Impresiones de una desconexión (y IV)

(continúa de aquí)

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Ya es hora de ir cerrando esta serie de posts, así que tengo que dejar de irme por las ramas contando pequeños descubrimientos o impresiones sobre  temas tangenciales, para ir derecho al asunto central:  ¿cómo se siente la desconexión?¿en qué han cambiado mis hábitos? Y en definitiva: ¿qué he aprendido?

Creo que sólo ahora, cuando estoy volviendo al blog, se están aclarando estas sensaciones. Por un lado, me doy cuenta de que no tengo una gran dependencia de internet como tal. Mientras tenía el blog en hibernación no me costaba no conectarme por las noches en casa. Seguramente es porque no tengo twitter ni uso facebook ni cosas por el estilo (redes sociales, creo que las llaman 🙂 ) La adictividad aumenta  enormemente cuando el medio es interactivo y hay mensajes dirigidos directamente a ti y que debes contestar…

…que es lo que me pasa ahora con el blog. Ya lo debería saber, pero el contraste entre la tranquilidad de hace un mes y la urgencia para ver si hay comentarios ahora me lo ha mostrado muy gráficamente. Y es también lo que me ha pasado con el correo electrónico en el trabajo, como decía en el post anterior: aquí he sido incapaz de mantener mi propósito desde la primera semana.

Mis hábitos, entonces, han cambiado poco en el trabajo, y esto queda como asignatura pendiente. Como siempre pasa, es mucho más eficaz buscar trucos que eviten la tentación que intentar evitar caer en ella a pulso, por pura fuerza de voluntad. Pueden ser cosas tontas, como lo de mirar el correo en el móvil camino del trabajo y no poner el PC al llegar si no hay nada urgente. O no tener puesto el navegador y, cada vez que se me ocurra entrar en internet, apuntar en un papel lo que quiero mirar, para mirarlo luego todo junto, conscientemente, sin surfear en piloto  automático. O quizá, llegar a lo que alguna vez contaba Pere Quintana, en su instructivo Només 5 Línies (ahora cerrado): agarrar el cable de red y desenchufarlo.

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No tengo una gran dependencia, decía, pero también para mí, como para casi todo el mundo, internet responde al esquema típico de una adicción: un mecanismo cerebral, con valor adaptativo en el medio natural (en este caso, estar alerta y dispuesto a responder ante las novedades, que son un peligro potencial), es “secuestrado” por un elemento externo (aquí, los nuevos mensajes) que lo activa innecesariamente.

Estamos programados evolutivamente para prestar atención a las novedades y reaccionar a ellas: sólo así sobrevivieron nuestros antepasados en la sabana. Pero el adicto al correo o a las redes sociales tiene una reacción inadecuada. Actúa como si viviera en un medioambiente lleno de cambios, inestable y que exige una atención constante, cuando el 99% de las veces no es así. ¿Qué ocurre cuando alguna vez no miras el correo en toda la mañana? Nada malo. No nos ataca ningún león. Al revés: generalmente, cuando por fin lo abres te encuentras con alguna novedad significativa, en lugar de la pequeña frustración de mirar cada dos por tres y no encontrar nada.

Ese mirar y no encontrar nada, por cierto, contribuye a la adictividad: uno se ve impulsado a mirar de nuevo pronto, para ver si hay algo. Cuanto más a menudo miras, más probable es que no encuentres nada y por tanto tienes más motivo para volver a mirar (total, “no tardo nada en mirarlo y me quito la inquietud”): realimentación positiva . Y a esto hay que añadir que las recompensas son aleatorias, pero inmediatas cuando existen: justo dos de los rasgos que hacen tan adictivas a las máquinas tragaperras.

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Lo mejor de la experiencia: la sensación de paz de espíritu por las noches. He aprendido que estando en casa, la mera posibilidad de encender el portátil y conectarse actúa para mí como una especie de ruido de fondo mental, uno de esos zumbidos constantes que uno ya no percibe conscientemente. Cuando tienes la certeza de que estás desconectado, cuando eres consciente de que esa posibilidad no existe (mejor aún si físicamente has guardado el portátil y ni siquiera está a la vista) es como cuando de repente el zumbido cesa. Sólo entonces caes en la cuenta de lo molesto que era y de la paz que ahora sientes.

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Ahora bien, ¿compensa la privación informativa? Esto es lo que me preguntaba Antonio en un comentario: ¿Te compensa todo lo que pierdes al no conectarte? Los comentarios del blog que te sugieren lecturas, o te proponen ideas interesantes, el placer de leer tus webs favoritas, el ver un video en youtube que no podrías ver en otra parte y que de repente te descubre a un músico que te acaba encantando, etc…

Es verdad que la web te proporciona constantemente información interesante. Pero aquí la clave está en el balance entre dos procesos que compiten entre sí. Yo los llamo “seguir las conexiones” y “recibir inputs nuevos”.

