencia (¿el modelo de la TV de Franco, que tan justamente elogia Clodoveo?), y no es así. Y resultaría también que todos los medios serían igual de malos, y tampoco creo que sea así. Por más que haya radiobasura, el paradigma de medio basura es la TV, y con razón.

    Es en este punto donde entran estos posts. Hay un punto clave que estás ignorando y que es el que quiero subrayar yo: que cada medio tiene unas posibilidades implícitas, que se van desplegando con el tiempo, según los usuarios y los creadores van familiarizándose con él. Igual que pasa con toda la herramienta, por cierto. El motor de explosión llevaba el germen de la autopista, la luz eléctrica el del ocio nocturno, la imprenta el de la reforma protestante…

    Centrándonos en los medios, la escritura es lineal y conceptual, lleva de manera natural a estructurar el pensamiento (era al idea del primer post de la serie) y facilita examinar críticamente lo que se lee. Ahí está el germen de toda la “alta cultura” (no confundir con “costura”). Mientras que la imagen se impone sin crítica: lo que sale por la TV es verdad porque “lo vemos con nuestros propios ojos”. Por no hablar de la componente hipnótica de la imagen en movimiento,

    Cada medio pues lleva implícita una tendencia. Podemos transmitir un debate entre filósofos en la TV, pero no es “telegénico”. Mientras que los gritos de Sálvame sí lo son, simplemente porque uno puede seguirlos con el electroencefalograma plano (tengo la idea de que está demostrado que la TV afecta al EEG, pero no tengo tiempo de buscarlo ahora). ¿Cómo entra aquí la imagen?¿Es verdad que en los dos casos es lo mismo, gente hablando? Yo creo que no: la imagen es una distracción, y eso en el debate filosófico es un engorro mientras que en Sálvame viene bien, porque se trata de distraer; además de que la cámara se mueve, el escenario tiene colores, hay primeros planos, zooms, entran grabaciones, etc… está muy lejos de ser una imagen estática, que es la única que sería apropiada al debate filosófico.

    Yo creo que todo esto es importante porque nos hace estar en guardia, no ser tan fácilmente víctimas de la dinámica de la herramienta (el medio) e incluso, con sabiduría, poder ponerlo a nuestro servicio. Quedarnos en la “burricie generalizada” nos deja en un pesimismo que no lleva a nada.

    Tengo pendiente de todos modos acabar el prometido post que tocaba alguna de estas cosas más en profundidad (aunque desde otro ángulo). De momento, puedes echar un vistazo a algunos posts que tratan temas similares…

    Martin, vaya pedazo de off-topics 🙂 Ahora no me da tiempo ya a contestarte, pero me harías un favor si copias el comentario y lo pegas en (los posts correspondientes)… no pasa nada porque sean antiguos, los contesto igual. Perdona por la molestia, pero es que si lo hago yo no queda con tu nombre y avatar…

    Langus, gracias a ti. Escribir y contestar es a veces cansado, pero comentarios como el tuyo animan a seguir. Un abrazo.

    • Isidro dijo:

      De acuerdo, Pseudópodo. Lamentablemente, carezco, como ya has visto, del don de la brevedad, de modo que una contestación a tu último comentario te robaría demasiado tiempo. Y tampoco es mi intención ir robándole el oro a nadie a estas alturas. Lo dejo, pues, aquí.

  10. pseudópodo dijo:

    No pasa nada, isidro. No todo se puede decir con brevedad, pero tampoco todo se puede contestar con amplitud en el tiempo que uno tiene. Como seguiremos dando vueltas a estos temas, habrá más ocasiones de confrontar ideas.

    Ah, me he dado cuenta de que se me olvidó poner este enlace en la contestación de ayer, cuando hablaba de posts que trataban temas similares…

    • Isidro dijo:

      Gracias, Pseudópodo, por la relación de entradas que enlazas. Ya había leído algunas. Las que he leído ahora también me gustan. Y las suscribo sin problemas. Bien, voy a ser breve (al menos en comparación con lo que podría decir). Cuando, hace unos días, te animé a que oyeses ese programa de radio llamado Ponte a Prueba, dijiste:

      “(yo una vez escuché después de cenar ese programa de Europa FM que mencionas y casi me se me corta la digestión del susto… menos mal que no estaban los niños)”

      Se me ocurre que el hecho de que un programa de radio alcance, seguramente, las más altas cuotas de estulticia, grosería y pestilencia (incluso por encima de cualquier programa de televisión-basura), merecería una explicación. Pero no voy a eso. Voy a lo siguiente: estoy seguro de que, a ti, Gran Hermano o Sálvame también te parecen programas espantosos. No creo que cautiven tu atención sólo porque los puedas ver, aparte de oír. No creo que el contenido de Ponte a Prueba pueda parecerte espantoso sólo por el hecho de que sus contenidos vayan al oído y no a los ojos. Es decir, yo doy por supuesto que tú no sigues ni ves esos programas de televisión. Yo te puedo asegurar que tampoco. No veo ni sigo ni un solo programa de televisión basura. ¿Por qué a ti o a mí no nos embelesan, por qué no nos cautivan y someten a la tiranía de la imagen? Así lo tengo que decir, y no peco de exagerado: a mí no es que no me embelesen, es que me dan asco. ¿Por qué? ¿Por qué tú (como yo) no eres espectador de programas basura? Y otra pregunta más: ¿crees que si la mayoría de las personas (digamos un 90% de la población) tuviera tu nivel de inteligencia y cultura tendrían éxito Sálvame, Tómbola, Gran Hermano o Ponte a Prueba?

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