Archivos de la categoría ‘Reseñas’

Julián Marías: Una vida presente

16 / Marzo / 2008

Sólo vi una vez a Julián Marías, en la Feria del Libro de Madrid. Estaba en una caseta, mano sobre mano, con un aspecto algo desamparado, sin que nadie se acercara a pedirle una firma. Yo había leído un libro suyo, “La felicidad humana”, y había algún otro que me interesaba, pero siempre he sido muy vergonzoso para estas cosas. Nuestras miradas se cruzaron un segundo y me fui.

Me arrepentí luego. Don Julián tenía más de ochenta años y me dije que no habría muchas más ocasiones de verle; que cuando volviera a la Feria, me acercaría con un libro y hablaría con él. No hubo ya ocasión.

Cuando leí las necrológicas, en diciembre de 2005, aumentó mi interés por él. Supe que estuvo preso tras la Guerra Civil, y que cuando salió fue ninguneado vergonzosamente (su tesis doctoral debe ser la única que fue calificada con suspenso en la historia de la universidad española). Y la marginación continuó hasta su muerte, pues nunca fue querido por los hunos (que no le perdonaban que fuera demócrata y leal a la República) ni por los hotros (que le despreciaban por su liberalismo político y su catolicismo).

Tuve curiosidad por sus memorias, “Una vida presente”, sobre todo por el primer tomo, el que trataba la infancia y juventud (siempre lo más interesante en unas memorias) y la época de la República y la Guerra Civil. Estaba agotado. Y no se reeditó tras su muerte: muy significativo del interés que despertó.

Hace cosa de dos meses lo encontré en una librería de viejo, por cinco euros, y lo he leído con creciente interés. Tiene un estilo austero, nada “literario”. Me dio la impresión de que estaba escrito de corrido, y así resultó ser: cerca del final, Marías dice que nunca hace borradores (llama la atención que el libro se comenzó el 14 de julio de 1988 y se acabó el 26 de agosto de 1988: casi 400 páginas en poco más de un mes).

Pero al ir avanzando en su lectura, uno se va dando cuenta de que, a pesar de la ausencia de énfasis, estamos ante un hombre admirable que cuenta una historia admirable: la de alguien que nunca formó parte de ninguna capilla o secta cultural o política, que lo pagó caro, pero que fue capaz de vivir con dignidad en un ambiente indigno.

(more…)

Jacques Ellul: Traición a occidente

24 / Febrero / 2008

Hace tiempo que quería leer algo de Jacques Ellul. No recuerdo dónde leí algo sobre él la primera vez, pero por lo que decían lo asocié a Iván Illich y a Lewis Mumford, dos incisivos críticos de la sociedad tecnológica.

Ellul fue profesor durante muchos años en la Universidad de Burdeos, su ciudad natal. Entre 1936 y 1997 (murió en 1994) publicó más de 50 libros, que trataban desde la historia del derecho romano a la crítica a los mass media. Pero no se limitó a ser un erudito: participó en la resistencia, fue una figura destacada de la iglesia protestante francesa, dirigió un club de prevención de la delincuencia juvenil, fue alcalde de pueblo, y estuvo entre los pioneros del ecologismo francés (se le atribuye la frase “piensa globalmente, actúa localmente“).

Por fin he conseguido un libro suyo, Traición a occidente (editado en español en 1976, casi inencontrable). Lo he leído con avidez. Ellul es francés y se nota (empezamos mal). Pero no está afectado de pedantería. Escribe con pasión, y parece que sin un plan rígido: abundan las disgresiones, aunque sabe dónde quiere llegar. Demuestra erudición, pero no se molesta en citar fuentes ni argumentar académicamente. Ellul escribe como un profeta, no como un profesor.