En realidad, lo que necesitamos informativamente no suelen ser nuevos inputs (noticias o datos que caen del cielo sin conexión con lo anterior), sino poder seguir los vínculos que siempre aparecen en la información signficativa.

“Información significativa” es la que germina en nosotros y crece y da frutos. Nos empeñamos en sembrar más y más, pero el factor limitante no es que haya pocas semillas, al contrario. Lo que suele ocurrir es que una avalancha de información, irrelevante en el 99%, como un denso matorral de malas hierbas, ahoga los “brotes verdes” que estaban empezando a arraigar en nuestro suelo interior.

La información significativa siempre apunta a otras cosas, se conecta con otras ideas cercanas. Seguir esos vínculos es lo que establece un ecosistema mental, que es donde prosperan los significados y la comprensión. La mera información inconexa es sólo un montón sin estructura, no un ecosistema. Pero seguir los vínculos lleva tiempo y energía mental, y los inputs constantes secuestran a uno y a otra. Es difícil luchar contra esto porque es un reflejo: igual que un ruido brusco nos hace volver la cabeza, una “noticia” en la web del periódico, por irrelevante que sea, secuestra nuestra atención. La programación evolutiva, una vez más.

Por eso, para minimizar las malas hierbas en nuestro suelo interior, la desconexión es una necesaria labor de jardinería. No absoluta, claro: hay que encontrar el grado óptimo de conexión y saber gestionarlo; estar nosotros al mando, no nuestros instintos.

Eso es lo que tengo que seguir aprendiendo ahora.

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23 respuestas a Impresiones de una desconexión (y IV)

  1. Federico dijo:

    Muchas gracias por compartir tus experiencias, me refuerzan algunas impresiones indefinidas que me rondaban últimamente. Desde hace un tiempo he decidido dejar el portátil en el trabajo. El efecto? aparte de estar más relajado en casa, y más “presente”, es que llevo el trabajo de forma más ordenada (el tiempo sin ordenador me ayuda a ordenar ideas, purgar cosas superfluas, etc). Ahora me falta desengancharme de las partidas rápidas de ajedrez… qué vicio.
    Buen fin de semana desconectado,
    Federico

  2. loiayirga dijo:

    Antes no te conectabas y ahora publicas con más frecuencia de la que me vendría a mí bien para poder contestar. 🙂
    Quería contestar al 3º post y ya estás con el cuarto.
    Desde luego, el uso de internet es un tema que tengo que replantearme seriamente.
    Comparto y odio esa experiencia que contabas de entrar a mirar una cosa y peder media hora sin haberla mirado porque te entretienes con otra cosa.
    En el caso de tener IPad aún es más fácil la “conexión constante” (y la pérdida de tiempo constante) porque el IPad se mira en cualquier sitio y no hace falta ni siquiera “encender el ordenador”.
    Para mi es un problema también, el hecho de trabajar con el ordenador. Quizás sea buena idea la de desenchufar el cable y establecer claramente cuando es internet y cuando son otras cosas. Pero a veces tengo que responder correos de alumnos, o de compañeros. Y las cosas se mezclan irremediablemente.
    Yo era feliz en ARenas de San Pedro, en verano, porque como no tenía conexión, me acercaba un rato a la biblioteca por la mañana y luego vivía libre de internet el resto del tiempo. Para mí sería lo mejor. Acotar el tiempo a unas horas y fijar cuando.
    Y luego tendría que pensar el lado positivo. Es decir, digo NO a Internet ¿para decir SI a qué?.
    Supongo que quiero leer más. Más centrado. También lee uno en internet pero es un leer todo y nada.
    Me hablas de EVERNOTE. Ese es otro pozo sin fondo. Siempre aplicaciones nuevas y supuestas mejoras. Nos pasamos bastante tiempo, al menos yo, ocupados con la herramienta. Bien porque nos ofrecen nuevas herramientas, bien porque queremos mejorar las que tenemos, o hacer copias de seguridad, o actualizar el software del 4 al 5. No te digo nada cuando la “novedad” nos viene obligada porque nuestro nuevo nuevo ordenador o el movil tienen nuevo sistema operativo y entonces hay que aprender el windows 7 o el 8 o el que toque.
    Una ruina.

  3. Antonio dijo:

    Veo que la respuesta a la pregunta que te hacía no la tienes clara por ahora, y me parece normal.

    Yo en mi caso, que creo que es similar al tuyo, al menos en el hecho de que me niego (por ahora) a Facebooks y Twitters, la balanza se inclina más del lado de la conexión que de la desconexión. Sobre todo para mi pesa mucho el hecho de encontrar joyas por Youtube, imposibles de encontrar en otros sitios, por lo menos al nivel que está la televisión (no de pago) en España.

