2017: Las lecturas que faltaban

El blog está en hibernación, pero yo sigo leyendo. Aquí traigo la lista de los libros de la segunda mitad del 2017, que sé que algún lector la estaba echando de menos… ¡Felices libros!

[*****] Junger, Sebastian: Tribu. 06-07-17
Sebastian Junger entrevistó a muchos veteranos de Irak para un artículo en Vanity Fair sobre el trastorno de estrés postraumático. Y descubrió que el problema, más que el campo de batalla, era la vuelta a casa. Echaban de menos la camaradería, el sentimiento de pertenencia al batallón: ser una tribu, en definitiva; algo que perdían radicalmente cuando regresaban y su país no tenía un puesto para ellos excepto, quizá, el de víctimas. “A los humanos no les importa la adversidad, lo que les afecta es no sentirse necesarios”, dice Junger, “y la sociedad moderna ha perfeccionado el arte de hacer que la gente no se sienta necesaria”. Lo que significa que el problema de esos veteranos está empezando a ser el nuestro.

[****o] Waugh, Evelyn: Merienda de negros. 26-07-17
Una de esas veces en las que el título de la traducción mejora al original (Black Mischief). Comicidad corrosiva, mala baba… una caricatura inmisericorde tanto de los colonos blancos como de los colonizados negros. Waugh en plena forma.

[**ooo] Frossard, André: Dios existe, yo me lo encontré. 31-07-17
Llevaba tiempo queriendo leer este libro de título impactante, escrito por el hijo de uno de los fundadores del Partido Comunista francés, que experimentó una súbita conversión. En la primera página nos cuenta: “Habiendo entrado a las cinco y diez de la tarde en la capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra” . Por desgracia, el resto del libro no está a la altura de este principio, y cuando terminamos de leerlo, su extraordinaria experiencia nos resulta tan opaca como cuando empezamos. Si buscan algo de luz sobre estos místicos territorios, mejor pasen  directamente a Entusiasmo, de Pablo d’Ors.

[****o] Dreger, Alice: Galileo’s middle finger. 27-08-17
Alice Dreger es historiadora de profesión pero activista de vocación. Escribir una tesis doctoral sobre el tratamiento médico de los “hermafroditas” en el siglo XIX la llevó a interesarse por la suerte de esta minoría en el presente, y al activismo en pro de los transgénero… para verse luego vilipendiada por algunos de sus líderes cuando difundió resultados científicos contrarios a su agenda política. El libro, aunque centrado en la experiencia de la autora, es una denuncia más amplia de la claudicación, cada vez más frecuente, de la academia ante grupos de presión que exigen no ser ofendidos.

[**ooo] Helfand, David: A survival guide to the misinformation age. 30-08-17
El título es prometedor, pero el resultado más bien decepcionante. El autor es un profesor de física en la Universidad de Columbia y el libro el resultado de un curso sobre “Hábitos científicos de pensamiento” que se imparte a todos los alumnos, no sólo los de ciencias. Tiene cosas valiosas, pero con todo su entusiasmo, resulta demasiado parcial, a veces confuso,  y, peor aún, un tanto cargante (en la línea de los autodenominados brights, para que se hagan una idea).

[**ooo] Honoré, Carl: La lentitud como método. 02-09-17
Diez años después de leer Elogio de la lentitud , me ha vuelto a pasar: he leído este libro en diagonal, lo más deprisa que he podido. No es que esté mal, pero se podría resumir en unas pocas páginas, y si me apuran, en dos palabras: festina lente, apresúrate despacio.

[****o] Gray, John: The silence of animals. 26-09-17
Desde que se jubiló de su cátedra en la LSE, el mayor enemigo del optimismo ilustrado escribe obras cada vez más impresionistas. En este caso, cada breve capítulo deja hablar a otro autor, y el conjunto, sin la argumentación sólida del ensayo, tiene una hipnótica fuerza literaria. Quienes no comulguen con su visión del mundo encontrarán, como mínimo, un ramillete de buenas historias.

[*****] Christian, Brian y Griffiths, Tom: Algorithms to live by. 14-10-17
Los algoritmos informáticos no son meras recetas sin alma. Tienen ideas detrás, que pueden ser muy relevantes para entender mejor el mundo y hasta para vivir mejor. Empezó por no gustarme que los autores nos hurten las fórmulas, pero acabé admirando su talento de divulgadores (y la bibliografía y las notas son espléndidas).

