Cinco libros para el verano

Si todavía no han hecho las maletas, aquí van cinco recomendaciones para el verano (en realidad son seis: ¿no habrán olvidado el post anterior sobre Solenoide, verdad?), sacadas de lo que he leído últimamente.

Superpoderes del éxito para gente normal, del Mago More. Desconfío de los libros de autoayuda, y éste, con ese título y esa portada, no se me habría ocurrido ni abrirlo en la librería. Pero lo compró mi hija de ocasión y me encantó. No sólo es divertido y está bien informado (la bibliografía es de lo mejorcito), sino que funciona: por una vez, he conseguido incorporar algún hábito a mis rutinas, y le estaré siempre agradecido, porque eso no es nada, nada fácil.

 

Más agudo, más rápido y mejor, de Charles Duhigg. ¡Más libros de autoayuda, y con portadas horribles! Este lo saqué de la biblioteca porque no tenían “El poder de los hábitos”, del mismo autor. Lo devoré en un día: original y sorprendentemente bien escrito (luego me enteré de que el autor tiene un Pulitzer: no me extraña). No sé si me servirá de algo, pero una lectura muy agradable.

 

 

Los desafíos de la memoria, de Joshua Foer. A este libro le ha traicionado la traducción: el titulo original es Moonwalking with Einstein, absurdo pero mucho más memorable… y precisamente por esas dos cosas, mucho más apropiado. Lo busqué porque lo recomendaba Kahneman, y realmente es un libro espléndido, en la línea, digamos, de Malcolm Gladwell, pero mejor: historias interesantes y amenas, pero también un curioso hilo conductor (el relato de cómo el autor llegó a ser campeón de memoria de los EEUU) y reflexiones que van más allá de lo trivial.

 

La invención de la ciencia, de David Wootton. Hay que agradecer a Crítica que se haya animado a traducir este libro (aunque tengo que decir que lo he leído en inglés: costaba menos de la mitad…). Un tocho de una erudición abrumadora, a veces excesiva, pero sorprendentemente ameno y original. Una delicia para los amantes de la historia de la ciencia, o mejor, de la cultura.

 

 

El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura. Si quieren un thriller para la playa, este es su libro… o por lo menos lo ha sido para mí. Tres historias entrelazadas: la del exilio de Trotski, la de su asesino Ramón Mercader, y la del narrador, que cuenta cómo, en la Cuba de Castro, llegó a conocer al “hombre que amaba los perros”. El resultado, mucho más que la suma de las tres partes: no sólo una novela muy bien resuelta y espléndidamente escrita; también una reflexión sobre el totalitarismo, la mentira, y el peligro de las utopías.

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El libro del año

Claro que es prematuro proclamar al mejor libro del año cuando vamos por la mitad, pero es tan improbable que alguno supere  a Solenoide que prefiero decirlo ya, a tiempo de que alguien se anime a leerlo en vacaciones.  Mejor que cualquier explicación que pueda dar yo, les dejo un párrafo, el que me convenció, en la página 89, de que este libro era para mí (es verdad que no es para todo el mundo: habitantes de Planilandia, abstenerse).

Tendría unos siete años cuando una mujer que bajaba del autocar, con una falda estampada y unos pendientes redondos, rosas en las orejas, me sonrió y me entregó aquel medallón dorado de latón. Salí corriendo y me detuve debajo del castaño frondoso que crecía junto a unas fuentes. Aquí ya no existía el peligro de que otro chaval más mayor que yo me lo arrebatara. Contemplé, pues, mi regalo con más atención: brillaba intensamente bajo el sol de verano. Consistía en una monedita redonda, dorada, engarzada en un aro metálico. A ambos lados de la moneda había unas letras: A, O y R por una cara, M y U por la otra.

Aún pasarían unos cuantos días hasta que conseguí descifrar el misterio. Y sucedió cuando, por casualidad, le di un golpe a la moneda y esta empezó a girar tan rápido sobre su pequeño canto de metal que se transformó en un globo de oro blando y transparente como un diente de león, con la fantasmal palabra AMOUR en el centro.

Así siento que es mi vida, así siento que he sido siempre: el mundo unánime, tierno y tangible por una cara de la moneda, y el mundo secreto, íntimo, fantasmagórico, el mundo de ensueño de mi mente por la otra. Ninguna de mis vidas está completa ni es verdadera sin la otra. Solo la rotación, solo el vértigo, solo el síndrome vestibular, solo el dedo indiferente del dios que pone la moneda en movimiento y la lleva a una dimensión más, hace visible -pero para qué ojo- la inscripción grabada en nuestra mente, a uno y otro lado, de día y de noche, en la lucidez y en el sueño, a una mujer y un hombre, a un animal y a un dios, pero nosotros la ignoramos durante toda la eternidad pues no podemos ver ambas caras a la vez.

Pero esto no acaba aquí, porque la inscripción transparente, de oro líquido, que se adivina en el centro de la esfera debe ser comprendida, y para comprenderla con la mente y no verla únicamente con los ojos, es necesario que tu mente se transforme en un ojo de una dimensión superior. El globo de diente de león debe girar a su vez, en un plano inimaginable, para transformarse, respecto a la esfera, en lo que es la esfera respecto al disco plano. El sentido se encuentra en la hiperesfera, en el innombrable objeto transparente que resulta del golpe dado a la esfera de la cuarta dimensión. Pero aquí llego, quizá demasiado pronto, a Hinton y a sus cubos, a los que mis anomalías parecen estar ligadas de forma confusa.

