La reforma de la enseñanza que en España asociamos a la LOGSE aparecía legitimada por dos vías. Por un lado, era una reforma progresista, y ¿quién podía estar contra el progreso? Por otra parte, como los cuentos del Osito Bussi, estaba hecha “con la colaboración de psicólogos y pedagogos”, y oponerse a ella era poco menos que oponerse a la ciencia. Entre ambas justificaciones había una notable sinergia, porque sólo los reaccionarios se oponen a la ciencia (y viceversa).

Todo esto estaba muy bien trabado, tanto que a pesar de veinte años de fracaso continuado la cosa ha aguantado en pie. Pero los tiempos están cambiando. Buena prueba de ello es que el establishment pedagógico-progresista se ha visto obligado a defender su posición con el ya célebre manifiesto No es verdad, del que hablé hace no mucho (con motivo de la réplica que Ricardo Moreno Castillo tituló No es verdad que no sea verdad).
Una defensa que cada vez va a ser más difícil, porque ya no tienen sólo la realidad en contra. También sus fuentes de legitimidad se están agotando. El “progresismo” convencional va oliendo a rancio (véanse los Bosés y compañía, que se sienten en peligro de extinción). Y, sobre todo, la ciencia ya no respalda la pedagogía de la LOGSE.
Hace poco se publicó en Cultura 3.0 una larga entrevista a Adolf Tobeña, catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Barcelona. Dice muchas cosas interesantes, pero destaco aquí estas corrosivas respuestas sobre la pedagogía progresista.
* * *
Los temas que acostumbras a tratar son polémicos. En el libro Cerebro y Poder, por ejemplo, te refieres a unos estudios que demuestran que el castigo es indispensable y que encima promueve el civismo. Hacemos esta entrevista en la Universidad Autónoma de Barcelona y en la universidad es usual un tipo de estudiante roussoniano -por decirlo así- que defiende que la sociedad es la que nos corrompe, un estudiante que defiende puntos de vista antiautoritarios. ¿Cómo explicas a uno de estos jóvenes que el castigo en realidad es algo bueno y necesario?
El problema es que las ideas que explico están casi prohibidas en la sociedad española actual. Desde muy antiguo se sabe que sin sanciones no hay civilización. Al eliminar una sanción, se entra en la selva y todo el mundo empieza a actuar como un depredador. Esto ya se sabía, y los experimentos no han hecho otra cosa que mostrar hasta qué punto la potencia de las sanciones promueve la cooperación y en qué variables y en que circunstancias. Pero el concepto básico es muy antiguo, y por eso los dioses eran sancionadores y hay reglas que tipifican las sanciones fundamentales para los pecados fundamentales (no matarás…) que estaban fijados porque la gente sabía por aproximación, por propia experiencia que si eliminas las sanciones desaparece la civilización
¿Y los pedagogos…?
Lo que ocurre con los pedagogos es que desde hace 50 años viven desenfocados. Se han inventado una burbuja, se han colocado dentro y están haciendo un daño terrible al conjunto de la sociedad. Porque han tenido éxito. Predicar la bondad universal es una cosa muy agradable y todos se quedan satisfechos. Lo que tira es la bondad, y la maldad viene siempre de fuera. Ellos viven en esta burbuja y han hecho daño a los padres -que han acabado confundidos- y han hecho daño a los burócratas, que son los que han de regular las políticas educativas. Se trata de una epidemia, y ya pasará. Porque en definitiva, para las cosas que un gobierno considera importantes, no han aplicado esta forma de pensar. No ha habido ningún gobierno que haya suprimido la policía. Sobre esta cuestión hay incluso experimentos naturales. En una ciudad de Estados Unidos, todos los policías hicieron huelga [por ejemplo en Boston en 1919] y la entrada en la selva fue automática. El aumento de criminalidad ocurrió en cuestión de minutos y en un crescendo apoteósico. Si se querían datos naturales, ahí están, y no en condiciones de laboratorio. A ningún gobierno se le ha ocurrido suprimir a la policía, ni tan solo a los más radicales. A algunos se les ha ocurrido: “ahora eliminaremos el ejército” o el ejército será sólo de paz, engañando al personal porque los ejércitos no pueden ser de paz. Pero a la policía nadie se le ha ocurrido suprimirla; al contrario, lo que se ha hecho ha sido reforzarla. En el fondo, predique lo que se predique, todos están convencidos -incluidos los pedagogos- de que para preservar la tranquilidad de estar tranquilo sin preocuparse de que nadie vaya a entrar en tu casa con malas intenciones, tiene que haber normas.
