Desinflando a Marías

[Vaya por delante un aviso para evitar sustos: voy a hablar del novelista Javier Marías, no del filósofo Julián, a quien sigo admirando tanto como cuando escribí el post anterior. Es que al hablar sobre el padre me he acordado del hijo…].

   

Parece que Flaubert era capaz de pasarse días agonizando sobre el papel para encontrar le mot juste, la única palabra que encajaba en la frase y con la que ésta alcanzaba su sentido pleno. Conformarse con otra cosa, con vocablos aproximativos  o con significados romos, era indigno de la tarea de escritor.

Javier Marías no tiene esos problemas. Ha descubierto un enfoque nuevo: cuando hay varias palabras en disputa, las pone todas. De esta manera, los críticos alemanes, que no deben ser muy partidarios del franchute Flaubert, pueden extasiarse ante su rico vocabulario y el pulso de largo aliento que posee su prosa.

Pero mejor veamos un ejemplo. En el primer tomo de “Tu rostro mañana”, su aclamada trilogía de 1300 páginas, encontramos al narrador arrodillado en una escalera, intentando borrar una mancha de sangre que misteriosamente ha aparecido allí. Me he tomado la molestia, como nos recomendaba mi profesor de Lengua de 1º de BUP, de tachar las repeticiones, circunloquios, o perífrasis innecesarias. Hagan la prueba de leerlo saltándose las tachaduras:

Yo estaba ahora ya limpiando la mancha en casa de Wheeler con algodón empapado, la sangre no era muy fresca pero tampoco estaba del todo seca o reseca, y la madera bien barnizada, encerada, pulida, permitía irla quitando o sacando, aunque no sin hacer fuerza e insistir una y otra vez y gastar alcohol y algodones como no había supuesto, los iba dejando a un lado, en el cenicero de Peter —los ya ensangrentados—, y a la vez iba con cuidado para no dañar la tarima ni sustituir una señal por otra, con el alcohol no se sabe. Lo que más cuesta limpiar de esas manchas o hasta de gotas minúsculas es su cerco, su círculo, la circunferencia, no sé por qué eso se aferra al suelo muchísimo más que el resto, o a la loza del lavabo o del baño, allí donde las gotas o las manchas caigan, y además eso ocurre en seguida, incluso cuando la sangre es bien fresca, nada más ser vertida, habrá una ley física sin duda alguna, pero yo la desconozco. ‘Tal vez’, pensé, ‘tal vez es una forma de agarrarse al presente, una resistencia a desaparecer que también oponen los objetos y lo inanimado, no las personas tan sólo, tal vez es la tentativa de dejar su huella de las cosas todas, de hacer más difícil su negación o su difuminación o su olvido, es su manera de decir “Yo he sido”, o “Soy aún, luego es seguro que he sido”, y de impedir que los demás digamos “No, esto no ha sido, nunca lo hubo, no cruzó el mundo ni pisó la tierra, no existió y nunca ha ocurrido“.

El texto se queda en poco más la mitad, y si aplicamos este tratamiento al libro entero el encogimiento es mayor aún, porque Marías gusta de volver una y otra vez a lo mismo y de repetir incluso frases enteras de un tomo en el siguiente. Una vez desinflada, la magna trilogía de 1300 páginas se queda en una novela de, como mucho, 400. Mucho más digerible, además.

¿Que por qué me ensaño con el hijo de Don Julián? Porque ¡me he leído la trilogía! Sí, lo he hecho: he sido incapaz de dejarla a la mitad. Paradójicamente, tanto aire verbal, tal empacho de flatus vocis, a la vez que me impacientaba, me espoleaba a leer y leer: a ver cuando pasaba algo. Ciento cincuenta páginas y por fin el narrador ha subido la escalera donde estaba la mancha. Otras ciento cincuenta y, a la mañana siguiente, ha bajado esa misma escalera. Etcétera.

Pero lo peor no es el ritmo de caracol, no son los diálogos en los que todos los personajes hablan igual, no son las bromas privadas que sólo harán gracia al autor (como la aparición estelar de un antipático Francisco Rico, del que Marías dice, sin asomo de ironía, que “es un hombre eximio”). No necesito que una novela tenga acción, ni riqueza de registros verbales, ni que sea simpática. Me gustan los ensayos, y en las novelas busco también ideas. Lo más decepcionante para mí es que en esas 1300 páginas apenas hay ideas: tres o cuatro que Marías rumia obsesivamente, y que parecen sólo ecos de la experiencia de su padre en la Guerra Civil. Sólo cuando habla de él remonta el vuelo este gigantesco soufflé de palabras: cuando deja de ser una novela.