Más sobre Solenoide, por Loiayirga, aquí.

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2017: Las lecturas que faltaban

El blog está en hibernación, pero yo sigo leyendo. Aquí traigo la lista de los libros de la segunda mitad del 2017, que sé que algún lector la estaba echando de menos… ¡Felices libros!

[*****] Junger, Sebastian: Tribu. 06-07-17
Sebastian Junger entrevistó a muchos veteranos de Irak para un artículo en Vanity Fair sobre el trastorno de estrés postraumático. Y descubrió que el problema, más que el campo de batalla, era la vuelta a casa. Echaban de menos la camaradería, el sentimiento de pertenencia al batallón: ser una tribu, en definitiva; algo que perdían radicalmente cuando regresaban y su país no tenía un puesto para ellos excepto, quizá, el de víctimas. “A los humanos no les importa la adversidad, lo que les afecta es no sentirse necesarios”, dice Junger, “y la sociedad moderna ha perfeccionado el arte de hacer que la gente no se sienta necesaria”. Lo que significa que el problema de esos veteranos está empezando a ser el nuestro.

[****o] Waugh, Evelyn: Merienda de negros. 26-07-17
Una de esas veces en las que el título de la traducción mejora al original (Black Mischief). Comicidad corrosiva, mala baba… una caricatura inmisericorde tanto de los colonos blancos como de los colonizados negros. Waugh en plena forma.

[**ooo] Frossard, André: Dios existe, yo me lo encontré. 31-07-17
Llevaba tiempo queriendo leer este libro de título impactante, escrito por el hijo de uno de los fundadores del Partido Comunista francés, que experimentó una súbita conversión. En la primera página nos cuenta: “Habiendo entrado a las cinco y diez de la tarde en la capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra” . Por desgracia, el resto del libro no está a la altura de este principio, y cuando terminamos de leerlo, su extraordinaria experiencia nos resulta tan opaca como cuando empezamos. Si buscan algo de luz sobre estos místicos territorios, mejor pasen  directamente a Entusiasmo, de Pablo d’Ors.

[****o] Dreger, Alice: Galileo’s middle finger. 27-08-17
Alice Dreger es historiadora de profesión pero activista de vocación. Escribir una tesis doctoral sobre el tratamiento médico de los “hermafroditas” en el siglo XIX la llevó a interesarse por la suerte de esta minoría en el presente, y al activismo en pro de los transgénero… para verse luego vilipendiada por algunos de sus líderes cuando difundió resultados científicos contrarios a su agenda política. El libro, aunque centrado en la experiencia de la autora, es una denuncia más amplia de la claudicación, cada vez más frecuente, de la academia ante grupos de presión que exigen no ser ofendidos.

[**ooo] Helfand, David: A survival guide to the misinformation age. 30-08-17
El título es prometedor, pero el resultado más bien decepcionante. El autor es un profesor de física en la Universidad de Columbia y el libro el resultado de un curso sobre “Hábitos científicos de pensamiento” que se imparte a todos los alumnos, no sólo los de ciencias. Tiene cosas valiosas, pero con todo su entusiasmo, resulta demasiado parcial, a veces confuso,  y, peor aún, un tanto cargante (en la línea de los autodenominados brights, para que se hagan una idea).

[**ooo] Honoré, Carl: La lentitud como método. 02-09-17
Diez años después de leer Elogio de la lentitud , me ha vuelto a pasar: he leído este libro en diagonal, lo más deprisa que he podido. No es que esté mal, pero se podría resumir en unas pocas páginas, y si me apuran, en dos palabras: festina lente, apresúrate despacio.

[****o] Gray, John: The silence of animals. 26-09-17
Desde que se jubiló de su cátedra en la LSE, el mayor enemigo del optimismo ilustrado escribe obras cada vez más impresionistas. En este caso, cada breve capítulo deja hablar a otro autor, y el conjunto, sin la argumentación sólida del ensayo, tiene una hipnótica fuerza literaria. Quienes no comulguen con su visión del mundo encontrarán, como mínimo, un ramillete de buenas historias.

[*****] Christian, Brian y Griffiths, Tom: Algorithms to live by. 14-10-17
Los algoritmos informáticos no son meras recetas sin alma. Tienen ideas detrás, que pueden ser muy relevantes para entender mejor el mundo y hasta para vivir mejor. Empezó por no gustarme que los autores nos hurten las fórmulas, pero acabé admirando su talento de divulgadores (y la bibliografía y las notas son espléndidas).

[*****] Tait, Katharine: My father, Bertrand Russell. 26-10-17
Una joya encontrada en la feria del libro de ocasión de Recoletos. Lady Katharine Jane Tait tiene 94 años y vive en la que fue la casa de su infancia, donde su padre, Bertrand Russell, y su madre, Dora Black, fundaron una escuela para poner en práctica sus ideas pedagógicas y morales, que son más o menos las del progresismo hoy estándar. Para valorarlas en su justa medida no tiene precio ver desde dentro, con los ojos de su hija, cómo resultó en la práctica el experimento de estos precursores. Un libro crítico y a la vez amoroso, con una sorprendente lucidez y muy bien escrito.

[*****] d’Ors, Pablo: Entusiasmo. 08-11-17
Un libro insólito: el bildungsroman de un cura en la España de los 80. Devoré esta (seguramente no tan) falsa autobiografía, que ilumina un ambiente y unas experiencias que hoy están sistemáticamente fuera de los focos. Extraordinario.