¿Cual es la traición a occidente de la que habla Ellul? La de los intelectuales que reniegan del valor de la civilización occidental. Y especialmente, los de izquierdas:

La izquierda está metida hasta el cuello en la mentira. No representa en absoluto a los pobres. No los defiende nunca. Les ha quitado la ilusión religiosa del paraíso celestial futuro para sustituirla por la ilusión del paraíso terrenal futuro. La izquierda es el equivalente exacto de la Iglesia burguesa del siglo XIX con respecto a los pobres. Presenta los mismos caracteres y merece los mismos reproches. Entre los pobres se hacen varias distinciones, exactamente lo mismo que hacían los cristianos burgueses del siglo XIX: hay pobres buenos, los que andan de acuerdo con las instrucciones, los buenos corderos de la revolución, aquellos cuya situación puede ser explotada como factor propagandístico, y hay pobres malos, aquellos que en un régimen comunista no aceptan estar a gusto, los que se revuelven a diestro y siniestro simplemente porque son infelices, sin tener en cuenta los planes de la revolución mundial, o aquellos que representan unos valores y una cultura tradicionales. A todos estos hay que reprimirlos sin más miramientos.

Pero Ellul no tiene elogios para la derecha. Al contrario: si no la critica es porque ni siquiera merece la pena. “Una vez más”, dice, “repetiré que, en mi opinión, la derecha no existe, que carece de porvenir, de legitimidad, e incluso de existencia”. Sólo la izquierda era la heredera de la esencia de Occidente: la libertad individual frente al poder. La izquierda estaba en el buen camino al ponerse de parte de los excluidos, de los perdedores, de los explotados. Pero tradujo esta opción por “llevar los pobres al poder”, por la dictadura del proletariado, por la identificación del pobre con Dios. Es decir, lo planteó en términos de poder, corrompiendo así la esencia de Occidente. En cuanto se produce este retroceso, dice Ellul, “las demás traiciones van seguidas. Y continúan. Se ha perdido la partida. Está irremediablemente perdida”.

El paisaje ideológico ha cambiado mucho desde la época en la que se escribió el libro, en 1974. Llama la atención que un engendro como el maoísmo estuviera de moda entonces entre los intelectuales franceses. Pero sigue vigente, incluso más acentuada, la traición de la que hablaba Ellul. Abandonado el marxismo, han permanecido como señas de identidad de la izquierda el complejo de culpa por los presuntos crímenes de Europa y la simpatía por cualquiera que luche contra la civilización occidental. El análisis de esta actitud ocupa la primera parte del libro de Ellul, y hablaré de ella en el próximo post.

[Reseña] Thomas Sowell: Conflicto de visiones

2 / Diciembre / 2007

Thomas Sowell es muy poco conocido en España, a pesar de ser uno de los intelectuales más influyentes de los Estados Unidos (en La Casa del Libro tienen un título suyo, en Amazon USA, 70) [Hay sin embargo una buena web en español sobre él]. De raza negra y de origen muy humilde, se ha destacado por su oposición a la “acción afirmativa” que obliga a reservar cuotas en las universidades a las minorías raciales.

Así comienza Conflicto de visiones:

Un detalle curioso de las opiniones políticas es que a menudo las mismas personas toman partidos opuestos ante distintos problemas. A veces estos problemas no están intrínsecamente conectados. Pueden abarcar desde los gastos militares y las leyes antidroga hasta la política monetaria y la educación. Pero una y otra vez vemos las mismas caras fulminándose con la mirada desde bandos políticos enfrentados. Ocurre con demasiada frecuencia para ser coincidencia y es demasiado espontáneo para ser una conspiración. Una mirada más atenta a las argumentaciones de ambos bandos a menudo revela que están razonando a partir de premisas muy diferentes. Estas premisas -a menudo implícitas- confieren la coherencia que subyace a la reiterada oposición de individuos y grupos en una gran variedad de temas. Estos grupos y personas tienen diversas visiones acerca del funcionamiento del mundo.