    Respecto a lo que decís sobre la necesidad de conexión…pues mucho me temo que es casi una imposición de la sociedad moderna. Recuerdo cuando empezó a popularizarse el uso del teléfono móvil, y tenía algunos amigos que se negaba a usarlo por lo que implicaba de estar siempre localizado, y por esa molestia de tener siempre cerca un aparato que te puede molestar en cualquier momento etc…Pues bien, ni que decir tiene que a día de hoy todos tienen móvil. Simplemente se ha convertido, o mejor dicho, lo hemos/nos lo han convertido en algo imprescindible para el trabajo, para las relaciones sociales, y para un sinfín de cosas más.
    Y las consecuencias para el que no acepta esta condición de imprescindible del móvil son más de las que pensamos: aislamiento social, esa cara de “eres un bicho raro” que te ponen los demás cuando alguien dice que no tiene smartphone…

  4. romerales dijo:

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    Así lo veo yo.

  5. loiayirga dijo:

    Me parece muy cierto que lo que engancha, o al menos una de las cosas que más engancha, de internet es la interactividad. La relación con los demás importa mucho, y por eso importa tanto que comenten en tu blog o que respondan tus comentarios si escribes en el blog de otro. Y cada vez que sucede recibe uno un refuerzo positivo como en las tragaperras.
    Yo también he experimentado que cuando tu blog estaba inactivo, al no tener que comentar, ni esperar que nadie me respondiera, también estaba más libre de la adicción. Recientemente polemicé en otro blog y ya llevo dos días enganchado a ver qué dicen o a ver qué digo. O sea que lo que engancha es la relación con otros.
    Por eso engancha tanto el whatsapp. Aunque yo he observado que también tiene su boom y su declinar. Quiero decir que al comienzo de una nueva “herramienta de comunicación” la gente se lanza como loca. Recuerdo las primeras conversaciones que tuve con mi cuñado (uno de ellos) cuando ambos nos instalamos el Messenger. Nos saludábamos todos los días. Al poco tiempo descubrimos que apenas teníamos nada que decirnos. Si habitualmente no nos llamábamos por teléfono… ¿qué sentido tenía que ahora nos comunicaramos por messerger?
    Anteriormente me sucedió lo mismo con el mail. Recuperé la comunicación con viejos amigos, porque habíamos dejado de escribirnos cartas en papel, y nuestra comunicación revivió durante un tiempo con el mail. Es como si disfrutáramos la novedad de la herramienta. Recuerdo que aquello me duró bastante. Pero también se acabó. Ahora apenas si intercambio correo con amigos.
    Dicen que Facebook está declinando. Yo apenas si lo he usado. Por cierto, el otro día había un estudio en la prensa de alguien que había hecho un estudio como su expansión fuera una epidemia que se extiende y luego remite. Curioso.
    Mi hijo me dice que ya no mira tuenti. Posiblemente muerto a manos de Whatsapp.
    ¿A dónde llego con todo este rollo? Ya querría yo saberlo.
    Pues que es cierto que la interacción engancha. Pero también hay un gusto en el uso de nuevas herramientas. Engancha también ese poder usar un “poder” que antes no se tenía. Yo hablaba con mi cuñado solo por usar Messenger. Ahora la familia de mi mujer intercambia fotos por guasap (intercambiamos) por el gusto de poder hacerlo. Por cierto, la cosa ya está decayendo también. Nos estamos cansando un poco todos de ver la paella que se van a zampar en Valencia o el pulpo que se van a trincar en Galicia.

  6. pseudópodo dijo:

    Federico, yo creo que una de las cosas que uno aprende cuando va experimentando con esto es que es bueno que los tiempos estén bien delimitados, que cuando se trabaje se trabaje al 100% y cuando se descanse se descanse al 100%… Así que me parece muy bien tu nueva política… y sí, he estado desconectado el fin de semana, pero con trabajos domésticos que no me han relajado nada (el maldito mundo real, que se sigue colando en nuestras vidas).

    loiayirga, no te preocupes: a mi no me da tiempo a contestar, así que estamos en paz 🙂 Lo mismo digo a Antonio (a Romerales poco le puedo conestar): mañana sigo, que esta noche en casa tenemos algo que celebrar

  7. pseudópodo dijo:

    Antonio, la cuestión no es si merece la pena estar al 100% desconectado, no creo que nadie defienda eso seriamente a estas alturas por lo menos para quien pretenda seguir llevando una vida normal: desconectarse por completo sería equivalente a meterse ermitaño (que nadie dice que sea malo tampoco, pero estamos asumiendo que no queremos cambiar tan radicalmente…). Se trata de encontrar el punto óptimo de funcionamiento: si 0% del tiempo conectados no es aceptable y 100% tampoco, obviamente tiene que haber un punto intermedio óptimo. Y no sólo se trata del tiempo, claro, no es un número simplemente lo que hay que optimizar, sino también encontrar las estrategias mejores. Todo eso no es cuestión de un día, pero experimentos como desconexiones parciales pueden enseñar bastante a gestionar esto mejor.