[*****] Tait, Katharine: My father, Bertrand Russell. 26-10-17
Una joya encontrada en la feria del libro de ocasión de Recoletos. Lady Katharine Jane Tait tiene 94 años y vive en la que fue la casa de su infancia, donde su padre, Bertrand Russell, y su madre, Dora Black, fundaron una escuela para poner en práctica sus ideas pedagógicas y morales, que son más o menos las del progresismo hoy estándar. Para valorarlas en su justa medida no tiene precio ver desde dentro, con los ojos de su hija, cómo resultó en la práctica el experimento de estos precursores. Un libro crítico y a la vez amoroso, con una sorprendente lucidez y muy bien escrito.

[*****] d’Ors, Pablo: Entusiasmo. 08-11-17
Un libro insólito: el bildungsroman de un cura en la España de los 80. Devoré esta (seguramente no tan) falsa autobiografía, que ilumina un ambiente y unas experiencias que hoy están sistemáticamente fuera de los focos. Extraordinario.

[*****] Jackson, Gabriel: Aproximación a la España contemporánea. 25-11-17
Repito lo que dije de la Historia mínima de España de Juan Pablo Fusi: quizá es por mi ignorancia en este tema, pero el libro me ha parecido espléndido: didáctico, muy bien estructurado, ameno y ecuánime. No se pude pedir más.

[**ooo] Steiner, George: Presencias reales. 27-11-17
Steiner es un sabio y simpatizo con su mensaje en este libro: que “cualquier explicación coherente de la capacidad del habla humana para comunicar significado y sentimiento está, en última instancia, garantizada por el supuesto de la presencia de Dios. Mi hipótesis es que la experiencia del significado estético -en particular el de la literatura, las artes y la forma musical- sugiere la posibilidad necesaria esta ‘presencia real’”. Pero esto lo dice Steiner en la segunda página, y las siguientes (casi trescientas) no me han servido de mucho para hacer más clara o más sólida su tesis: las gasta en una polémica implícita con sus pares en la crítica literaria, a un nivel que a los legos nos parece esotérico y prescindible, con un estilo espeso, muy diferente del ágil y brillante de Nostalgia del absoluto.

[**ooo] Martel, Frédéric: Cultura mainstream. 10-12-17
Tenía grandes expectativas con este libro, que prometía explicar “cómo se crean los fenómenos de masas”, pero no he encontrado lo que esperaba. El autor entrevista a cientos de personas y recorre miles de kilómetros, pero el nivel es el de un artículo de revista de negocios: se deja leer, pero hay poca reflexión sobre lo que todo esto significa y adónde nos lleva.

[***oo] Polkinghorne, John: la fe de un físico. 16-12-17
Con este título, ¿cómo no iba a leer este libro? Discípulo de Abdus Salam y Paul Dirac y premio Templeton,  Polkinghorne tiene un gran prestigio, y después de leerle, creo que lo merece. Pero no me ha terminado de gustar: quizá autoimponerse justificar cada artículo del credo de Nicea es un corsé que no le deja respirar. Es brillante en ocasiones, pero resulta árido en su escritura, y demasiado teológico en su contenido.

 [*****] Oakeshott, Michael: Ser conservador y otros ensayos escépticos. 28-12-17
“La única manera de tener buenas leyes es quemar todas las existentes y empezar de nuevo”, dijo Voltaire. Desde entonces, y sobre todo a lo largo del siglo XX, la política se ha entendido cada vez más como la aplicación de la razón a la resolución de problemas. Una razón libre de las ataduras tradicionales, y convenientemente esquematizada en ideología. Oakeshott argumenta que esa tradición es el vehículo de un conocimiento práctico, tácito, imprescindible para la vida social, y por eso el racionalismo político está abocado al fracaso. Muy inglés, muy elegante, me lo imagino escribiendo en un descanso del Royal Meeting de Ascot  (su libro A Guide to the Classics no es una introducción a Platón sino a las carreras de caballos…).

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7 respuestas a 2017: Las lecturas que faltaban

  1. Epicureo dijo:

    Una grata sorpresa, recibir el aviso de una nueva entrada. Saludos, espero que vaya todo bien. Y ahora a leer.

  2. Frenzo dijo:

    Es sorprendente que la causa del estrés postraumático sea la falta de sentido, y me hizo acordar a la película “Shawsahnk Redemption”, donde los presos que eran liberados después de mucho tiempo se sentían tentados por el suicidio y de cometer un delito para volver. Pero sobre todo me hizo pensar en los libros de Harari, el profeta del cambio tecnológico, que augura que la robótica le robará al hombre el trabajo manual y la inteligencia artificial el trabajo intelectual. Hace poco leí un artículo de Harari en Nature sobre el futuro del trabajo, e indicaba que los marxistas deberían rever sus lecturas, porque el problema de los trabajadores en pocos años no será la explotación sino la irrelevancia. La tecnología llevará el arte de hacer de innecesario al hombre a una nueva escala y Harari lo cuenta de una manera que resulta apasionante. A propósito, welcome back, Pseudópodo.