 * * *

Postdata 1: Me resulta curioso que tengo muy claro que sólo he terminado la trilogía porque la he leído en el Kindle, no en papel. Pero no sabría explicar bien por qué es así. Quizá en otro post consiga aclarár(me)lo.

Postdata 2: La experiencia no me ha traumatizado, porque ahora estoy leyendo otra trilogía. Y esta es maravillosa: la Deptford Trilogy de Robertson Davies. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una novela: esta tiene ritmo narrativo, variedad de registros, humor… e ideas para dar y tomar.

Posdata 3: La ley física que sospecha Marías para explicar los cercos de las manchas existe: véase aquí.

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41 respuestas a Desinflando a Marías

  1. Serenus dijo:

    También la leí, comparto lo de los críticos alemanes …

  2. loiayirga dijo:

    Yo sugiero una tachadura diferente. En la última frase se puede dejar únicamente el “no existió” (que tú has tachado) y prescindir de toda la linea completa anterior (que tú has dejado). Se suprime bastante más sin prescindir de contenido.

    SE ve que no te gustan las repeticiones. Tampoco te gustó el tipo aquel, Thomas Bernhard, que decía las cosas tres veces. ¿Recuerdas?

  3. loiayirga dijo:

    ¿Y no podías habías haber leído solo dos novelas y con el tiempo ahorrado haber escrito algún post más para el blog?

    Ah. Sorry. No me daba cuenta que lo que has leído te ha servido para escribir este.

    Por cierto, el que le tiene mucha manía a Marías (hijo) es Trapiello. Lo llama “el que daba volatines” porque por lo visto los daba en los tiempos en que era amigo de Benet. Es una de sus bestias negras.

    Cuando yo lo leí hace muchos años le vi un mérito: hablaba de las relaciones sentimentales extrañas a través de Internet. Cuando aún pertenecían al futuro, más que al presente. Es verdad que en ellas no pasaban muchas cosas. Pero recuerda que ese no es un criterio. En el cuento del Estudiante de Chejov tampoco pasan muchas cosas.

    A mí no me dejó mal sabor de boca, leí varias novelas. No recuerdo cuales. Pero lo cierto es que no he vuelto a leer nada más de él. Se ve que no me quedaron ganas de repetir.

    REcuerdo que una de las ideas del libro (quizás la recuerdo porque no había muchas y la repetía, como tú explicas) es que cuando te enteras de un secreto, de algo que no conoces, ya no puedes volver hacía atrás. Es imposible dejar de saber algo que cuando ya te has enterado. Curioso.

  4. Alejo Urzass dijo:

    Fíjese lo que podríamos hacer con las Variaciones Goldberg de Bach, ¿no sobran notas ahí de lo que es un cortito tema melódico que se alarga hasta casi una hora?

    Don, es que la literatura no es un prospecto. Bernardo Atxaga contaba que tenía un cartelito en su escritorio que decía “no des demasiadas explicaciones”. Es lo que me parece que hace aquí Marías. En lugar de explicarnos que el personaje que limpia la sangre es meticuloso, quizá obsesivo, y que el proceso de limpiar la sangre no resulta nada sencillo contra lo que pudiera parecer, pues Marías nos lo hace sentir de esta manera alargada en el tiempo. El resultado podrá ser mejor o peor, pero el recurso no es culpable.

  5. loiayirga dijo:

    Lleva razón Alejo. El énfasis, la repetición, el pleonasmo puede ser un recurso literario expresivo. El problema es cómo se use (o que se abuse). Que conste que estoy haciendo de abogado del diablo por hablar. A mí que nadie me ligue al señor Javier Marías. Nene, caca.

    Recuerdo que también te quejabas del autor de Más Platón y menos Prozac. Y llevabas razón. Por favor, si lo que usted me quiere decir, me lo puede decir en doscientas páginas en lugar de en ochocientas se lo agradecería. Pero aquello era ensayo y esto otro es literatura. Y la literatura tiene mucho de “entretenimiento”. Es decir que se trata de que te meta en “su mundo” y allí te pierdas y te olvides de ti mismo. A veces se puede considerar un mérito literario que alguien te tenga mucho rato entretenido sin haber dicho nada o casi nada.

    Pero si lo que quieres es concisión e ir al grano, lee los diarios de Iñaki Uriarte. Cinco años están concentrados en 200 páginas y se agradece, porque no sobra nada. Es muy fácil conseguirlo para Kindle. Y tú te lo bebes en una tarde.