    Por cierto, que últimamente, desde que compré un cable para conectar ver la pantalla del portátil por la TV, las noches de los viernes y los sábados las dedicamos a ver en familia cosas de Youtube… infinitamente mejor que la TV comercial, claro, pero también mucho más flexible y cómodo (y variado) que los DVDs…

    loiayirga, he estado mirando el estudio que mencionas; el artículo original está aquí y una crítica bastante demoledora aquí. Aunque creo que la crítica tiene razón, eso no quita para que el crecimiento de una red social sea similar en muchos aspectos a una epidemia (pero hay muchos otros fenómenos que se describen así, es un clásico de la teoría de la complejidad). Aunque probablemente el artículo esté equivocado en el caso concreto de Facebook, lo que sí es verdad es que todo esto es muy voluble, son todo fenómenos colectivos en los ocurren cosas poco intuitivas, cambios bruscos como transiciones de fase… Y esto sólo por el tipo de dinámica que tienen. Luego hay que añadir que los efectos de la moda, y del acostumbramiento que mencionas porque te cansas del juguete. Es muy cierto eso de que piensas que ahora vas a recuperar el contacto con fulano y mengano y luego ves que tampoco, y que para lo que te ha servido internet es para quedarte sin excusa y que se haga evidente que si no te comunicas es porque no quieres…

    Luego está el agobio de las innovaciones, las nuevas posibilidades que cambian sin parar. En realidad, internet es un ejemplo magnífico de esa frase (que no sé de donde viene): “ten mucho cuidado con lo que pides a Dios, no vaya a ser que te lo conceda” (ejemplo típico: el rey Midas). Internet nos está dando todo lo que pedimos, y eso mucha veces resulta que no es una bendición sino una carga (y aquí no estamos hablando de los problemas mucho más graves que tienen los adolescentes…)

    En fin, tampoco voy a parar a ningún sitio. Pero es curioso que esto que comentas sirve para matizar un poco (aunque no para desmentir, de ninguna manera) a Postman y su tesis del poder de la herramienta.

  8. triglifo dijo:

    A mí, todo esto me hace pensar en “La red social” (David Fincher, 2010), en la que se cuenta la historia de la creación de Facebook por el joven Mark Zuckerberg.
    Aunque la película me pareció un tanto pesada, el final me pareció profético: vemos al propio Mark atrapado en su propia creación, como un robot, actualizando cada pocos segundos la pàgina para comprobar si la chica que le gusta le ha agregado.

    Es difícil el término medio: o el ermitaño o el neurótico pica teclas. (La opción de ermitaño tampoco me parece una tontería, siempre que puedas integrarte en una red de ermitaños xD ).Ya he dicho alguna vez por aquí que luchar por ese término medio es digno de samuráis o guerreros incluso, aunque a veces no se sepa si, al final, este término medio implica una vida más feliz.

    No sé, me da la sensación que este debate es uno de aquellos que siempre acaba con el salomónico: “la tecnología no es mala per se; depende de cómo la utilicemos”, lo cual viene a ser como decir casi nada.

    Por cierto, muy buena la imagen del rey Midas de pseudópodo. O, dicho de otra manera: morir de éxito.

    Seguramente como todo, necesitaremos 20 o 30 años(o mucho más) de perspectiva para saber qué se está cociendo ahora mismo, hacia dónde vamos (¡o hacia donde la tecnología nos lleva!) Quizá dentro de 300 años otro “Jared Diamond” escriba un “Tweets, móviles y satélites” para explicar el mundo de entonces…

  9. Antonio dijo:

    Pseudópodo, estoy de acuerdo en que ya nadie piensa siquiera en un 0% de conexión, pero lo que me da que pensar es la capacidad de nuestra sociedad actual de hacer imprescindibles cosas que hace 5 ó 10 años no lo eran, y que ahora todo el mundo asume como obligatorias, muchas veces sin pararse a reflexionar si es por una razón de peso o porque sí.

    Porque digo yo…si hace digamos 10 años, no era imprescindible el estar localizado casi las 24 horas del día (y cuando digo localizado, a estas alturas ya es a precisión de GPS) o que te pudieran llamar estés donde estés (es decir, usar el móvil a diario)…¿qué es lo que ha cambiado en este relativamente corto periodo de tiempo para que ahora resulte intolerable lo que antes era normal?

    No estoy hablando en convertirse en un neoludita y abolir la electricidad, estoy hablando de por qué hay que aceptar sí o sí ciertos aspectos de las tecnologías que prácticamente se nos impone, sin que en realidad haya detrás una razón inapelable a la que recurrir para esta imposición. Yo puedo comprender que se mire raro a alguien que se niegue a tener electricidad en casa, pero no veo por qué yo no puedo elegir otra serie de cosas que en realidad no son tan imprescindibles como parecen, y me tengo que acoplar a ellas porque “están de moda” o “las usa todo el mundo”.
    En fin, supongo que estas situaciones no son nuevas, y que se han dado cada vez que ha habido un cambio tecnológico importante, lo que pasa es que de un tiempo a esta parte el ritmo al que surgen todas estas movidas ya no se mida por décadas como antes, si no por años o incluso por meses. Pensemos en cuanto llevan con nosotros Twitters, Facebooks, Instagrams o incluso el iPhone, que parece que llevamos toda la vida con él y se lanzo en…¡¡¡ 2007 !!!

