Recuerdo que José Antonio Labordeta contaba en una entrevista que, de joven, le tocó la lotería. Y lo que hizo con el dinero fue llenar una maleta de libros e irse a un Parador a leerlos. No sé si el dinero le dio para acabarlos (hacen falta muchos días para leerse una maleta de libros), pero me pareció una idea magnífica.
Desde entonces he imaginado muchas veces qué maleta me llevaría al Parador, como un juego; una versión del proverbial libro que uno se llevaría a la isla desierta, pero sin miserias. El día 22 no me tocó la lotería, pero lo mejor es que ni siquiera lo necesito: ahora mismo podría llenar varias maletas con libros que quiero leer y que ya tengo en casa. Y no me faltaría el dinero para pagarme una o dos semanas en un Parador.
Lo primero que se me ocurre es llenar la maleta de libros que tengo a medio leer. Tendría que ser grandecita para que cupiera todo esto:
El Evangelio abreviado, de L. Tolstoi; La trama de la vida, de F. Capra; Un científico a la orilla del mar, de J. S. Trefil; ¿Cómo habla Dios? de Francis S. Collins; El simbolismo del templo cristiano, de Jean Hani; Lo santo, de R. Otto; El economista camuflado, de T. Harford; Micromotives & macrobehavior, de T. Schelling; En busca de la mente, de J. Bruner; Los orígenes del conocimiento y la imaginación, de J. Bronowski; Correspondencia, de A. Querejazu y J. Garrigues, y Uvas amargas, de J. Elster.
Estaría bien poderse leer toda esa maleta y quedarse con la sensación de haber acabado los deberes. Esa maleta sería la maleta del superyó, la Maleta Responsable.
Pero sería una responsabilidad un tanto miope. Ante una ocasión así, lo mejor sería aprovechar para hacer lecturas realmente importantes. Esas que te fascinan desde lejos pero que, al paso que vas, nunca vas a encontrar tiempo para consumar, porque siempre hay algo más urgente, o más fácil de leer, o menos incierto en sus recompensas. Lecturas que lamentarías no haber hecho cuando te mueras. Al Parador habría que llevarse la Maleta de los Grandes Libros.
El contenido es, por fuerza, menos concreto que el de la anterior. Incluiría, seguro, a William James (Las variedades de la experiencia religiosa), los Ensayos de Montaigne y muchos Diálogos de Platón (tengo cuatro tomos de Gredos casi vírgenes). ¿Y cómo no meter Las Confesiones de San Agustín y La divina comedia de Dante? También añadiría El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell, los libros de Lewis Mumford (Técnica y Civilización, y The condition of man), y el Gödel, Escher, Bach, de Hofstadter, que, para mi vergüenza, no acabé del leer en su día. Y puestos a desfondar la maleta, añadiría los tres tomos de las Feynman Lectures on Physics, para leerlas como una novela, de principio a fin.
Después de leer todo esto volvería del Parador hecho un hombre nuevo, sin duda mucho más sabio. Pero ¿no es demasiado pretencioso querer leer en unas vacaciones lo que daría para toda una vida?¿No sería caer en las prisas y la eficiencia, convertir la cultura en algo que hay que consumir? Estaríamos de nuevo leyendo por obligación y contrarreloj, y precisamente los libros que más necesitan saborearlos y meditarlos.
Parece que lo más sensato es dejar que las vacaciones sean vacaciones y sumergirse en lecturas inútiles, lecturas gratuitas; darse permiso para salir del círculo de las obligaciones y limitarse a disfrutar. Es decir, llevar la Maleta Irresponsable.
Podría meter novelas como Lecciones de ilusión, de Pablo D’Ors, Gilead, de M. Robinson, y el Libro de Manuel de Cortázar; también sus Cuentos Completos y los de Flannery O’Connor; ensayos como ¿Por qué enfermamos? de Nesse & Williams; En busca de lo absoluto, de Koestler, y la Historia del arte de Gombrich. Y ya que estamos de vacaciones, me saltaria la norma de limitarme a los libros que ya tengo, y compararía algo de Murakami, de Kundera, de Waugh y de Chejov…
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En fin. Soñar no cuesta nada, pero no me iré al Parador, aunque tengo libros para llenar varias maletas y no me falte el dinero. Tengo demasiadas obligaciones y ni mi trabajo ni mi familia me lo permitirían. La vida siempre es así. Por lo menos, estos días cerraré el blog y haré un Parador Virtual. Ya les contaré cuanto da de sí.