  6. loiayirga dijo:

    Y para terminar se me ocurre lo siguiente.
    O las novelas de Javier Marías tiene algún valor o tú, que te has tragado 1300 páginas, eres tonto.

    Dicho sea con todo respeto. 🙂

    Nos podías contar también qué es lo que te ha llevado a seguir hasta el final.

  7. pseudópodo dijo:

    Loiayirga, Alejo: os responde Juan de Mairena:

    -Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”.
    El alumno escribe lo que se le dicta.
    -Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.
    El alumno, después de meditar, escribe: “Lo que pasa en la calle”.
    Mairena: -no está mal.

    Otro rato, con tiempo. lo diré más en prosa. Y responderé a las provocaciones de don Loia 🙂

  8. Alejo Urzass dijo:

    Y ya que Don Loia me da la razón, yo se la doy también con los diarios de Iñaki Uriarte (aunque tengo pendiente el 2º), doy fe de que el primero, al menos, es una libro que lo tiene todo.

  9. Jesús dijo:

    Pues a mí me encantó, y seguramente por lo que a ti no. Es, de hecho, una de mis obras favoritas. Eso de que tarde 30 páginas en subir las escaleras me entusiasma. Es como escuchar a Celibidache.
    Por cierto, gracias por la recomendación de Deptford

  10. Cristina dijo:

    Javier Marías podría describirse a sí mismo así: qué bien escribo y qué poco tengo que decir. Como dice Alejo, el recurso no es culpable, es culpable el escritor.

    (En realidad pasaba por aquí para disculparme por la descortesía de haber puesto un enlace a la wikipedia, en el post anterior, sin escribir nada más. No quería ser pesada y ya había comentado mucho.)

  11. MarianoS dijo:

    Pues yo voy a salir (como si fuera necesario!) en defensa de Javier Marías, que no me parece en absoluto atrabiliario.

    No por sus novelas: su estilo narrativo no me llega y aunque lo intenté con un par de ellas, antes de la trilogía “Tu rostro…”, no me engancharon nada y las dejé al poco, aunque ahora sospecho que es por haberlo intentado en papel y no en Kindle, que por entonces no existía :-). Pero como han indicado en otros comentarios, no creo que sea criticable por sí misma la repetición ni la lentitud en el desarrollo, que es un recurso que puede funcionar o no, y que posiblemente es totalmente deliberado y gusta a algunos.

    Sino por sus colaboraciones semanales. Me parecen bien escritas, nunca he sentido que se repitiera ni se extendiera indebidamente (cosa aquí natural, con la limitación a una página), están bien argumentadas y estructuradas cuando es pertinente que lo estén, y en general son bastante o muy perceptivas de tendencias sociales que en ocasiones casi son tendencias subterráneas cuando se publican. Más de una vez he recordado, un año o dos después de haber leído esta página semanal (ahora se llama La zona fantasma), su contenido como un diagnóstico que con el paso del tiempo se ha revelado certero y preciso. No siempre estoy de acuerdo con él, claro, pero siempre merece la pena leerle, y es sorprendente la impresionante distancia estilística con sus novelas; si no supiéramos que el autor es el mismo, diríase que las colaboraciones están escritas por otra persona.

  12. Epicureo dijo:

    Ah, don Pseudópodo, por algo llamaba usted a Marías “atrabiliario”… No me extraña que le odie tras leer ese tocho. Hace tiempo leí “Todas las almas” y “Corazón tan blanco” y no me parecieron mal, aunque tendían a la pesadez. Intenté hace poco “Los enamoramientos” y sólo pude leer unas cuantas páginas. Aburrido a no poder más. Así que no voy ni a intentar la de los rostros.

    Desgraciadamente, la crítica literaria ortodoxa hace mucho que prima el estilo sobre el contenido. Para ellos la perfección es una novela que sea todo estilo (ni siquiera hace falta que sea buen estilo, porque ¿qué es buen estilo?) y nada de contenido. Parece que Marías piensa lo mismo y se ha esforzado cada vez más hasta conseguirlo. Por eso es tan inexplicablemente apreciado y premiado, sobre todo en el extranjero. Es que allí son más cultos; aquí somos unos ignorantes que pensamos que leer debe ser una actividad placentera. No sabemos que la lectura consiste en pagar con sufrimiento el favor que nos hace el autor permitiéndonos contemplar su genialidad.