Tras las diferencias políticas hay diferencias ideológicas, pero esas diferencias ideológicas surgen de algo más básico aún: de la diferencia entre “visiones”: los supuestos básicos, a menudo no articulados, que tenemos sobre cómo es el mundo. (more…)

[Reseña] Haruki Murakami: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

26 / Octubre / 2007

(Tenía escrita esta reseña ya hace algún tiempo, y pensaba publicarla cuando le dieran el Nobel a Murakami… pero ya que las apuestas no acertaron, no iba a esperar a otro año ;-) )

***

Las navidades pasadas saqué de la Biblioteca Kafka en la orilla, un libro de Haruki Murakami. Me sonaba porque hablaba bien de él Andrés Ibáñez. Lo devoré. Sólo tenía tres días para devolverlo y tuve que hacer lectura rápida a veces, pero hacía mucho tiempo que no me enganchaba tanto un libro. El caso es que cuando lo acabé, no sabía decir si era bueno o no. Estaba bien escrito, muy bien tramado, te transportaba a otra realidad que está sin embargo en esta… pero la historia era cada vez más inverosími, al final había demasiados cabos sueltos… Me quedaba la sospecha de si Murakami no sería un farsante: ¿es esto buena literatura?

Supongo que es una pregunta pueril. La cuestión, a mi edad, debería ser si me gusta o no me gusta: ya debería tener un criterio propio. Creo que en general lo tengo. ¿Por qué esta ambigüedad con Murakami?

Posiblemente porque no se ajusta a los códigos convencionales que nos dicen “qué es” un libro, que nos facilitan meterlo en una casilla. Con los libros ocurre como con las personas: para juzgarlos hay que conocerlos bien. Eso requiere tiempo y por eso solemos recurrir, como atajos, a lo que en estadística se llaman “proxies“: signos indirectos, que a lo mejor no tienen importancia en sí mismos pero que suelen tener correlación con cosas que sí la tienen. Con las personas, puede ser la manera de vestir, el acento, el vocabulario que emplean…Con los libros, la portada, la editorial, lo que sabemos del autor…y por supuesto cosas más sustanciales (no todo va a ser “juzgar los libros por las tapas”).

Algunos de esos “proxies” más sustanciales despistan en el caso de Murakami. Por ejemplo, el lenguaje. No es “literario”, no es prosa poética, aunque tampoco es completamente plano (como el de una Julia Navarro, pongamos). Así que la textura de la prosa no nos orienta mucho, por más que para mí tiene un gran mérito escribir con tanta claridad y fluidez.

Otro ejemplo: el uso de la fantasía. La introducción de elementos fantásticos normalmente está codificada: esperamos que aparezcan de ciertas maneras admisibles. Un libro puede ser abiertamente fantástico, o de ciencia ficción, o de realismo mágico. Esta etiqueta podría cuadrar a Murakami, porque aparece la magia en un contexto realista, urbano y contemporáneo. Pero a diferencia de García Márquez y sus epígonos, aquí esos elementos fantásticos son esenciales a la trama, no son meros adornos costumbristas.

Leyendo este verano la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo se me ocurrió una posible clave.

(more…)

[Reseña] Malcolm Gladwell: La frontera del éxito

28 / Septiembre / 2007

Empecé a leer este libro poco convencido. Sabía que fue un best seller en Estados Unidos, donde apareció en el año 2000 con el título de The tipping point, y tenía una ligera idea de qué iba. Me imaginaba que iba a decir que una causa pequeña puede tener un gran efecto, y a dar instrucciones para usar tal “descubrimiento” en provecho propio, para alcanzar el éxito. O sea, uno más del género de autoayuda para managers…

El arranque del libro no hace mucho para desmentirlo. Pero poco a poco la idea va tomando cuerpo y resulta ser más sustanciosa de lo que parecía. Gladwell, además, la sabe presentar con eficacia, usando muchos ejemplos variados, interesantes y bien contados, a menudo largos pero que siempre ilustran la tesis principal: así, hasta el lector más reticente acaba por rendirse (yo me rendí en el capítulo 3, cuando Gladwell cuenta la historia de Barrio Sésamo…)

Pero una cosa es la retórica y otra la sustancia. ¿Cual es la tesis del libro? ¿Es correcta? ¿Es tan relevante como dicen los comentarios de la solapa, donde hasta Bill Clinton opina?