Los economistas y psicólogos experimentales han establecido un cuerpo de datos tremendo según el cual el castigo es un elemento imprescindible de la civilización. Sin castigo no hay ni conducta cooperativa ni conducta moral. Si se suprime el castigo, los niños crecen más amorales, o más inmorales.
Hay madres que han acabado en prisión por dar un cachete a un niño…
Todo esto no son más que patologías de esta epidemia tóxica en la cual han vivido los pedagogos doctrinales, que por otro lado tampoco son la mayoría de los maestros, que son personas más sensatas. Los pedagogos doctrinales y los que fabrican las políticas educativas han vivido en esta especie de optimismo iluso sobre la naturaleza humana que ha hecho más daño que bien.
Pero es fácil caer en esto, porque los humanos, de forma espontánea, somos muy cooperadores. Y la presencia del castigo en sociedades muy reguladas y ricas es muy lejana e indirecta. Los ejemplos de conducta cooperadora sin necesidad de sanción inmediata y visible son enormes. Todos subimos diariamente al metro y soportamos incomodidades y estar cerca los unos de los otros con la consiguiente vulneración del espacio personal y en general no hay peleas. La gente tiene una gran capacidad de tolerancia.
Hay respeto y auotoorden, por ejemplo en las colas de las autopistas, y encima tienen que pagar. Y la gente también se coloca en las playas con orden y respeto, a pesar de que estén abarrotadas. Y en las colas de supermercados tampoco se necesitan policías, la gente se autoordena. Los ejemplos de conductas cooperativas sin sanción visible son tantas que en conjunto se produce la sensación aparente de que somos seres cooperadores, morales, leales y cumplidores y por tanto no es necesaria la sanción. El problema es que funciona porque la sanción se encuentra siempre detrás. Por eso hay radares, y hay avisos de que hay radar para que la gente obedezca. Y eso que sabe el común de la gente, no se aplica en el período más crucial, cuando las criaturas tienen que aprender la jerarquía y la importancia de las normas. Esto es una epidemia que ya pasará, y está dando señales de bajada.
En la pedagogía, los sacerdotes de este error doctrinal han acumulado poder y están colocados en las posiciones de comandancia y a los que vayan con otro discurso se les castiga. Los funcionarios obedecen aunque no estén de acuerdo. Si los que mandan piensan así y es lo que toca decir, pues obedecen, aunque después en las salas de profesores luego digan lo contrario.
Entonces está claro que el aprendizaje más elemental no puede excluir la autoridad y la jerarquía como un elemento básico en la educación…
Los recién nacidos, en primer lugar, están desvalidos durante la primera época de su vida. Son primates inermes y sin capacidad de defensa. Si conoce la maldad es porque otros se la enseñan y le estropean. Ellos de entrada son bonitos e inermes y si no se les cuida con constancia mueren con seguridad. Es así. No pueden ni desplazarse ni gatear. Los hay que a los tres días saben gritar y protestar con berrinches brutales. Otros que protestan moderadamente y otros que muy poco. Pero los hay muy guerreros, y las madres saben que son guerreros ya la primera semana. Y son guerreros siempre. Y estos necesitan más esfuerzo. Y lo saben las madres, y los cuidadores de guardería y los profesores…
¡Excepto los pedagogos!
Excepto los pedagogos doctrinales, que están confundidos y están engañando a la gente. Están ayudados por muchos políticos que también tienen una potencia de inducción de doctrina errónea tremenda cuando predican que todos los conflictos humanos son resolubles desde el diálogo, o desde la negociación o la conciliación. Como son gente espabilada, están mintiendo deliberadamente. Tienen un doble juego interior. Tienen el grado suficiente de convencimiento para predicarlo, pero mantienen reductos de prudencia y solvencia porque, si fueran consecuentes, suprimirían ejércitos y policía. Si fuera verdad que los conflictos son resolubles con el diálogo, nos podríamos ahorrar todo el dinero que nos gastamos en policía, en inspección y en ejército. Pero no cometen este error. Una cosa es el discurso, y otra es el comportamiento.
* * *
No se crean que Tobeña dice cosas raras. En realidad, toda la corriente principal de la psicología evolucionista dice esto. Y si la pedagogía es una ciencia y no una ideología, ya debería estar tomando nota. Va a ser verdad que es verdad.