    Y eso que sus columnas semanales también me gustan, suele escribir con claridad de cosas interesantes. Pero es que ahí está obligado a ser breve, por el espacio, y a contar algo, por el género. En las novelas no tiene que hacer ninguna de las dos cosas y por lo tanto no lo hace.

  13. pseudópodo dijo:

    Pues sí, Epicureo, debió asomarme el resentimiento al llamarle “atrabiliario”… lo decía más que nada por sus columnas, en las que resulta muy gruñón, pero aún así a mí también me suelen gustar. El verano pasado en casa de mis suegros estuve repasando toda la colección de El País Semanal del curso anterior, y no me dejé ni una sin leer, incluso (por no recortarlas) hice fotos a varias. Quizá por eso, cuando un compañero me dijo que era el único autor español vivo que le parecía que merecía la pena, me animé a leerlo, No compré el libro: ahora que no nos oye nadie, confesaré que me lo bajé para el Kindle, para echar un vistazo “a ver que tal”. Y me pasó lo que cuento en el post, que aquello me exasperaba pero a la vez no podía parar de leer. Y “a ver que tal” acabé leyendo entera la trilogía (pero enseguida pensé “esto no me lo compro de ninguna manera).

    Saqué algunas conclusiones provisionales: 1) no me vuelvo a fiar de los consejos literarios de un matemático que ha pasado muchos años en Alemania 2) El kindle tiene efectos inesperados sobre la lectura 3) El Marías de las novelas no parece el mismo de las columnas (suscribo lo que dice MarianoS)

    El caso es que hacía muchos años (acabo de verlo: en 1994) había leído “Corazón tan blanco” y, sin llegar a entusiasmarme, me gustó (un poco como le pasó a loiayirga en su día parece). Puede que me haya hecho más exigente, pero me da que Marías se ha hecho más plomo, o, perdón, más soufflé en estos años. A lo mejor ahora esa novela le ocupaba 800 páginas en vez de 300. Quizá es lo que dice Epicureo: que se ha esforzado cada vez más hasta conseguir este estilo (muy bueno eso de que “pagamos con sufrimiento el favor que nos hace el autor permitiéndonos contemplar su genialidad”, aunque es más adecuado aún para Thomas Bernhard).

    Para Jesús: ahora que veo que has inaugurado blog literario, si te animas, podías comentar “Tu rostro mañana”… es sólo una sugerencia, a ver si te consigo entender 🙂 Para mí, ya lo dije, la principal decepción no es que no haya acción en el sentido clásico, sino que tampoco hay ideas. Cristina lo ha clavado: lo dice todo muy bien (¿pero qué menos se le puede pedir a un escritor?) pero tiene muy poquito que decir.

    Don Alejo, los de El Mundo Today a veces son geniales, gracias por el enlace. Es verdad que la literatura no es un prospecto. Lo tengo tan claro que mientras me iba abriendo camino por “Tu rostro mañana” he llegado a desconfiar de mi gusto literario, e incluso eché un vistazo a Proust (sólo leí de él, hace mucho, “Un amor de Swann”), para ver si se me parecía a Marías… y entonces probablemente el problema era mío. Pero no, en las diez o doce primeras páginas de En Busca del tiempo perdido tampoco “pasa nada”, pero no tiene nada que ver, así que respiré aliviado.

    Ya lo ha dicho loiayirga: “El énfasis, la repetición, el pleonasmo puede ser un recurso literario expresivo. El problema es cómo se use”. Así que le anoto un punto a Trapiello… que, recordarás, me pareció que escribía mal, por lo menos en “Las armas y las letras”. A lo mejor es que, al contrario que Marías, sabe escribir novela pero no ensayo. Tomo también nota de Iñaki Uriarte, que va recomendado por duplicado.

    Y bueno, ¿qué tiene de valor la novela de Marías para tragarme las 1300 páginas?¿o es que soy tonto? Pues ya llevo mucho comentario y no me da tiempo a explicarme, y además es que sigo sin explicármelo bien. Pero quizá una de las razones es que hubo un momento en el que le perdí el respeto y decidí que no necesitaba seguir todos los vericuetos de esa prosa porque no era más que aire, y un soufflé se lo puede merendar uno sin escrúpulos de saborearlo como si fuera alta cocina, no pasa nada por engullir. Así que ejercité mucha lectura rápida, y cuando volvía el ritornello de frases ya dichas y reflexiones ya hechas me saltaba sin remordimientos el párrafo entero. Como además lo leía en el kindle, lo sacaba en cualquier momento, en salas de espera, en el andén, en toda clase de minutos muertos en los que no sacaría un ensayo, que necesita algún tiempo para centrarse (y tener un lápiz en la mano). Eso y que hubo un momento en el que me lo tomé como un deporte quizá expliquen un poco el fenómeno. Pero sigo sin entenderlo mucho, la verdad…

    Ah, ya que estamos con recomendaciones: después de Marías me desintoxiqué con cuentos de Fernando Aramburu: en las antípodas, un reconstituyente.