[*****] Jackson, Gabriel: Aproximación a la España contemporánea. 25-11-17
Repito lo que dije de la Historia mínima de España de Juan Pablo Fusi: quizá es por mi ignorancia en este tema, pero el libro me ha parecido espléndido: didáctico, muy bien estructurado, ameno y ecuánime. No se pude pedir más.

[**ooo] Steiner, George: Presencias reales. 27-11-17
Steiner es un sabio y simpatizo con su mensaje en este libro: que “cualquier explicación coherente de la capacidad del habla humana para comunicar significado y sentimiento está, en última instancia, garantizada por el supuesto de la presencia de Dios. Mi hipótesis es que la experiencia del significado estético -en particular el de la literatura, las artes y la forma musical- sugiere la posibilidad necesaria esta ‘presencia real’”. Pero esto lo dice Steiner en la segunda página, y las siguientes (casi trescientas) no me han servido de mucho para hacer más clara o más sólida su tesis: las gasta en una polémica implícita con sus pares en la crítica literaria, a un nivel que a los legos nos parece esotérico y prescindible, con un estilo espeso, muy diferente del ágil y brillante de Nostalgia del absoluto.

[**ooo] Martel, Frédéric: Cultura mainstream. 10-12-17
Tenía grandes expectativas con este libro, que prometía explicar “cómo se crean los fenómenos de masas”, pero no he encontrado lo que esperaba. El autor entrevista a cientos de personas y recorre miles de kilómetros, pero el nivel es el de un artículo de revista de negocios: se deja leer, pero hay poca reflexión sobre lo que todo esto significa y adónde nos lleva.

[***oo] Polkinghorne, John: la fe de un físico. 16-12-17
Con este título, ¿cómo no iba a leer este libro? Discípulo de Abdus Salam y Paul Dirac y premio Templeton,  Polkinghorne tiene un gran prestigio, y después de leerle, creo que lo merece. Pero no me ha terminado de gustar: quizá autoimponerse justificar cada artículo del credo de Nicea es un corsé que no le deja respirar. Es brillante en ocasiones, pero resulta árido en su escritura, y demasiado teológico en su contenido.

 [*****] Oakeshott, Michael: Ser conservador y otros ensayos escépticos. 28-12-17
“La única manera de tener buenas leyes es quemar todas las existentes y empezar de nuevo”, dijo Voltaire. Desde entonces, y sobre todo a lo largo del siglo XX, la política se ha entendido cada vez más como la aplicación de la razón a la resolución de problemas. Una razón libre de las ataduras tradicionales, y convenientemente esquematizada en ideología. Oakeshott argumenta que esa tradición es el vehículo de un conocimiento práctico, tácito, imprescindible para la vida social, y por eso el racionalismo político está abocado al fracaso. Muy inglés, muy elegante, me lo imagino escribiendo en un descanso del Royal Meeting de Ascot  (su libro A Guide to the Classics no es una introducción a Platón sino a las carreras de caballos…).

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Lecturas de medio año, 2017

Llevo lo que va de año sin energías para escribir… pero todavía me quedan para leer (cuando no las tenga será muy mala señal). Por eso no quería faltar a la cita de las lecturas de medio año: si este post les sugiere libros para el verano ya estará bien empleado.

Repongan fuerzas para el nuevo curso (yo lo intentaré).

[**o o o] Murakami, Haruki: La biblioteca secreta / Asalto a las panaderías / Sueño. 07-01-17
Una obra menor: tres cuentos en una primorosa edición ilustrada (tres volúmenes en un estuche). Si tiene que hacer un regalo a un fan de Murakami, es una buena idea; si no, no merece la pena.

[****o] Dalrymple, Theodore: Sentimentalismo tóxico. 08-01-17
¡Por fin traducen a Dalrymple al español! Hace tiempo me entusiasmó su Our culture; what’s left of it (y le dediqué dos posts). Ahora llega de la mano de Alianza Editorial y con el aval de Savater: “Si tuviese que aconsejar un libro para entender la actualidad política en España y en Europa, recomendaría Sentimentalismo tóxico”, dice en la faja del libro. Hay que advertir se centra mucho en el penoso estado de la infancia británica (el título original es Spoilt rotten), que su estilo es a veces difícil y sus opiniones demasiado contundentes… pero hay que leerlo (y sí, además cuesta 19 € y no está cosido 😦 ).

[*****] Ellenberg, Jordan: How not to be wrong. 25-01-17
Uno de los mejores libros de divulgación que he leído en mucho tiempo. Ellenberg escribe bien, tiene cosas que contar e instinto para presentarlas con gracia y, en ocasiones, de forma memorable (por ejemplo, en la historia de Abraham Wald and the missing bullet holes con la que se abre el libro –pueden leerla aquí-). Un libro que parece de “matemáticas para la vida cotidiana”, y en cierto modo lo es, pero no se engañen: tiene un gran nivel y en ocasiones toca temas difíciles y da que pensar. ¿Se animará alguna editorial a traducirlo?

[**o o o] DeLillo, Don: White noise. 27-01-17
La crítica pone por las nubes a DeLillo, y a la vista de este libro, publicado en 1985, es verdad que se adelantó a su tiempo: sus personajes padecen el tipo de estupidez que por estos lares sólo se ha generalizado con internet. Hablan, además, en un inglés muy alambicado que seguro que tiene mucha gracia para un nativo de los EEUU, pero no para mí. Y hablan así todos, da igual su edad o su formación, lo que les da un aire más de marionetas del ventrílocuo DeLillo que de seres humanos. Quizá eso es lo que le gusta a la crítica.