  10. pseudópodo dijo:

    Pues sí, triglifo, es muy fuerte la tentación de decir eso “la tecnología no es mala per se; depende de cómo la utilicemos” y efectivamente eso no es decir nada.

    El problema con cualquier tecnología es que nunca es neutra, tiene una dinámica interna que se va desplegando, unos sesgos propios que casi siempre son muy poco predecibles: era la idea de que “el medio es el mensaje”, etc (lo hemos dicho aquí muchas veces).

    ¿Cuál es el sesgo implícito en internet? Depende bastante de cual sea el modo de acceso (no es lo mismo el móvil que el pc de sobremesa), pero siempre es hacia la distracción y el exceso de información, la “infoxicación”. Es difícil de controlar, de hecho es como una droga que crea adicción, aunque no sea una sustancia química: por eso mencionaba las tragaperras; realmente la ludopatía es una adicción con muchos puntos en común.

    Es imposible prescindir de internet por completo en la mayoría de los trabajos, y además sería una postura demasiado extremista (neoludita, como dice Antonio), como quien no prueba el alcohol porque hay alcohólicos. Pero encontrar el equilibrio no es trivial, y se convierte en una necesidad ineludible.

    En realidad, yo estoy convencido de que el 90% de nosotros estamos “del lado de allá” del punto óptimo, es decir, que estamos demasiado conectados, no demasiado poco. La mayor parte de las “necesidades” de conexión que sentimos son ficticias, fruto de la ansiedad, de los mecanismos de adicción y de nuestra programación genética para prestar atención a las novedades (que comentaba en el post), y de la presión social que parece que nos obliga a tener Facebook o twitter o lo que sea, para al cabo de pocos años (o últimamente meses) cambiar y adoptar otra red social, gadget, distracción…

    De todos modos, nosotros tenemos todavía la referencia de un mundo pre-inernet y de unas relaciones personales no mediatizadas por las redes sociales, tenemos como paradigma de comunicación auténtica la comunicación cara a cara o la carta larga en la que se explican las cosas discursivamente… Podemos ver las carencias y los problemas de internet porque tenemos con qué comparar, podemos estar en guardia y plantearnos que hay un óptimo de conexión. Donde está el problema gordo es en los adolescentes. Ahí sí que me parece dramática la cosa, y dentro de nada me va a tocar a mí con mis hijos.

  11. Sertorius dijo:

    Me alegra verte, te he echado de menos.

  12. loiayirga dijo:

    Pseudópodo, es muy interesante la visión que das de las adicciones explicándolas con la psicología evolucionista. Es muy interesante. Aunque algunos expertos consideran que hay gente más propensa a ellas. Tienen algún tipo de carencia que les hacen más vulnerables. Quizás se podrían conjugar ambas explicaciones.
    Me parece muy interesante la visión del hombre que nos da la psicología evolucionista. Somos un conjunto de mecanismos ciegos que nos han traído hasta aquí. Esos mecanismos no tienen una finalidad. Sucede que eran mecanismos que ayudaban a sobrevivir en el ambiente en el que hombre vivió la mayor parte de su vida como especie. Eso es todo.
    Y esa visión también resulta un poco descorazonadora.
    Por ejemplo, la esperanza. En otros tiempos era una de las virtudes teologales. Ahora es un mecanismo que permite a los humanos soportar todo tipo de penalidades sin sucumbir y suicidarse.
    Algún psicólogo tenía que hacer esa lista completa de mecanismos (o programas). Quizás ya está hecha. Me gustaría saber como somos los hombres, leídas las características humanas con esa clave.
    ………………
    Por otro lado, el asunto de las relaciones humanas auténticas (cara a cara) y todo eso me recuerda el debate que tuvimos en el post que escribiste sobre la leche. Tengo la sensación de que pareces tomar nuestra sociedad como la “normal”. ¿Cuáles son las relaciones que sirven de unidad de medida? Cada generación parte de un estado de las cosas. Y ese estado –que es el único que vivencialmente ha conocido- es el que le parece “lo normal”. Cuando tú hablas de las relaciones humanas cara a cara… ¿te refieres a las que tenemos con los vecinos del bloque en una gran ciudad? ¿Te refieres a las relaciones que tenían los vecinos en los pueblos de nuestros abuelos? Relaciones cara a cara… ¿antes de la ciudad anónima o después de la ciudad anónima? ¿Antes de la habitación individual para cada uno o después? ¿De qué relaciones estamos hablando? ¿Te refieres a las relaciones familiares que existían dentro de la familia extensa o ahora con la familia nuclear actual? ¿Las relaciones de los matrimonios de hace trescientos años o de la de los matrimonios de ahora que se divorcian al mínimo contratiempo (relaciones líquidas, Bauman dixit)?
    Convendría objetivar como han ido cambiando las relaciones humanas desde los pequeños clanes de cazadores recolectores hasta ahora. Convendría saber qué se ha ganado y qué se ha perdido con el paso del tiempo. Y objetivar qué vamos a perder y a ganar con los amigos “on line”. Una de las claves está en la “liquidez”. Pero lo que me choca es que parece que –siempre- lo que nosotros hemos vivido lo tomas siempre como lo normal.