  14. triglifo dijo:

    Pues yo no he leído obra de este escritor, pero si ha conseguido que pseudópodo lea1300 páginas quizá es que algo tiene…

    A veces hay obras que aunque racionalmente veamos que no se aguantan por ningún sitio o que están “mal hechas”, nos atrapan, quizá apelando a aspectos más irracionales de nuestra mente. Y creo que no es nada fácil conseguir eso desde el punto de vista de un autor. Me pasó algo parecido tras ver la película “Inland Empire” de David Lynch, un ladrillo de casi tres horas, aparentemente absurdo. Casi no entendí nada en el primer visionado, sin embargo me tocó de alguna forma. Tal es así que al cabo de una semana estaba dispuesto a perder de nuevo tres horas de mi vida volviéndola a ver, y sí, me encantó (para ser justos, hay que decir que la información, opiniones de la red… contribuyeron a ello también).

    • jesuszamorabonilla dijo:

      Pseudópodo: a mí me pareció que “Tu rostro mañana” sí que tiene muchas ideas que transmitir; es una reflexión muy interesante sobre la violencia, sobre la identidad, sobre la nacionalidad, sobre la estupidez…

    • bloodykefka dijo:

      Eso que comentas me parece muy interesante. ¿Cómo se podría conseguir una obra sólidamente buena con un envoltorio que te consiga atrapar?

  15. grkk dijo:

    AHORA YA…

    • pseudópodo dijo:

      Respondo tarde y con prisas, pero mejor que nada… triglifo, de verdad que no te aconsejo que pruebes a ver “qué tiene” Javier Marías… a lo peor te pasa lo que a mí, te lees las 1300 páginas y sigues sin saber cómo has perdido todo ese tiempo.

      Jesús, quizá ves más de lo que hay por tu natural tendencia a filosofar… en el caso de Marías, lo que yo encuentro es que da muchas vueltas a unas cuantas cosas (las que tú dices, más o menos) pero sin llegar a nada y sin siquiera aportar visiones nuevas o ángulos interesantes… vamos, que esta como leer cincuenta veces “hay que ver, cómo es la gente, te puede traicionar sin que se lo notes en la cara…”, dicho de maneras diferentes pero sin aportar nada nuevo.

      bloody, no sé dar una receta para lo que pides, pero por ejemplo Borges y Cortázar (bien distintos) lo consiguen, y ahora estoy leyendo a Robertson Davies, bien distinto también, y me parece “sólidamente bueno y que te consigue atrapar”.

  16. santiagomartinarnedo dijo:

    Es curioso que el hijo acapare más comentarios que el padre…

  17. lu dijo:

    Marías simplemente tiene un problema de dixlesia grave.

    El que se le haya hecho la ola en España se explica por la corrupción de “mercado literario” patrio. Lo de los alemanes no se entiende. Mi teoría es que la traducción ha mejorado mucho la penosa redacción de Marías hasta tener algo de sentido.

  18. 1111 dijo:

    Por si resulta útil para posibles reflexiones, recordemos que el protagonista de la novela se llama Jacques, o Jaime, o Jacobo, o incluso a veces Jack.

  19. Ana dijo:

    Alguna que otra vez me ha tocado actuar de jurado en concursos literarios organizados por el ayuntamiento que rige estos mis pagos y he de decir que los textos de los principiantes “saltan” a la vista precisamente porque usan a menudo ese recurso del que María abusa sin serlo (sin ser principiante). Es decir, el autor novel, sobre todo si es muy joven, en demasiadas ocasiones tiende a “rellenar” espacio de forma ingenua o descarada, alargando las subordinadas hasta unos extremos grotescos para que su relato encaje dentro del número de páginas permitidas en las bases. Esto, que, como digo, en un autor novel tendría cierta justificación (y en, según qué casos, movería a solidaridad y simpatía :-)), resulta cuando menos “chocante” en un escritor con tan larga y exitosa trayectoria.