Solemos pensar que debe haber una proporcionalidad entre las causas y las consecuencias. Un problema grave (pongamos, la inseguridad ciudadana) debe tener soluciones costosas y complejas (más policías, reformar el código penal, educar mejor a los adolescentes…) Es cierto que no siempre ocurre así: a menudo hay modas que surgen como de la nada, sin causa aparente. Gladwell cuenta, por ejemplo, como en los años 90 los zapatos Hush Puppies pasaron casi de la noche a la mañana de estar totalmente pasados de moda a ser lo más cool, y sus ventas anuales subieron de treinta mil pares a dos millones, sin que mediara ninguna campaña de publicidad. Pero parece que estos fenómenos no pasan de anécdotas limitadas a temas insustanciales.

La tesis del libro es que esta desproporción entre causa y efecto, lejos de ser la excepción, es la norma. Esto, en realidad, es algo bien conocido en física: la mayoría de los sistemas reales son no lineales y tienen una dinámica caótica: pequeñas diferencias en las condiciones iniciales o de contorno pueden tener consecuencias dramáticas (es el famoso efecto mariposa). Si esto ocurre en un sistema tan sencillo como un péndulo doble ¿cómo no va a ocurrir en la sociedad?

(more…)

[Reseña] Lou Marinoff: El ABC de la felicidad

20 / Septiembre / 2007

De acuerdo: la portada de este libro es espantosa (¿qué pinta ese conejito de peluche haciendo el pino con las orejas?) Y el título tiene un tufo a manual de autoayuda como para salir corriendo. A lo que hay que añadir que es un tocho de setecientas treinta y cuatro páginas. ¿Cómo es que he acabado leyendo esto? Por una casualidad: me lo encontré en la biblioteca al día siguiente de que me lo recomendaran, así que no me costaba nada echarle un vistazo.

Conocía de oídas a Lou Marinoff: autor del best seller “Más Platón y menos Prozac”, autodefinido como “consejero filosófico“, y crítico feroz de la progresía que controla el establishment universitario norteamericano. No he leído ningún otro de sus libros, pero este debe ser el más ambicioso: aquí no se trata de la pequeña felicidad individual, sino de la Felicidad de la Humanidad. Basta ver los temas tratados: la globalización, la igualdad entre sexos, la educación, las desigualdades económicas, las drogas, Oriente Medio, el terrorismo… no hay un Gran Tema de Nuestro Tiempo que no quede por tratar.

(more…)

Libros del verano 2007

4 / Septiembre / 2007

Uno de los alicientes de la casa en que veraneamos es que está a un paso de la Biblioteca Provincial (bueno, ahora ya no se llama así; de todos modos, para mí siempre será la Casa de la Cultura, que es como se llamaba cuando yo tenía diez años).

Afortunadamente abren en agosto, aunque sólo sea por las mañanas. Esto me permite hacer una escapada muy pronto, antes de que se despierten los niños, y mezclarme una o dos horas con los estudiantes de bachillerato que, pobrecitos, han suspendido la física.

Lo que más me gusta es poder explorar: buscar en el catálogo autores que me interesan, hojearlos y ver si merecen la pena. Los que pasan este primer filtro me los llevo a casa (es una pena que sólo dejen sacar tres libros con un carnet, pero a veces mi mujer me deja el suyo). Algunos acabo leyéndolos, otros no. Y otros no me basta leerlos y los compro.