[**o o o] Tarrach, Rolf: El placer de decidir. 13-02-17
Un libro fallido. Recuerdo que Tarrach (valenciano, pese a su exótico nombre) nos dio una conferencia sobre monopolos magnéticos (¿o eran campos gauge?) cuando yo estaba en 5º de carrera. Luego llegó a presidente del CSIC y a rector de la Universidad de Luxemburgo. Este libro promete ser “una introducción al razonamiento científico para no científicos”, pero no funciona como tal: son dos conferencias revisadas y aumentadas y resulta demasiado breve y descarnado para conseguirlo. Hay que reconocer que no faltan las ideas interesantes, pero si quieren aprender, lean a Ellenberg.

[**o o o] Chukri, Mohamed: El pan a secas. 31-01-17
Hace mucho oí hablar de El pan desnudo, un libro de culto de un autor marroquí autodidacta, marginal y escandaloso. Durante muchos años estuvo agotado y ahora lo han reeditado, traducido directamente del árabe. Tiene interés, pero me parece que su fama se debe sobre todo a ese prestigio que tiene lo sórdido entre los snobs del primer mundo.

[***o o] Ramón y Cajal, Santiago: El mundo visto a los 80 años. 17-03-17
Un libro que recordaba haber visto de pequeño en casa de mis padres y cuyo título, no sé por qué, siempre me gustó. Don Santiago, un cascarrabias en el invierno de la vida, se propone comparar el mundo de 1934 con el de su juventud, pero habla en realidad de todo un poco. Tiene interés por ser quien es, pero a veces resulta sorprendentemente actual, como en sus reflexiones sobre el nacionalismo.

[****o] McEwan, Ian: La ley del menor. 21-02-17
De McEwan había leído Expiación, que me gustó mucho, y cuando oí a Joaquín Leguina elogiar este libro decidí que lo tenía que leer. Mereció la pena.

[****o] Satouf, Riad: El árabe del futuro, 2ª parte. 01-03-17
Tan bueno como la primera parte: los recuerdos de un niño rubio, medio francés, en la Siria de los años ochenta, contados en un comic con humor y sin tópicos.

[***o o] Gray, John: El alma de las marionetas. 19-03-17
¿Qué consecuencias tiene creernos lo que nos aseguran los divulgadores de la ciencia: que somos máquinas (robots húmedos, como dije alguna vez)? Según Gray, este convencimiento va asociado, casi siempre sin saberlo, a una fe gnóstica. Unas creencias laicas que, dice, “son una reacción a la decadencia del cristianismo. La humanidad, al luchar por escapar de este mundo que la ciencia le ha revelado, se ha refugiado en la ilusión de que esa ciencia le permite rehacer el mundo a su imagen y semejanza”. Gray es, como siempre, un ácido que corroe las buenas intenciones progresistas, aunque este libro no es el más convincente de los suyos: se demora en historias curiosas (sobre Philip K. Dick y Giacomo Leopardi, por ejemplo) pero no construye un argumento sólido.

[*****] Haidt, Jonathan: The righteous mind. 12-04-17
Me gustó mucho La hipótesis de la felicidad (tanto como para dedicarle dos posts) y este libro me ha gustado más aún. Es un crimen que no esté traducido, quizá porque parece que su tema es muy localmente americano, cuando en realidad nosotros vivimos la misma discordia con distintos collares. No hablamos de culture wars pero tenemos la misma brecha entre dos visiones del mundo que se descalifican mutuamente, cada vez más aisladas en sus respectivas burbujas informativas. Haidt argumenta que la brecha divide a dos universos morales, y nos hace entenderlos. Quizás habría alguna esperanza para nuestra sociedad si le leyéramos.

[**o o o] Fenwick, Peter y Elizabeth: El arte de morir. 16-04-17
Atalanta, la editorial privada del conde de Siruela, ya había publicado un libro sobre las experiencias cercanas a la muerte (Consciencia más allá de la vida, que todavía tengo pendiente de leer) y ahora reincide con este libro de título atractivo pero engañoso: los Fenwick no actualizan el viejo ars moriendi, sino que recopilan casos en los que familiares fallecidos se aparecen al moribundo, aparentemente para acompañarle en su tránsito y otros simétricos en los que el familiar ve, o simplemente sabe súbitamente, que esa persona está muriendo. El tema es fascinante y los autores son serios (Peter Fenwick es un reconocido neuropsiquiatra), pero el libro se hace repetitivo y no llega a enganchar.

[****o] Rowling, J.K.: Harry Potter y la piedra filosofal. 28-04-17
Hice un trato con mi hija: cada día ella resolvería unas ecuaciones y yo me leería un capítulo de Harry Potter. A ninguno de los dos nos apetecía, pero creo que los dos hemos salido ganando.

[***o o] Bernays, Edward: Propaganda. 02-05-17
Edward Bernays es muy poco conocido, al menos en España, pero es uno de los creadores del mundo en que vivimos. Sobrino de Sigmund Freud, sus padres emigraron a EEUU siendo él niño, y se convirtió en el gran renovador de la publicidad. Bernays es el padre de las relaciones públicas, y dondequiera que miremos hoy vemos sus ideas en marcha. Su gran golpe: conseguir, en los años 20, que las mujeres fumasen. Lo cuenta en este libro, tan actual que nadie diría que está escrito en 1927 salvo, quizá, por la naturalidad con la que habla de cosas que hoy disimula la corrección política.