    Lamento airear con tanta ligereza mis prejuicios, pero, precisamente porque ya me habían hablado de este curioso “vicio” de don Javier, siempre he sido reacia a meterme de lleno en la lectura de sus obras, a pesar de que sus artículos me parecen impecables. Pero entonces llegó “Los enamoramientos”. Un día que debía andar con la guardia baja, me tropecé con el volumen en una librería de esas con solera. Me gustó la sinopsis, la portada, la fotografía vintage en glorioso blanco y negro, el diseño… En una palabra, me dejé engatusar por las apariencias, como tantas veces ocurre… El hechizo de las viejas librerías suele surtir este efecto, ya ustedes saben 🙂
    La única razón por la que acabé de leer “Los enamoramientos” fue por aquello de “por ser vos quien sois” y porque me parecía poco menos que un delito tirar 21 euros a la papelera con la que estaba cayendo. Por cabezonería, vaya. Durante las más de 400 páginas que “duró” la tortura me estuve preguntando yo también cómo era posible que un articulista tan lúcido, dueño de un estilo tan sobrio y elegante en sus textos periodísticos podía, al mismo tiempo, escribir novelas tan graníticamente indigestas. A mí me puso hasta de mal humor, me pasó algo que no me había ocurrido nunca antes: temía que llegara “la hora de la lectura” porque sabía que debía seguir con el dichoso librito, un tocho que ya tenía más que atravesado como una espina a medio camino entre el cuello y el estómago. Recuerdo que, para hacer el lance un poco menos tedioso, en las últimas cien páginas me entretuve contando subordinadas inncesearias. En uno de los últimos párrafos llegué a contar 23 subordinadas introducidas con “o” en unas pocas líneas. Bueno, debe ser el libro con más “oes” introductorias de la Historia de la literatura… No vendría mal consultar el Guinness 🙂

    En fin, que coincido con, o me uno a, o suscribo a, o apoyo a, o secundo a 🙂 quienes opinan que Javier Marías es un buen articulista y un mal escritor.
    Saludos a todos.

  20. Ana dijo:

    Subordinadas “innecesarias”. Habrá un montón de fallos más, pero ése es el que he pescado al vuelo y sin anzuelo :-). Disculpadme. ¡Abrazos!

  21. pseudópodo dijo:

    santiagomartinarnedo, es curioso pero esperable: todos vivimos prisioneros de la actualidad. Por mi parte, tengo varios libros del padre en la balda de pendientes, del hijo leeré los artículos, si cae en mis manos El País Semanal.

    lu, a lo mejor en alemán le han podado las subordinadas que dice Ana , yo alguna vez me he llevado sorpresas de ese tipo y no es que tenga por costumbre comparar traducciones (aunque sí alguna vez). O a lo mejor le han dejado un solo nombre al protagonista (porque lo peor no es que tenga varios, como dice 1111, sino que muy a menudo los tiene en la misma frase). Vamos, que no sería la primera vez que la traducción mejora un libro…

    Ana, muy bueno tu comentario, me alegro de leerte. Mira que han hablado bien de esa última novela, pero a mí ya no me pillan. Sobre todo porque me pasa como a ti, me cuesta mucho dejar de leer un libro cuando ya está muy avanzado (¡me acabé hasta el manualito de Fernando Vallejo!). Dejarlo intencionadamente, quiero decir, porque tengo muchísimos a medio leer, y a menudo muy buenos. Parece que sigo sin poder ver un libro como algo puramente utilitario y por absurdo que sea, siento que le hago una faena si le abandono…

  22. Benvolio dijo:

    La brevedad de los artículos de Marías se la exige el editor; así se limita un poco la verborrea y le sale un texto comprensible. Otra cosa es la documentación de su contenido. En algunos temas de los que tengo algún conocimiento (Unión Europea, por ejemplo) he observado que suele escribir de oídas y, como a Umbral, no le apetece levantarse para mirar en el Espasa cuando ya ha iniciado la escritura.
    Por otra parte, teniendo a Robertson Davies a mano, ¿por qué leer a Marías? Les recomiendo las demás trilogías y, en particular la de Cornish. Hay una aventura relacionada con la pintura que atrapa y hace disfrutar sin medida…

    • jesuszamorabonilla dijo:

      Me parece una crítica excesiva e innecesariamente dura, fruto más de la mala baba que de otra cosa. ¿Qué cojones tiene de malo la frase “Se murió en seguida, sin aviso, de golpe, a lo mejor para no despertarme”, p.ej., que tanta urticaria parece producir al Sr. o Sra. Gª Viñó?