  3. pseudópodo dijo:

    También para mi es grato leerte, Epicureo. Espero que la lista te sugiera algo que te interese.

    Frenzo, creía que no conocía esa película, pero he visto que es la que se tituló en España “Cadena perpetua”, recuerdo que me gustó mucho aunque no recuerdo lo que dices sobre los presos liberados (por cierto, resulta que para IMDB es ¡la mejor película de la historia!).

    Yo también pensé en los libros de Harari, y creo que Junger claramente va por ahí: los mayores esfuerzos de la tecnología, desde hace siglos ya, se han consagrado a hacer innecesarias las personas, y parece que finalmente estamos a punto de conseguirlo. Es una perspectiva siniestra. Por cierto, que como suele pasar cuando das con una idea, te la encuentras en multitud de sitios: estaba leyendo ahora “Las ventajas del deseo” de Dan Ariely y una de las cosas que cuenta, con uno de sus divertidos experimentos de “economía conceptual” es la enorme diferencia que supone en el rendimiento y el ánimo de las personas el que sientan que su trabajo tiene sentido y es valorado.

  4. Loiayirga dijo:

    Creo que Fromm decía que a los humanos soportan mucho dolor… siempre que este tenga sentido. Es más amplia que la frase de Junger.
    Me parece muy sugerente lo que cuentas de Tribu. Aunque no termino de creerlo. El trauma de stress postraumático no era la guerra ¿sino el hecho de volver de la guerra? ¿La herida (el trauma) era no encajar de nuevo en la sociedad?
    Recuerda el chiste de aquel a quien en un safari en África lo sodomizó un gorila. El hombre deshecho y ya en Europa estaba contándoselo a un amigo que le decía: “Estarás destrozado”. El violado respondía: “Claro, no me llama… no me escribe… él allí, yo aquí.”
    Lo que creo recordar de “El mundo hasta ayer” de Diamond lo explicaba de otro modo. Lo que contaba Diamond, -si lo recuerdo bien- es que en nuestra sociedad se nos educa en un muy rígido “no matarás”. Matar es lo peor que puede hacer un occidental civilizado. Lo tenemos muy integrado. En la guerra a los soldados se les pide exactamente lo contrario. Es difícil cambiar de moral tan rápido. Diamond explica que él había oído contar de primera mano historias de personas de la Polinesia que habían asesinado a otros en peleas tribales. Los protagonistas las contaban orgullosos porque matar al enemigo era motivo de orgullo y no existía otra moral para tiempos de paz distinta de aquella que había en tiempos de guerra. La guerra era frecuente y el enemigo era siempre el enemigo, alguien al que hay que matar. No había la esquizofrenia que hay en los países “civilizados”.

  5. Loiayirga dijo:

    Ha sido un placer releer la entrada de hace 10 años sobre “Elogio de la lentitud” y recordar viejos tiempos. Me interesa mucho el tema de la prisa. A mí personalmente me perjudica mucho. Pero haciendo las cosas rápido se pueden hacer más. Hoy en día vivimos “la tiranía de la cantidad”. Más, más, más. D’Ors dice que el hombre no está hecho para la cantidad sino para la calidad. Pero nos empeñamos en vivir muchas experiencias, leer muchos libros, aprender muchas cosas, ocuparnos de muchos asuntos. Es difícil renunciar en un mundo que ofrece tal cantidad de oferta. Vivir mejor nos tienen convencidos que es vivir “más” experiencias.

    José Antonio Marina, que debía estar agobiado porque la editorial lo apremiaba a publicar un libro cada año, escribió hace mucho un artículo breve que no he olvidado. Decía cosas como que “La prisa es una furia podadora.” y “La prisa es el desprecio del camino.”

    Si la meta es el camino ya no hay tanta prisa. Pero vivimos en mundo donde lo que importa es el resultado, de ningún modo el proceso por el que llegamos a ese resultado. Por eso yo ya no quiero que los platos estén lavados sino lavar los platos. Ya no quiero “llegar a casa” sino “ir a casa”. Hay que encontrar la manera de leer el libro para leerlo, no para tenerlo leído y aprendido. Pero para eso hay que renunciar a leer muchos libros. O esa es la única solución que a mí se me ocurre.