  13. pseudópodo dijo:

    Bueno, la explicación de las adicciones es algo general, no va vinculada a la psicología evolucionista, aunque en este caso particular de la “adición a la información” sí lo esté, igual que en el caso de la “adicción a las grasas” (o a la comida basura: en la sabana también interesaba aprovechar cualquier oportunidad para ingerir calorías, que nunca se sabía cuando iba a ser la próxima).

    De la psicología evolucionista yo también tengo una opinión ambigua. En muchos casos creo que es muy iluminadora, y creo que vendría muy bien se (re)conociera más y nos aplicáramos la idea de que tenemos una naturaleza humana, tan contraria al dogma progresista de que podemos ser cualquier cosa que nos propongamos, que no hay diferencias sexuales sino diferencias de género construidas socialmente, etc.. Por otra parte, también es descorazonadora en cierto modo, aunque creo que a menudo se exagera este aspecto porque se recalca mucho eso de “no somos más que…” (un conjunto de mecanismos ciegos, etc).

    Yo creo que el “no somos más que…” es la cantinela de todos los reduccionismos (no somos más que química, no somos más que millones de neuronas disparándose, etc..), y la vacuna es epistemológica: ¿en qué sentido “no somos más que tal o cual”? ¿Un libro no es más que letras?¿O no es más que hojas de papel?¿O no es más que átomos…? Hay aquí un problema filosófico, el de cual es el nivel de descripción adecuado para una entidad determinada. Un libro sigue siendo libro aunque se cambie el formato: no es “nada más que un montón de hojas”, porque igual podría ser un montón de bytes en un ebook. Podríamos decir que el libro “utiliza” el papel o los bytes para materializarse, coyunturalmente, de una manera. Igualmente podríamos decir que el yo utiliza a esos mecanismos o a esas neuronas.

    O quizá no sea lo mismo y esté forzando mucho la metáfora, pero eso habría que dilucidarlo pensando filosóficamente.

    (Quizá se nota que estoy leyendo últimamente a neurólogos, un tipo profesional poco amante de la filosofía pero que tiende a querer explicarlo todo)

    Sobre las relaciones humanas auténticas: estoy dispuesto a admitir que no hay un único patrón de normalidad, y que tiendo a considerar como “lo normal” lo que he vivido yo…aunque no lo he dicho, lo has leído entre líneas: lo único que he dicho es que nosotros tenemos con qué comparar, mientras que los nativos digitales van a tener más difícil encontrarle los defectos a internet y plantearse que el óptimo de conexión seguramente no es el 100%, porque no han conocido otra cosa. El que está en mejores condiciones de juzgar una tecnología es el que ha conocido el mundo sin esa tecnología, me parece a mí.

    Eso sí, creo que internet supone un cambio tan enorme en el modelo de relaciones, la gestión de la atención, la concepción del conocimiento, la privacidad, y, en fin, nuestro propio concepto de yo, que no tiene paralelo en la historia. Mi mundo en la infancia se parece más, en estos terrenos, al de los romanos que al de mis hijos. Y un cambio tan brutal, tan poco evolutivo, no me parece normal, ciertamente. No espero nada bueno de ninguna revolución y tampoco de esta.

  14. loiayirga dijo:

