Bravo, capitano!

Compré hace un par de semanas Haciendo de República, de Julio Camba (no la edición ampliada que acaban de sacar, sino una de 1968, de ocasión: cuatro euros). Suelo apuntar en la primera página de cada libro el día en que lo compré, y en la última el día en que acabé de leerlo. Pues bien, creo que este es el único caso en el que he escrito en la última página antes que en la primera: empecé a echar un vistazo y no pude parar hasta el final.

No creo que hoy conozca mucha gente a Julio Camba. A mí sí me sonaba su nombre, incluso recuerdo haber leído en alguna ocasión que fue el mejor columnista español del siglo XX. Pero no hice mucho caso: no era el tipo de elogio que despertara mi interés. Un error, porque Camba es una delicia. Ligero pero inteligente, satírico pero amable, culto pero certero. Precisamente lo que uno no esperaría de un “gran columnista español”.

Estos artículos publicados en los primeros años de la República se leen como si estuvieran escritos ayer. Y en muchos casos no han perdido nada de actualidad. Lean si no el fragmento que les dejó aquí, y comparen con los políticos que tenemos hoy en España…

Bravo, capitano!

Por Julio Camba

Se cuenta que, durante la gran guerra, un capitán italiano quiso llevar a sus hombres al ataque, y tan elocuente estuvo aquel capitán en su arenga, tan bien de gesto, de actitud y de palabra, que los soldados, al final, prorrumpieron en una ovación estrepitosa; pero, figurándose acaso que asistían a una representación de Verdi o de Puccini, ninguno se movió de su sitio.

Avanti, avanti! –gritaba el capitán para sacar a sus hombres de aquella inmovilidad.

Y cada vez más entusiasmados, aunque también más decididos a no asomar la nariz fuera de las trincheras, los soldados repitieron su ovación exclamando a coro:

Bravo, capitano!

Es lo mismo que pasaba en el Congreso cuando algunos diputados pretendían influir con razones y argumentos en la marcha de las cosas. Se les oía con gran delectación y se les ovacionaba frenéticamente; pero a la hora de la verdad, quedaban los hombres en el mayor desamparo.

Bravo, capitano! – le decían a Ortega.

Bravissimo, colonnello! -le gritaban a Unamuno.

Stupendo, generale! –vociferaban ante Sánchez Román.

Pero se ponía el asunto a votación, y la cámara votaba con Baeza Medina, con Remigio Cabello o con Laureano Paratcha.

Los votos se negociaban entonces en el Congreso por un procedimiento semejante al que se usa en Vigo para negociar la merluza y el besugo. Un señor se presentaba allí con tantas o cuantas cestas de votos, y los compradores iban poniendo precio.

– ¿Qué quiere usted por el lote, vamos a ver?¿La libertad de cultos?

– ¡Hombre! La libertad de cultos es muy poca cosa. Si al menos tuviéramos algún culto que libertar, quizá llegásemos a un acuerdo, pero no tenemos culto ninguno. Deme usted el sufragio femenino y cerramos trato.

– No, no. El sufragio femenino no me conviene porque las mujeres nos tienen mucha hincha. Le daré a usted la secularización de los cementerios. ¿Hace?

Y así se iban dando unas cosas por otras –la secularización de los cementerios por la ley de Arrendamientos rústicos, o la ley de Términos municipales por la expulsión de las órdenes religiosas-, en un cambalacheo de bolsa de pescado o de feria de ganados.  Poco a poco, los escasos diputados que asistían a la Asamblea deliberante con el propósito de deliberar, fueron convenciéndose de la inutilidad de todo esfuerzo, y a los dos meses  no había tasca, ni garito ni lupanar en España donde se emplease un lenguaje comparable al de las Cortes. Al contrario. Cuando en cualquier lugar de mala índole profería alguien una palabra malsonante, los demás solían llamarle al orden diciéndole:

– Cuidadito, ¿eh? Aquí no estamos en el Congreso.

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10 respuestas a Bravo, capitano!

  1. edulcorado dijo:

    Lo de los italianos: Bravissimo!!!!! 🙂

  2. Grunentahl dijo:

    Cuanta razón tiene usted…
    Lástima que la ceguera ideológica de nuestros contemporáneos no les permita leer los argumentos de un columnista lúcido de hace 70 y tantos años. Ese colectivo humano que se sigue llamando “izquierda”, ha decidido hace tiempo que Julio Camba es un “facha” y, pudiendo arrobarse con La Sra. Grandes y con el Sr. Millás (por poner un par de ejemplos), ¿para qué van a abrir un libro en que se recopilan artículos proféticos…?

  3. Athini Glaucopis dijo:

    Creo que ya he dejado constancia, en un comentario anterior, de mi ininterrumpida admiración por Julio Camba. Siempre me ha parecido que un periódico podría seguir publicando los antiguos artículos de Julio Camba, sin cambiar una coma, de tal forma que cualquiera podría leerlos como si hubieran sido escritos para describir la situación política o social actual. En algún momento pensé que leer a Camba era una extraña rareza mía, de la que convenía no hablar demasiado, para no hacerse sospechoso en el entorno. Últimamente veo que se lo está incluso reeditando. Ya era hora.

  4. pseudópodo dijo:

    edulcorado: pues es verdad. Si todo el mundo se tomase las arengas como teatro seguramente habría menos guerras (y más teatro). Por cierto, que la historia nunca quedaría bien con alemanes: está claro que tenían que ser italianos.