      • Epicureo dijo:

        La verdad es que eso no puede llamarse crítica, es más bien una corrección de estilo con insultos. Algunas cosas podrían tener sentido dentro de una novela. Otras sólo revelan que Marías no repasa lo que escribe, ni su editor ha considerado oportuno pagar a alguien para que lo haga, cosa que debería hacerse SIEMPRE. Seguramente sus traductores corrigen muchos de estos fallos, quizá sin darse ni cuenta, lo cual explicaría en parte su éxito en el extranjero.

  23. Epicureo dijo:

    Para contrastar, la laudatio (¿o fellatio?) que le dedica el británico Alexis Grohmann, hispanista experto en Javier Marías y Arturo Pérez Reverte (!):

    http://www.lafieraliteraria.com/index.php?option=com_content&view=article&id=982:icritica-venal-en-estado-puro&catid=32:todo

    Aparte de compararle con Proust y de ahí para arriba, dice que en sus frases “no se puede hallar ni una palabra que no le haya requerido al autor su suma atención y responsabilidad literaria, y en las que el orden de palabras ha sido sopesado para prestar servicio a las demandas de expresión”. Acabamos de comprobar que NO. Ni de coña. Su estilo es pesado, pero claramente no sopesado.

    Realmente la división de opiniones entre los que consideran que Javier Marías merece el premio Nobel (lo suficientemente numerosos e influyentes para que sea candidato todos los años) y los que consideran que es un escritor pésimo (la mayoría de los que le hemos leído) es un fenómeno digno de estudio.

    Espero no incordiar reabriendo este hilo, pero llegué a esa crítica por casualidad y pensé que valía la pena comunicarla.

  24. MarianoS dijo:

    Si este post era Desinflando a Marías, (un autor con cuyo estilo literario yo tampoco simpatizo), lo del primer enlace que da Epicureo sería rajarle las cubiertas y dejarlas hechas tiritajos. En un rato de inacción comencé a leer la así llamada critica (?) de este caballero García-Viñó, aunque cuando ví su naturaleza real y su hiperbólica longitud no pude pasar de la mitad.

    Me parece ejemplo de una auténtica psicopatología de la vida cotidiana por parte de G-V. Sobre un autor que se considera lamentable, ¿quien en su sano juicio dedicaría horas y horas a leer íntegramente una novela con la única finalidad de compilar una lista de “agravios” literarios cometidos por el susodicho (algunos reales y otros completamente imaginarios, en verdad), y aderezarla de manera bastante indigesta con comentarios propios, cuya naturaleza y nivel no puedo ni describir pues me faltan las palabras?

    Lo único un poco divertido es que siguiendo enlaces desde el sitio donde está alojada esta faltona pretendida corrección de estilo acabé en un lugar en donde el Sr. G-V se describe a sí mismo como “el único escritor español que más ha contribuido a ….”. Para alguien tan exigente con los pretendidos gravísimos errores de construcción de las frases de Javier Marías, esta frase es una pequeña joya: si él es quien más ha contribuído, desde luego es el único en haber contribuído más. En gracia de auto-contradicción, esto se podría poner al lado de la promesa “si nosotros llegamos al poder, todos los trabajadores tendrán un salario por encima del salario medio”.

  25. Alejo Urzass dijo:

    Bueno, lo del Sr. Manuel García Viñó (DEP) era una cocktail de ínfulas y mediocridad.
    Se le puede ver aquí:

  26. Jhonny dijo:

    A mí se me hace a que usted agarra el verdadero ritmo de Marías pero finalmente cae en categorías superficiales -un poco por la ironía, un poco por cierto tipo de lectura escuelera- que no terminan por expresar bien lo que dice ¿No le parece irónico, por lo demás, que diseccionando su reseña, o sea quitándole todo ése buen humor que sólo es buen humor, lo que finalmente nos dice es que Marías coge de su mente o de un diccionario cualquiera a la hora de escribir o simplemente se deja llevar por ése ritmo del escritor olvidadizo que cree escribir siempre algo nuevo, y del cual Kipling hizo una excelente parodia?. Sí, no me lo estoy inventando, éso es justamente lo que nos está diciendo cuando nos propone el tacheo no meramente como una buena broma sino como una interpretación del texto primario o, por lo menos, una forma más compacta de información que debe toda su ingenuidad a la idea de que un texto es su contenido y que el estilo es, si mucho, un recurso entretenido. Como su humor… pero no.