    se nota que estoy leyendo últimamente a neurólogos,
    Cuéntanos, hombre, cuéntanos. Y si no haces un post, al menos dinos qué libros.
    “No espero nada bueno de ninguna revolución”
    Eso te pasa por leer a Jared Diamond, que desconfía hasta de la introducción de la agricultura. Eso de hacernos sedentarios, eso sí que fue revolución. ¿Tampoco aprecias las ventajas de la revolución científica de Galileo? ¿Y qué te parece la revolución industrial? Nombrabas a los romanos. Se ha dicho que un hombre de mediados del XVIII (anterior a la revolución industrial y a la francesa) se parece más a un hombre de la época romana que al hombre del siglo XX. Con la aparición de internet ¿tendremos que establecer la nueva escisión en el siglo XX?
    Lo que yo tiendo a pensar es que los seres humanos son seres humanos en cualquier coyuntura. Viven su humanidad –con mayor o menor plenitud- en el tipo de mundo que les toca (ya sea éste anterior al sedentarismo o posterior a Internet). No procedemos de una época dorada. Por una especie de igualación –quizás injusta- tiendo a creer que no seríamos mejor por hablar todos indoeuropeo. Es cierto que todas las lenguas romances son deformaciones del latín. ¿Pero tanto se perdió con la aparición de las lenguas romances? Pues sí. Se perdió unidad. Por cierto… eso es lo que ahora estamos ganando. El mundo va camino de ser uno solo. La famosa aldea global tendrá pronto características de verdadera aldea.
    Pero vuelvo al hilo del argumento. Cada ser humano se encuentra un mundo ya dado y vive su humanidad con lo que le toca. Y no siente la pérdida de lo anterior, porque no lo conoció. Y nosotros no pensamos que las auténticas relaciones humanas eran las de aquellos vecinos que vivían toda la vida en la misma aldea, habían compartido mil historias juntos, conocían todas las peripecias vitales que el otro había tenido y eran enterrados en el mismo cementerio. Y seguro que tenían mucho de auténtico, pero yo no estoy seguro que mis relaciones sean peores. O quizás sí. No lo sé. Quizás se idealiza al pasado.
    (¿Existirá un paraíso perdido que alguna vez la humanidad conoció? García Calvo decía que los niños, todos los niños, cuando tenían que dibujar una casa dibujaban una casa de un piso, con ventanas, un tejado a dos aguas, y una puerta. Ninguno dibujaba un bloque de pisos. Por algo será, pensaba él. Según él, porque estas nuestras no son casas.)
    Desde luego, la revolución de internet es enorme. Y aún no vemos su alcance total, pero yo tiendo a ser optimista, por principio. Me sale así. Digamos que soy integrado, mientras que a ti te veo –habitualmente- con tendencias apocalípticas, aunque nunca extremado ni catastrofista, pero siempre receloso.
    En fin, me he despertado a las 5 y media de la mañana y me he puesto a divagar.
    Por cierto, mi hija tiene que hacer un trabajo sobre “ventajas e inconvenientes de la tecnología” y ella –como está en periodismo- quiere aplicarlo a las tecnologías de la comunicación. Estoy pensando en leer para ella. A parte del libro de Carr “Superficiales”, ¿Qué otros libros se te ocurren? Te hago la consulta por aquí, en lugar de por mail, por si otros pueden apuntar también bibliografía.

  15. triglifo dijo:

    Es curioso, muchas veces las discusiones por aquí acaban derivando en el tema: “¿Tiempos pasados fueron mejores (o peores)? 🙂

    Como comentáis, muchos de nosotros hemos vivido los inicios de nuestra vida (sobretodo si hemos nacido en un pueblo) en un mundo no muy distinto al medieval (o romano, como dice pseudópodo): familia extensa, relación directa con los medios de producción de alimentos, jugar en la calle, etc… El impacto de la revolución tecnológica del XX fue tremenda, pero quizá más aparatosa que otra cosa: uno que antes usaba un carromato para desplazarse ahora podía coger un avión, pero en esencia el acto no era muy diferente. La revolución de las tecnologías de la información ha sido casi invisible a nivel exterior (compárese una foto de una ciudad moderna hoy y hace 30 años), sin embargo, el modo como ha cambiado lo interior en el hombre, pienso que ha sido tremendo. De alguna forma es como si nos hubiéramos creado un cielo, una burbuja, una red de relaciones que a veces parece una nueva religión animista: todos estamos conectados con todos. Siempre me fascinan expresiones como: “me he bajado de la red…” (ah, ¿es que los datos están “arriba”?) ,”me conectaré un rato”, etc…

    El asunto de si los chicos de ahora tendrán problemas con estas tecnologías por no conocer un mundo pre-internet… No sé, creo que de momento, los que tenemos más problemas somos los que somos un poco más mayores, los anfibios, los que conocimos los dos mundos. Un pez que ha nacido en el río no se pregunta por la tierra, hace su vida en el agua. Sólo la rana puede pensar que el pez se pierde algo de la tierra. Creo que los chicos de ahora también llegarán a ser anfibios, de mayores, sólo que de una forma que no podemos ni imaginar. Quizá internet deviene en una forma de democracia participativa más justa, más oportunidades para todos, etc.. En ese caso, si eso llega a asentarse, imaginemos como reaccionarían si alguien les propone vivir como a finales del XX. Seguramente lo verían como moralmente reprobable, como una época que fomenta el individualismo, etc..