[****o] Muñoz Molina, Antonio: Sefarad. 01-06-17
Este libro, conseguido casi gratis en Tuuu librería, llevaba tiempo rodando por casa, y en una época de saturación de trabajo -tanto que no me veía capaz de leer ensayo- me agarré a él como un náufrago a un pecio. Lo disfruté mucho al principio, no tanto según iba avanzando, aunque hay que advertir que el libro en realidad no avanza: son relatos independientes, sólo con algunos hilos comunes, unidos por el vago tema común del desarraigo (desde el de los perseguidos por las dictaduras del siglo XX al de nuestros padres cuando emigraron del campo a la ciudad). Me gustó su prosa y su empatía, eso que no tiene Don DeLillo. Seguramente leeré más de Muñoz Molina.

[*****] Aramburu, Fernando: Patria. 10-06-17
¿Se merece este libro ser el gran best  seller de la temporada en España? Rotundamente sí. Aramburu se ha metido en un tema que es un avispero y ha salido sin una sola picadura. Un ejemplo del poder único de la literatura: enseñarnos a ver las cosas y las personas desde dentro, que es la única manera de entender la realidad. Al servicio de esta empresa se pone aquí la técnica de escritor, porque de nada sirve un libro que no se deja leer, y este lo hace en grado sumo.

[****o] Chaves Nogales, Manuel: Juan Belmonte, matador de toros. 17-06-17
Había leído tantas veces que esta es la mejor biografía española del siglo XX, y había disfrutado tanto con El maestro Juan Martínez que tenía que leer este libro. Y bueno, una lectura muy grata, un gran libro sin duda, pero no llega a ser la gozada que es El maestro… El mismo día que lo acabé, un toro mató a Iván Fandiño en la plaza, y por primera vez en mi vida sentí que la muerte de un torero tenía algo que ver conmigo.

[****o] Del Molino, Sergio: La España vacía. 30-06-17
¿Cuánto tiempo hacía que un ensayo de un autor español (y me refiero a un ensayo de verdad, no un libro de cocina) no se convertía en un fenómeno editorial? Del Molino ha entrado en un club muy selecto, tanto que sólo se me ocurre otro miembro: Pablo d’Ors con su Biografía del Silencio. De este libro se han dicho maravillas,  y lo cierto es que está bien: del Molino sabe escribir, cuenta historias curiosas y tiene un punto de vista propio. Destaca, como uno de esos árboles que deleitaban la vista a Azorín en el erial de La Mancha… sólo que el erial aquí es el paisaje del ensayo español.

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(A)simetrías morales

Supongo que no habría caído en la cuenta si los dos artículos no hubieran estado en el mismo número de The Economist. Pero estaban, en el del 28 de enero, y los leí con poco intervalo entre uno y otro.

En la página 32 se explicaba que la orden ejecutiva de Trump, que prohíbe la financiación de ONGs que promuevan el aborto, probablemente consiga lo contrario de lo que pretende. The Economist dice, haciéndose eco de la postura de Marie Stopes International, que esas ONGs son importantes proveedoras de anticonceptivos en países pobres, donde la ausencia de programas de planificación familiar disparará el aborto, tal como parece que ocurrió en África cuando George W. Bush hizo algo similar a lo que ahora ha hecho Trump.

Nos vamos ahora a la página 10 y leemos un duro editorial contra la enmienda aprobada por el parlamento ruso que descriminaliza la violencia doméstica “cuando es la primera vez, a menos que cause serias lesiones”. Su impulsora, “la senadora conservadora Elena Mizulina”, argumenta que la ley enmendada ahora (que fue aprobada el pasado junio e introducía severas sanciones castigando la violencia doméstica) erosiona la autoridad en la familia, y que “una mujer que humilla a su marido hace tanto mal como un marido que pega a su mujer”.

Quizá es porque soy físico y tengo el reflejo de buscar simetrías, pero me llamo la atención el contraste. En el primer caso, endurecer la política contra el aborto sólo conseguirá que aumente. En el segundo caso, ser más permisivos con la violencia doméstica hará que se dispare. En esquema:

Caso 1: Menos facilidades => más abortos
Caso 2: Menos dificultades => más violencia

Es evidente que tanto el aborto como la violencia doméstica son problemas muy complejos, (tanto que probablemente pertenezcan a esa categoría que no queremos admitir: la de problemas sin solución). No es disparatado por eso sostener que las consecuencias no deseadas vayan a ser preponderantes. Pero, ¿por qué sólo en el aborto?

En España tenemos una legislación extremadamente dura con la llamada “violencia de género”. En las instancias oficiales y en los medios mainstream es prácticamente tabú cuestionarla. Y sin embargo, no veo que las estadísticas sugieran que está siendo eficaz: más bien parece lo contrario. Quizá, sólo quizá, la “senadora conservadora rusa” podría no ser la fanática ultramontana que sugiere The Economist. Podría ser que estuviera aplicando a la violencia doméstica el tipo de razonamiento que ellos aplican al aborto: que las consecuencias no deseadas de una cierta política superan a sus presuntos beneficios.

Sospecho que lo que tenemos aquí es un ejemplo típico de lo que psicólogos como Daniel Kahneman o Jonathan Haidt vienen señalando: cuando se trata de la moral, nuestros razonamientos y justificaciones son siempre a posteriori. Primero tenemos una postura y sólo después buscamos razones. Siempre las encontramos de sobra, pero nuestra valoración inicial, que es la que cuenta, se parece más a la reacción de agrado o repulsa ante una comida que a un análisis meditado de pros y contras: no tragamos el aborto o el maltrato, igual que no tragamos las sardinas o el repollo.

