Lecturas del verano: cosecha 2013

Tengo pendiente un post, no se me olvida: la reseña de Armas, gérmenes y acero, el libro que me comprometí a leer a petición popular. Mientras escribo la reseña prometida (e intento sacar al blog del ralentí en el que ha entrado este principio de curso…), quizá pueda tener interés contar cuales fueron finalmente las demás lecturas del verano. Aquí van unas microcríticas:

01. Creación y misterio. Pascual Jordan es uno de los padres fundadores de la mecánica cuántica, y aunque no tenga la maestría literaria de un Schrödinger, este librito da que pensar: lo acabé a finales de julio y todavía sigo dando vueltas a algunas de sus ideas. Ya habrá tiempo de contarlo aquí.

02. Madrid, de corte a checa. Hace unos años se pudo de moda decir que Agustín de Foxá era un gran escritor, y esta novela una de las mejores sobre la Guerra Civil. No me atrevo a decir tanto: Foxá hace frases brillantes y sabe construir una trama, pero parece escribir con prisas y hay tantos personales con papeles tan breves que es fácil perderse. En cuanto a la ideología, su maniqueísmo queda dulcificado porque los buenos (falangistas) resultan ser muchas veces ex-comunistas: los extremos se tocan y comparten la misma exaltación. Seguro que fue así.

03. Hambre. Hacía mucho que tenía curiosidad por Knut Hamsun; yo creo que desde, cuando niño, leía Dime, cuéntame, y la foto que acompañaba la reseña del libro era El grito, de Munch. Con esos títulos, además (Hambre, Pan, Tierra nueva…), Hamsun tenía un halo extraño, primario y exaltado. Confirmado: lo es. Hambre tiene una rara intensidad y parece a veces un caso clínico contado en primera persona. Se lee con avidez, pero no deja un buen gusto en la boca. Quizá he dejado pasar demasiados años desde Dime, cuéntame: lo tenía que haber leído de adolescente.

04. Sobre el amor y la muerte, de Patrick Süskind. A veces, editores avispados publican en un librito, con tapa dura, buen papel y letra grande, un texto breve de algún autor de culto. Semejante exquisitez sirve para sacar unos euros a sus fans y llenar el nicho comercial del regalo elegante pero barato (al fin y al cabo, son pocas páginas). Creo que no hace falta decir más de este libro.

05. Las armas y las letras. Consecuencia natural de leer a Foxá: uno se entera de que había más escritores que Lorca y Miguel Hernández en la España de la Guerra Civil, le pica la curiosidad y encuentra este libro escrito por el ínclito Andrés Trapiello. Sacarlo de la biblioteca se impone con la fuerza de un silogismo. Y bueno, el libro merece leerse: un panorama enormemente rico y bien documentado. Pero curiosamente, lo que menos me ha gustado es el estilo: me parece que Trapiello, al menos aquí, no escribe bien.

06. El mapa y el territorio. Con este libro, Michel Houellebecq (llamémosle H) se embolsó los 10 € del premio Goncourt de 2010. Y pese a que muchos le criticaron, H sigue siendo H. Con mucho menos sexo, ciertamente (lo cual es un alivio, siendo como es el sexo en H), pero igual de inteligente y corrosivo. Podría decirse mucho de este libro, pero es casi imposible no hacer un spoiler. Por suerte, esto es una microcrítica, así que no hace falta que diga nada más: muy recomendable.

07, 08. Las leyes de la frontera, de Javier Cercas. Lo empecé porque no tenía nada mejor a mano, pero me gustó. Tanto que a continuación leí el otro libro de Cercas que tenía, La velocidad de la luz (también, todo sea dicho, porque tenía letra grande, ideal para leer en el coche). En Las leyes de la frontera escuchamos las confesiones de unos pocos personajes que conocieron a El Zarco, un delincuente juvenil de los años de la transición (trasunto no disimulado de El Vaquilla). Pero el verdadero protagonista no es El Vaquilla ni la transición, sino la adolescencia, el paso del tiempo, la ambigüedad esencial de las cosas y las personas. Una gran novela que se lee muy bien (y cada vez me gustan más los autores con una prosa transparente: será que ya soy demasiado viejo para otra cosa). Lo mismo podría decir de La velocidad de la luz, aunque aquí el tema sea la guerra y también (una vez más) la dificultad de saber, a fin de cuentas, quién es uno mismo.

09. Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond: el ganador del concurso se merece una reseña aparte. Próximamente en esta pantalla.

10. The brain is wider than the sky. Leí hace tiempo Understanding the present, y me pareció un descubrimiento: Bryan Appleyard era un raro ejemplar de periodista, entendido en ciencias y en letras, y capaz de dar un diagnóstico acertado y de largo alcance de la cultura contemporánea. Así que empecé este libro con unas expectativas, quizá, demasiado elevadas. El cerebro, dice Appleyard citando a Emily Dickinson, es más amplio que el cielo, porque contiene al universo entero y tiene a la vez una interioridad, un yo intangible. Ese yo, sin embargo, se ve asaltado ahora en dos frentes. Uno es la inteligencia artificial, que promete en sus versiones más extremas (el culto Kurzweilista de la singularidad) acabar desplazando al hombre por algo superior. El otro es la neurociencia: scanners cada vez más precisos amenazan con adivinar nuestros pensamientos y no dejar al yo un sitio para esconderse. Appleyard explora estas ideas desde muchos ángulos muy interesantes. El libro es un festín de ideas, pero, ay, el todo es menor que la suma de las partes. Al leerlo, yo que esperaba síntesis y conclusiones me iba irritando progresivamente, hasta que decidí disfrutar el libro por lo que es: una colección de artículos amenos y oportunos pero sólo hilvanados. Buen periodismo pero insuficiente ensayo.

11. Almas muertas, de Nikolai Gogol. No pensaba que fuera a ser el segundo libro más votado, así que me puse a leerlo con curiosidad. En Dime, cuéntame venía con una foto gris de unos grises campesinos rusos y seguramente por eso y por el título (¡Almas muertas!) siempre había esperado un libro triste, opresivo, lleno de miseria y desgracias. ¡Qué enorme equivocación! Gogol escribe con una desenvoltura sorprendente, con una joie d’ecrire que me recuerda a Eça de Queiroz, pero más chispeante aún. Parece que disfruta escribiendo, y lo que es seguro es que tú disfrutas leyendo. Es una pena que sea una obra inacabada: la segunda parte (a partir de la página 321 en mi edición) son fragmentos con lagunas importantes, y Gogol tenía proyectada una tercera que nunca llegó a escribir.

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10 respuestas a Lecturas del verano: cosecha 2013

  1. Hesperetusa dijo:

    Espero la reseña de “Armas, gérmenes y acero”, yo lo he leído así como el posterior “Colapso”. Están en una linea historiográfica muy interesante, aunque también tiene sus “pegas”. Jared Diamond no es historiador, aunque hay historiadores en esa línea como A. W. Crosby, el autor de “Imperialismo ecológico”.

  2. Contento de que a alguien más le gustara “El mapa y el territorio”. Ya empezaba a sentirme un bicho raro.

    Hambre, Pudor y Dignidad, El extranjero, Moravagine… de toda esa literatura transgresora me sigo quedando con La náusea.

  3. loiayirga dijo:

    Te agradezco mucho que hayas enlazado una de mis entradas sobre Trapiello. Se me mima mucho en este blog. Quizás demasiado.
    Pero eres díscolo. Yo te invito a leer los diarios y tú te pones a leer un ensayo suyo. Luego no te quejes. Yo recomendaba los diarios, bonito.
    Es curioso que digas que escribe mal. A mi mujer le saqué de la biblioteca “El buque fantasma” y dijo lo mismo. No lo terminó.
    Pero a mi me parece que ahora escribe bien. Yo diría incluso que escribe muy bien. Aunque solo sea por la 10.000 horas de práctica.
    Lo cierto es que me dejas maravillado. Leer ese libro lleva su tiempo. Yo tengo, precisamente ahora, “Las armas y las letras” en casa, también sacado de la biblioteca y su tamaño me desanima. Lo he sacado como el que tiene un fetiche y para mirar una cosa sobre León Felipe. Yo me he tragado tochos de 600 páginas de Trapiello pero es que son diarios.

  4. loiayirga dijo:

    Lo que menos me gusta de él son sus artículos en un semanal (creo que de la Vanguardia)
    CAda lunes cuelga el artículo en su blog. Un latazo. En realidad tiene que decir en estos artículos lo que la gente quiere oir. No me interesan nada.