    El caso es que, si me ciño a la clasificación de tipos de persona que ha esbozado loiayirga, creo que me alineo con pseudópodo entre los recelosos de las nuevas revoluciones. Siempre una nueva revolución trae cosas buenas, pero también cosas malas al mismo nivel. Y me parece imposible establecer objetivamente un balance de pérdidas-beneficios. En el caso de internet y las tecnologías de la información no es donde veo el máximo peligro. En el peor de los casos podemos crear personas bobas, dóciles, dependientes.. en el mejor podemos crear un mundo más solidario y con más acceso a las información. Pero en cualquier caso, no es lo que más me preocupa: hay maneras personales de buscar un equilibrio, (que era el tema del post) o llegado el caso, de salirse de la “Matrix”, aunque implique vivir como un ermitaño. Lo que a mi me preocupa es lo que sucede más allá de facebook y youtube, más allá de los edificios en los que están los servidores que aguantan todo el sistema, (y ahora me parece que voy a pasar a la fase apocalíptica a la que aludía loiayirga). Me preocupa el cambio climático, me preocupa qué ocurre con todo el arsenal atómico, de armamento biológico, me preocupa la desaparición irreversible de especies, el terrorismo, las guerras, la superpoblación… Eso sí amenaza a la especie humana. Internet diría que no, pero me gustaría saber hasta qué punto puede ser un medio para luchar contra esos peligros o un tupido velo tras el que refugiarnos.

  16. pseudópodo dijo:

    Primero las respuestas urgentes en plan telegrama, para loiayirga, luego si tengo un rato divago un rato como él.

    Neurólogos: Empecé con Incógnito, de Eagleman, en navidades; eso me llevó a la preocupación por el libre albedrío (que precisamente te preocupa también a ti) y me leí El pasado dela mente, de Gazzaniga: de ahí a En busca de Spinoza, de Damasio, y he repasado también La búsqueda científica del alma, de Crick, y algún trozo de Pinker (que al final siempre es el mejor). Para poder decir algo más necesitaría un post, pero ya veremos…

    Libros para tu hija: aparte del de Carr, a mí me han gustado, y he contado por aquí algo sobre ellos, los de Jaron Lanier (You are not a gadget) y Douglas Rushkoff (Program or be programmed). No sé si leerá ingles, pero a lo mejor le vale con mis comentarios…Luego está el de Enrique Dans, pero en mi opinión no vale gran cosa (espero que no esté leyendo esto y venga a decirme cuatro cosas 🙂 )

    Unos minutos para la divagación…

    Triglifo. efectivamente yo me inclino más al lado apocalíptico (dicho sea en el sentido débil de Umberto Eco, no en el literal). Pero aunque me preocupan también las cosas del “mundo real” (de los átomos) que te preocupan a ti, la verdad es que encuentro más motivos de preocupación en el plano de los bits, o más bien, en el plano inmaterial de nuestros hábitos mentales y de nuestros valores. Quizá porque tengo hijos y veo que eso es lo que les afecta.

    En ese plano es donde creo que internet es un cambio como nunca ha existido en la historia. Porque a lo mejor el neolítico, hacerse sedentarios, fue mayor, como dice loiayirga, pero pero tuvo lugar gradualmente. Lo llamamos revolución, pero nadie lo vio así, duró muchas generaciones, que es lo que importa. Incluso la extensión de la imprenta fue cosa de casi un siglo. Ahora estamos viendo unos cambios mucho mayores ¡en diez años! Nuestra capacidad de acomodación es inmensa, pero no creo que llegue a ese punto…

    Pero sólo son divagaciones, no doy para más: la ESO ha vuelto al ataque y me está matando…

  17. Sertorius dijo:

    Se me olvidaba. La mayoria de las veces las cosas mas pequeñas son las mas importantes. Coincido contigo en casi todo como casi siempre pero reconozco que una idea que expresaste al principio para justificar tu desconexion es la que mas me ronda la cabeza: No hay libertad mayor que pudiendo hacer algo te prohibas a ti mismo hacerlo. Decir esto en estos dias en los que todos parecen envidiar al Caligula de Camus es una muestra de sabiduria que merece la pena remarcarse.
    No te fies ni un pelo de los neurologos. Cave canem.

  18. loiayirga dijo:

    Agradezco muchísimo tu bibliografía. El libro de Lanier lo voy a leer. Y también agradezco que me pongas en la pista de “Investigación y Ciencia”. No pude dar las gracias antes. Y aunque, ya retrasado, quise hacerlo dos veces, en dos ocasiones distintas ajenas circunstancias de la red me impidieron hacerlo.
    Mi padre, un hombre muy razonable para otras cosas, algunas veces se enfada con los “mengues”, que le pierden constantemente las cosas por casa. Desde luego, a juzgar por la cantidad de veces que se pierden cosas en casa de mis padres, empiezo a pensar si mi padre llevará razón y existe una parte de la realidad que yo no conocía (los mengues)
    No sé si estos seres, que tienen la casa de mi padre invadida, han subido a mi casa y me juegan malas pasadas con la conexión a Internet o se trata de una mutación nueva de estas molestas entidades, a las que podríamos llamar “mengues digitales”.
    No lo sé, digo. Pero te juro que fueron ellos los culpables de mi tardanza en dejar mi comentario de agradecimiento.

    Y supongo que Andrés Ibáñez (a quien veo, por cierto, últimamente, más guapo) creerá a pies juntillas en la existencia de los mengues.

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