Estos son los libros que me he llevado a casa este mes de agosto:

  1. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami (leído)
  2. El ABC de la felicidad, de Lou Marinoff (leído)
  3. Léxico familiar, de Natalia Ginzburg (comprado)
  4. Uvas amargas, de Jon Elster (comprado)
  5. 25 grandes ideas, de Robert Matthews
  6. La medición del mundo, de Daniel Kehlmann
  7. La frontera del éxito, de Malcolm Gladwell (leído)
  8. Innovación y tradición, de David Edgerton
  9. Conflicto de visiones, de Thomas Sowell (leído)
  10. Expiación, de Ian McEwan
  11. Agonizar en Salamanca, de Luciano G. Egido
  12. Las brujas y su mundo, de Julio Caro Baroja

De los libros leídos iré colgando aquí sus reseñas. En cuanto a los comprados, saqué el de Ginzburg porque está agotado, pero cuando lo encontré en una librería lo devolví. Así lo saborearé más tranquilamente…Con el libro de Elster la cuestión no es tener tiempo de saborearlo sino de digerirlo. Cuando lo encontré la librería Cervantes de Salamanca (¡bendita sea!) pude devolverlo a la biblioteca y relajarme. Elster es denso como pocos (algún día hablaré aquí de él), y las vacaciones se estaban convirtiendo en trabajos forzados…

El resto de los libros se divide en realidad en dos grupos: los tres últimos, que no tuve tiempo mirar con detenimiento (así que no puedo opinar más allá de decir que “tenían buena pinta”) y los otros tres, que sí me dio tiempo a explorar. Aquí va una mini-reseña de cada uno por si interesa a alguien.

25 grandes ideas, de Robert Matthews

Este libro es una introducción al “estado del arte” de la ciencia, centrado no en los resultados sino en las ideas: un buen enfoque para enterarse de las cosas. Cada capítulo es independiente, breve (menos de diez páginas) e incluye un resumen, una cronología, un par de breves complementos -que quedarían muy bien como recuadros en una revista- y bibliografía. Matthews se explica bien y el nivel es muy asequible sin ser banal, así que el libro es un buen punto de partida para ponerse al día sobre lo que se cuece hoy en la ciencia.

Estas son las 25 grandes ideas (en inglés, las he sacado de la web del libro): Consciousness / Nature versus Nurture / Small world theory / Game theory / Artificial Intelligence / Information Theory / GM (genetic modification) technology / Out of Africa / Evolution / The Selfish Gene / Catastrophism / Plate Tectonics / Bayes’s Theorem / Chaos Theory / Cellular Automata / Extreme Value Theory / Evidence-based medicine / Epidemiology / Special relativity / Entanglement / The Standard Model / The Theory of Everything / The Big Bang / Dark Energy / Parallel Universes / The Anthropic Principle

(Puede servir de test: quien pueda decir de qué van veinte o más conceptos es un superenterado; entre 15 y 20, enteradillo; de 10 a 15 un poquito flojo: debe leer menos periódicos y más ciencia; menos de 10: usted no está en este mundo, realmente necesita leer el libro).

La medición del mundo, de Daniel Kehlmann

Este libro ha tenido un gran éxito en Alemania. “Deslumbrante” ha dicho Der Spiegel; “un fascinante encuentro entre la literatura y la ciencia”, dice la portada. Los protagonistas son Alexander von Humboldt y Carl Friederich Gauss, y con estas credenciales no es de extrañar que me llamara la atención. Ha sido decepcionante. Gauss y Humboldt son retratados como dos fantoches inhumanos. Kehlmann no ha indagado en su psicología y tampoco parece haberlo hecho en su obra, de manera que no entendemos sus motivaciones, más allá de que parecen ser unos maníacos. Por la página 77, donde abandoné la lectura, no sentimos ninguna empatía por ellos ni hemos aprendido nada. Quizá mejore cuando se entrelacen sus historias, que hasta donde yo he llegado avanzan paralelas en capítulos alternos, pero no he tenido paciencia.

Innovación y tradición, de David Edgerton

Edgerton plantea una historia de la tecnología centrada en el uso y no en la invención. Esto tiene interés porque es el uso lo que importa socialmente: hay muchos grandes inventos que no han tenido relevancia práctica (pensemos en todo lo relacionado con la carrera espacial) y otros muy modestos pero de enorme trascendencia (como el preservativo). El libro incluye mucho material curioso y va contra muchos tópicos: defiende la importancia de tecnologías poco publicitadas, explica que el uso de una innovación suele alcanzar la cumbre muchos años después de su invento –y por eso la historia centrada en la invención da una visión deformada de lo que es importante en cada época-…pero desgraciadamente, Edgerton escribe como un francés. Y a mis años eso ya es motivo para buscar alternativas. Una pena.