Si queremos que nuestras sociedades no se fracturen por docenas de grietas morales, más nos vale asumir esto pronto, y aceptar que se puede abominar del repollo y ser una buena persona.

Nota: no estoy diciendo que la moral sea una mera cuestión de gustos. Al contrario, que nuestras reacciones morales sean similares a las gastronómicas sólo subraya la necesidad de una reflexión ética.

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Los bárbaros y el color de las cortinas

Estas navidades he leído “Los bárbaros”, de Alessandro Baricco. Me cautivó su estilo, muy directo, interpelando al lector como en un blog (de hecho, es algo parecido: se publicó por entregas en La Repubblica). Pensé inmodestamente que Pseudópodo, en sus mejores momentos, se parecía en su estilo.

Queda dicho, pues, que a Baricco da gusto leerlo. No sólo porque tenga oficio de escritor: lo mejor es que hace un gran esfuerzo por explicarse, por ser claro, y lo consigue con agilidad y elegancia, con metáforas brillantes que van construyendo un vocabulario propio, con ejemplos que van del fútbol al vino, pasando por Walter Benjamin. Baricco tiene algo que decir y lo dice muy bien.

 

Otra cosa es que tenga razón. Pero empecemos explicando de qué trata el libro, con las palabras del propio autor:

Todo el mundo percibe, en el ambiente, un incomprensible apocalipsis inminente; y, por todas partes, esta voz que corre: los bárbaros están llegando. Veo mentes refinadas escrutar la llegada de la invasión con los ojos clavados en el horizonte de la televisión. Profesores competentes, desde sus cátedras, miden en los silencios de sus alumnos las ruinas que ha dejado a su paso una horda a la que, de hecho, nadie ha logrado, sin embargo, ver. Y alrededor de lo que se escribe o se imagina aletea la mirada perdida de exégetas que, apesadumbrados, hablan de una tierra saqueada por depredadores sin cultura y sin historia. (…)
No se ha vuelto loco todo el mundo. Veo algo que existe. Pero lo que existe yo no consigo contemplarlo con esos mismos ojos. Hay algo que no me encaja.

Estos bárbaros, son, claro, la nueva generación que ha crecido con internet. Baricco prosigue diciendo que estos invasores “no se están limitando a controlar los puntos estratégicos del mapa, sino que están cambiando el propio mapa”. Quizá más que bárbaros son mutantes, una nueva especie “que tiene branquias detrás de las orejas y que ha decidido vivir bajo el agua”: es natural que a nosotros, con nuestros pulmoncitos, su aparición nos parezca un apocalipsis inminente.

Estamos al principio del libro y queda mucho por contar: hay que hablar de vinos, de fútbol y de Walter Benjamin…, pero en el fondo, en esta obertura se adivina ya la conclusión. Leemos hacia el final del libro, en la página 211:

Cada uno de nosotros está donde está todo el mundo, en el único lugar que existe, dentro de la corriente de la mutación, dónde a lo que nos es conocido lo llamamos civilización y a todo lo que no tiene nombre barbarie. A diferencia de otros, pienso que se trata de un magnífico lugar.

Y poco después:

No hay mutación que no sea gobernable. Abandonar el paradigma del choque de civilizaciones y aceptar la idea de una mutación en curso no significa que deba aceptarse cuanto sucede tal y como es, sin dejar la huella de nuestros pasos. Lo que llegaremos a ser sigue siendo hijo de lo que quisiéramos llegar a ser. Así que vuelve a ser importante el cuidado cotidiano, la vigilancia (…) Se trata de ser capaces de decidir qué hay, en el mundo antiguo, que queramos llevarnos hasta el mundo nuevo (…) En la gran corriente, poner a salvo todo lo que apreciamos. Es un gesto difícil, porque no significa, en ningún caso, ponerlo a salvo de la mutación, sino, en todo caso, dentro de la mutación.

Es de agradecer que Baricco no sea apocalíptico, que intente comprender y no condenar, que su mensaje sea constructivo y vaya más allá “de la queja snob o de la charla de bar” (pg. 53). El problema está en que aquí, cuando tocaría especificar qué es lo que hay que salvar, nos encontramos con esto:

El hecho es que no tengo las ideas muy claras en relación con este tema. Sé que con toda seguridad existe algo, pero de qué trata es difícil decirlo, ahora, con exactitud.

¡Qué decepción! Una conclusión así, me parece a mí, desactiva las páginas anteriores, las deja inoperantes y sin sustancia. Pero me temo que era inevitable, porque es una consecuencia de la debilidad esencial de la reflexión de Baricco, un problema de base que se iba manifestando gradualmente según leía este libro, por momentos tan brillante. Un problema que no es sólo suyo, sino algo endémico en nuestros intelectuales literarios (“nuestros”: los del occidente del siglo XXI). Pueden tener un ojo certero para las conexiones, las metáforas, las analogías; pueden ofrecernos visiones sugerentes, con perspectivas múltiples y enriquecedoras; pueden demostrar un gran oído para captar la música de los hechos… pero al final, tienen una visión decorativa del mundo. Piensan que “una mutación de la especie humana” es como un cambio de estilo en el salón: saben que no querrían redecorarlo por completo, pero tampoco tienen claro qué conservar. ¿Quizá dejamos las cortinas…?

* * *

Postdata: tras escribir el post, encuentro en este blog, que no conocía, una recomendable crítica, más amplia que la mía, y todo un torrente de posts sobre los bárbaros de Baricco.