    También explicaba Marina que hay cosas incompatibles con la prisa. Decía que la ternura, por ejemplo, no puede aparecer en un ambiente de prisa. Quizás -digo yo- la vida contemplativa tampoco.

    Es curioso, asistí a un curso magistral con él, (así los llamaban porque había un único ponente, no es una apreciación mía) en Santander, en la Magdalena. Era un hombre que explicaba lento, muy lento. En el programa del curso había seis o siete charlas, con títulos sobre los distintos capítulos del último libro que había escrito. Iba tan lento explicando que no pasó del tercero o el cuarto título. Pero no creo que fuera una estrategia para que compráramos el libro y leyéramos lo que faltaba. El explicaba a su ritmo y su ritmo era lento. Esto casa también con la edad a la que empezó a publicar. Ya bastante mayor, para lo que se suele empezar. HAbía estado estudiando y construyendo su manera de pensar y tardó bastante en tenerla presentable. Eso sí, desde que empezó la editorial no ha dejado de “parir” libros. A veces repitiendo y casi cortando y pegando lo anterior, para rellenar (o para recordar o enseñar a los nuevos lectores, dirán los bienintencionados).

    En todo caso, no lo olvidéis. La enseñanza es importante: La prisa es el desprecio del camino y el hombre es homo viator.

  6. Chema dijo:

    Gracias! Hace tiempo que te sigo…
    Quería hacerte una pregunta: ¿qué libros te han impactado más en tu vida? En tu forma de pensar? Cuáles últimamente? Si tienes que elegir 5?
    Gracias de nuevo por compartir…

  7. pseudópodo dijo:

    Gracias por tus comentarios, Loiayirga, y perdón por la poca prisa que me me dado en contestarlos 😉 (porque tengo demasiada prisa en otras cosas, es lo malo).

    Sí, Tribu es un libro muy sugerente, y mi comentario quizá es demasiado breve para hacerle justicia. No es que el trastorno de estrés postraumático (TSP) consista en no integrarse a la vuelta de la guerra, sino que lo que hace que se convierta en una condición crónica y no se recupere es esa falta de sentido que se encuentran muchos a la vuelta. El propio Junger padeció el TSP, que tiene un cuadro clínico característico, con, por ejemplo, fobia a los espacios cerrados, pesadillas… después de pasar algunas situaciones muy apuradas como periodista de guerra en Afganistán (creo, no tengo a mano el libro), pero (aparte de que su caso sería seguramente leve) lo que hizo que lo superara fue que tenía cosas que hacer, y era útil, a la vuelta.

    El libro es breve pero va más allá del TSP, lo interesante es cómo a partir de esta experiencia saca conclusiones de muy largo alcance sobre esta sociedad. Una cita que apunté:

    “La definición más temprana y básica de comunidad -de tribu- sería el grupo de gente a la que ayudarías tanto a alimentarse como a defenderse. Una sociedad que no ofrece a sus miembros la posibilidad e actuar desinteresadamente de esta forma no es una sociedad en el sentido tribal de la palabra; sólo es una entidad política que si carece de enemigos, probablemente se derrumbe sola” (supongo que, si tiene enemigos, se derrumbará antes todavía…)

    La cuestión de fondo es si el modelo de sociedad que tenemos ahora en occidente y que vemos ahora como la cumbre indiscutible de la civilización es algo que se puede sostener a largo plazo.

    Ah, no recordaba ese argumento de Jared Diamond (¡y mira que he leído el libro!… me temo que leo con demasiadas prisas, o al menos, no saco tiempo para releer y pensar sobre lo leído), pero me parece que eso sí puede tener una influencia sobre todo hoy en día para hacer más difícil la vuelta a los soldados. Antes, por mucho que fuéramos una sociedad cristiana, no estaba tan mal visto matar a gente en la guerra como ahora, que todos nos hemos vuelto pacifistas (más bien de boquilla, me temo: no hay más que entrar en twitter para ver que no abunda el intento de comprender al otro y ser conciliador). De todos modos, eso está ligado a la idea de Junger: en una tribu lo esencial es el bienestar de los tuyos, en las guerras es tu vida o la del enemigo y por eso no se ve mal matar.

    Chema, gracias a ti por comentar. Hay dos posts antiguos que pueden responder en parte a lo que me preguntas: éste y éste. Pero habría que decir más y a lo mejor lo hago algún día (anima saber que pese a tanto tiempo de barbecho todavía hay quien sigue este blog…)

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