[Reseña] Natalia Ginzburg: Las pequeñas virtudes

4 / Marzo / 2007

Natalia Ginzburg, Las pequeñas virtudes, Ed. El acantilado, 2002

Con la mala conciencia que me dan mis 36 libros a medio leer, he decidido decretar una cuarentena y no comprar más hasta que no acabe unos cuantos. Pero, animado por Helene Hanff, sí me permito comprar libros ya leídos, y el otro día me hice con éste, mi libro favorito del verano pasado.

Natalia Ginzburg nació en 1916, hija de un distinguido profesor de histología, y se llamaba en realidad Natalia Levi. Se crió en Turín, una ciudad que por entonces parecía estar llena de jóvenes intelectuales judíos con ese apellido (además de Natalia, llegarán a ser famosos Primo, Carlo, Rita…). Se casó en 1938 con Leone Ginzburg, co-fundador de la Editorial Einaudi, que había sido profesor de literatura rusa en la Universidad de Turín: perdió su plaza por negarse a prestar el juramento de lealtad al régimen fascista. En 1940 fueron confinados en un remoto pueblo de los Abruzos. En 1943, cuando cayó Mussolini, Leone pudo escapar a Roma. Natalia consiguió después unírsele con sus dos hijos, pero sólo pudieron vivir juntos, en la clandestinidad, veinte días. La Gestapo capturó a Leone y Natalia nunca lo volvió a ver.

Si hubiera sabido esto, al leer en la contraportada de Las Pequeñas Virtudes que “reúne once textos a medio camino entre el ensayo y la autobiografía” seguramente habría vacilado entre el interés y la desconfianza. Más aún si además hubiera sabido que Natalia Ginzburg estuvo afiliada al Partido Comunista Italiano y fue diputada: con esos antecedentes ¿será capaz de contarnos su pasado heroico sin colgarse medallas?¿de meditar sobre algo que no sea el compromiso-político-del-intelectual-de-izquierdas?

Pero no conocía su biografía, y el libro me gustó en seguida. Nada más lejos de Natalia Ginzburg que contar batallitas o sermonear. Es verdad que los textos “están entre el ensayo y la autobiografía”, pero al acabar el libro no sabemos casi nada concreto la vida de la autora y no tenemos indicios de su ideología. Y sin embargo, nos parece que la conocemos bien.

Y esta paradoja es, creo yo, una señal poco frecuente de autenticidad. Porque la auténtica sustancia de la vida no está hecha de los méritos y de los cargos, ni siquiera de los episodios heroicos (todas esas cosas que encontramos en el curriculum o en la enciclopedia). La sustancia está hecha de la cotidianeidad. Igual que la sustancia de la reflexión no está en la ideología, sino en la manera de mirar.

Y esa manera de mirar es lo más atractivo de este libro. Un tono peculiar, íntimo y a la vez nada sentimental, muy contenido. Y un estilo cristalino, sin retórica.

En otro post puse una larga cita de este libro, que me parece memorable. Pero todo él merece la pena.

[Reseña] Carl Honoré: Elogio de la lentitud

17 / Febrero / 2007

Carl Honoré, “Elogio de la lentitud”, EditorialRBA, 2005.


No sabía mucho de este libro cuando lo saqué de la biblioteca: el título sonaba bien y (no sé por qué), pensaba que sería una especie de Alain de Botton, filosófico pero elegante y ligero.