    Y no es que quiera defender mi lectura ni erigirme representante de escuela snob en Mariasogía. Pero el discurso de la RAE del mismo le puede aclarar, creo, por qué Marías “nos hace” subir, tras ciento cincuenta páginas, la escalera donde estaba la mancha. Y luego bajar, tras otras ciento cincuenta y, a la mañana siguiente, ésa misma escalera. Porque Marías plantea siempre la imposibilidad -no sólo verosímil, no sólo significante- de que las construcciones en un contexto de “palabras” lo digan todo. Y no porque posea ínfulas insaciables de erudicción lo hace, sino por un simple acto de fé: no cree ni en la verosimilitud ni en la significación ni en la construcción contextual, por ello escribe, para tratar de reconocer cuán insignificante es la tendencia a lo Hemingway de describir en un párrafo o en dos que alguien sube o baja unas escaleras. ¿Cuántas posibilidades hay, y más aún, no son las múltiples posibilidades de insignificancia las que finalmente nos dejan a libre albedrío la elección de la que más nos guste?. Quizá con ésta ultima pregunta capciosa, y un poco relacionándola con lo suyo, nos de el por qué creemos que hay algo que está de más pero finalmente no sabemos por qué, y por éso nos escudamos en calificaciones humorísticas y escueleras -hay que cortar, hay que relacionarse lo más esencial y primariamente con el público, porque el texto es uno sólo y no varios, y el público espera es tu libro, no varias posibilidades de ése libro en el libro…-, etc. Algo así quería decir, en fin…

  27. Epicureo dijo:

    No me extraña que le guste Marías, don Jhonny. Usted tampoco domina la gramática, y entre anacoluto y anacoluto no hay quien se entere de lo que quiere decir, si algo. Eso sí, muchas palabras.

    • Jhonny dijo:

      Y dígame, ¿cómo responde uno a ésa maravillosa forma de despachar a los otros?. De ninguna manera, claro. Uno sólo dice “Usted no domina la gramática” y luego, para darle un toquesito más crítico y lógico, uno llega y enlaza: “Usted y él no…”. !Vaya manera de responderme, sin atenerse nada más que a mi gusto, cual moralista!. Eso sí, muy pocas palabras…

      • Epicureo dijo:

        Podría haber respondido más si se le entendiera mejor. No sé si ha querido decir que esa sobreabundancia de palabras sirve para que el lector escoja las que más le gustan. Para mí, eso es un escritor que no hace su trabajo y quiere que se lo haga yo.

  28. Jhonny dijo:

    Primero que nada: si hubiera empezado preguntando qué no entendía, nos hubiéramos ahorrado sus peroratas inocentes y nada profundas sobre gramática. Segundo: ¿a qué viene seguir usando lo de sobreabundancia de palabras?, pues a tener la que yo denunciaba que era la noción de que un texto es un contenido de palabras bien acomodadas en donde no se podía admitir el estilo que llevara a ése contenido a más posibilidades, y no, no se trata de leer palabras sino de cómo nos llegan los contextos en que ésas palabras funcionan. Y por último: a mí éso me suena a lector Coelhesco, quien busca a un carnicero de palabras es, en últimas, mediocre.

    • Epicureo dijo:

      Entonces está usted diciendo que el mejor arquitecto no es el que te entrega la casa acabada, bien diseñada y sin pasar del presupuesto, sino el que lleva al solar un par de camiones de ladrillos y los deja ahí para que el propietario haga lo que quiera con ellos. ¡Posibilidades a tutiplén! El que busca un trabajo bien hecho es un mediocre.

  29. Juan dijo:

    Lo que hay que leer. Reducir Tu rostro mañana de Javier Marías o tres o cuatro ideas y decir que el resto es relleno de paja quizás equivalga a decir que en tu cabeza sólo entran tres o cuatro ideas básicas y superficiales y el resto no sabes distinguirlas de la paja. Mira la profundidad de la obra un poco, que no es un libro facilongo para entretenerse mientras cagas en el water. Bravo por tu profesor, te ha enseñado a matar moscas a cañonazos.

    Un saludo

    • Epicureo dijo:

      Claro, Marías no escribe libros facilongos como Kafka, Borges, Joyce o Torrente Ballester, que enseguida te das cuenta de que tienen estilo e imaginación. Qué simplones y superficiales son.

      Marías es tan bueno que su calidad es metafísica: no depende de las palabras que escribe ni de las historias que cuenta. Sólo las almas más finas y cultivadas lo aprecian; los toscos e incultos ven reiteración y vaciedad.

      Por cierto, conozco un sastre que hace unos trajes tan buenos como las novelas de Marías, le van a encantar. Un poco caros, pero le garantizo que la gente se le quedará mirando por la calle.

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