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2016: Las lecturas que faltaban

Siguiendo la tradición (que tiene un post de antigüedad) de comentar brevemente las lecturas del semestre, aquí van las de la segunda mitad del 2016. Una temporada poco propicia: un verano muy ajetreado y un principio de curso con mucho trabajo me han dejado poca tranquilidad para leer (¡descubro con horror que en octubre no acabé ningún libro!).

Aun así, esta es la cosecha:

[*****] Landero, Luis: El balcón en invierno. 07-08-16
Leí en un blog amigo que “este libro no tiene palabras huecas”, y es verdad. Una sencillez engañosa, la que sólo puede conseguir un gran escritor cuando deja de ser novelista y mira hacia atrás, a su vida y la de su familia.

[***o o] Nardone, Giorgio: El arte de la estratagema. 26-08-16
Nardone es un discípulo de Watzlawick, y tiene un libro estupendo escrito con él (El arte del cambio). Este es muy breve y a pesar de lo atractivo del tema, me ha resultado poco sustancioso.

[****o] Carrère, Emmanuel: De vidas ajenas. 04-09-16
Empecé a leer “El reino”, que tuve que devolver a la biblioteca, y decidí reservar para otra ocasión. Para el verano me compré este otro libro de Carrère, al que los lectores ponían por las nubes en Amazon, y aunque realmente está muy bien, veo que esos elogios estaban un tanto sesgados porque ¿quién va a hablar mal de un asunto con tanto interés humano?

[****o] Mlodinow, Leonard: El andar del borracho. 12-09-16
Mlodinow consigue hacer una historia bastante lineal, incluso académica, de las ideas sobre probabilidad y estadística, con el formato de un libro clásico de divulgación. Un buen trabajo, aunque no hará historia de la divulgación

[****o] Carrère, Emmanuel: El bigote. 19-09-16
Esta vez no es una “novela de no ficción”, sino una novela 100%. Tiene un comienzo sorprendente e inquietante, tanto que el resto del libro no puede estar a la altura. Consigue terminarlo, pero queda la sensación de que lo que empezó como una inspiración brillante termina como una demostración de oficio.

[****o] Planas, Ferrán: El desbarajuste. 25-09-16
Lo compré de ocasión, sin más referencias que la editorial: si está en Libros del Asteroide tiene que ser bueno. Y lo es, pero sobre todo es singular. No he leído muchas memorias de la guerra civil y del exilio, pero estoy seguro que las de Planas son de las más atípicas: no es frecuente entre nosotros su humor escéptico, ni abundaban los liberales entre los exiliados.

[*****] López Cambronero, Manuel: Nicolai Bediaev.
05-11-16
Cinco estrellas no porque sea un libro extraordinario, sino porque se propone una cosa y la consigue con solvencia y brevedad: dar a conocer la vida e ideas de este peculiar intelectual, heredero filosófico de Dostoievski, que me sonaba por las menciones que hacía de él Ernesto Sabato.

[***o o] De Lubac, Henri: El drama del humanismo ateo. 05-11-16
Había leído grandes elogios de este libro, que lo presentaban como la refutación clásica, desde el catolicismo, de la posibilidad de un humanismo ateo. De Lubac escribe en 1944, conmocionado por la guerra, y quizá por eso el libro resulta irregular y fragmentario. El análisis de Nietzsche es previsible; el de su antídoto, Dostoievski, se hace pesado, pero el de Comte es brillante y basta para convencernos de que esa filantropía sin Dios genera monstruos.

[****o] Kalanithi, Paul: Recuerda que vas a morir: vive. 10-11-16
Kalanithi era un brillante neurocirujano y escritor que, con tan solo 38 años, murió de un cáncer de pulmón. Lo cuenta en este libro póstumo, que ha sido nº1 en ventas en los USA y ha cosechado elogios unánimes… que, como en De vidas ajenas, hay que multiplicar por un factor (menor que uno) para descontar el efecto de “libro de conmovedor interés humano”. Sospecho, además, que un inglés muy literario ha sufrido con la traducción.

[*****] Fermi, Laura: Atoms in the family. 17-11-16
¿Cómo es posible que este libro delicioso lleve décadas descatalogado en español? Un caso único de científico de primera fila visto por su mujer, que tiene además un gran talento de escritora. Interesante desde muchos puntos de vista, pero imprescindible para cualquier interesado en la historia de la bomba atómica o en la intrahistoria de la ciencia en una época decisiva.

[*****] Crabbe, Tony: Busy. 30-11-16
Sorprendente: un libro de, digamos, autoayuda que merece la pena. Que parte de nuestra realidad, la de un mundo en el que hay demasiado de todo, de modo que, paradójicamente, “estar muy ocupado” es el nuevo rostro de la pereza. Crabbe ha leído a Seligman, Haidt, Kahneman… y nos enseña a aplicarlos en la práctica.

[****o] Baricco, Alessandro: Los bárbaros. 31-12-16
Un escritor analiza la gran mutación en curso: internet y todo lo demás. Le doy cuatro estrellas por la escritura y por las ideas que plantea, pero no por sus conclusiones. Habrá que hablar de él en otro post.