El autor parte de una obviedad: vivimos demasiado deprisa. El trabajo nos ocupa demasiadas horas, y no encontramos tiempo para jugar con nuestros hijos, cocinar o hacer amistad con los vecinos. El tema es sugerente y se puede enfocar de maneras muy diversas: manual de autoayuda para encontrar el tiempo perdido, “historia de las mentalidades” sobre el empleo del tiempo a lo largo de la historia, ensayo sobre la trascendencia social o económica que esto tiene…pero Carl Honoré elige el camino más insulso. Capítulo tras capítulo hilvana presuntas historias personales cortadas siempre por el mismo patrón: (1) fulanito vivía muy deprisa y estaba muy mal (2) fulanito desaceleró su vida (gracias al reiki, el yoga, la jardinería, hacer punto, dejar de ver la TV etc) (3) fulanito ahora es mucho más feliz. No parece darse cuenta de que lo que funciona para dar “interés humano” a un reportaje de suplemento dominical no sirve para sostener para un libro.

El resultado es que el lector se impacienta… y acaba cayendo en la lectura rápida, lo cual no deja de ser una paradoja. Eso sí, el libro es amable y se cuida mucho de repetir que no se trata de cambiar el mundo sino de vivir mejor. Igual que cada vez que asoma la “espiritualidad” el autor no pierde un instante en apuntar que, bueno, quitando la “faramalla mística”, el yoga o lo que sea no deja de ser útil para sentirse mejor. No vaya a ser que alguien vaya a cambiar realmente su vida… El ideal es aquí el “movimiento slow” que no sé que entidad tiene, pero se ve que no la suficiente para hacer un libro, porque Honoré no duda en apuntar cualquier éxito a la cuenta de la “lentitud”. Por ejemplo, los buenos resultados académicos de los escolares finlandeses se explican en un párrafo como consecuencia de que los niños no están agobiados desde pequeños ¿De verdad que no hay otros factores?

En realidad podemos resumir este libro en el viejo dicho “vísteme despacio que tengo prisa”. O más breve todavía, en el lema de Aldo Manuzio: festina lente, apresurate despacio. Lean esas dos palabras muuuyyy despacio, mediten sobre el áncora y el delfín, y ahórrense 240 páginas de lectura rápida.

[Postdata: este libro es todo un bestseller y no encontrarán más que elogios de él. Como las historias que cuenta el libro, todos están cortados por el mismo patrón, así que vale con una referencia, esta : es que me ha hecho mucha gracia que en El País llamén a Honoré Gurú Antiprisa :-)]

[Reseña] Adam Zagajewski: Dos ciudades

2 / Diciembre / 2006

Adam Zagajewski: Dos Ciudades, Ed. El Acantilado, 2006

Acabo de leer “Dos ciudades” de Adam Zagajewski. No el libro completo, sino la primera parte, la que se titula, propiamente, “Dos ciudades”: Lvov y Gliwice, la capital soñada de la mítica Galicia pedida (la cuna, que ya no está en los mapas, del matemático Ulam, del escritor Lem y de muchos más) y la “fea ciudad industrial” de Silesia.

Pero este texto (no sabría si llamarlo ensayo o relato, en todo caso, autobiografía poética) es mucho más que una evocación nostálgica. La infancia, la familia, los años de formación del que sería un poeta, la sociedad de la Polonia comunista al fondo, se trenzan con una prosa límpida (¡magnífica la traducción!) que fluye sin prisas, con meandros, pero poderosa y sabiendo dónde va.

Porque, además de los recuerdos, aquí hay una tesis. Las dos ciudades no son sólo Lvov y Gliwice. Cuando el autor era un adolescente apasionado por la lectura, tiene una revelación (p75):

Descubrí (les ruego que no se rían) la existencia del universo espiritual que los grandes escritores intentan describir. Vi que además de la realidad empírica, trivial, existe el de la imaginación que, en el fondo, es el mundo palpable, visible y oliente enriquecido con innumerables huestes de sombras y espíritus.

Creo que ese descubrimiento de que la literatura no consiste simplemente en contar historias es el que yo tuve con Demian, de Herman Hesse. Pero yo iba para físico y Zagajewski para poeta, así que a él la fiebre le subió bastantes más grados: (more…)