    Grunentahl, lo peor es que el ninguneo es tan eficaz que consigue borrar el nombre: no es que se difunda la idea de que Camba era un facha y por esop no hay que leerlo, es que Camba desaparece del mapa. Yo que, por lo menos había oído decir algo de él, sabía tan poco que no tenía ni idea de que pasara por facha… En estos artículos no se aprecia ninguna simpatía por el fascismo, más bien parece un escéptico que no se traga que le vendan palabras en vez de cosas (un tema recurrente, y de ahí el título de “Haciendo de República”) y que está de vuelta de muchas cosas (por lo que he leído, Camba fue anarquista de joven y había viajado mucho, trabajando de corresponsal en Londres, París y Berlín) Parece que en la Guerra apoyó a Franco y supongo que eso no se puede perdonar (otra cosa es que hubiera escrito odas a Stalin).

    Athini, me alegro de que sigas ahí. Es verdad que habías citado a Camba: aquí. Y lo que dices lo pensaba yo leyendo artículos como el que cito: de plena actualidad ante las groserías que se están prodigando los políticos o los recientes mercadeos para aprobar los presupuestos… pero mejor no entrar en detalles políticos que se pone uno melancólico. Y bueno, mejor nos alegramos porque por lo menos se está reeditando a Camba y a otros como Chaves Nogales, el olvido por no ser progresista no es eterno.

  5. Javier dijo:

    Podéis encontrar “La rana viajera” en el Proyecto Guttenberg. Yo no pude parar hasta que lo terminé. Darse cuenta de que se escribió hace noventa años demuestra qué poco hemos cambiado en España. A Camba llegué a través de Espada, que lo cita a menudo.
    Es también increíble leer los ensayos de Orwell y darse cuenta de que mucho del dogmatismo político viene de muy atrás y apenas ha cambiado en sesenta o setenta años. En el caso de Camba está además su magnifico sentido del humor.

  6. He estado leyendo “La rana viajera” que aconseja Javier y voy a llegar tarde al trabajo. “El templo de la eternidad” habla precisamente de esa ausencia de cambio que mencionáis y con “El tiempo y el espacio” me ha dado por reír. Habrá que “seguir de cerca” a Julio Camba 😉 Un saludo.

  7. Dr.J dijo:

    Acerca de Camba hay un artículo normalillo en fronterad revista digital, no tengo el enlace drecto pero en el buscador de la revista basta teclear Julio Camba y sale, fecha 8 de Octubre, autor Manuel Jabois (se publicó antes en Diario de Pontevedra), además tiene un pequeño comentario jocoso firmado por un servidor. Parece que vamos redescubriendo a quiens ganaron la guerra y perdieron la literatura en frase ya manida.
    Camba, Fernández Flórez, Ruano, Tono, Mihura, Jardiel…espero que Ramón sea puesto por fin en su lugar. Como anécdota a Camba le llaman “mejor escritor de Vilagarcía” para insultar a Valle Inclán, su paisano.
    Enlazando con tu post anterior ¡consuélate Pseudo! esta misma revista fronterad anuncia 50 números con más de ¡4000 horas de lectura! menos mal que nos dejan el otro medio año para usos diversos; tal vez sea el total de horas que todos los que la hacen dedican a la lectura, no vas tan retrasado. Si pasas 4000 horas a 300 palabras/min debe ser como la Biblioteca de Borges. Saludos

  8. Lo que yo no comprendo es por qué leéis a gente viva. A los muertos no se les puede sobornar :)))
    En serio, en el blog publiqué hace tiempo “Por qué no hay que leer a los contemporáneos”. No pongo el enlace porque no me acuerdo ahora de si me quedó bien o no, pero el caso es que la realidad se desentraña mucho mejor leyendo a los clásicos, no solamente a los de hace setenta, sino también a los de hace dos mil y pico.
    Y para que me lapideis un poco, reivindico la poesía de Rafael Sánchez Mazas, ale.
    Un abrazo.

  9. Gabrel dijo:

    Hola me gustaría hacerle una propuesta de publicidad para colocar en su blog. Por favor contáctese a mi Email si puede. fotoregalosoriginales@gmail.com

  10. pseudópodo dijo:

    Para los perezosos, recopilo aquí los enlaces que no han puesto Javier, Dr.J y Animal de fondo (no pasa nada, que para eso estamos):

    La rana viajera (el libro completo). Ojo, no lleguéis tarde al trabajo 😉

    El artículo de Fronterad; son sobre todo nimiedades sobre el tiempo que pasó Camba en su pueblo durante la guerra (si era friolero, supersticioso, con quien jugaba a las cartas…) Lo que merece la pena son los pocos párrafos de Camba, como este, antológico y profético (hasta anticipa eso de que la nación es un concepto discutido y discutible, que dijo otro insigne humorista muchos años más tarde):

    “Una nación se hace lo mismo que cualquier otra cosa. Es cuestión de quince años y de un millón de pesetas. Con un millón de pesetas yo me comprometo a hacer rápidamente una nación en el mismo Getafe, a dos pasos de Madrid. Me voy allí y observo si hay más hombres rubios que hombres morenos o si hay más hombres morenos que hombres rubios, y si en la mayoría, rubia o morena, predominan los braquicéfalos sobre los dolicocéfalos, o al contrario. Es indudable que algún tipo antropológico tendrá preponderancia en Getafe, y este tipo sería el fundamento de la futura nacionalidad. Luego recojo los modismos locales y constituyo un idioma. Al cabo de unos cuantos años, yo habría terminado mi tarea y me habría ganado una fortuna. Y si alguien osaba decirme entonces que Getafe no era una nación, yo le preguntaría qué es lo que él entendía por tal y, como no podría definirme el concepto de nación, le habría reducido al silencio”.

    • Y finalmente, el oportuno artículo de Animal de fondo: Por qué no leer a nuestros contemporáneos.

    Ah, Gabrel, no quiero poner ningún tipo de publicidad en el blog (alguna vez no sé por qué han salido anuncios de Google Ads, pero sin mi consentimiento…).

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