    ES curioso, que a lo mejor sin saberlo tú llegaste a leer a Chaves Nogales debido a Trapiello. Parece que es en ese libro “Las armas y las letras” donde Trapiello empezó a reivindicarlo como escritor valioso. Y quizás por eso fuera reeditado y quizás por eso tú lo leiste.

  5. loiayirga dijo:

    Jose Luis García Martín, un escritor al que he descubierto hace poco, explica aquí la defensa que Trapiello hizo de Chaves Nogales.
    http://crisisdepapel.blogspot.com.es/2011/12/la-verdad-sobre-chaves-nogales.html

  6. bloodykefka dijo:

    Joder, menuda selección. En momentos como estos es cuando te sientes un paleto ignorante… y te sientes bien, porque son como nuevos juguetes para tí. Me anotaré algunos en la lista de cosas que tengo que leer.

  7. Vaya birrria de Premio Goncourt

  8. pseudópodo dijo:

    Hesperetusa, ese libro de Crosby lo tengo, ¿te parece recomendable?

    Humpty Dumpty, a mí me ha gustado todo lo que he leído de Houellebecq… Este libro yo creo que lo apreciamos mejor fuera de Francia, precisamente porque no vemos algunas cosas. Por ejemplo, aparecen muchos personajes que allí son famosos, uno de ellos, que debe ser el Matías Prats francés, resulta que sale del armario… este tipo de cosas seguro que han dado mucho que hablar pero desfiguran el núcleo de la novela.

    Loiayirga, más aún te tenía que mimar después tus comentarios de los últimos posts, que explicaban mis ideas tan bien que no tenía que hacerlo yo… Iba a decir que no sabes el trabajo que me quita eso, pero sí lo sabes. El libro de Trapiello lo leí tan rápido sobre todo porque lo había sacado de la biblioteca y lo tenía que devolver antes de fin de mes, así que dejé todo lo demás para acabarlo. Yo creo que no hay tanta diferencia con un diario, realmente; cada capítulo son anécdotas , historias, cotilleos… se debería leer muy bien si no fuera, insisto porque no está bien escrito. De todos modos lo que leí yo es la primera edición, quizá lo haya corregido en la segunda (es que tenía incluso errores de concordancias, tiempos de verbos…).

    No sabía que JLGM tuviera un blog, además es de los pocos “famosos” que se digna a contestar… le conocía porque tiene una columna en el ABC cultural y ha publicado varias antologías polémicas de poetas, debe ser un personaje en todo ese pequeño mundo más bien mezquino que sale tanto en los diarios de Trapiello, por lo que cuentas. Probablemente tiene razón en el post que enlazas; aún así, me parece un poco pinchauvas…

    Bloody no es para tanto, que son las lecturas de las vacaciones, relajadas, insusanciales… 🙂

    clubjuvenilpinar, es que esa es la dotación del Goncourt. Lo que pasa es que luego se supone que te forras con los derechos de autor, porque vas derecho al nº1 de los más vendidos en Francia.

  9. Hesperetusa dijo:

    Sí el libro de Crosby, es recomendable, Además Crosby es historiador y se anda con más cuidado a la hora de hacer ciertas afirmaciones. Creo que Diamond lo ha tenido en cuenta al escribir Armas, gérmenes y acero.

  10. loiayirga dijo:

    Como maestro eres muy bueno, y te lo he dicho varias veces, pero como alumno eres muy malo. Lo de justificar la lectura de “Las armas y las letras” diciendo que tiene muchas anécdotas y es casi como un diario no tiene “un pasar”.
    Un diario es un diario y tiene un carácter “personal” que de ningún modo puede tener un ensayo sobre los intelectuales en la guerra civil, me atrevo a decirlo aunque yo no lo haya leído.
    Por otro lado te diré que los artículos que Trapiello escribe en el semanal de la Vanguardia no me interesan lo más mínimo. He leído varios porque los publica en el blog. A donde quiero llegar es que puede ser que un autor consiga algo muy valioso en un campo y solo una mierdecilla en otro. A mí me ha enamorado el Trapiello de los diarios, a veces a mi pesar. El articulista no me interesa en absoluto, por lo que yo conozco. Al novelista no lo conozco. Y al ensayista tampoco, aunque es cierto que los diarios tienen trozos que son ensayo.
    Que no hace falta que leas ningún diario de Trapiello si no te pica la curiosidad pero no digas que el ensayo sobre la guerra es algo parecido.

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