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Las cuatro preguntas de Norman

En el post anterior, antes de Navidad, alertaba sobre la paradoja de la felicidad. Ahora están a punto de llegar los Reyes, y toca advertir sobre las trampas del consumo…

Si están pensando en comprar algún regalo que se enchufe, harán bien en someterlo al test que tiene que superar cualquier electrodoméstico en la familia de Donald A. Norman (cito textualmente):

  1. ¿Dónde lo guardaremos? Dado que ni siquiera sabemos dónde guardar los aparatos que ya tenemos, ¿qué haríamos con los nuevos?¿ponerlos en el suelo? De hecho, en mi familia esta cuestión se ha convertido en un problema tan grave que prácticamente ha puesto fin a todas las compras. Al menos, eso espero.

  2. ¿Dónde lo utilizaremos? Aunque encontremos un sitio para guardarlo, lo normal es que en todos los sitios que probemos ya haya algo en medio.

  3. ¿Dónde lo enchufaremos? Ahora todos los aparatos tienen que ser enchufados: seguro que si compramos una tabla para cortar el pan, necesitaría un enchufe. Puede que hayamos encontrado un sitio para usar el aparato, pero ¿hay una toma de corriente disponible cerca?

  4. ¿Cuánto trabajo va a necesitar su limpieza? Esta pregunta crucial nos ha hecho desistir de comprar varias novedades en electrodomésticos. Seguramente un vaporizador atómico nos ahorraría treinta segundos cada vez que tuviéramos que vaporizar algo, pero deberíamos invertir cinco minutos en desmontarlo, lavarlo, secarlo y volver a montarlo… en el caso de que supiéramos dónde guardarlo, usarlo y enchufarlo.

(La cita está sacada de Ordenadores, electrodomésticos y otras tribulaciones, un título anodino para un libro que en el original era brillante: Turn Signals are the Facial Expressions of Automobiles)

¿Y quién es Donald A. Norman? Un psicólogo cognitivo que se ha convertido en uno de los gurús de la usabilidad. Aquí lo tienen en una charla TED:

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El terreno paradójico

En un terreno desocupado que lindaba con su casa, un cuáquero había puesto un cartel con la siguiente leyenda: Este terreno le será dado a quienquiera que esté verdaderamente satisfecho.

Un acaudalado granjero que pasó por allí se detuvo a leer el cartel y se dijo “Si nuestro amigo el cuáquero está dispuesto a entregar este terreno, también yo puedo reclamarlo antes de que lo haga otro. Soy rico y tengo cuanto necesito, de modo que cumplo el requisito exigido”.

Se acercó, pues, a la puerta de la casa, llamó y explicó el motivo de su presencia. “¿Y estás verdaderamente satisfecho?”, le preguntó el cuáquero.

“Naturalmente que sí: tengo todo cuanto necesito”.

“Amigo”, le dijo el cuáquero, “si estás satisfecho, ¿para qué quieres el terreno?”

solar-en-ventaLa única manera de merecer el terreno es no quererlo… Leyendo esta historia que cuenta Anthony de Mello en La oración de la rana, caí en la cuenta de que el terreno paradójico es la felicidad: sólo la tendrá quien pueda pasarse sin ella.

Ya lo dije otra vez hace tiempo… pero es que ahora quería desearles feliz Navidad  😉

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Dylan y el Nobel

Me pregunta Tintín sobre la nobelización de Dylan, y ante esta invitación no me resisto a salir de las sombras unos minutos…

El Nobel a Bob Dylan ha conmocionado mi familia: a mi mujer (que lo aborrece y me lo tiene vetado en la cocina y en el coche) le dieron palpitaciones cuando se enteró, y hasta mi hijo me puso un whatsapp para avisarme…

Precisamente hace cosa de un mes pasé varios viajes en tren escuchando a Bob Dylan. Todo empezó porque en el walkman salió (canción aleatoria) Changing of the guards y buqué la letra en songmeanings.

¿De qué trata? ¿De que la chica se va a casar con otro y el chico se dice que ahora o nunca?¿Es una crítica a los señores de la guerra?¿El “cambio de guardia” es la Nueva Alianza (evidenciando que ya Dylan era un criptocristiano en 1978)?¿Habla de una relación que se rompe, quizá la del propio Dylan con su mujer de entonces?¿Es una crítica al negocio musical?¿O quizá no significa nada, sólo es una típica filípica Dylaniana, llena de imágenes y alusiones?

Me pareció fascinante que todas estas interpretaciones fueran posibles y defendidas por unos y otros. La magia de Dylan está ahí, en esa ambigüedad y esa riqueza de resonancias, la de las canciones de Highway 61 o Blonde on Blonde (como Desolation Row o Visions of Johanna). Pero incluso en otras mucho más austeras, como (la que podría ser) mi preferida:

Dylan es un maestro en esto, todo lo contrario de esos cantantes pop que hacen letras que parecen redacciones. Quizá esas filípicas dylanianas no significan nada, pero quizá no tiene sentido decir eso…

Ahora bien, ¿se merece Dylan el premio Nobel de Literatura? A bote pronto contesto:

  • Se lo merece mucho más que Santos el de la paz…
  • El problema es que todavía nos creemos que el Nobel de algo debe premiar al mejor en ese algo. Pero en caso del Nobel de Literatura hace mucho tiempo que dejó de ser así. De hecho, nunca lo fue: ahí tenemos desde Echegaray hasta Elfriede Jelinek pasando por Bertrand Russell y Winston Churchill… y no tenemos a Borges, Cortázar, Tolstoi, Ibsen, Proust… En realidad, este premio y el de la paz parasitan el prestigio de los de ciencias, que son mucho más rigurosos.

Iban a ser sólo unos minutos así que nada más. Les dejo con este artículo de Hermann Tertsch (que me ha recomendado mi mujer 😉 )

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